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Un hombre para la eternidad
A Man for All Seasons
     
    Director (es) : Fred Zinnemann
    Año : 1966
    País (es) : GBR
    Género : Histórico
    Compañía productora : Highland Films para Columbia Pictures
    Productor (es) : Fred Zinnemann, William N. Graf
    Compañía distribuidora : Suevia Films/Cesáreo González S. A.
    Guionista (s) : Robert Bolt
    Guión basado en : la obra teatral de Robert Bolt
    Fotografía : Ted Moore en Technicolor
    Diseño de producción : John Box
    Director (es) artistico (s) : Terence Marsh, Roy Walker
    Vestuario : Elizabeth Haffenden, Joan Bridge
    Maquillaje : George Frost, Eric Allwright
    Música : Georges Delerue
    Montaje : Ralph Kemplen
    Montaje de sonido : Harry Miller
    Sonido : Buster Ambler, Bob Jones
    Duración : 120 mn
   
     
    Paul Scofield
Robert Shaw
Orson Welles
Dame Wendy Hiller
John Hurt
Leo McKern
Susannah York
Nigel Davenport
Colin Blakely
Corin Redgrave
Vanessa Redgrave
   
   
    El relevo del cardenal Wolsey por Tomás Moro en el cargo de canciller de Inglaterra suscita la polémica en la corte del Rey Enrique VIII. Sabedor que Moro es un acérrimo defensor de la iglesia, Enrique VIII le contempla como su enemigo. Enrique VIII está a punto de contraer matrimonio con Ana Boliena si logra el divorcio de Catalina de Aragón. Como máxima autoridad eclesiástica, Tomás Moro desautoriza el divorcio. Envilecido, el Rey busca un aliado en la persona de Thomas Cromwell, quien posibilita, en parte, el encarcelamiento de Moro en la torre de londres acusado de desacato a la Corte Suprema de Inglaterra.
   
   
   

