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La última película
The Last Picture Show
     
    Director (es) : Peter Bogdanovich
    Año : 1971
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Compañía productora : BBS Production para Columbia Pictures
    Productor (es) : Stephen J. Friedman
    Productor (es) ejecutivo (s) : Bert Schneider, Harold Schneider
    Compañía distribuidora : Suevia Films/Cesáreo González S. A.
    Guionista (s) : Larry McMurty, Peter Bogdanovich
    Guión basado en : la novela homónima de Larry McMurty
    Fotografía : Robert Surtees
    Diseño de producción : Polly Platt
    Director (es) artistico (s) : Walter Scott Herndon
    Montaje : Donn Cambern
    Sonido : Tom Overton
    Ayudante (s) de dirección : Robert Rubin, William Morrison
    Duración : 118 mn
   
     
    Timothy Bottoms
Jeff Bridges
Ben Johnson
Cybill Shepherd
Ellen Burstyn
Cloris Leachman
Eileen Brennan
Clu Gulager
Randy Quaid
Sam Bottoms
   
   
    Texas, principio de los años cincuenta. Los jóvenes habitantes de un desolado pueblo situado en el corazón de los Estados Unidos sienten una frsutración al ver que sus futuros van encaminados hacia una vida gris y monótona, en la que las únicas diversiones a las que pueden acceder son las competiciones en las salas de billar y salir con chicas a las que sus famílias limitan su libertad sexual. Ni tan siquiera pueden disfrutar de una proyección cinematográfica, ya que se prevee el cierre de las salas propiedad del viejo Sam, de forma imminente. Sonny Crawford y Duane Jackson sintetizan el sentimiento de frustración de una generación, que tratan de olvidar recurriendo a la compañía de Jacy, e incluso a la de una madura mujer, en el caso de Sonny.
   
   
   

SIN CITY
 
Por Christian Aguilera
«Cuando la vejez haya consumido a esta generación
Tú permanecerás ajena en esta inmensa tristeza
Y le dirá al hombre, tú compañero:
La belleza es verdad
Y la verdad es belleza.
Eso es lo único real y
No hace falta saber más»
 
Extracto del poema Ode On Grecian Urn
John Keats (1795-1821)
 
 
La puesta en funcionamiento de The Last Picture Show fue producto de esa «atomización» del sistema de producción experimentada en el seno del cine estadounidense a caballo entre los años sesenta y setenta. Unidades de producción que crecían como esporas, capaces de trabajar en régimen de cooperativas y de encontrar alianzas con las majors para la distribución de sus productos. El éxito de Easy Rider / Buscando mi destino (1969) marcaría el modelo a seguir, al atender a la circunstancia de que la inversión había sido muy modesta y su recaudación superaría con holgura los vaticinios más optimistas. Raybert Productions había logrado ese golpe de efecto con Easy Rider y, por consiguiente, su «voz» era escuchada por parte de los directivos de la Columbia cuando se les planteaba uno u otro proyecto. Bert Schneider, uno de los fundadores de Raybert, sin embargo, se asociaría ese mismo año con Bob Rafelson y Steven Blauner en aras a crear la BBS (las siglas que obedecen a la primera letra de sus propios nombres de pila), una productora de vida efímera que pasaría a los anales de la historia cinematográfica fundamentalmente por haber alumbrado La última película. Curiosamente, ese mismo año se rodaría La última película (1971) —un título calcado al de su reposición en el estado español (se había estrenado, para evitar equívocos, como La última sesión) pero con un nexo narrativo inexistente—, una producción nacida al calor de los excelentes resultados económicos cosechados con Easy Rider, que contaría con la participación activa a ambos lados de la cámara de Dennis Hopper, otro de los que fiaron su continuidad laboral enfrascándose en la confección de su propia unidad de producción. No obstante, uno y otro film realizaron trayectorias casi opuestas a nivel de recepción en taquilla. Una de las claves de este comportamiento dispar cabría situarlo en las buenas elecciones de La última película en cada uno de los apartados que concurrieron para su elaboración. En primera instancia, en compañía de su por aquel entonces esposa Polly Platt —a la sazón, diseñadora de producción—, Peter BogdanovPeter Bogdanovich durante el rodaje de su segundo largometraje, "The Last Picture Show".ich evaluaría las localizaciones de Archer City, localidad situada al oeste de Texas, donde se desarrolla la historia que cuenta el libro de Larry McMurtry The Last Picture Show. Tomando Wichita Falls como base logística, el equipo liderado por Bogdanovich se impregnaría de ese microcosmos que conocía al detalle McMurtry —no en vano, había sido su localidad donde pasó buena parte de su infancia y juventud— por espacio de casi tres meses. El ex crítico convencería a Bert Schneider de las bondades por rodarla en blanco y negro, una emulsión que no se daría en ninguna de las otras producciones de la BBS, la mayor parte de las cuales las dirigiría Bob Rafelson, el cineasta que acabó posicionándose a favor de Bogdanovich cuando éste estuvo a punto de ser despedido al dejar al descubierto sus lagunas en cuanto a técnica cinematográfica. A esas alturas, Rafelson parecía complacido con la sabia dirección de intérpretes de Bogdanovich, capaz de manejarse indistintamente con actores experimentados —Cloris Leachman, Ben Johnson, Clu Gulager, Ellen Burstyn, Eileen Brennan—, en franca proyección —Timothy Bottons, Jeff Bridges— e incluso con nula experiencia ante las cámaras —la modelo Cybill Shepherd y Sam Bottons, además de personalidades de la zona, como Randy Quaid—.
 
