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Una señorita rebelde
Daisy Miller
     
    Director (es) : Peter Bogdanovich
    Año : 1974
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Productor (es) : Peter Bogdanovich
    Productor (es) asociado (s) : Frank Marshall
    Guionista (s) : Frederic Raphael
    Guión basado en : la novela de Henry James
    Fotografía : Alberto Spagnolli en Technicolor
    Decorados : Ferdinando Scarfiotti
    Vestuario : John Furness
    Música : Angelo Francesco Lavagnino
    Montaje : Verna Fields
    Ayudante (s) de dirección : Tony Brandt
    Duración : 92 mn
   
     
    Cybill Shepherd
Barry Brown
Cloris Leachman
Mildred Natwick
Eileen Brennan
Dulio Decprete
James McMurty
Nicholas Jones
George Morfogen
   
   
    Inglaterra, principios del siglo XX. Después de realizar una larga travesía en barco, la familia Miller llega a Londres para instalarse temporalmente. Pronto, la hija de los Miller, Annie, apodada “Daisy”, experimentará una férrea oposición y, por consiguiente, una inadaptación a los convencionalismos de la sociedad británica. Éstos se fundamentan en una visión de la vida imbuida por un puritanismo y de conservadurismo de los que “Daisy” Miller trata de escapar y, de esta forma, amoldarse a un modelo más liberal, más acorde con las enseñanzas recibidas en los Estados Unidos. En principio, esta toma de postura llevará a “Daisy” Miller a distanciarse de sus pretendientes nobles ingleses, como el apuesto y gentil Frederick Winterbohrne.
   
   
   

