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Detective sin licencia
Gumshoe
     
    Director (es) : Stephen Frears
    Año : 1971
    País (es) : GBR
    Género : Comedia
    Compañía productora : Memorial Enterprises para Columbia
    Productor (es) : Michael Medwin
    Productor (es) asociado (s) : David Barber
    Guionista (s) : Neville Smith
    Fotografía : Chris Menges en Color
    Diseño de producción : Michael Seymour
    Maquillaje : Bob Lawrence
    Música : Andrew Lloyd Weber
    Montaje : Charles Rees
    Ayudante (s) de dirección : Ted Sturgis
    Duración : 88 mn
   
     
    Albert Finney
Billie Whitelaw
Janice Rule
Frank Finlay
Carolyn Seymour
Fulton Mackay
George Innes
George Silver
Billy Dean
Wendy Richard
Maureen Lipman
Neville Smith
Oscar James
Bert King
Joey Kenyon
   
   
    La desmesurada ambición de Eddie Ginley le lleva a intentar satisfacer una doble aspiración: la creación de su propio show musical en Las Vegas y formarse como detective privado. Sabedor que la primera aspiración requiere de un cierto periodo de aprendizaje, Eddie se encomienda de forma inmediata a procurarse una plaza como detective. A tal efecto, escribe un anuncio por palabras en un periódico en el que pone a disposición de cualquier lector sus servicios de detective principiante. En un corto espacio de tiempo, Eddie se entera de que, al menos un par de personas, se han tomado en serio el anuncio. Por una parte, un orondo personaje que le procura un arma y mil libras esterlinas en efectivo a cambio de que liquide a una chica, y por otra parte su hermano mayor William, ejecutivo de profesión, quien recrimina a Eddie haber manchado el apellido familiar con semejante excentricidad. De esta forma, queda patente la animadversión que siente William por Eddie, en este caso recíproca ya que el reputado hombre de negocios había «robado» la novia a su hermano pequeño.
   
     
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Editorial: Alba.
Colección: Trayectos.
Editor: Stephen Lowenstein.
Fechas de publicacións: 2001/2009.
416 pp y 624 pp. 15,0 x 21,5 cm. Rústica.