LAS DECISIONES DE THOMAS MORE
 
Por Sergi Grau
Thomas More, o Tomás Moro, como generalmente aún se le conoce en España (1478-1535), fue un teólogo, político, humanista y escritor inglés, además de poeta, traductor, canciller de Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado. En 1535 fue enjuiciado por orden del rey Enrique VIII, acusado de alta traición por no prestar el juramento antipapista en el proceso de surgimiento de la Iglesia Anglicana ni aceptar el Acta de Supremacía. Fue declarado culpable y condenado a muerte, ejecución que se llevó a cabo el 6 de julio de ese mismo año. En 1935 fue canonizado por la Iglesia Católica, de quien recibe la consideración de santo y mártir. A Man for All Seasons, dirigida por Fred Zinnemann en 1966, narra los últimos años en la vida del More, sobretodo como paráfrasis del devenir histórico en la Inglaterra de aquel convulso siglo XVI. Partía de una aclamada obra de teatro de Robert Bolt, y mereció idéntica reputación, alzándose con seis Oscar en la edición de 1966, incluyendo el premio a la Mejor Película.
El propio Bolt firmó la adaptación cinematográfica, y aunque no conozco la obra, es evidente que tanto el guionista como después Zinnemann en la escenografía respetaron la estructura y el grueso de los ítems del sustrato teatral, y me refiero no sólo a la densidad y extensión de los diálogos (principalmente los declamados por Paul Scofield, el protagonista, que también lo fue sobre las tablas), sino también a la dirección de actores —en un elenco sobresaliente, en el que acompañan a Scofield nombres como los de Wendy Hiller, Leo McKern, Robert Shaw, Orson Welles, Susannah York Nigel Davenport, John Hurt y Corin y Vanessa Redgrave— o a la importancia tan significativa —y que funciona perfectamente también en el medio cinematográfico— de las elipsis. Elipsis como la muerte del canciller Woolsey, como la toma de decisión de los obispos ingleses. Elipsis a veces ilustradas, como ese plano en el que vemos el cambio de estaciones desde la persepctiva de la celda en la que More se halla recluido. Elipsis que, en definitiva, le restan buena parte del aderezo intrínsecamente dramático, revelando a las claras las intenciones narrativas, eminentemente descriptivas o didácticas, afiliadas a una mirada historicista rigurosa en su plasmación de la encruzijada a la que More fue arrojado por mor de la decisión de Enrique VIII de hacer prevalecer sus intereses políticos (pues el hecho de poder casarse con Ana Bolena tenía principal razón de ser en la necesidad de asegurarse un heredero —tal y como Welles, encarnando al Canciller Woolsey, explica en la única pero crucial secuencia en la que aparece—). 
    Cierto es que ese texto teatral convertido en cinematográfico es primoroso en su proverbial exposición, haciendo gala de una sobriedad en la que sincreción y rigor no se riñen con intensidad (y donde, mientras los personajes históricos —caso del Rey y de Cromwell— están descritos con intención quizá hiperbólica pero que no trasciende el arquetipo, queda espacio para perfilar un personaje como el de Rich, encarnado por un joven John Hurt, que, aunque también sea un personaje histórico, funciona más bien como alegoría de los valores —o su carencia— puestos en la picota argumental). Sin embargo, por encima del relato de la tensión imposible entre la fidelidad a la Corona y las convicciones de la Fe (o dicho de otro modo, entre el pragmatismo político y la moral católica), me quedo con la caracterización de More como erudito y gran conocedor del Derecho, ello concretado en sus diversas reflexiones sobre la distancia que a menudo existe entre la Ley Natural y la ley positivizada, y la imposibilidad de la segunda (las leyes creadas por los hombres) para alcanzar la Verdad inherente a la primera: creo que es difícil exponer, y el filme lo hace con suma precisión, el sentido del silencio como (último) reducto de salvación de More. No olvidemos que, a pesar de que son evidentes sus convicciones contrarias a las normas promulgadas por el Rey, sus perseguidores tienen que recurrir al perjurio para lograr la condena que tanto han buscado, pues ese silencio, si bien lo había aniquilado de la vida civil y social, no alcanzaba a la prueba que requieren las garantías del due process in law.
   De la puesta en escena de Zinnemann (soberbio cineasta al que pocos recuerdan más allá de Solo ante el peligro y quizá De aquí a la eternidad), amén de su ejemplar servicio al texto, destaca el tono recogido escogido para describir la personalidad de More en relación (de oposición) con las turbias circunstancias que arremeten contra él. Así, A Man for All Seasons puede muy bien verse como una hagiografía de More, pero Zinnemann, bajo el solemne envoltorio, ofrece un austero, excelente, retrato del sufrimiento del personaje, en correspondencia con la estoicidad del mismo. La ironía con la que More afronta la constante desacreditación, luego humillación, a la que es sometido se corresponde con la sutileza de que hace gala el realizador al filmar esas escenas que carean al teólogo con sus amigos y enemigos. Incluso cuando éste no aparece, su ausencia es decisiva (la secuencia en la que el rey le confunde con otro en la fiesta en la que se desposa con Ana Bolena, demostración del respeto y admiración que el Rey sentía por More y que, por razón de sus actos, ha perdido; también plasmación de lo insoportable que al monarca, tan pagado de sí mismo, le resulta esa circunstancia). Al igual que el protagonista del filme mantiene constante el completo metraje la dualidad entre lo terrenal y lo espiritual, Zinnemann guarda un espacio para retratar esa espiritualidad (recurriendo a lo telúrico, a la belleza que habita en los paisajes, en las aves que sobrevuelan la campiña, en los amaneceres o crepúsculos, en los cambios de estación… muchos planos en los que no cuesta ver la simbología de lo que se impone por encima de los avatares y miserias de los hombres, lo que no se puede macular, el equilibrio de la naturaleza), y otro espacio a las tesis objetivas, a leer en clave de injusticia y depredación política que definieron aquel momento y aquel lugar: baste consignar el brusco fundido en negro que termina el plano que muestra el hacha descendiendo sobre el penado, y ese epílogo en el que se refiere el lúgubre desenlace del resto de personajes implicados en la trama, mientras las imágenes se posan sobre diversas gárgolas y estatuas de piedra, que al ser plasmados bajo esa lóbrega luz, subrayan a la perfección la tesis histórica subyacente.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas /  Documental “La Vida de Santo Thomas More” / Libro Exclusivo con Notas de Producción: Introdución / Acerca del Autor y creadores de la película / Los Actores / La Creación de los Personajes / Premios Obtenidos / Ficha artística / Ficha técnica.  Formato: Pal 1.66:1, 16:9. Idiomas: Castellano. Inglés, Francés y Alemán. Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés, Árabe, Búlgaro, Danés, Finlandés, Francés, Alemán, Griego, Hindú, Noruego, Sueco y Turco. Duración: 115 mn. Distribuidora: Sony Pictures.

 

   
       
   

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