Ampliar imagen
   
Master and Commander (el otro lado del mundo)
Master and Commander
     
    Director (es) : Peter Weir
    Año : 2003
    País (es) : USA
    Género : Aventuras
    Compañía productora : Miramax Films/Universal Pictures/Samuel Goldwyn Films/Twentieth Century-Fox
    Productor (es) : Samuel Goldwyn Jr., Duncan Henderson, John Bard Manulis, Peter Weir
    Productor (es) ejecutivo (s) : Alan B. Curtiss
    Compañía distribuidora : Hispano Foxfilm
    Guionista (s) : Peter Weir, John Collee
    Guión basado en : las novelas de Patrick O'Brian
    Fotografía : Russell Boyd, en color
    Diseño de producción : William Sandell
    Director (es) artistico (s) : Bruce Crone, Mark W. Mansbridge
    Decorados : Robert Gould
    Vestuario : Wendy Stites
    Maquillaje : John M. Elliott Jr., Myke Michaels
    Música : Iva Davies, Christopher Gordon, Richard Tognetti
    Montaje : Lee Smith
    Montaje de sonido : Michael Magill, Michael W. Mitchell, Hamilton Sterling
    Sonido : John P. Fasal, Tim Gomillion, Richard King, Eric Potter, Dennis Rogers
    Efectos especiales : Daniel Sudick
    Ayudante (s) de dirección : Alan B. Curtiss, Adrian Grunberg, David M. Bernstein
    Duración : 130 mn
   
     
    Russell Crowe
Paul Bettany
James D´Arcy
Chris Larkin
Richard McCabe
Robert Pugh
George Innes
Billy Boyd
Patrick Gallagher
Jack Randall
Max Pirkis
Max Benitz
   
   
    En 1805, en plenas guerras napoleónicas, Europa se encuentra en un conflicto constante. Sabedor de que las colonias también son un bastión para las potencias europeas, Napoleón ordena a un moderno navío francés apoderarse del espacio marítimo del sur del pacífico. Los ingleses, conscientes de la importancia de esas aguas, mandan a uno de su más experiementados hombres, el capitán Jack Aubrey, conocido como Lucky Jack, para que de caza a la poderosa embarcación francesa. Aubrey viaja acompañado de un amigo de la infancia, el doctor científico y naturalista Stephen Maturin. Tras días tratando de encontrar a los franceses, la tripulación de Aubrey se ve soprendida por un ataque sorpresa que casi acaba con su hundimiento. El navío francés parece ser una embarcación muy moderna y rápida que supera en muchos enteros a la de Lucky Jack.
   
   
   

