IV EDICIÓN DEL BCN FILM FESTIVAL '020
No faltó a su cita anual, desde hace cuatro años, este Festival de Cine Internacional de Barcelona, con visos de perpetuarse en el atribulado mundo de los certámenes cinematográficos que envuelven la geografía nacional, con especial énfasis en el cine extraído de la literatura. Esta fue una apuesta basada en la incertidumbre de cuándo y cómo tendría lugar la presente edición. En un primer momento, antes de la irrefutable pandemia, su ubicación restaba en período primaveral, inmediatamente después de la adecuada fecha del 23 de abril, día de Sant Jordi y del libro, por extensión. Sin embargo, las malas (pésimas) noticias hicieron reaccionar a la organización de que posponer el Festival dos meses después –calculando fases de escalada y desescalada, así
En estreno
 
ESPECIAL LOUIS MALLE (PARTE II, 1975-1994)
Para la segunda y última entrega del dossier dedicado a la obra cinematográfica de Louis Malle publicamos un total de diez artículos sobre otros tantos films con el complemento de la reseña crítica de la monografía en torno al cineasta galo publicada recientemente por Cátedra y escrita por Enric Alberich. El periodo analizado a través de sus películas abarca desde mediados los años setenta cuando rueda Black Moon (1975),
FALLECE A LOS 91 AÑOS EL ACTOR CHRISTOPHER PLUMMER
El pasado 5 de febrero falleció el actor canadiense Christopher Plummer en su residencia del estado de Connecticut, a los boventa y un años de edad. Hasta pocos meses antes de certificarse su deceso Plummer había seguido en activo en el mundo del cine, ostentando el honor de haber sido el intérprete con mayor edad en recibir la estatuilla dorada (a los ochenta y un años) por su papel secundario en Beginners (2010). Poseedor de una formidable base como actor teatral su presencia se dejó sentir en la gran
LIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES'020
En el contexto social en el que vivimos celebrar un festival con lo que ello significa debería resultar, cuanto menos, una temeridad. Sin embargo, el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges se celebró sin aparentes problemas, más allá de las restricciones de horario y limitaciones de aforo. Las consideraciones al respecto son varias y precisas, que convendría matizar en su justo punto, antes de pasar a analizar lo que fue y ha sido un acontecimiento de
ROMA (2018)
Colonia “La Roma”, Ciudad de Méjico, año 1971. Cleo es una ama de llaves que trabaja en la casa de una familia de clase media en Ciudad de Méjico, compuesta por el matrimonio, los cuatro hijos, la abuela y el perro. El día a día va uniendo a la familia con Cleo, cuando el padre de familia se va, Aparentemente a Canadá a un congreso médico, y cuando Cleo queda embarazada
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
STAR WARS: LOS ARCHIVOS (EPISODIOS IV - VI: 1977-1983)
En 1971 George Lucas recibió veinte mil dólares por dos años de trabajo en la cinta distópica THX1179 que escribió y dirigido. Siete años más tarde, el cineasta californiano se convirtió en uno de los Golden boy
CLÁSICOS DE NUESTRO TIEMPO (TOMA 152): «ASESINATO POR DECRETO» (1979) (HOMENAJE A CHRISTOPHER PLUMMER)

                                          
                      
                                                                    

Estrenada en nuestro país hace alrededor de cuarenta años con el metraje ligeramente recortado, Asesinato por decreto (1979) al poco de su paso por la cartelera se convirtió en pieza de culto y con el paso de los años ha adquirido la condición de clásico contemporáneo en virtud de su capacidad de sugerir nuevos elementos o matices a cada visionado. Existe un notable consenso en señalar Muder By Decree conforme a una de las más sugerentes aproximaciones al personaje de Sherlock Holmes, para la ocasión envuelto en la investigación relativa a los crímenes cometidos por Jack el destripador, cuya identidad será desvelada a la conclusión de la trama. Sirva este artículo a modo de homenaje al recientemente desaparecido Christopher Plummer enfundado en la piel del taimado investigador británico surgido de la pluma de Arthur Conan Doyle, en un ejercicio cinematográfico que contó con la dirección tras las cámaras de Bob Clark.
  
