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La noche de la iguana
The Night of the Iguana
     
    Director (es) : John Huston
    Año : 1964
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Compañía productora : Seven Arts Productions para Metro-Goldwyn-Mayer
    Productor (es) : Ray Stark
    Productor (es) ejecutivo (s) : Abe Steinberg
    Productor (es) asociado (s) : Alexander Whitelaw
    Compañía distribuidora : Metro-Goldwyn-Mayer Ibérica/Cooper Films/Barcino Films (reposiciones)
    Guionista (s) : Anthony Veiller, John Huston
    Guión basado en : La obra de Tennesse Williams
    Fotografía : Gabriel Figueroa
    Director (es) artistico (s) : Stephen Grimes
    Vestuario : Dorothy Jeakins
    Maquillaje : Jack Obringer, Eric Allbright
    Música : Benjamin Frankel
    Montaje : Ralph Kemplen
    Montaje de sonido : Leslie Hodgson
    Sonido : Basil Fenton-Smith
    Ayudante (s) de dirección : Thomas F. Shaw
    Duración : 124 mn
   
     
    Richard Burton
Ava Gardner
Deborah Kerr
Sue Lyon
James Ward
Grayson Hall
Cyril Delevanti
Gladys Hill
Billie Matticks
Fidelmar Durán
Robert Leyva
Emilio Fernández
Dorothy Vance
   
   
    El reverendo T. Lawrence Shamun trabaja como guía para una agencia de viajes en Méjico. En esta ocasión, el reverendo muestra el país a un grupo de escolares. Uno de ellos, Charlotte, de dieciocho años, se siente atraída por él y no duda en colarse una noche en su habitación. Miss Fellow, la profesora, los descubrirá juntos, y ahí empezarán los problemas ya que ella también se ha enamorado de Shamun, quien se revela como un alcohólico irreductible.
   
   
   