EL HIDALGO DE LOS MARES
 
Por Lluís Nasarre
El entrañable ejercicio del recuerdo, lleva a un servidor a rememorar la visión televisiva de El hidalgo de los mares (1951) y al descubrimiento a través de los créditos, del nombre del escritor y la obra, que se adapta para la realización del film. Este no es otro que el británico C.S. Forester (1899-1966) y la obra, la saga (de ficción) de novelas histórico / marítimas protagonizadas por el personaje de rimbombante nombre Horatio Hornblower. Personaje que nace —literariamente hablando— en 1937 y que a través de once novelas y dos relatos, narra sus vivencias como oficial de la Marina Real Británica durante las guerras napoleónicas, desde finales del siglo XVIII a principios del siglo XIX. El aliento épico, aventurero y emocionante, además de la particular ironía de la que hace gala el protagonista principal, (Gregory Peck para el film de Walsh compone un maravilloso Hornblower) sumergieron a este lector y aficionado, dentro de un mundo apasionante al que llegó posteriormente Patrick O’Brian (1914-2000) para tomar el relevo dejado por el escritor de La Reina de África ofreciendo asimismo, y en el mismo marco histórico, una nueva saga literaria de 20 títulos, a la que se le actualiza el vigor narrativo, mediante la inserción de un estilo que ofrece mayor exactitud de datos marítimos, además de cultivar encarecidamente, un desarrollo del carácter de los personajes más interesante y rico en matices que el ofrecido por Forester. Sus personajes –los de O’Brian-, se mueven en un mundo descrito con erudición y mediante una precisión apabullante y se caracterizan además, por una perspicacia psicológica digna de mención. Incluso poseen una vertiginosa imaginación para desenvolverse hábilmente en el mundo que les ha tocado vivir. (1)
La crítica literaria especializada, para referirse a O’Brian, alababa las virtudes narrativas de su obra como «marea intemporal del carácter y el corazón humanos, por encima de cualquier crónica histórica» (2) además de recordar que a través de sus páginas, se hallan «la sutileza del maestro ante las más importante lecciones que brinda la Historia; ya que los tiempos cambian pero las personas no, y que las penas y locuras y las victorias de los hombres y mujeres que vivieron antes que nosotros son de hecho, los mapas de nuestras propias vidas» (3). Por lo que no era de extrañar que más tarde o más temprano, de la misma manera que Hornblower tuviera su traslación fílmica, las aventuras del tandem formado por el capitán Jack «el afortunado» Aubrey y el doctor Stephen Maturin (los personajes protagonistas de las novelas de O’Brian), navegaran por el horizonte del celuloide.
A principios de la década de los 90, el avezado productor Samuel Goldwyn Jr. Intuyendo el potencial cinematográfico de las novelas, convenció al escritor para que le cediera los derechos. No obstante, el film realizado, Master and Commander: Al otro lado del mundo, no vio la luz hasta el año 2003. La aventura se sitúa en el año 1805 a bordo del HMS (Her Majesty Ship) Surprise, barco de guerra de veintiocho cañones y con más de 190 almas a bordo, el cual recibe las ordenes de capturar al buque insignia de la Armada Francesa, el Acheron, un innovador barco muy superior al suyo. Este argumento, se inspira en los principales personajes y en los hechos de la primera novela de la serie Capitán de Mar y Guerra, pero utiliza el esquema narrativo de la décima La costa más lejana del mundo —posiblemente la mejor novela de la serie—, ya que el director del film, el australiano Peter Weir, pensaba que esta última tenía una estructura más adaptable al lenguaje cinematográfico, centrando casi por completo —con excepción del episodio de las Islas Galápagos— su acción en el mar.
Weir, cineasta que se ha caracterizado a lo largo de su filmografía, por ofrecer historias de un cierto sentido terrenal, con ambientes perfectamente delimitados y envueltos por elementos o fenómenos surgidos de una Naturaleza casi virgen con la consiguiente  inserción / irrupción del hombre en ella —ahí están Picnic en Hanging Rock (1975) o La última ola (1977) para demostrarlo— realiza con esta epopeya en alta mar surgida de la pluma de O’Brian, uno de los puntos álgidos y maestros de su hipnótica filmografía. Todos, el corazón de los 20 títulos de la serie literaria, fueron su manual de trabajo para realizar Master and Commander.  No creo que en ningún momento anidará en su interior la voluntad de ser el inicio de una saga fílmica. Su voluntad pasaba por capturar sobremanera, con certera precisión, el espíritu del mundo donde viven los personajes del autor de La costa desconocida.Sustituir su prosa por imágenes” (Weir, maestro audiovisual, dixit). De la misma manera que David Lean, Weir necesita insuflar épica a su película, sin olvidarse en ningún momento del ser humano. Ayudado en la labores de guionista por John Collee, Weir co-escribe un libreto que se desarrolla y ambienta durante la mayor parte del film a bordo del Surprise y describe —como ya hiciera con la comunidad amish de Único testigo (1985) o el mundo de ficción de El show de Truman (1998)— una geografía / entorno cerrado (un mundo de madera / un castillo de mástiles, cofas, vergas y trinquetes) pero a la misma vez, lleno de vida. Palpable. Con condiciones de vida sombrías. Rutinarias. Un espacio donde conviven —confinados— hombres de diferentes edades. Desde ancianos hasta niños. Reclutados (secuestrados) por las patrullas de leva de su graciosa majestad.Con el único premio de una ración extra de grog y la admiración hacia la persona de su capitán.
