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Arsénico por compasión
Arsenic and Old Lace
     
    Director (es) : Frank Capra
    Año : 1944
    País (es) : USA
    Género : Comedia
    Compañía productora : Warner Bros.
    Productor (es) : Frank Capra
    Guionista (s) : Julius J. Epstein, Philip G. Epstein
    Guión basado en : la obra teatral de Joseph Kesseiring
    Fotografía : Sol Polito
    Director (es) artistico (s) : Max Parker
    Vestuario : Orry-Kelly
    Maquillaje : Perc Westmore
    Música : Max Steiner
    Montaje : Daniel Mandell
    Sonido : C. A. Riggs
    Efectos especiales : Robert Burks, Byron Haskin
    Duración : 118 mn
   
     
    Cary Grant
Raymond Massey
Priscilla Lane
Josephine Hull
Jean Adair
Jack Carson
Edward Everett Horton
Peter Lorre
James Gleason
John Alexander
Grant Mitchell
Edward McNamara
Garry Owen
John Ridgely
Vaughan Glaser
Charles Lane
Edward McWade
   
   
    A los pocos minutos de contraer matrimonio en secreto con la joven Elaine Harper, el prestigioso crítico teatral Mortimer Brewster comunica la buenanueva a sus tías Abby y Martha Brewster. Ambas ancianas residen en una casa de Brooklyn –en frente de la de Elaine Harper--, que en la actualidad tiene una habitación para alquilar. Sin embargo, antes de que Elaine y Mortimer emprendan un largo viaje para celebrar su luna de miel en un hotel próximo a las cataratas del Niágara, éste último descubre un cadáver en un baúl del comedor de la casa de sus tías. Alarmado por este hecho, Mortimer trata de encontrar una respuesta convincente, pero tan sólo obtiene una declaración de autoinculpación de sus tías con suma naturalidad. Al parecer, Abby y Martha contabilizan un total de doce asesinatos utilizando como víctimas viejos desamparados que sorben un vino especial mezclado con veneno y otros componentes antes de caer fulminados...
   
   
   

UN MUERTO EN LA ALCOBA
 
Por Sergi Grau
En contra de lo que podría presuponerse, Frank Capra apenas estuvo representado a través de sus películas en el cine norteamericano de los años cuarenta, una década en que el studio system seguía funcionando a pleno rendimiento, a pesar de Frank Capra, Cary Grant y Priscilla Lane (todos ellos sentados), durante un descanso del rodaje de "Arsenico por compasion".las consecuencias que comportaría la participación bélica de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial a partir del bombardeo registrado en Pearl Harbor por parte de la aviación japonesa. Precisamente, sería la noticia de la masacre registrada en la base militar situada en el archipiélago de Hawai la que provocaría la llamada a filas de Frank Capra, quien luciría los galones de Comandante mientras estuvo destinado en suelo europeo durante la Segunda Guerra Mundial. In extremis, pudo convencer a las autoridades militares para concluir la postproducción de Arsénico por compasión, adaptación de una obra de teatro que triunfaba por aquel entonces sobre los escenarios. Capra había aprovechado el descanso estival de varios de los intérpretes —concretamente, Josephine Hull, Jean Adair y John Alexander— que estaban participando en el montaje escénico en Broadway para rodar en un par de semanas una pieza cinematográfica que con el devenir de los años, si acaso décadas, se convertiría en una obra de culto. A semejante calificativo contribuiría un cláusula contractual que imposibilitaba el estreno del film antes de concluir las funciones teatrales programadas por expreso deseo de un público que no se resistía, a modo de válvula de escape, a pasar un par de horas disfrutando de una historia hilarante de tintes vodevilescos en un contexto de guerra. Por ello, aunque el film se rodó en el otoño de 1941 con un presupuesto reducido —algo más de un millón de dólares— por expreso deseo de Capra con la intención de allanar el camino para su producción —la primera de su carrera bajo el paraguas de la Warner tras una larga etapa a sueldo de la Columbia—, su puesta de largo en las salas comerciales de los Estados Unidos se demoraría hasta septiembre de 1944. En esa franja temporal algunas líneas de diálogo o aspectos relacionados con el vestuario hubieran podido perder efectividad o pasar de moda. Un riesgo asumido desde el principio por Capra, obcecado en la idea de adaptar el texto teatral de Joseph Kesserling a toda costa después de haber visto una de sus primeras funciones en Nueva York. Ironías del destino, la preview del film para estimar cuál podría ser la respuesta del público potencial se daría en una sesión organizada en uno de los cines de campaña del frente de guerra en enero de 1943. La calurosa respuesta de un público vestido con ropa militar levantaría el ánimo de un Frank Capra que con los compromisos adquiridos durante el periodo bélico —filmaría diversos documentales de carácter propagandístico— vio como se “comía” parte de una década en la que solo pudo llevar a cabo el rodaje de tres producciones más. Un balance ciertamente insuficiente si lo comparamos con su producción de los años treinta, el más prolífico de una singladura profesional que echaría el cierre con Un gángster para un milagro (1961), un remake o readaptación si se prefiere de una película abordada en el periodo pre-Code, Dama por un día (1933). En cuanto a Arsénico por compasión hubiera podido tener el título alternativo de «Esposa por un día» en virtud de la locura que se desata en el interior de un inmueble de apariencia tranquila y apacible, colindante a un cementerio, en el barrio de Brooklyn. Elaine Harper (Priscilla Lane), que reside asimismo al lado de este cementerio neoyorquino, contrae matrimonio con Mortimer Brewster (Cary Grant), en contra de los principios dec éste, que abogan por seguir los mandatos de la soltería, un salvoconducto para la felicidad tal como razona en las páginas de su nuevo libro.
 