COMENTARIO (Por Lluís Vilanova): Sin duda, para todos aquellos interesados en conocer los entresijos de la dirección cinematográfica, Alba Editorial, en su colección «Trayectos», ofrece dos volúmenes de sumo interés. En Mi primera película y Mi primera película: Toma II —como una prolongación de la primera, que ya fue había sido publicada por la misma editorial hace ocho años—, el documentalista londinense Stephen Lowenstein, que ha trabajado para, entre otros medios, la BBC y Channel 4, con motivo de las dificultades de todo tipo en las que se encontró para sacar adelante sus dos cortometrajes The Key (1995) y The Man Who Held His Breath (1998), consideró que sería interesante ponerse en contacto con una serie de directores, de variada procedencia e intereses artísticos, para que le contasen de primera mano la experiencia que para ellos supuso levantar su primer largometraje. El resultado de la iniciativa de Lowenstein (que como él mismo cuenta en la introducción fue recibida con interés por los finalmente entrevistados pero que también le supuso más de un jarro de agua fría en forma de contundente rechazo en el previo proceso de selección de candidatos) se materializó en veinte entrevistas contenidas en Mi primera película y otras diez que Lowenstein preparó para el segundo volumen debido a la buena recepción que tuvo el primero.
Con independencia de la mucha, poca o ninguna adhesión que puedan provocar los nombres finalmente escogidos para ser entrevistados, no se le puede negar a Lowenstein una serie de méritos: el primero de ellos el de haber intentado abarcar todo tipo de cinematografías, norteamericana y británica principalmente, pero sin olvidar a directores de las más distintas procedencias como el servio Emir Kusturica, los franceses Bertrand Tavernier y Agnès Jaoui, el japonés Takeshi Kitano, el mejicano Alejandro González Iñarritu, los indios Shekhar Kapur o Mira Nair (por mucho que la inclusión de estos dos últimos pueda ser bastante discutible como representativa de un determinado tipo de cinematografía vista la evolución de su cine, lo cual queda en parte disculpado por las propias características de sus «operas primas») o Pedro Almodóvar, y asimismo, tanto a realizadores que se mueven dentro de unos patrones artísticos (y en ocasiones también ideológicos) muy personales y fácilmente reconocibles —Ken Loach, Terry Gilliam, la mayor parte de los antes citados— como a otros que a lo largo de los años han sabido moverse con habilidad entre producciones de coste más pequeño y, en principio, más afines a sus intereses, o al menos, en teoría más fácilmente controlables y otras enmarcadas en el Hollywood más comercial, manteniendo eso sí (o al menos así lo afirman sus seguidores) una cierta coherencia en su obra —Neil Jordan, Richard Linklater, Ang Lee, o los hermanos Joel y Ethan Coen—. De igual modo, Lowenstein ha intentado que los orígenes de los encuestados no sólo Richard Kelly explica a Lowenstein con detalle las visicitudes del rodaje de "Donnie Darko", su opera prima que se converti´ria en film de culto al poco de estrenarse.fueran variados geográficamente sino también artísticamente, incluyendo a actores que han intentado manifestar también sus inquietudes tras la cámara —Gary Oldman, Steve Buscemi, la citada Agnès Jaoui—, gente procedente del teatro — Sam Mendes—, de la televisión —el referido Ken Loach—, de la publicidad — Alejandro González Iñarritu—, del ámbito musical —Mike Figgis—, antiguos guionistas o directores de fotografía reconvertidos a cineastas —Oliver Stone y Tom DiCillo respectivamente—, otros que inicialmente se habían mostrado más interesados con llevar a cabo una carrera literaria —Neil Jordan—, aquellos que en algún momento u otro han transitado por las inevitables escuelas de cine —Richard Kelly, Allison Anders... — o directamente autodidactas como el temible Kevin Smith. Con ello se pretende transmitir la idea de que el gusanillo de dirigir alguna vez una película lo puede tener cualquiera, sea cual sea su extracción social y cultural o el lugar de su nacimiento o formación, y que las dificultades que entraña llevar a buen puerto un proyecto de esta índole, las pueden salvar tanto aquellos que antes han estado delante de la cámara como aquellos otros que previamente se han fogueado en otros ámbitos más o menos cercanos a la dirección cinematográfica.
   Otro de los aspectos positivos que pueden atribuirse a Lowenstein es el de haber conseguido crear un ambiente distendido con la mayoría de los entrevistados lo que sin duda ha repercutido en su predisposición a comentar sus recuerdos —en algunos casos ya muy lejanos en el tiempo—, sobre su primera experiencia al afrontar un rodaje en el que ellos eran los principales responsables de su buen funcionamiento, siendo siempre consciente de su papel de mero indagador sin intentar acaparar el protagonismo con sus interpelaciones sabedor que las respuestas de aquellos deben ser siempre las auténticas protagonistas; y el de intentar rastrear con sus preguntas tanto los gustos cinéfilos de los entrevistados durante su infancia (que abarcan tanto el cine popular de género, las películas de John Ford o, ya en su juventud, el impacto que para muchos supuso el descubrimiento de Federico Fellini, Ingmar Bergman o la nouvelle vague, y para otros los trabajos de lo cineastas norteamericanos surgidos en la década de los 70 como Steven Spielberg o Francis Ford Coppola e incluso para alguno el visionado de ¡¡ Regreso al Futuro (1985) y Terminator 2: el juicio final (1991)!!!, así como la sorpresa que puede suponer la escasa vocación cinéfila de alguno de los cineastasCineasta capacitado para lidiar con toda clase de generos, James Mangold hizo su debut con "Heavy", un drama de ambiente urbano. como Ken Loach que manifiestan su predilección por el teatro), y sus primeras y variadas experiencias artísticas en, como he comentado, la televisión, los montajes teatrales o en el campo del cortometraje (mención especial en este último aspecto a los recuerdos que nos brinda un James Mangold plenamente comprometido con la labor de Lowenstein) como también todos los aspectos de la producción, que van de la siempre dificultosa (y a menudo humillante) obtención de la ineludible financiación, la elaboración del guión, la búsqueda de las localizaciones idóneas, los ensayos y, en general, la relación con los actores, hasta la solución de los diversos problemas que van surgiendo en el set durante el rodaje ( que pueden ser de los más sangrantes como bien atestigua Tom DiCillo, a propósito de Johnny Suede (1991) ), con especial atención a todo lo relativo a la colaboración con el director de fotografía, imprescindible en el caso de directores noveles que, como ellos mismos manifiestan con casi total unanimidad, carecían de los necesarios conocimientos técnicos para encararlos por si solos, la fase de montaje en que la película adquirirá definitiva forma, a veces bastante alejada de la inicialmente prevista y, finalmente, la presentación del producto resultante en sociedad, mediante sus proyecciones en festivales o en premières y su definitivo estreno prestando atención tanto a su recepción por parte de la crítica como por parte del gran público, concluyendo con  las impresiones de los entrevistados sobre cuanto significó para ellos esa su primera experiencia tras las cámaras y las enseñanzas que de la misma extrajeron para su posterior carrera.
   El mayor mérito de Mi primera película en sus dos volúmenes no sólo es el haber conseguido trazar una bastante certera descripción del proceso creativo en el ámbito cinematográfico que atraerá a los interesados en el mismo, sino que al partir de las palabras de sus propios principales responsables, también se ha obtenido un agudo —y a veces poco complaciente— (auto) retrato de la personalidad de los mismos.
Antes de concluir sólo advertir que la entrevista realizada a Richard Kelly está inconclusa por cuanto después de su primer encuentro Lowenstein, aunque lo intentó durante todo un año, no pudo volver a ponerse en contacto con el cineasta norteamericano, y que la muy breve realizada a un Oliver Stone un tanto pasado de vueltas, no versa como sería lógico sobre su opera prima, Seizure (1974), sino, y por expreso deseo del mismo, sobre su tercer largometraje de ficción, Salvador (1985), a la que considera en alma la primera representativa de su ideario como cineasta.•
 
