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En compañía de lobos
Company of Wolves
     
    Director (es) : Neil Jordan
    Año : 1984
    País (es) : GBR-IRL
    Género : Fantástica-Terror
    Compañía productora : Cannon Films/Incorporated Television Company (ITC)/Palace Productions
    Productor (es) : Chris Brown, Stephen Woolley
    Compañía distribuidora : Ados Films S. A.
    Guionista (s) : Angela Carter, Neil Jordan
    Guión basado en : en un cuento de Angela Carter
    Fotografía : Peter MacDonald
    Diseño de producción : Anton Furst
    Director (es) artistico (s) : Stuart Rose
    Vestuario : Elizabeth Waller
    Maquillaje : Sylvia Croft, Christopher Tucker
    Música : George Fenton
    Montaje : Rodney Holland
    Montaje de sonido : Alan Bell
    Efectos especiales : Dave Crownshaw, Dave Eltham
    Duración : 95 mn
   
     
    Angela Lansbury
David Warner
Sarah Patterson
Micha Bergese
Tusse Silberg
Georgia Slowe
   
   
   
La anciana sra. Granny relata a la joven Rosaleen un cuento centrado en el mito de la licantropía. En medio de unos frondosos bosques briánicos se sitúa la acción que protagoniza la Caperucita Roja, una inocente niña que se enamora de un joven al que conoce fortuitamente y que, con la caída del sol, se transformará en un hombre-lobo...

   
   
   

MÁS ALLÁ DE LAS PESADILLAS INFANTILES
 
Por Joaquín Vallet Rodrigo
En compañía de lobos es la segunda película dirigida por Neil Jordan, dos años después de su estreno cinematográfico con Danny Boy, y el título que lo hizo destacar a nivel internacional sobre todo dentro del cine fantástico, ya que el film triunfó en un buen número de festivales especializados (Sitges, Avoriaz o Fantasporto, por ejemplo) y obtuvo un respaldo crítico casi sin precedentes. El porqué de todo ello, además de por la evidente calidad del film, hay que hallarlo en el periodo concreto de su aparición. Los años ochenta no se distinguen, precisamente, por su calidad fílmica y, por lo que respecta al cine de terror, son muy escasas las producciones verdaderamente importantes o que hayan adquirido un aura de respeto a lo largo de los años. Por el contrario, es una etapa prolífica en títulos de consumo, merced al éxito de interminables sagas como la de Viernes 13 o Pesadilla en Elm Street que, de hecho, en varios aspectos poco difiere de la travesía que el género está tomando en la actualidad. Por consiguiente, la aparición de un film como En compañía de lobos debe entenderse, necesariamente, como una revolución en toda regla dentro de los márgenes del fantastique, tanto por lo que respecta a su condición de pieza deliberadamente marginal y heterodoxa, desenraizada de los senderos transitados habitualmente por el género, como por sus planteamientos estéticos y estilísticos que abren un buen número de posibilidades para que éste campo cinematográfico adquiera nuevas señas de identidad. Respecto a éste último punto, En compañía de lobos ha quedado relegada a la singularidad ya que, excepto algunos detalles muy concretos aprovechados por M. Night Shyamalan en El Bosque o Terry Gilliam en El secreto de los Hermanos Grimm, prácticamente ninguna obra posterior al film de Jordan se ha implicado en los elementos por él esbozados.
 Antetodo, En compañía de lobos no debe interpretarse como una obra compacta o de narración convencional. El film está estructurado como si de una muñeca rusa se tratara ya que su situación inicial, desarrollada en la actualidad, se ve complementada con el grueso central del film, que se ambienta en una extraña aldea rodeada por un bosque que parece estar fuera del tiempo y el espacio y, a la par, integrada por los diversos cuentos que la abuela (espléndida Angela Lansbury) relata a su nieta. Ello centra la obra en un clima de irrealidad verdaderamente sorprendente ya que en el film es imposible discernir el sueño de la vigilia, abocado todo a una perenne pesadilla en la que los más inescrutables instintos se materializan bajo la amenazante metáfora de la licantropía. La película, por tanto, va mucho más allá de su exposición aparentemente folklórica de mitos y leyendas. Sus intenciones son, de hecho, diametralmente opuestas a ello ya que es una indagación escrupulosa y nada superficial sobre los instintos sexuales prepúberes, el ocultamiento (no la desaparición) de los miedos irracionales y, en especial, la integración en el mundo adulto. No en vano, su referencia más directa es, quizá, el cuento más salvajemente alegórico de toda la historia de la literatura: Caperucira Roja de Charles Perrault. La ambivalencia se extiende a todos y cada uno de los aspectos del film que toman en el personaje de Rosaleen (adecuadísima la debutante Sarah Patterson) la perfecta sintetización de ello. La sonrisa que la niña esboza cuando, en un sueño, ve a su hermana perseguida y devorada por una manada de lobos, casi al comienzo de la película, ya establece la particular idiosincrasia de éste personaje en quien forzosamente se ve identificado el espectador. Los relatos que la abuela le cuenta para que tome las precauciones necesarias mantienen un evidente doble sentido sexual en el que el temor hacia los hombres «cuyas cejas se le juntan» está directamente vinculado al primer contacto sexual, símbolo del desvío del sendero (donde la abuela quiere que la niña permanezca a fin de salvaguardar su pureza) y su integración definitiva en el universo de los adultos. La conversión final de la niña en un lobo no es más que una constatación de la pérdida de la virginidad que se extenderá fuera de su sueño como bien indica la violenta irrupción de la manada en la habitación donde duerme, que provocará la destrucción de todos los juguetes y accesorios que la unían, simbólicamente, al cosmos infantil.
   En compañía de lobos es, por consiguiente, una película que guarda en su interior un entramado temático que se desvía, conscientemente, del cine fantástico ya que se sustenta en unos niveles de alegoría, en ocasiones, cercanos al surrealismo (los recién nacidos en el interior de los huevos). Sin embargo, el clima de temor subrepticio y amenaza constante se encuentra perfectamente ejecutado. La película escruta en los terrores de infancia, en los miedos atávicos, pero desde un prisma analítico en el que todos y cada uno de los elementos argumentales y visuales no se ecuentran expuestos de manera gratuíta, sino que poseen una trascendencia y un significado capital para que toda la película adquiera su fascinante personalidad.
Aún a pesar de los años transcurridos y sus posteriores logros, En compañía de lobos sigue siendo la mejor película de Neil Jordan y un título clave del cine de terror contemporáneo.
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Fichas. Formato: Pal 1.85:1, 4:3. Idiomas: Castellano e  Inglés. Subtítulos: Castellano e Inglés. Duración: 95 mn. Distribuidora: Filmax.
 