El cine según Bogdanovich: las enseñanzas de los clásicos   
 
Puede decirse, sin ambages, que dada la precocidad en el ámbito escénico (vertiente práctica) y cinematográfico (vertiente teórica), Bogdanovich demostraría, a sus treinta y un años, una madurez impropia de su edad, de la que quedaría plena constancia al estrenarse The Last Picture Show. Los cuarenta años transcurridos desde entonces no han hecho más que validar la solidez de una producción que marcaría las coordenadas de un desarrollo dramático ligado a una pequeña comunidad, aquella que se muestra como paradigma de una sociedad cuyas generaciones de padres e hijos friccionan como si se tratara de movimientos de placas tectónicas. Esa «falla» social cuyo «epicentro» se situaría en los Estados Unidos en la época de la Guerra del Vietnam, pero que había tenido un preámbulo años antes con el envío de soldados a la Guerra de Corea en las primeras estribaciones de la década de los cincuenta. Dada la fecha de producción de The Last Picture Show hubiera sido tentador por parte de Bogdanovich concebir un guión que actualizara los contenidos del libro de McMurtry. Quizás, ese hubiera sido una fórmula más propia para conectar con una generación de jóvenes parapetados en las «trincheras» de la oposición al envío de tropas a Vietnam, habilitadas en los campus universitarios de los Estados Unidos. Pero con la decisión de Bogdanovich por preservar el periodo descrito en la novela —si bien, sin especificar más allá de que sucedía en la década de los cincuenta; en la película se acota al periodo, situándolo entre noviembre de 1951 y octubre de 1952— no se dejaba al margen mostrar esa fractura generacional que compromete a los habitantes de Archer City. Desde los primeros fotogramas de La última película se evidencian esos dos niveles de percepción de la realidad, ese abismo emocional que separa a unos y otros en función de la época en la que nacieron. Bogdanovich se lamentaría por haber quedado fuera del montaje final —luego se recuperaría para su reposición— de la escena en la que la cocinera y camarera Genevieve (Eileen Brennan) recrimina a Sonny Crawford (Timothy Bottons) y Duane Jackson (Jeff Bridges) que aún sigan viviendo con su madre y su padre, respectivamente. Ese reproche proviene de alguien que pertenece a una generación posterior, emancipada al poco de cumplir la mayoría de edad, y dispuesta a formar una nueva familia. Por el contrario, el temor a convertirse en meras copias de sus progenitores y la sombra amenazante de la guerra de Corea presta a reclutar soldados en los confines de la «América Profunda», crea una generación de jóvenes desnortados, predestinados a vagar por un pueblo que se convierte en un espectro de un pasado glorioso, aquel que provisionó de gloria y orgullo a los pioneros del Mid West en el estado de Texas, uno de los más extensos de Norteamérica. Por ello, Bogdanovich se decanta porque Río Rojo (1948) sea el film que se proyecte por última vez en la sala que regentaba Sam «el león» (Ben Johnson), cuyo deceso no hace más que acelerar la «defunción» de un espectáculo que ha perdido la partida frente a la irrupción de la televisión. Apuntes sociológicos ampliables al uso de la música diegética fundamentalmente a cargo Hank Williams —la que suena en el tocadiscos del bar, en la radio local que sintoniza Duane en el aparato instalado en su furgoneta, etc.