LAWRENCE SHANNON, PASIÓN SECRETA
 
Por Christian Aguilera
Última de las producciones que John Huston rodaría en blanco y negro —encadenaría cuatro de forma consecutiva en el primer tercio de la década de los sesenta—, La noche de la iguana asimismo sería la postrera ocasión en que el cineasta de raíces irlandesas lidiaría con la adaptación de una obra teatral. Como en su anterior traslación a la gran pantalla de un texto creado ex profeso para ser representado sobre los escenarios, Cayo Largo (1947), La noche de la iguana toma lugar en una aislada zona costera de América, pero desplazando la cámara más cerca del ecuador, en concreto, en Mismaloya, al sur de Puerto Vallarta. En el país azteca Huston había fijado su «centro de operaciones», un refugio intermitente escogido como respuesta a la progresiva decepción y desapego que sentía por su país de nacimiento, más aún si cabe cuando en el curso del rodaje de The Night of the Iguana le llegaron las noticias, al igual que al resto del equipo, del magnicidio del presidente John F. Kennedy. De su posterior renuncia a la nacionalidad estadounidense se derivaría toda una declaración de principios, y con ello, Huston emprendía un «vuelo» fuera del «nido» de una nación a la que tan sólo regresaría para rodar aquellos films (en calidad de actor muchas veces que con el «traje» de director) que le garantizaran perpetuar su privilegiado modus vivendi.
   Quizás persuadido por la bondad de las adaptaciones que había llevado a cabo Richard Brooks —guionista en la citada Cayo Largo pocos años antes de dar el paso definitivo a la dirección—, el díptico La gata sobre el tejado de zinc (1958) y Dulce pájaro de juventud (1961), Huston aceptó el encargo del productor Ray Stark en aras a trasladar al celuloide una historia de Tennesee Williams que había escrito a finales de los años cuarenta y que había dado formato de obra teatral con una duración estandart al cabo de una docena de años. Los habituales, por socorridos temas que comprometían al «universo Williams» tenían en el dibujo del reverendo T. Lawrence Shannon, un «ministro de Dios» devorado por sus propios miedos, el principal reclamo para ganar la atención de John Huston. La impostura de la religión era uno de los temas que dominaban el pensamiento de Huston, y por tanto, se sentía capaz de reconocer en Lawrence Shannon esa «arma arrojadiza» con la que dar cobertura a su discurso crítico impregnado de conceptos morales y éticos. Apartándose, pues, del escenario de acometer una obra coral —como sí lo había sido su anterior film, El último de la lista (1963) y, en menor medida, Vidas rebeldes (1961)— que hubiera podido ser preceptivo al evaluar al detalle el contenido del texto de Williams, Huston y su guionista Anthony Veiller concibieron a Shannon (Richard Burton) como el eje dramático sobre el que gira la plana mayor de los personajes principales que se dan cita en esos enclaves de la geografía azteca, y que protagoniza algunas de las escenas mejor resueltas del film, como aquella en la que el clérigo dipsómano es observado desde un plano zenital (se «sugiere» la idea de que Dios le está observando) mientras trata de escribir una carta dirigida a su superior, el sacerdote Williams, en su habitación del Hotel Paraíso. Es evidente que la propuesta de Williams va encaminada a crear un entorno femenino que proyecte la verdadera naturaleza del hombre que se esconde bajo esos hábitos, y que al final, le coloca en el territorio de la locura donde asistimos a la expulsión de sus «demonios» con Maxine (Ava Gardner) ejerciendo de maestra de ceremonias. A diferencia de la propuesta de Williams, Huston no se dejó convencer por un final que «penalizara» al personaje de Maxine en el sentido de hacernos creer que su empatía para con Shannon tan sólo era una cortina de humo para mostrarnos, a la postre, su componente virulento, irradiado de Maldad. Con esta decisión, el director de La reina de África se apartaba de la servidumbres de una obra que alentaba a las lecturas misóginas —algo que el propio Williams no se molestaría en rebatir—, haciendo que La noche de la iguana película se balanceara más del lado de mostrar las debilidades humanas de un «mensajero de Dios» y, de esta forma, contribuir a afianzar uno de los principales temas que jalonarían su obra fílmica, en sintonía, entre otras, con Moby Dick (1956), Sólo Dios los sabe (1957), El hombre que pudo reinar (1975) o Sangre sabia (1979). Anticipando el sentimiento de «autoflagelación» que se impone el aspirante a clérigo Hazel Motes (Brad Dourif) en Sangre sabia, Shannon deja que sus pies se cubran con la sangre provocada al moverse por un suelo cubierto de fragmentos de vidrio procedentes de una botella de tequila que ha vaciado con la intención de escapar de una realidad que le aprisiona. Charlotte Goodall (Sue Lyon) es testigo de esta conducta que, en parte, está condicionada por el comportamiento seductor de una joven rubia que vive permanentemente controlada durante su estancia mexicana por Judith Fellowes (Grayson Hall), un personaje adscrito al mundo de Williams, en especial, por sus inclinaciones lésbicas que en un momento dado sugiere sibilinamente el propio clérigo, pero que no van más allá en esa radiografía hustoniana de un microcosmos habitado por un heterodoxo grupo de unforgivens acoplados a la realidad mexicana y turistas norteamericanos de provecta edad.
   En definitiva, La noche de la iguana es un film bastante definitorio del carácter «alérgico» de Huston en torno las «fuerzas» de la religión —a las que coloca su habitual carga de «dinamita» en forma de cinismo que prende «mecha» en no pocas líneas de diálogo—, pero habilita un rincón para crear escenas de pura «tensión sexual» —las protagonizadas por Ava Gardner y sus mariachis con la luz de la luna alumbrando la función nocturna— y ofrece un final liberador/redentor que disgustaría a Tennesse Williams. De ello no se lamentaría jamás Huston, pero sí el haberse decantado por una emulsión en blanco y negro —por otra parte, intachable la labor del operador Gabriel Figueroa desde los mismos créditos donde aparece el gran lagarto que da nombre el film y lo llena de contenido alegórico— que imposibilitaba exprimir al máximo el exotismo de los parajes de la costa mexicana próximos a Puerto Vallarta y, en cierta manera, vislumbrar que este film poblado de estrellas consolidadas y emergentes guarda un parentesco mayor —a todos los niveles— con Bajo el volcán (1984). En muchos aspectos, los caracteres de Geoffrey Firmin  (Albert Finney) y Lawrence Shannon son permutables en los dos films que Huston filmaría por entero en México, el país donde operaría en la «retaguardia» para ir leyendo infinidad de novelas y dando vía libre a la redacción de numerosos guiones —en compañía de su fiel asistenta en estas lides, Gladys Hill (con un pequeño papel en el film en calidad de veterana integrante del grupo de turistas)—, muchos de los cuales quedarían en el limbo. Según las cuentas del propio Huston, faltarían, pues, productores con el arrojo de Ray Stark, el genuino impulsor de un proyecto construido para ser rodado para un director que extrajo de sus vivencias el «material» humano con el que dar forma a sus personajes e historias plasmadas en la gran pantalla.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Comentario en Audio de John Huston / La Noche de la Iguana / Lo más destacado del estreno / Avance / Tráiler cinematográfico / Película en blanco y negro. Formato: Pal Widescreen 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés y Alemán. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Polaco, Portugués, Checo, Danés, Finlandés, Noruego, Húngaro, Sueco, Inglés para sordos y Alemán para sordos. Duración: 113 mn. Distribuidora: Warner Home Video.

   
     
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Editorial: DeBols!llo.
Autor: Tennessee Williams.
Fecha de publicación: 2002.
264 pp. Rústica. 12,0 x 19,0 cm.
   
       
   

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