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Casa de juegos
House of Games
     
    Director (es) : David Mamet
    Año : 1987
    País (es) : USA
    Género : Thriller
    Compañía productora : Filmhaus para Orion Pictures
    Productor (es) : Michael Hausman
    Compañía distribuidora : Lauren Films
    Guionista (s) : David Mamet
    Guión basado en : una historia de Jonathan Katz y David Mamet
    Fotografía : Juan Ruiz Anchía en Technicolor
    Diseño de producción : Michael Merritt
    Decorados : Derek Hill
    Vestuario : Nan Cibula
    Maquillaje : Pamela Westmore
    Música : Alaric Jans
    Montaje : Trudy Ship
    Montaje de sonido : Thomas A. Gulino, Jeffrey Stern
    Sonido : John Pritchett
    Efectos especiales : Robert Willard
    Ayudante (s) de dirección : Ned Dowd, Michael Hausman
    Duración : 102 mn
   
     
    Lindsay Crouse
Joe Mantegna
Mike Nussbaum
Lilia Skala
J. T. Walsh
Karen Kohlhaas
Willo Hausman
Jack Wallace
Ricky Jay
Steve Goldstein
   
   
    Margaret Ford, una psicoanalista de buena posición pero con pocos alicientes, entra en contacto con el mundo del juego para negociar una deuda. Allí conoce a un hombre fascinante, Mike, que se aprovecha de ella para timarle seis mil dólares. Margaret vuelve al mundo del juego con la excusa de escribir un libro sobre timadores para reencontrarse con Mike. Juntos planean participar en una gran estafa junto a la banda de Mike, pero todo sale mal: muere un policía, desaparece el dinero y la mafia entra en juego reclamando una importante suma de dinero que sólo Margaret puede pagar.
   
   
   

FORGIVE YOURSELF
 
Por Sergi Grau
En el imaginario de David Mamet, las apariencias hacen mucho más que engañar. Son disfraces para un discurso subterráneo, para la alegoría y la metáfora. Son ecuaciones visibles para hablar de lo invisible. Siempre ha sido así. Y lo es en sus guiones, los que le dieron un nombre y un prestigio: por poner un par de ejemplos, Veredicto final (1982) era un relato que hablaba de la decrepitud, o Los intocables de Elliott Ness (1987) narraba un proceso de corrupción moral. Pero es cierto que, allí, en los guiones, quedaba sublimado, casi del todo enterrado. Pero en su puesta de largo tras las cámaras, con esta Casa de juegos (1987), la voz —o, si prefieren, la mirada— dejó que todo eso aflorara a la superficie.
Y lo hizo, de forma notoria y voluntariosa, desde la pura abstracción. La abstracción fue, de entrada, la virtud que hizo que la crítica saludara de forma entusiasta la película: Mamet jugaba, con sus mucho más modestas armas como narrador visual, al mismo juego del Alfred Hitchcock del periodo 1950-1960, a depurar el relato de modo que, con aparente sencillez, emergiera, inequívoca, una sintaxis particular, un lenguaje secreto. Y eso es lo que, al fin y al cabo, define a un auteur bajo cualquier prisma o teoría posible. La abstracción se masca en las imágenes, en la labor lumínica del vasco Juan Ruiz de Anchía, en el sencillo encourage, la sensación de anonimato de lugares, la nocturnidad, el paisanaje. Pero, a juego, y sobre todo, esa abstracción respira en el punto de partida e hilo argumental: una psiquiatra famosa, la Dra Margaret Ford (Lindsay Crouse, casada con Mamet en el momento de realización del filme), se ve accidentalmente inmersa en, y después seducida por, el mundillo de los gamblers y estafadores de poca monta, iniciando una relación sentimental con uno de ellos, Mike (Joe Mantegna), quien ejerce para ella de mentor en esa vida diferente y sostenida en diferentes códigos. Margaret, de quien se sugiere una existencia demasiado cuadriculada y previsible que encaja mal con su presunta pericia en el psicoanálisis (ojo al título de su famoso libro: «DRIVEN: Obsession and Compulsion in Everyday Life»), halla una oscura catarsis, una liberación de impulsos reprimidos en ese trayecto al corazón de un mundo que, conviviendo con el de las apariencias, las trasciende en diversos sentidos, incluyendo el que difumina los términos de la moralidad.
    En la secuencia de la partida de cartas, donde es a punto de ser engañada para soltar un cheque al portador de seis mil dólares, Mamet filma, rotundo, el cisma interior del personaje: descubierto el engaño, Margaret termina riendo, una risa chocante, en su mundo inadmisible (ha sido víctima de una tentativa de estafa), pero sincera, porque le nace de dentro. En el proceso de disolución moral de la protagonista, ella pasa a sentarse en el diván, y Mike a ejercer de consejero psicológico. Sin embargo, es un juego demasiado peligroso para ambos…
Hay algo de ensoñación lynchiana en ese viaje a lo oculto, y aún mucho más de deriva schraderiana: el cine practicado por los tres cineastas en los ochenta tiene interesantes concomitancias, sobre las que tampoco es cuestión de extenderse aquí, pero sí citar para invitar al lector a la reflexión. Como sucede en las obras de David Lynch y de Paul Schrader, Mamet introduce un elemento criminal que supone un quiebro narrativo, un subir la apuesta al reto planteado tanto a la protagonista del relato como... al espectador. Pero, como todo el resto, ese giro narrativo supone un nuevo simulacro en el juego de muñecas rusas, en el artefacto vitriólico, de falsas pistas y sucesivos twist, por los que se reconoce, en lo superficial, el estilo de Mamet. En los años ochenta, esos equívocos y laberintos planteados al espectador resultaban más llamativos que en la actualidad, porque, precisamente, Mamet y otros cineastas (Christopher Nolan, de forma posterior pero también mucho más acusada) crearon escuela, y la narración desordenada, las falsas pistas y los constantes giros y replanteamientos narrativos se han ido sofisticando hasta devenir, casi cabría afirmar, un lugar común del thriller. Sin embargo, esas superficies y esos artefactos vitriólicos no se agotan, al menos en la mayoría de filmes del autor, en el enunciado, y tienen cosas importantes que afirmar sobre los personajes.
Aquí, y volviendo al símil hitchcockiano, hay una deconstruccion del Macguffin, el relato de un proceso catárquico que va de lo interior a lo exterior, tal como se apuntala en el despiadado clímax del relato y en ese epílogo en el que la apariencia se recupera, serenamente, pero no sin revelar la condición psicopática de la protagonista que, fuera por un amor fou apenas sugerido o por su propia naturaleza, halla (y vende) la más dudosa de las recetas a lo obsesivo-compulsivo. La ironía es tan monumental como los comentarios sotto vocce que esa incorpora y deja a la reflexión del espectador: la sutileza y la ambigüedad de Mamet son dos de sus más evidentes talentos.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Tráiler original de cine. Formato: Pal Widescreen 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés, Francés y Alemán. Subtítulos: Castellano, Francés, Holandés, Sueco, Noruego, Danés, Finés, Polaco, Griego, Rumano, Inglés para sordos, Alemán para sordos. Duración: 88 mn. Distribuidora: Twentieth Century Fox.

 


 


   
       
   

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