— y de las referencias a otros films que se exhiben en el destartalado local —Wagonmaster (1950), en la que intervino el propio Johnson bajo la dirección de John Ford, o El padre de la novia (1952)— que cubren de sentido una propuesta cinematográfica dibujada con el trazo preciso en el manejo de la cámara por parte de Bogdanovich y su operador Robert Surtees. A Bogdanovich parecía haber seguido el dictado de las enseñanzas del propio Ford, quien hacía un uso muy «discreto» de la cámara. Una regla no escrita que el cineasta neoyorquino violaría en contadas ocasiones para la confección de The Last Picture Show, en especial para las secuencias en las que Sam «el león» da rienda suelta a un discurso cargado de nostalgia y pesar por la pérdida de una época que tan sólo ha quedado a resguardo en su memoria. Esos primeros planos que tratan de captar las emociones que dejan traslucir la mirada triste de Sam, pareja a la que exhibe Sonny, el personaje que coprotagoniza las escenas de obertura y de cierre del film. En todo este espacio temporal —algo menos de un año—, Sonny ha visto nacer y morir un amor en poco tiempo —el que le ligaría a Jacy Farrow (Cybill Shepperd)—; perder quizás para siempre a un amigo —Duane, movilizado para combatir en Corea—; desagarrarse ante la muerte de su hermano pequeño Billy (Sam Bottons), y refugiarse en una relación sentimental imposible con Ruth Popper (Cloris Leachman), la esposa del entrenador y profesor de gimnasia del instituto (Bill Thurman). Aunque no es nueva en el cine estadounidense la plasmación de una relación de esta naturaleza —los personajes encarnados por Cara Williams y Tony Curtis apuntarían en esta dirección en Fugitivos (1958)—, La última película lo explicitaría de una forma que no debió agradar a las ordenanzas del puritanismo y de la estricta moral conservadora de la época. Las mismas que observarían con desaprobación esa imagen sobre un microcosmos en la que las apariencias encubren una realidad mucho menos amable e idílica, y que afecta por igual a las capas que cohabitan en un mismo entorno. La infidelidad conyugal en la que se asienta la vida de Lois Crawford (Ellen Burstyn) o el deseo de Ruth por ser complacida, a todos lo niveles, por parte de alguien la mitad de años más joven que ella, como Sonny, tras sufrir en silencio un matrimonio a la deriva —la homosexualidad de su cónyuge se intuye en el horizonte— son dos ejemplos de ese mundo subyugado por lo aparente. Bogdanovich levantaría las alfombras de esa realidad concentrada en el minúsculo y fantasmagórico Archer City, a la manera que lo harían los grandes clásicos —Ford a la cabeza— cuyo cine había estudiado al detalle. De esas lecciones no tan sólo se derivaría, como apuntaba, desde el prisma técnico sino, por ejemplo, en que los silencios —recuérdese que John Ford, Fritz Lang o Allan Dwan provenían del cine mudo— a veces hablan más que las palabras. De ahí que Bogdanovich se mostraría especialmente inspirado en dos secuencias concretas: la una, en la que Lois expresa distintos estados de ánimo en poco más de medio minuto cuando tiene la presunción que su hija Jacy ha perdido la virginidad con la amante de la primera, Abilene (Clu Gulager); la otra, cuando al enfocar el rostro de Ruth, sentada en la mesa del bar frente a Sonny, tenemos el pálpito que ella se siente vieja. Escenas que por sí solas dejan a las claras la maestría de Bogdanovich, a quien el éxito, como a Orson Welles, le llegaría demasiado pronto. Ambos compartían apasionadas conversaciones; en una de las cuales salió a colación el nombre de Greta Garbo, por la que Welles profesaba una admiración especial. Bogdanovich quiso rebatirle diciendo que «la Divina» tan sólo había tenido dos grandes interpretaciones de un total de cuarenta films. El orondo cineasta replicaría: «con una basta». Esa una —al menos de cara a la memoria cinéfila— se correspondería a La última película en relación a la obra de Bogdanovich. En cierta forma, Luna de papel (1973) reseguiría ese itinerario dictado por ese cine de corte clasicista que tan buenos resultados le dio en La última película, acreedora de ocho nominaciones a los Oscar® y con un balance final de dos estatuillas para Ben Johnson (la promesa del director se había cumplido cuando insistió en que interpretara el papel de Sam «el león») y Cloris Leachman. Bogdanovich se había ido de vacío —nominado en dos categorías: Mejor Director y Mejor Guión Adaptado, junto a McMurtry—, pero su posición en la Industria ganaría enteros a lo largo de una década que, a su conclusión, dejaba entrever un balance muy desigual. Años más tarde, Bogdanovich, persuadido que The Last Picture Show pudiera ser su film talismán, recuperaría a buena parte de los personajes que aparecen en su segundo largometraje, en Texasville (1990). Una continuación nada desdeñable —en el que cobra mayor peso el personaje de Duane (Jeff Bridges demostraría ser el más sólido de aquella «camada» de intérpretes que convivieron durante durante un tiempo entre los decorados reales de Archer City)— que inauguraba, en el capítulo profesional de Bogdanovich, una década que dejaba un limitado margen para las dudas: su espíritu estaba ligado a los clásicos del cine, y poco o ningún espacio se reservaba para él en la era de los videojuegos, y del cine hipertecnificado. Bogdanovich, en definitiva, pertenecía y sigue perteneciendo a otra época.•     
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trialer de cine / Trailers promocionales / La Última Película: una mirada atrás / Reestreno en cine / Filmografías. Formato: Pal 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Holandés, Sueco, Noruego, Danés, Finlandés, Portugués, Hebreo, Polaco, Griego, Checo, Turco, Húngaro, Islandés, Francés, Italiano, Árabe, Hindú y Búlgaro. Duración: 121 mn. Distribuidora: Sony Picutres. Fecha de publicación: 9 de octubre de 2010. 
EXTRAS. La última película: una mirada atrás (64’40”): Peter Bogdanovich va desgranando los diversos aspectos que concurrieron en la fase de preproducción, durante el rodaje y después del estreno de La última película. En esta pieza ocupa un espacio importante la evaluación del equipo artístico, fundamental para la buena acogida dispensa al film. En principio, se barajó la posibilidad que John Ritter y su padre Tex Ritter asumieran los papeles de Sonny y de Sam el león mientras que el cantante de country Jimmy Dean abordaría el de Abilene. Pero ninguno de ellos aparecería en pantalla; en el caso del personaje de Sam, el director perseveró en que fuera Ben Johnson quien lo interpretó. En una última tentativa, Bogdanovich le hizo saber que esa composición le podía llevar a ganar el Oscar, como así sucedió. Ya iniciada la fase de rodaje, Bogdanovich y el resto del equipo pasarían casi tres meses entre Wichita Falls y Archer City, la localidad escogida que serviría como plató del film. Durante el mismo, el cineasta norteamericano conocería la muerte de su padre y acabaría enamorándose de la debutante actriz Sybill Shepherd. Además de Bogdanovich, hablan a cámara la propia Shepherd, Cloris Leachman, Ellen Burstyn, Eileen Brennan, Jeff Bridges y Frank Marshall, el futuro productor que tuvo un pequeño papel con diálogo que sería suprimido en el montaje final. En la mesa de edición, que tendría ocupado al director un total de seis meses, nacería una curiosa anécdota al rechazar Bogdanovich aparecer acreditado en este apartado; Donn Camberg, montador de Drive, He Said (1971), no tendría reparos en aparecer en los mismos cuando, en realidad, su contribución fue irrelevante. Bogdanovich, al parecer, ya tenía suficiente con figurar como director y coguionista de una versión cinematográfica que pasaría de las 2 horas 45 minutos a algo más de 2 horas para acabar estrenándose con la de 1 horas y 58 minutos de duración. Contra todo pronóstico, La última película obtendría un total de 8 nominaciones a los Oscar, gran parte de los cuales fueron a parar a su equipo artístico.  Documental dirigida y producido por Laurente Bouzeneau en 2001. Reestreno en cine (5’10”): Cuatro años después de su fecha de estreno, Bogdaovich hace un somero repaso a lo que significó para él la puesta en marcha y la recepción del film antes de reponerse en su país de origen y en otras latitudes. Producción de 1975.