 

 

   
     
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Editorial: Sexto Piso. 
Autora: Angela Carter.
Fecha de publicación: marzo de 2014.
178 pp. 17,0 x 24,0 cm. Tapa dura.
Traducción de Jesús Gómez Gutiérrez.
Ilustraciones de Alejandra Acosta.

COMENTARIO (Por Christian Aguilera): «Angel fue rodado en escenarios naturales (...) Después de esto, deseaba ir en la dirección opuesta y crear una historia en un ambiente enteramente imaginario. Conocí a Angela Carter en una conferencia de escritores en Dublín, y me enseñó un pequeño serial radiofónico que había escrito basado en una colección de sus historias llamada La cámara sangrienta. Me sugirió que podía hacer una pequeña película, y por eso lo leí. El mensaje de Angela en La cámara sangrienta era que detrás de esas historias edulcoradas sobre niños había sangre real, carne (...) y un torrente incesante de sexualidad. Tenía una fascinación con los cuentos de hadas y comprendía dónde quería ir a parar de manera inmediata». Estas declaraciones efectuadas por Neil Jordan durante la fase de montaje de Desayuno en Plutón (2005) relatan la génesis de un proyecto que representaría el segundo largometraje del cineasta irlandés. Jordan y Carter consensuaron una especie de “mapa de ruta” para la elaboración del guión en que tuvieran cabida, en mayor o menor medida, los diez relatos que jalonan la antología La cámara sangrienta (1979). Huelga decir que Company of Wolves se impuso habida cuenta que resultaría ser la principal fuente de inspiración a la hora de articular los sucesivos borradores de guión. Pero en ese “encaje de bolillos” pretendido por Jordan los relatos breves “El hombre lobo” y “Lobaticia” encontrarían acomodo en el texto cinematográfico. Por aquel entonces, Carter ya gozaba de un reconocido prestigio en el ámbito anglosajón y su obra empezaba a traducirse —caso del estado español— en otras lenguas preferentemente durante la década de los ochenta. El estreno de En compañía de lobos (1984) no hizo más que avivar el interés de editoriales de medio mundo por tener en sus respectivos catálogos piezas literarias de una escritora singular, en que lo cotidiano entra en “conjunción” con lo fantástico, estableciendo mundos “soñados” que se rigen por sus propias normas, nada esquivos al componente sexual, motor de buena parte de los relatos integrados en La cámara sangrienta, por segunda vez publicada en nuestro país gracias al sello Sexto Piso. De la obra de Carter, incluida La cámara sangrienta, el grueso de sus novelas —Héroes y villanos (1969), El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo (1972), La pasión de la nueva Eva (1977) y Noche de circo (1984), entre otras— se había ocupado la Editorial Minotauro antes de quedar “fagocitada” por el Grupo Planeta, que hasta la fecha ha aparcado cualquier tentativa por reeditar, ni tan siquiera, algunos de los títulos más relevantes de su autora.  
    Escritora precoz, Angela Carter (1940-1992) asimismo lo fue en relación a su primer matrimonio que duró una docena de años —entre 1960 y 1972— y del que “heredaría” su apellido “artístico” en detrimento de Olive Stalker, el consignado en su nacimiento. El mismo año que se casaría en segundas nupcias con Mark Pierce, se publicaría la traducción acometida por ella misma de The Fairy Tales of Charles Perrault (1977), Semejante “convivencia” con los textos del escritor francés la facultaría para conocer de manera pormenorizada el contenido de Caperucita roja, convirtiéndose al cabo en la semilla de uno de los relatos que integran La cámara sangrienta, sin menoscabo de sentir el aliento de obras formuladas en un lejano pasado por el Marqués de Sade o Jeanne Marie Leprince de Beaumont, y más próximo en el tiempo, las radionovelas que “sintonizaran” con el espectro de los fairy tales. Este sería precisamente el primer espacio de difusión de En compañía de lobos. Al cabo, idéntico relato encontraría acomodo en la gran pantalla una vez superadas ciertas desaveniencias de criterio artísticas sostenidas entre Carter y Jordan mientras iban "engrasando" el guión. Cuatro años después de fallecer la escritora británica, el mercado editorial volvía a proveer un volumen que llevaba su rúbrica, “a título póstumo”. Entre los capítulos que conforman The Curious Room: Plays, Film Scripts and an Opera (1996, Ed. Chatto & Windus) uno quedaría reservado al guión de The Company of Wolves que Jordan acabaría desestimando en función, entre otras consideraciones, de la necesidad de limitar el metraje a una duración estándart. De tal suerte, algunas historias fantásticas contenidas en La cámara sangrienta quedarían aparcadas en la obra cinematográfica estrenada en salas comerciales en el Reino Unido en septiembre de 1984. Podríamos colegir, por tanto, que La cámara sangrienta representa más un punto de partida que un fin a la hora de plasmar ese universo literario en que confluían algunos de los relatos cánoninos del terror de raíces góticas. El tema de la licantropía acabaría cautivando de manera particular a Jordan, y con ello En compañía de lobos merced, en especial, al desempeño artístico de Chris Tucker (asimismo, el creador del make up de El hombre elefante) se transformaría en uno de los referentes insoslayables del terror contemporáneo afinado a ese formato de cuento tan del gusto de su director. Al igual que ocurre en la antología editada por Sexto Piso con unas —excelentes ilustraciones en el haber de Alejandra Acosta entintados en rojo sangre y una infinita gama de grises—, el colofón de En companía de lobos versión cinematográfica contaría con una suerte de epílogo destinado a rendir honores al relato “Lobalicia”. Con el devenir del siglo XXI hubiera sido indicativo suficiente para que se sustanciara una segunda parte o un spin-off, pero aquel “broche” final apenas llamaría la atención frente a ese clímax presto al lucimiento de Christopher Tucker, en similar sintonía con los logros obtenidos por su colega Rick Baker con la coetánea Un hombre lobo americano en Londres (1981).• 
   