Por Lluís Nasarre 

El estadounidense Bob Clark empezó a gestarse un nombre en el ámbito cinematográfico a partir de un póker de películas (pequeñas) a las que el paso del tiempo ha ubicado hacia terrenos abonados por el aficionado que suelen etiquetarse (con mayor o menor acierto) como películas «de culto». Desconozco las virtudes (o defectos) de las dos primeras, Los niños no deben jugar con cosas muertas y/o Crimen en la noche (ambas de 1972), así como los de la realizada en 1976 Explosión de violencia. Sin embargo, en 1974 realizó Navidades negras, una fascinante y angustiosa película de terror que sentó las bases del slasher con fondo navideño y que antecedió las formas de la posterior La noche de Halloween (1978), al iniciarse ambas con un asesino sin rostro, merodeando, y haciendo que la cámara adopte (inquietamente) su subjetivo punto de vista. No obstante, y a diferencia de la estupenda película de John Carpenter, Clark hace uso de esa herramienta narrativo/cinematográfica tirando de una metodología más radical ya que, en última instancia, su asesino nunca se ve claramente y su identidad nunca se revela.
    De ahí que al finalizar la década de los 70 y a pesar de que la réditos comerciales de esos films tampoco fueran nada del otro jueves, al director nacido en New Orléans cuando corría 1939, se le brinda la oportunidad de embarcarse en un nuevo proyecto, modestamente más ambicioso, produciendo y dirigiendo en Inglaterra a un elenco de actores británicos y canadienses de renombre internacional en un film que, de salida se presume tan original como apasionante: Asesinato por decreto (1979), una amalgámica mezcla de unos mitos de renombre como el holmesiano contra el ripperiano. O lo que viene a ser lo mismo: Sherlock Holmes contra Jack «El Destripador». Es una certidumbre que se han llevado a cabo proliferación de supuestos acerca de la identidad del asesino (o ¿asesinos?) que pasó a la historia (forense, criminal…) bajo el siniestro sobrenombre de Jack «El Destripador». En cine, el británico James Hill dirigió en 1965 Estudio de terror, un interesante film hijo de las modas cinematográficas de los sixties pero carente de la densidad atmosférica y del juego (alternativo) con la Historia que por el contrario si ofrecen el guión del tándem Bob Clark/John Hopkins, al adaptar —mediante una hipótesis realmente interesante— el ensayo The Ripper File de Elwyn Jones y John Lloyd.
    En sus primeros compases/imágenes, Asesinato por decreto ya desarrolla hábilmente uno de los puntos fuertes de su narrativa cinematográfica a través de la intersección preexistente entre dos lugares totalmente diferentes. Cada una de estas escenas ya diseña con admirable aproximación las diferencias entre clases sociales: la alta y la baja del periodo narrado. En la primera de ellas tendremos a un lujoso carruaje transitando (merodeando) por los brumosos callejones del East End de la capital británica, filmándolo a cámara lenta y haciendo uso de una lente de gran angular para conferir percepción de hallarnos en otro mundo con, como se ha apuntado en alguna ocasión, evidentes concomitancias al Nosferatu, el vampiro (1922) de Friedrich W. Murnau. Y la segunda, desarrollada en el lujoso teatro de la ópera londinense, donde el público del gallinero abuchea la (tardía) llegada del Príncipe de Gales, se erige la inequívoca señal de una potente agitación política en el seno del país, la cual hará gala de omnipresencia a lo largo de todo el film. Un paralelismo escénico éste que entraña una admirable fusión dramática en el instante en que, del carruaje en tránsito por los suburbios, emerge un personaje que ha de estrangular a una prostituta (filmado mediante opción subjetiva) y cuya noticia ha de llegar hasta Sherlock Holmes y el Dr. Watson en el momento en que estos salen de la ópera una vez ha finalizado la representación. La dinámica labor del operador Reginald Morris es fundamental para unir perfectamente ambas secuencias mediante uso de esa cámara al hombro serpenteando entre callejas a la búsqueda de un objetivo y con ese largo movimiento de grúa, ininterrumpido, que va siguiendo a los dos protagonistas, mientras estos comentan el último asesinato acaecido, en el interior de su carruaje abierto. Con esa carta de intenciones, en la génesis de Asesinato por decreto certificamos rápidamente las intenciones de Bob Clark de procurar mantener constantemente su cámara en movimiento para con el juego planteado.
Un juego de encajes que debe guiar a la pareja de detectives en su intención de descubrir al asesino a través de un resiliente recorrido social versus el recurrente arriba y debajo de esa escala de poder característico de la época victoriana. Un período literario y popular, ahíto de referentes que, como sabemos, da cabida a toda una galería de personas que van desde proxenetas hasta primeros ministros. Y si mencionamos al más alto nivel de las clases dirigentes, es porqueen Asesinato por decreto desde un inicio la teoría de la conspiración cobra forma tras esos eventos acaecidos en el arranque del film: un bebé ilegítimo, sacrificios de sangre, adivinos, órdenes masónicas…un caldo de cultivo sumamente atractivo que, posteriormente daría cabida tanto a la novela gráfica de Alan Moore como al film que lo hizo ejercicio de culto en celuloide merced a los hermanos Hugues: Desde el infierno (2001).
 