OTRA VUELTA DE TUERCA
SOBRE HENRY JAMES
 
Por Christian Aguilera
No es difícil colocarse en la piel de Peter Bogdanovich en 1973. El éxito inconmensurable de crítica y público con La Última Película (1971), que continuó con ¿Qué me pasa, Doctor? (1972), y Luna de Papel (1973) habían colocado al realizador en el pedestal de la industria. Tres películas que, una tras otra, otorgan al cineasta el status de ser uno de los grandes directores de los 70 en su país. Ha fundado la compañía The Directors Company con otros dos jóvenes realizadores de éxito meteórico aquellos días: Francis Ford Coppola y William Friedkin.
La única espina que Bogdanovich puede tener aquellos años es no haber sacado adelante su ambicioso western Lonesome Dove, según la novela de Larry McMurtry (autor de la novela en que se basa el mencionado filme de 1971). Este proyecto debía reunir bajo la batuta del cineasta, nada menos que a John Wayne, James Stewart y Henry Fonda. La negativa de Wayne a protagonizar un filme sobre “el final del oeste” dio al traste con el proyecto, según cuenta Peter Suskind y su libro Moteros Tranquilos Toros Salvajes: La Generación que cambió Hollywood.
En el plano emocional, Bogdanovich está ligado sentimentalmente a Cybill Shepherd desde comienzos de la década, desde La Última Película, manifestando ambos su felicidad donde quiera que van (lo que provoca el famoso consejo de Cary Grant para que adopten una actitud más discreta en público). Esa felicidad y ese romance apasionado, sin duda marca los siguientes destinos fílmicos de ambos. Considerando proyectos, y fruto de una de tantas conversaciones con su amigo, el cineasta Orson Welles, surge la posibilidad de llevar a cabo la adaptación literaria de una novela corta del escritor Henry James, Daisy Miller.
    James había sido adaptado maravillosamente por William Wyler o Jack Clayton en La Heredera (1949) y Suspense  / The Innocents (1961). Tendría cierto apogeo adaptativo en décadas posteriores, con muchísimo éxito. El cineasta británico James Ivory acudió a las letras de Henry James en al menos tres ocasiones: Los Europeos (1979), Las Bostonianas (1984) y Copa Dorada (2000). La neozelandesa Jane Campion realiza uno de sus mejores trabajos para el cine con Retrato de una Dama (1996). Los 90 no terminan sin una espléndida rareza: Ian Softley entrega la excelente Las Alas de la Paloma (1997).  
La historia de la novela y la película Daisy Miller son la historia de esta joven un tanto ambigua y caprichosa, burlona, chantajista emocional y tremendamente inteligente. La joven protagonista constituye todo un espíritu libre en una época donde estaban muy mal vistos los desafíos a la convención en una sociedad tan puritana como la estadounidense, que no bajaba la guardia en el extranjero. Bogdanovich emplaza al escritor y guionista Frederic Raphael, sin duda portador de la pluma adecuada. 1967 había sido testigo del estreno de dos filmes que contaban con libreto suyo: Lejos del Mundanal Ruido (1967), de John Schlesinger, y Dos en la Carretera (1967), de Stanley Donen.
   El resultado es un filme bastante estimable, pero hecho a destiempo. Cierto es que el cine retro tenía su éxito. El propio Bogdanovich había ambientado el anterior filme en los años 30 y dio mucho dinero. Películas como El Golpe (1973), de George Roy Hill, o El Gran Gatsby (1973), de Jack Clayton, demuestran el interés del público en estas retrospectivas. Sin embargo, el público demostró no tener interés por los caprichos y devaneos de sus compatriotas por la vieja Europa, premisa más que interesante, sobre la que el escritor Henry James construyó su obra fílmica. Por primera vez la audiencia no renovó los votos en el joven realizador. Como el propio Bogdanovich ha afirmado, si el filme hubiese visto la luz en los 80 o en los 90 probablemente hubiese sido un éxito, como los filmes antes mencionados.
El filme adolece de cierta arrogancia a la hora de depositar todo el peso en la actriz Cybill Shepherd. Y no es que el relato corto no lo esté. El gran problema del filme de Bogdanovich es que alrededor de la actriz, si exceptuamos a Cloris Leachman o a Eileen Brennan, soberbias actrices que ya habían trabajado con Bogdanovich, el resto del elenco, especialmente el masculino es bastante prescindible. Y la futura estrella de la serie Luz de Luna no es precisamente Olivia de Havilland, Deborah Kerr, Vanessa Redgrave, Nicole Kidman o Helena Bonham-Carter, actrices soberbias que han sostenido maravillosamente personajes de Henry James. El galán elegido por Bogdanovich para acompañar a su pareja en la andadura fílmica es Barry Brown, un actor que prometía mucho aquellos años, pero jamás llegó a consolidarse. Al parecer, Brown falleció por suicidio pocos años después de su intervención en el filme. Era un joven y era tendente a la depresión, lo cual se nota demasiado en su expresión facial. Su personaje debe de arrastrar cierta melancolía, cierto. Es un joven americano que estudia en Ginebra, y que vive demasiado dependiente de su tía, muy clasista y que no aprueba que se vea con la joven protagonista. La ambigüedad de la joven no es bien gestionada por el personaje. Pero su gesto es demasiado melancólico, y los constantes primeros planos del joven lo evidencian demasiado.
El filme florece espléndidamente en términos de puesta en escena. El uso memorable de las localizaciones (el filme está ambientado exactamente en muchos casos, donde transcurre la novela), confiere al filme la necesaria majestuosidad. La puesta en escena del filme, con soluciones visuales como la manera de enterarse del protagonista del fallecimiento de la joven (el joven entra en el hotel donde yace la mujer y la cámara se queda desde fuera, con una cortina que oscurece el interior, desde donde intuimos que desde la recepción se le comunica al joven, que ya subía las escaleras, el fallecimiento de su amada); El plano grúa del funeral; o los vigorosos travellings en torno a los paseos con las ingeniosas conversaciones de los protagonistas, muestran y consolidan la solvencia de un realizador impecable.
El filme es importante en la carrera de Bogdanovich pues marca claramente el comienzo de su declive profesional, del que rara vez levantaría cabeza. Su siguiente película, también un vehículo de lucimiento para la limitada actriz Cybill Sepherd, Por fin el gran amor (1975), consolida, desgraciadamente el escaso magnetismo de la actriz y el estrepitoso pinchazo en la taquilla. Los siguientes filmes de Bogdanovich en la década de los 70 Nickelodeon, Así empezó Hollywood (1976), o Saint Jack, El Rey de Singapur (1979) contienen mucho interés cinematográfico, pero también cinéfilo, pero también resbalaron en el box-office. Ya en los 80 su carrera palideció entre fracaso y fracaso y su figura probablemente pasó a ser devorada por su propia cinefilia. Su incomprendida comedia Todos Rieron (1981), pese a tener un reparto atractivo, encabezado por Audrey Hepburn (su último papel protagonista para el cine), Ben Gazzara, John Ritter o la malograda modelo de la revista Playboy, Dorothy Stratten, fue una debacle en la taquilla.
    A tamaño fracaso económico tuvo que ver el hecho de que su visión del cine clásico, que tan claramente había servido de enlace entre el viejo mundo del cine (el cine clásico) y el novedoso enfoque que se pergeñaba en los 70, estaba ya claramente “fuera del agua”. Todos rieron, junto a La Puerta del Cielo (1980), de Michael Cimino, o Corazonada (1982), de Francis Ford Coppola, marcaron el final del denominado Nuevo Hollywood, y el final de esa libertad sin filtro para los realizadores surgidos en los 70.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Comentario por el Director Peter Bogdanovich / Una señorita rebelde: Introducción por Peter Bogdanovich. Formato: Pal 1.78:1. Idiomas: Castellano, Inglés e Italiano. Subtítulos: Castellano, Inglés, Árabe, Búlgaro, Croata, Checo, Danés, Holandés, Italiano, Finlandés, Griego, Hebreo, Húngaro, Islandés, Noruego, Polaco, Portugués, Rumano, Serbio, Esloveno, Sueco, Turco e Inglés para sordos. Duración: 87 mn. Distribuidora: Paramount.


   
     
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Editorial: Espasa-Calpe.
Autor: Henry James.
Fecha de publicación: 2006.
Rústica. Incluye relato Otra vuelta de tuerca.
   
       
   

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