 

   
     
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Editorial: Gallo Nero nº 14. 
Autor: Larry McMurtry.
Fecha de publicación: octubre de 2012.
326 pp. 16,5 x 19,0 cm.
Traducción de Regina López.

COMENTARIO (Por Christian Aguilera): Presumo que la inmensia mayoría de los que contemplaron por la pequeña pantalla la ceremonia de la 78 edición de los Oscar®, celebrada en marzo de 2006, no saldrían de su asombro al darse como vencedora Brokeback Mountain (En terreno vedado) (2005). Para uno de sus guionistas, Larry McMurtry (1936, Wichita Falls, Texas), representaría un doble triunfo: la distinción de la preciada estatuilla, compartida con Diana Ossana, y el saberse en posesión de un premio que, en buena lid, reconocía el riesgo asumido al tratar de forma abierta el tema de la homosexualidad entre dos cowboys. Hasta entonces, este material ubicado en un ambiente rural había quedado fuera del alcance de producciones pertenecientes al circuito comercial. A pesar de que Brokeback Mountain nace de una serie de relatos escritos por Annie Proulx, McMurtry se lo hizo suyo, aplicando su vasto conocimiento sobre una forma de entender la vida en los espacios del centro-sur del país estadounidense donde la vegetación y los animales campestres compiten en presencia con los humanos. No en vano, McMurtry acumulaba décadas mostrando, a través de la literatura y la escritura de guiones, que era un El escritor y guionista Larry McMurtry.consumado especialista en la tarea de describir un universo que permanece aún hoy en día opaco a los que solo conocen la vida localizada en las medianas o grandes ciudades.
Al rescate de un autor mal tratado a nivel de ediciones en castellano en nuestro país acudiría hace un año el sello Gallo Nero. Una modesta editorial madrileña que, a fuerza de mostrar un buen tino a la hora de seleccionar material susceptible de publicar, ha logrado hasta la fecha un catálogo estimulante entre los que se encuentran un par de títulos servidos por la pluma de McMurtry, esto es, La última película (2012) y Hud, el salvaje (2013). Publicada en su país de origen en 1966 cuando el escritor texano contaba con treinta años de edad, varios fueron los directores y productores que “pujaron” por la adquisición de los derechos cinematográficos de The Last Picture Show, siendo Peter Bogdanovich el que, a la postre, se haría con el “botín” de una pieza literaria destinada —tal como indica su título— a pasearse por la gran pantalla. El recelo propio de un autor que no quiere perder de “vista” a su “criatura” motivaría que McMurtry colaborara en la escritura del guión, junto a Bogdanovich. Por ello, no escapa que en su traducción en imágenes, La última película conserve el armazón argumental y la estructura de una propuesta literaria que aparca cualquier tentativa de vedetismo e imprime carácter precisamente en ese efecto narrativo tan propio de la obra de McMurtry. La novela va de «A» a «B», y de B» a «C», sin perder esa noción de texto perfectamente abonado a ir marcando los tiempos narrativos, permitiéndose de manera aislada algunos juegos alegóricos o simbólicos que enriquezcan la propuesta. Mas, los cambios de guión operados en relación a la novela se circunscriben básicamente a “acortar” o eliminar pasajes en virtud de los propios códigos que  rigen el formato cinematográfico, es decir, no alejarse demasiado de las dos horas de duración, una frontera que pocas veces se superaría en el ámbito de las producciones pequeñas o medianas del cine estadounidense de los años 70. De tal suerte, en comparativa, la novela de McMurtry dedica un buen número de páginas a la relación sentimental que se sostiene con alfileres entre Sonny Crawford (Timothy Bottoms) y Ruth Popper (Cloris Leachman), la “esposa desesperada” del entrenador del instituto de Thalia (Bill Thurman), la pequeña localidad texana donde el escritor de ese mismo estado aplica su bisturí. Asimismo, Bogdanovich se ampararía en el efecto de la elipsis para dejar prácticamente en la mínima expresión el pasaje del viaje de Sonny y Duanne Jackson (Jeff Bridges) a México, en busca de nuevas experiencias. En el relato de McMurtry se ofrece un retrato especialmente sórdido de la ciudad mexicana donde ambos jóvenes van a “quemar” el escaso dinero que obtienen de trabajos eventuales, estimulando al lector a “visualizar” escenas (por ejemplo, la zoofilia practicada por una prostituta) que, desde la lógica de la época, quedarían en los márgenes del camino en su plasmación al celuloide. A su regreso de México, Duanne y Sonny asisten al entierro del viejo Sam «el león» (Ben Johnson), de quien conocemos a través de la lectura de la novela en sus primeras páginas la terrible circunstancia de haber perdido a sus tres hijos. Este dato se orilla en el texto cinematográfico en atención a que el film adopte un rictus menos escorado hacia la tragedia, hacia la negrura de un paisaje rural donde la esperanza para la juventud se localiza más allá de su dominio geográfico. Con todo, el tono nihilista persigue gran parte de su metraje, en la pura definición que nadaría contracorriente de ese sentido festivo y desenfadado que "patrimonalizarían" otros títulos coetáneos.
   En el capítulo de lo anecdótico cabe decir que McMurtry hace patente la importancia del cine conforme a válvula de escape de una realidad que ahoga a los habitantes de Thalia. Pero en función de la presencia de Johnson en el reparto, Bogdanovich optaría porque uno de los últimos títulos proyectados en el vetusto cine de Thalia fuera  Wagonmaster (1950). Un guiño fordiano y al propio Johnson que ni tan siquiera debió barajar McMurtry a la hora de acomodar títulos de películas en su función literaria. Sus elecciones fueron más acordes a un sentido de popularidad cautiva del arranque de la década de los cincuenta. Así, en el texto literario se dan cita Doris Day, Ronald Reagan, Ginger Rogers, Steve Cochran, la película de La mula Francis o Storm Warning (1951). La cinefilia, pues, acabaría ganando la partida en esos debates sostenidos entre McMurtry y Bogdanovich. Éste último volvería sobre los mismos personajes para rodar una continuación llamada Texasville (1990), a partir de una novela escrita por el propio Murtry, enfrascado por aquellas fechas en un puñado de proyectos televisivos. Su "remontada", en forma de prestigio guiado fuera del ámbito escrictamente literario, llegaría para Murtry gracias al proyecto de Brokeback Mountain, en que la homosexualidad deviene el tema sobre el que pivota el relato fílmico dirigido por el taiwanés Ang Lee. Una temática que encontraría cabida en la novela del escritor norteamericano publicada a mediados los años 60 a través del personaje del monitor de gimnasia Cecil, otra de las “bajas” registradas en relación a su transcripción cinematográfica, una más (especialmente significativa) que movería a pensar que Bogdanovich se quedaría a medio camino en la descripción de un microcosmos en cuyo subsuelo se registran no pocos movimientos sísmicos. Suficiente, en todo caso, para que se consignara su carácter de cult movie, la primera en el haber de un cineasta que mira por el visor y también por el retrovisor, el de un mundo extinguido donde la asistencia a las sesiones de cine representaba todo un ceremonial para los habitantes de pequeños núcleos rurales del deep south. •.
   
       
   

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