En algún lugar del tiempo
 
No creo que este sea el momento para ir enumerando a todos los intérpretes que a lo largo de los años han ido adquiriendo los rasgos del famoso detective domiciliado en el londinense 221 B de Baker Street. Cualquier aficionado al personaje los tiene en mente y por supuesto sus preferencias se decantan por alguno en detrimento de los otros. El escocés Arthur Conan Doyle diseño literariamente sus rasgos y el cine posteriormente (y en base a ello) se tomo (o no) sus licencias.
   A pesar del inicialmente previsto Sir Laurence Olivier, en Asesinato por decreto quien toma la alternativa para el rol de marrases el otrora (celebérrimo) Capitán Von Trapp de la (asimismo celebérrima, valga la redundancia) sobrevalorada Sonrisas y lágrimas (1965). Y eso es: el canadiense Christopher Plummer. Respecto a él, cabe apuntar que no era la primera ocasión en la que el actor que tristemente se despedía del cine con la extraordinaria Puñales por la espalda (2019), se vestía con los atavíos del famoso personaje. En 1977 y en Silver Blaze, Plummer ya encarnó al personaje en la adaptación televisiva de uno de los 56 relatos cortos acerca de Sherlock Holmes escrito por Conan Doyle con un plot que se detiene en la resolución del enigma de la desaparición de un caballo cuya gracia es Silver Blaze y del asesinato de su preparador.Por lo tanto, habiéndose fogueado en una primera ocasión, no habría de resultar extraño que lo acometiera en una nueva ocasión. Desconozco totalmente el valor de su interpretación para esa primera ocasión, empero a las órdenes de Bob Clark, Plummer dota a su Holmes de una imagen psicológica algo menos áspera a lo que el espectador/seguidor del personaje está acostumbrado. El Holmes de Asesinato por decreto no se diseña principalmente por la virtud de sus aptitudes deductivas sino por los distintos ejercicios de conciencia que va mostrando a lo largo del film y por su disposición de procurar repeler las situaciones de peligro, echando mano de… artilugios escondidos en sus prendas de vestir —para la estrepitosa aparición de Guy Ritchie y Robert Downey Jr. aún faltaban treinta años—. Algunos podrían poner en tela de juicio su ambigua impulsividad, pero ello no es óbice para que su humanidad, su ortodoxia, no devenga capital en esta ocasión para la comprensión de las resoluciones deductivas a las que el personaje nos tiene acostumbrado. Y ello no puede ser de otro modo, ya que (frase hecha), los tiempos cambian y Holmes, Sherlock Holmes (como Bond, James Bond) están sujetos a cambios…temporales y formales. Después de todo, e inmersos en la historia de Asesinato por decreto, es difícil mantenerse tranquilo, imperturbable, cuando se trata de asomarse a los abismos del mal y de los entresijos del sufrimiento humano. Y a ese cambio en el diseño, que personalmente acepto de muy buen grado, no es ajeno el hecho de que el doctor Watson esté interpretado por el genial James Mason. El intérprete inglés, al igual igual que Plummer, no se significaba como la primera opción. Parece ser que las intenciones primigenias iban hacia Peter O’Toole; sin embargo, la poca predisposición para con el proyecto tanto del actor de Hamlet (1948) como del de Lord Jim (1964) que, seguramente, hubiese dado paso a una desgana interpretativa con (posibles) miradas de soslayo y frases dichas apretando los dientes, se revierte afortunadamente en el resultado final del film, al beneficiarse enormemente de la complicidad de los actores finalmente escogidos. A la vista de sus respectivas filmografías, son obvias las diferencias de carácter y de temperamento que existen entre ambos intérpretes (o quizás…no tanto), pero asimismo es evidente que esa disparidad, es del igual modo, uno de los (felices) haberes del film. La amistad (masculina) existente entre ambos en Asesinato por decreto está descrita de un modo maravilloso. Aquí Watson, sin rehuir a la ironía, ya no es (únicamente) el contrapunto cómico (amén de ingenuo) de Holmes. En mi opinión, es la calidez y la afabilidad del Watson/Mason, la base sobre la que se fundamenta la humanidad de Holmes/Plummer. Como prueba de ello podemos tomar esa escena donde un guisante se torna esquivo al tenedor de Watson. En esos momentos la tensión generada en el devenir del film para atrapar al asesino se encuentra en uno de sus momentos álgidos. Por eso ante los infructuosos intentos por “pescar” la legumbre por parte de Watson, la reacción de Holmes no puede ser más significativa con el diseño que Clark y su guionista pretenden hacer de los personajes. Holmes espectador de la situación de su amigo, aplasta al guisante con su propio tenedor para que así el doctor pueda comerlo sin problemas. La mirada que le lanza Watson a Holmes es tan elocuente, que el sentimiento de humanidad, de culpabilidad que se apodera del detective asesor, describe mucho más que cualquier otro recurso que se podía haber utilizado.
 