   El film, que en el momento de su estreno fue catalogado por algunos (acertadamente) como un espectáculo minimalista, aúna en su interior un cierto regusto clásico —alejado eso sí de las aventuras marítimo festivas del estilo Errol Flynn— y aboga por una atractiva modernidad de planteamientos. Se centra en la contemplación, por parte del espectador, del alma y el espíritu de los dos protagonistas. Compañeros y contrarios que se profesan mutua admiración. Aubrey, el capitán —interpretado por Russell Crowe— es un hombre terrenal y realista. Con una confianza ciega en si mismo. Emocional y convincente. Líder y un hombre de acción. La vieja concepción del mundo. Por el contrario el doctor, naturalista y espía catalano-irlandés Maturin (a través de él, presenciaremos muchas de las practicas médicas —la amputación del brazo del guardiamarina o la operación en un cráneo en el que se echa mano de una moneda— que se llevaban a cabo durante el siglo XIX) que tiene los rasgos de Paul Bettany, es un intelectual y un personaje reflexivo. Incluso un rebelde como lo etiqueta Aubrey. Su persona supone el pensamiento nuevo en un entorno revolucionario —se autoopera de una herida de bala—. Los dos, delante de los avatares de su vida son complementarios. Tienen una visión pareja y realista de cómo es posible sobrevivir, mediante una inquebrantable relación de amistad, lealtad y respeto, en un océano donde transcurren guerras. Comparten algunas afinidades (la música), pero a su vez, representan el eterno debate sobre las dos caras que puede haber acerca de la condición de la naturaleza humana. Ilustrativo de esto, es el choque que se produce entre ambos en el momento de decidir que rumbo tomará la acción. Perseguir al francés —Aubrey— o bien (cumpliendo una promesa efectuada por el marino al doctor) detenerse en las Galápagos a recoger raros especímenes (pájaros que no vuelan o insectos que se metamorfosean con ramas, un aspecto este crucial en la batalla naval final) para llevar a cabo estudios biológicos –Maturin-. Anteriormente hemos presenciado un momento similar entre los dos, donde se debate el sentido del deber, tras haber abandonado a su suerte (aciaga) a un hombre que ha caído al mar (una situación resuelta por la cámara de Weir de manera superlativa). La tensión pues está servida en el entorno cerrado del Surprise. Un barco pequeño inmerso en un gran océano. Muchas secuencias de planos aéreos dan fe de ello.
Y para llevar a cabo semejante odisea (Homero, Ulises y las sirenas se intuyen), presenciaremos al inicio del film, al Surprise navegando a través de un mar en calma, oteando el horizonte, escrutando a través de las brumas, por si aparece una vela enemiga. Es la calma que precede a la tormenta. La antesala a la destrucción que va a desencadenarse a continuación. Weir, de manera excelente, orquesta una secuencia real e intensa. Descriptiva y progresiva. Mostrando en toda su crudeza el inicio de la batalla, con la alerta del joven oficial tras comprobar, tras destellos de fuego en la oscuridad brumosa, que el Acheron ha cogido por sorpresa al Surprise (valga la redundancia); para pasar a continuación al desarrollo de la misma, donde gracias a la suerte y a la pericia de Aubrey –introduce a su barco en un banco de niebla- la destrucción del navío británico no es total; y finalizar con la plasmación del nacimiento de la obsesión del marino británico por dar caza a su antagonista francés. En el punto de Ahab y la ballena blanca. Ahí es nada. Pero que mediante un planteamiento simple, la caza del Acheron como excusa argumental, Weir lidia perfectamente el magno paralelismo y recrea cuidadosamente, sin estridencias existenciales de ningún tipo, la vida en el interior de un barco efectuando un amplio y veraz retrato de personajes y situaciones.
   Por otro lado, el film no se detiene únicamente en esos comentados enunciados minimalistas y/o filosóficos. Master and Commander es además un espectáculo cinematográfico también. Para demostrarlo, y convertirse en un apasionante relato de hazañas bélicas en el mar, se introducirán en el film todos aquellos aspectos (batalla naval al inicio y al final) y figuras narrativas habituales (el pasaje en el Cabo de Hornos) que configuren su entramado argumental, a la par que los condicionantes necesarios que se necesitan para dar atractivo comercial a un producto de estas características. Lo primero es el sentido de la Aventura con mayúsculas, con sus consiguientes dosis de aprendizaje. Seguro que Weir tuvo en mente muchos aspectos de El demonio del mar  (1949). Después recurrir a un elenco de actores que den consistencia a sus roles. Personalmente no imagino a nadie que no sea Russell Crowe como «el afortunado» Aubrey. Su interpretación, arrogante, sobria y comedida, del Capitán —es Dios en su barco / mundo— del hombre con principios, que roza la insubordinación para materializar sus intereses por encima del deber, roza la perfección. De la misma manera que el versátil Bettany se muestra maravillosamente comedido al abordar su rol de positivista hombre inquieto a la par que racional y revolucionario intelectualmente. A partir de su duelo interpretativo, de los diálogos / enfrentamientos verbales entre ambos o de esos momentos, en lo que se retiran a la paz del camarote del capitán para interpretar, entre otros compositores clásicos, música de Mozart, de Corelli o Boccherinni, con piezas que se añaden a la banda sonora para generar una atmósfera muy concreta a la par de irnos introduciendo en la acción, en la historia y en el devenir particular de ese micro-cosmos, orquestado por Aubrey.
   Posiblemente el comentario de Mirito Torreiro en el estreno del film donde enumera «primero, la aventura en sí misma, la lucha contra otros, o contra la naturaleza, el aspecto espectacular y más grande que la vida que el cine ha heredado del pasado (…). Otra, el propio trayecto vital de los héroes, esa mezcla de aprendizaje para la vida y de crecimiento interior que, desde las grandes epopeyas de la antigüedad clásica, han sido el sustento de este tipo de aventuras. Y en tercer lugar, una razonable cuota de misterio, de sentimientos que se viven pero no se expresan (…) y que constituyen el motor de todo el avance narrativo». describe a la perfección el carácter de clásico y/o obra maestra cinematográfica que supone el trabajo de Weir. Independientemente del valor literario de las novelas (la génesis) de O’Brian y por extensión de Forester.•
 