 

A continuación, y por cuanto considero que lo agradecerán a todos aquellos interesados en adquirir el libro, se relacionan todos los directores entrevistados en los dos volúmenes indicando a continuación de ellos el título de la película sobre la que se centra la entrevista.
 
Mi primera película: 1-Pedro Almodóvar: Pepi, Luci y Bom, y otras chicas del montón (1980); 2-Allison Anders: Área de servicio (1991); 3-Steve Buscemi: Trees Lounge – Una última copa (1996); 4- Joel y Ethan Coen: Sangre fácil (1983); 5- Tom DeCillo: Johnny Suede (1991); 6-Mike Figgis: Lunes tormentoso (1987); 7-Stephen Frears: Detective sin licencia (1971); 8-P.J. Hogan: La boda de Muriel (1994); 9-Neil Jordan: Danny Boy (1981); 10-Ang Lee: Pushing hands (1991); 11-Mike Leigh: Bleak moments (1971); 12-Barry Levinson: Diner (1982); 13-Ken Loach: Poor cow (1967); 14-James Mangold: Heavy (1995); 15-Anthony Minghella: Truly Madly Deeply (1991); 16-Mira Nair: Salaam Bombay! (1988); 17-Gary Oldman: Los golpes de la vida (1997); 18-Kevin Smith: Clerks (1994); 19-Oliver Stone: Salvador (1985); 20- Bertrand Tavernier: El relojero de Saint-Paul (1974).
 
Mi primera película. Toma II: 1-Richard Linklater: Slacker (1989); 2-Richard Kelly: Donnie Darko (2001); 3-Alejandro González Iñarritu: Amores perros (2000); 4-Takeshi Kitano: Violent Cop (1989); 5-Shekhar Kapur: Masoon (1983); 6-Emir Kusturica: ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981); 7-Agnès Jaoui: Para todos los gustos (2002); 8-Lukas Moodysson: Fucking Amal (1998); 9-Terry Gilliam: La bestia del reino (1977); 10-Sam Mendes: American Beauty (1999).
   
       
   

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