Los Brewster; una «familia» disfuncional
 
    Al margen de ese decalaje temporal para el estreno de Arsénico por compasión en relación a sus fechas de rodaje que juega a favor de su categoría de obra de culto, tal valoración también viene ligada a la necesidad de Capra por apartarse de su propia metodología de trabajo, alumbrando una película reforzada en su noción de espectáculo irreal, envuelta en el manto de la festividad de Halloween para abstraerse de ese mundo cotidiano que tantas veces había reproducido en la gran pantalla en aras a dar “legitimidad” a un discurso humanista. De ahí que Capra “anuncie” a través de las imágenes dibujadas en los títulos de crédito iniciales esa cualidad “diferencial” con todo lo que había rodado hasta entonces, presentando a una comunidad de lo más rocambolesca, con un trío de supuestos hermanos, a cuál más peculiar: el mayor se cree Theodore Roosevelt (John Alexander); el mediano, Mortimer (Grant) es un escritor de libros de "autoayuda" para solteros que se casa (sic); y el pequeño, Jonathan (Raymond Massey), se ha convertido en un personaje de los bajos fondos sometido a distintas operaciones de cirugía plástica por parte del presunto doctor Einstein (Peter Lorre). El apellido de este último sugiere más una abreviatura de Frankenstein que un tributo al genial físico alemán de origen judío. Así pues, el doctor Einstein “crea” a su particular «Monstruo», cosiendo el rostro de Jonathan Brewster, a la manera de la caracterización acometida en pantalla por Boris Karloff por primera vez en 1931. De ahí que el guión de los hermanos gemelos Julius y Philip Epstein (otro apellido que irónicamente tiene la terminación «ein») registre distintas alusiones al parecido de Jonathan con Boris Karloff, el actor que había sido el escogido para el papel en el exitoso montaje teatral de Broadway. Un private joke que se amplía a la propia persona del asimismo inglés Cary Grant cuando aparece su nombre real —Archibald Leach— grabado en una de las lápidas de ese cementerio que sirve de escenario anexo al principal, el que toma lugar en la residencia de las viudas Martha y Abby Brewster, auténticas lobas con piel de cordero. El policía O’Hara (Jack Carson) es quien primero levanta la liebre de las sospechas que genera poner en alquiler una habitación de un hogar cuyas moradoras son dos viudas venerables que no necesitan de ingresos adicionales para poder vivir. Pero la condición de sabueso de O’Hara queda eclipsada por sus veleidades de dramaturgo, aprovechando así la ocasión que se le presenta para convencer a Mortimer que lea la obra teatral que está ultimando. Un subtexto que acaba solapándose con otros, como el que convoca a Mr. Whiterspoon (Edward Everett Horton, otro actor de tronío que logró convencer Capra) en el inmueble para proceder al ingreso del mayor de los hermanos Brewster en una resthouse, expresión que disfraza la realidad de una institución psiquiátrica donde la cordura no es precisamente patrimonio de su director), o el que trabaja sobre el par de evadidos de la justicia, la inseparable pareja formada por Jonathan y el doctor Epstein que se cobra una imagen perfectamente extraída del cine negro (en particular, El cuervo con Alan Ladd) cuando se proyecta la sombra del canadiense Raymond Massey mientras observamos la mirada aterrada de Peter Lorre.  
    Evidentemente, no podía faltar en una propuesta dirigida por Frank Capra algunos apuntes de corte social y/o político, aunque en esta ocasión sirvan de munición para su propósito burlón e irreverente en boca de sus principales protagonistas. Será el personaje interpretado por John Alexander (uno de los hallazgos para los que descubran por primera vez a este actor con mayor proyección en el teatro que en el celuloide) sobre el que pivote un mayor número de referencias de cariz político. En primer lugar, porque se atribuye la persona de Theodore Roosevelt, elegido presidente de los Estados Unidos en dos ocasiones, y que llegaría a presentarse a una tercera por expreso deseo de su partido. Tampoco faltan alusiones en el guión a su vicepresidente Taft y a Woodrow Wilson, otro presidente que trabajó en favor de la reconciliación de los países implicados en la Gran Guerra. Henry King, distante en cuanto a cuestiones ideológicas con Frank Capra, estrenaría en los USA un biopic parcial sobre este presidente no demasiado bien tratado por la Historia el mismo año que Arsénico por compasión vestía sus galas en los cines después de un periodo de silencio que duró tres años impuesto por las propias dinámicas teatrales de la época merced a unas cláusulas draconianas que no impidieron, empero, frenar la firme decisión de Capra por ver cumplido un sueño. Un sueño proyectado en la noche de Halloween, con una escenografía tétrica que serviría de marco ideal para desarrollar una historia revalorizada por un sector de la cinefilia no necesariamente educado en lo capriana.•  
     
 
 
   
     
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Características DVD: Contenidos: 
Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trailer de cine. Formato: Pal 1.33:1, 4:3. Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Holandés, Sueco, Noruego, Danés, Finlandés, Portugués, Hebreo, Polaco, Griego, Checo, Turco, Húngaro, Islandés, Croata, Francés, Italiano, Inglés para sordos y Alemán para sordos. Duración: 114 mn. Distribuidora: Warner Home Video.
   
       
   

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