 
 
 
(1)
   
Este género en concreto ha sido cultivado además por otros escritores altamente recomendables como por ejemplo Alexander Kent con su serie de novelas sobre Richard Bolitho o por Dewey Lambdin con su incorregible y divertido Alan Lewrie.
(2)   Ken Ringle, Washington Post. 2 de agosto de 1992
(3)   Richard Snow, The New York Times Book Review de 6 de enero de 1991
   
     
Comprar en dvdgo.com
   

Disco 1: La película / Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Disco 2: Contenidos adicionales: Los cien días / En el funeral de O'Brian / Detrás de las cámaras: Efectos visuales, adaptación y primer vistazo HBO / Escenas eliminadas / Estudios multiángulo de la última batalla / Galería de fotos / Tráilers. Formato: Pal Widescreen 2.35:1, 16:9. Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano e Inglés. Duración: 132 mn + 200 mn extras. Distribuidora: Twentieth Century Fox.


 

 


Características DVD:
   
   
     
Comprar en amazon.com
   

MASTER AND COMMANDER: THE FAR SIDE OF THE WORLD (2003)
Christopher Gordon, Richard Tognetti e Ira Davies
Decca Records 475398-2, 2003. Duración: 59: 45.

   
       
   

Ver comentarios

Valoración media: 5,1

Comentarios: 50   (Ver)

Total de votos: 74


¿Qué valoración le darías a esta película?

Valoración:

Enviar