   
     
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COMPANY OF WOLVES (1984) *** 
George Fenton
Jay Productions CDJAY 1338, 2000.
 
En el contexto del cine fantástico de los años ochenta, pocas bandas sonoras han adquirido el rango de «clásico» después de haber merecido el calificativo de título «de culto» como The Company of Wolves. Su autor, George Fenton, se había dado a conocer un par de años antes con su partitura compuesta para Gandhi (1982), coescrita junto a par por Ravi Shankar. A las antípodas de su trabajo concebido para el film de Lord Richard Attenborough, Fenton se vale de una reducida formación orquestal dominada por la sección de viento para la que sería su primera colaboración con el director y guionista Neil Jordan y que se prolongaría en el tiempo hasta Entrevista con el vampiro (1994), una partitura que sería rechazada por los productores en beneficio de la creada por Elliot Goldenthal. Al igual que la adaptación de la novela de Anne Rice, En compañía de lobos penetra en el terreno de la mitología, creando un conflicto entre lo real y lo sobrenatural que se traslada asimismo al ámbito musical. La partitura de Fenton explora con sonoridades atonales que se entremezclan con una leve melodía que actúa, en determinadas secuencias, como subtexto, desarrollando un concepto de una absoluta sencillez formal pero muy efectivo en su ejecución. Es una banda sonora, por tanto, atmosférica, que actúa casi a nivel del subconsciente, rica en matices, en la que podemos discernir la presencia de uno u otro personaje de la historia en función del empleo de un instrumento determinado —la flauta nos advierte la presencia de la adolescente Rosaleen—, pero que proyecta un ambiente irreal, opresivo, a través de una amalgama de sonoridades en las que no se exluye el empleo del sintetizador. Una bella melodía, melancólica en su concepción, transita por diversos pasajes del film pero sin desvirtuar el tono experimental del resto de la banda sonora, a excepción del empleo del Trío para cuerda Op. 3. No.1 para el episodio de la celebración de la boda y un tema tradicional sueco (The Village Wedding)ejecutado al violín por un amigo del compositor británico, Alistair McLachlan, cuya audición previa marcaría la pauta a seguir para el score del primer film de Neil Jordan de verdadera proyección internacional.  

Christian Aguilera

   
       
   

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