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Cinco días, un verano
Five Days One Summer
     
    Director (es) : Fred Zinnemann
    Año : 1982
    País (es) : FRA-ALE-GBR
    Género : Drama
    Compañía productora : Ladd Company/Major Studio Partners/Cable and Wireless Finance para Warner Bros.
    Productor (es) : Fred Zinnemann
    Productor (es) ejecutivo (s) : Peter Beale
    Guionista (s) : Michael Austin
    Guión basado en : el relato corto Maiden, Maiden, incluido en la antología Fifty Stories de Kay Boyle
    Fotografía : Giuseppe Rotunno en Technicolor
    Diseño de producción : Willy Holt
    Director (es) artistico (s) : Robert Cartwright, Gérard Viard, Marc Fréderix, Don Dossett, Kathrin Brunner
    Decorados : David Nicolas Garbade
    Vestuario : Emma Porteous
    Maquillaje : George Frost, Pete Robb-King, Christopher Tucker
    Música : Elmer Bernstein
    Montaje : Stuart Baird
    Montaje de sonido : Leslie Hodgson
    Sonido : Derek Ball
    Efectos especiales : John Richardson
    Ayudante (s) de dirección : Anthony Waye, Terry Madden
    Duración : 108 mn
   
     
    Sir Sean Connery
Betsy Brantley
Lambert Wilson
Isabel Dean
Anna Massey
Gerard Buhr
Sheila Reid
George Claisse
   
   
   
La joven Kate ha estado toda su vida enamorada de su tío. Ahora ella se ha convertido en una atractiva joven y él en un hombre ya maduro. No obstante, la muchacha consigue seducir a Douglas y convencerle de que han de pasar unos días juntos, lejos de la familia, para poder dar rienda suelta a su pasión. Aunque el hombre se encuentra casado, no es indiferente al atractivo que le ofrece una chica tan joven. Así pues, ambos parten hacia Suiza, ya que él es un consumado alpinista que conoce bien aquellos parajes. Kate y Douglas llegan a su destino haciéndose pasar por recién casados. Pero en el hotel donde se hospeda el falso matrimonio un joven llamado Johan se siente inmediatamente atraído por Kate y complicará lo que, en principio, debía ser una plácida aventura.
   
   
   

ZINNEMANN, EN LA DESPEDIDA
 
Por Àlex Aguilera
Traslación a la gran pantalla de una de las narraciones cortas, Maiden, Maiden que conforman el corpus de Short Stories, de Kay Boyle, Cinco días, un verano (1982) representó el canto del cisne del realizador Fred Zinnemann. La autora norteamericana, contemporánea de éste, vio publicada una compilación de historias breves de su propia cosecha en 1929, para posteriormente, en 1980, llevar a cabo una versión ampliada y revisada.
Apreciamos desde sus primeras imágenes un aparente estado bucólico a la llegada de la pareja escocesa, la formada por Kate  (una correcta Betsy Brantley, elegida en detrimento de la inicialmente prevista Sigourney Weaver) y Douglas  (Sean Connery, aún en su apogeo como carismático actor), a la estación de tren que los conducirá hasta el lugar soñado por la primera, pues, su partenaire de mayor edad ya era un asiduo a esos escarpados territorios, como veremos más adelante.
Situada en el tiempo en 1932, a los pies de los Alpes suizos, el film se mueve al ralentí que marca el devenir vacacional de una pareja en un pequeño hotel de montaña. Allí convivirán por espacio de poco menos de una semana, junto a un reducido grupo de clientes de distintas procedencias, aunque mayoritariamente de sectores conservadores, como se muestra en la primera parte del film con la presentación en sociedad de las quisquillosas hermanas solteras, Jennifer (Ann(a) Massey) y Giliam Pierce (Sheila Reid).
  La historia que nos cuenta Cinco días, un verano transmite un tono pausado, el propio de un enclave natural de un cantón suizo. Al respecto, resulta significativa la imagen en la que el doctor Douglas Meredith para el tiempo al acallar las agujas del reloj de cucú que mantiene en su habitación de alquiler con el fin de inmortalizar un momento de extrema dulzura y tranquilidad en compañía con su compañera. Una vez ambos entablan conversación con otros clientes del hotel de montaña, se dejan al descubierto  las culturas enfrentadas, las de civilizaciones distintas aunque con un grado de educación exquisito por todas partes. La escocesa y la suiza conviven, pues, con otras nacionalidades, como la francesa o la germana cuyo rango medio es el de linajes acomodados. La felicidad encontrada es, de este modo, uno de los temas que aborda Zimmermann en su último crédito cinematográfico. Lo hace en un marco privilegiado, el de Los Alpes nevados del cantón suizo, fronterizo con el alemán, que ya había conocido el veterano cineasta durante sus años de juventud.
   El realizador de origen vienés marca la estructura narrativa con la incursión de hasta un total de seis flash-backs que desvelan la presumible bipolaridad de la joven Kate debida a un asunto incestuoso en una familia acomodada y dueña de una importante empresa. Por su parte, Douglas rememora sus hazañas en el Everest en 1924 como experto escalador que ha sido y aún sigue siendo, conservando la forma en momentos de dificultad. A decir verdad, Connery apenas rodó tomas de escalada, pues, como su contrato lo estipulaba dejó paso a los dobles para tan arriesgado ejercicio.
    El grado de nostalgia que experimenta la cinta se ve también reflejada en el plano medio a través del ventanal donde se dibuja el triste rostro de Kate, presagiando una mala noticia o una tragedia. La mirada lacónica de la supuesta señora Meredith contrasta con el brillo de sus ojos cuando observa por vez primera al joven guía Johann (Lambert Wilson, en su primer papel de cierta relevancia para el cine tras su debut en Julia para idéntico realizador) y sus exquisitos modales. Por consiguiente, en el film existen secuencias de verdadero calado dramático como el apuntado y el del improvisado entierro de un lugareño congelado en el hielo cuarenta años atrás en plena escalada.
   Como observamos en la secuencia el rostro del finado se conserva impoluto y recuerda al del propio Johann, de quien conoceremos poco después que se trata de un hermano de su abuelo materno, accidentado en vísperas de su boda. En este punto, la ausencia de música en las escenas de las distintas subidas —entre ellas, la referenciada al Maiden del libreto original— se contrapone a las tonalidades suaves del score de Elmer Bernstein —repescado a última hora ante la renuncia del inglés Carl Davis— acompañando a salidas de sol entre las montañas y demás momentos dramáticos con personajes, el triangulo amoroso entre ellos.
   El rodaje de Cinco días, un verano resultó intenso, requiriendo del concurso de segundas unidades dispuestas a contribuir y dotar del mayor realismo posible a un melodrama a la vieja usanza, de los que apenas se estilaban en esos primeros años de la década de los ochenta, con la salvedad de títulos como Un lugar en el tiempo (1980) o En el estanque dorado (1982). A diferencia de esta última, Five Days One Summer resultó un sonoro fracaso comercial que, muy a su pesar, precipitó la retirada de Zimmermann cumplidos los setenta y cinco años de edad.•
   
       
   

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