Juego de sombras
 
   Pero Asesinato por decreto no es tan solo la brillantez de esos momentos cotidianos entre ambos personajes. Es además, y por derecho propio, una (de las mejores) película de Sherlock Holmes. Un film de suspense y poseedor de una intriga (muy) poderosa como ya hemos apuntado anteriormente. Una intriga donde el curso de la investigación está subordinado a una lógica que se nos antoja estricta. Tan estricta e inflexible como la (hammeriana) atmósfera que arropa a un film detentador de un diseño de producción donde se dan imágenes de una atractiva geografía de las calles y los mulles londinenses engarzados entre sí, decorados de un modo tal, que la niebla que constantemente los envuelve, obtiene grado de repercusión dramática dando el tono necesario para poder finalmente esclarecer unos hechos monstruosos y estremecer así al ánimo del espectador. Es sobrecogedor ese momento de la investigación, donde la película casi nos apunta que, en ese mundo que los personajes están viviendo, si Jack el Destripador no hubiese existido, lo que si hubiese existido es la necesidad de crearlo para alejar así las sospechas que se establecen acerca de personajes de rancio (real) abolengo. Como extraordinario asimismo, uno de los instantes cumbres del film: el encuentro entre Holmes y Annie Crook (Geneviève Bujold), esa madre de un descendiente real, encarcelada en un Bedlam esculpido en las piedras abonadas a las pesadillas. Con el monologo de Annie, basculando entre la demencia y la cordura. Bob Clark lo ejecuta en gran parte en una sola toma. Y en un momento del mismo, la cámara reencuadrará a la actriz en el plano (sutilmente) frente a una vela que se apaga. A mi juicio, ese parpadeo, es un símbolo extraordinario escogido por el director para diseñar el comportamiento de un personaje recluido en las montañas de la locura por el propio sistema. Una metáfora que, en otro orden de cosas, no puede (ni quiere) evitar etiquetar a Asesinato por decreto como hija de su tiempo. Una obra de finales de los setenta. Una década caracterizada por el pesimismo social y las injusticias. Una coyuntura concreta en la que ni Sherlock Holmes, el más grande detective de todos los tiempos, es capaz de vencer al sistema.
    Al final, con la resolución de su investigación, Holmes tan sólo logrará dos cosas: primero poner al sistema en modo pausa -atención al enfrentamiento de Holmes con el Primer Ministro (Sir John Gielgud) en una sala que es como un tablero de ajedrez, un juego donde las tablas entre contendientes de enjundia suele ser habitual-.Y la segunda, de un matiz (revisionista) más cinematográfico, revertiendo en algo a un mito del cine y la literatura, convirtiéndose (con ayuda de Watson) en el (anacrónico…por su historia) humanista del film, al controlar su ira (que perfectamente podría desbocarse) y dando pie a… ¿lágrimas por el sufrimiento de los demás? mientras le comenta su amigo el doctor cuando éste le pide que se siente y se olvide del caso que «hemos desenmascarado a esos locos que ostentan el poder Watson…pero ha sido inútil… Aullando a la luna».
 
 
 
.
(Homenaje a Michael Apted) 

Histórico de Clásicos de Nuestro tiempo


 

   (1969, Dennis Hopper)
OPEN RANGE  (2003, Kevin Costner)    
TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS  (1966, Jirí Menzel)   
EL NOMBRE DE LA ROSA  (1986, Jean-Jacques Annaud)