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Billy, el mentiroso
Billy Liar
     
    Director (es) : John Schlesinger
    Año : 1963
    País (es) : GBR
    Género : Comedia dramática
    Compañía productora : Vic Films/Waterhall Productions para Continental Distributing
    Productor (es) : Joseph Janni
    Productor (es) asociado (s) : Jack Rix
    Compañía distribuidora : Inter Arte Films S. A.
    Guionista (s) : Keith Waterhouse, Willis Hall
    Guión basado en : la obra teatral homónima de Keith Waterhouse y Willis Hall
    Fotografía : Denis Coop en CinemaScope
    Diseño de producción : Ray Simm
    Vestuario : Ken Bridgeman, Ron Beck
    Maquillaje : Bob Lawrence
    Música : Richard Rodney Bennett
    Montaje : Roger Cherrill
    Sonido : Peter Handford
    Duración : 96 mn
   
     
    Tom Courtenay
Julie Christie
Wilfred Pickles
Mona Washbourne
Finlay Currie
Rodney Bewes
Helen Fraser
George Innes
Leonard Rossiter
Gwendolyn Watts
Patrick Barr
Godfrey Winn
Anna Wing
Elaine Stevens
Ernest Clark
George Ghent
   
   
    Billy Fisher trabaja como administrativo en una funeraria situada al norte de Inglaterra mientras sueña con convertirse en un guionista de la BBC. Es una profesión de la que aspira formar parte algun día y de la que, en un principio, cumple algunos de los requisitos esenciales. No en vano, Billy posee una fértil imaginación que le lleva incluso a imaginar un mundo propio llamado “Ambrosia”, donde desempeña todos los papeles que a él le apetecería representar en la vida real. Pero al tiempo que se mentaliza para alcanzar su objetivo profesional, Billy reparte sus apetencias amorosas entre dos chicas, aunque finalmente se decantará por una belleza rubia llamada Liz, con quien mantiene una similar concepción liberal e idealista de la existencia humana.
   
   
   

EL SOÑADOR REBELDE
 
Por Christian Aguilera
En la retaguardia de los escritores que contribuirían a cimentar los pilares narrativos y temáticos del free cinema se situaría Keith Waterhouse (1929-2009), a quien se deben los libretos de Esa clase de amor (1962) y Billy el embustero (1963), sendas producciones dirigidas por John Schlesinger. Es por ello que al involucrar a Schlesinger dentro de los angry young men («los jóvenes airados») indefectiblemente surge de su asociación con Waterhouse, cuya creación literaria, la de William Terrence Fisher —a posteriori trasladada a la escena teatral y, aranglón seguido, a la ficción cinematográfica— se tornaría en una suerte de vaticinio sobre su propia persona, siendo convocando unos años después de la puesta de largo del film al ejercicio de guionista televisivo. Una aspiración que compromete a Will (Tom Courtenay) y que le lleva al hall de un hotel donde se aloja el popular Danny Boon (Leslie Randall) para abordarle y tratar de sacar de aquel encuentro forzado una respuesta afirmativa. Pero en la esencia del personaje de Billy se encuentra fabular, “cualidad” que da pie a los guionistas y a John Schlesinger para que realidad y ficción/ensoñación “interfieran” de continuo en una propuesta que transita por las coordenadas del free cinema verbigracia de un dispositivo narrativo adecuado a la problemática de la working class, en que no faltan alusiones a la inmigración.   
   Editada en 1959, Billy Liar puede entenderse conforme a una obra que esboza algunos rasgos ineludibles a una pieza literaria mucho mejor conocida por los lectores, La naranja mecánica (1962). En el dibujo del personaje de William Fisher se advierte trazos comunes con los de Alex DeLarge, en la concreción de un universo imaginado que se organiza en paralelo al real. En este primero la violencia se erige en uno de los ejes motores que activa la capacidad de soñar a todas horas de Will, pero no lo llega a concretar en el campo de la realidad, a diferencia de lo que sucede con el «antihéroe» confeccionado por Anthony Burgess. Para su adecuación al formato cinematográfico, las analogías entre uno y otro texto se advierten con especial relieve en la escena en que Will sale del recinto penitenciario exhibiendo la portada del libro que él mismo ha escrito I have Paid— con un claro pronunciamiento de redención, de «sentirse curado». Asimismo, para idéntica escena de fondo escuchamos un tema tradicional británico que recuerda de soslayo a “Pompa y circunstancia” de Edward Elgar, el escogido por Stanley Kubrick en la versión cinética de La naranja mecánica (1971), en que trata de fortalecer el vínculo existente entre las andanzas de Alex y los intereses políticos que entran en juego acorde a un inminente periodo electoral. En Billy el embustero semejantes alianzas quedan tan solo apuntadas en alguna línea de diálogo, ya que el fundamento del segundo largometraje realizado por Schlesinger se formula dentro de su apartado de denuncia social a través indistintamente de la comedia o de la sátira. En esa necesidad por dar voz a los «declasados», los «soñadores» que se sienten fuera del Sistema se reconoce la impronta de John Schlesinger, y tiene en Will Fisher uno de sus paradigmas.
   En el estreno tardío en nuestro país —lo haría en septiembre de 1968, en plena dinámica ascendente del denominado circuito de «arte y ensayo»— de Billy el embustero se localiza una de las claves para entender del porqué del escaso aprecio en nuestro país por un trabajo de exquisita factura —Douglas Slocombe al cargo de la fotografía en blanco y negro, y del uso del formato panorámico tan de su gusto—  y que incrimina al espectador desde el primer instante, al asumir como propio el destino de su personaje central, con un corazón que palpita cuando se “ausenta” de la realidad, allí donde parece advertir la silueta de su “alma gemela”, Liz (Julie Christie).  Con ella proyecta un viaje de ida hacia Londres. Pero al quedar citados al filo de la medianoche, como si se tratara del cuento de La Cenicienta, la ilusión se desvanece. De manera harto acertada, el final de Billy el embustero se mueve en una línea de indefinición por lo que atañe a la realidad y la ficción. Solo la presencia de una maleta situada en el andén de la estación de Devon puede ayudar a despejar las dudas sobre la existencia real o inventada del personaje de Liz. En cualquier caso, Julie Christie-actriz sí que tomaría el tren con destino a Londres para ofrecernos una excelente encarnación de Diana Scott en Darling (1965) de la mano del propio Schlesinger, cuya prospección por el free cinema se había detenido en la estación donde podemos contemplar en su andana la imagen de Tom Courtenay antes de erigirse en un corredor de fondo que vuelve a sumergirse en sus propios sueños en forma de antídoto de su lacerante realidad.•
   
       
   

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