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Annie Hall
Annie Hall
     
    Director (es) : Woody Allen
    Año : 1977
    País (es) : USA
    Género : Comedia dramática-comedia romántica
    Compañía productora : Jack Rollins-Charles H. Joffe Production para Associated Artists
    Productor (es) : Charles H. Joffe
    Productor (es) ejecutivo (s) : Robert Greenhut
    Compañía distribuidora : Universal Pictures, Cooper Films, Diafragma Producciones (reposiciones)
    Guionista (s) : Woody Allen, Marshall Brickman
    Fotografía : Gordon Willis en Color DeLuxe
    Director (es) artistico (s) : Mel Bourne
    Decorados : Robert Drumheller, Justin Scoppa Jr, Barbara Krieger
    Vestuario : Ruth Morley
    Maquillaje : Fern Buchner, John Inzerella
    Montaje : Ralph Rosenblum, Wendy Greene Bricmont
    Montaje de sonido : Dan Sable
    Sonido : James Sabat, James Pilcher
    Ayudante (s) de dirección : Fred T. Gallo, Fred Blankfein
    Duración : 93 mn
   
     
    Diane Keaton
Woody Allen
Tony Roberts
Carol Kane
Paul Simon
Janet Margolin
Shelley Duvall
Christopher Walken
Colleen Dewhurst
Donald Symington
Helen Ludlam
Joan Newman
Mordecai Lawner
Jonathan Munk
Ruth Volper
Sigourney Weaver
Martin Rosenblatt
Hy Anzell
Rashel Novikoff
Marshall McLuhan
Dick Cavett
Christine Jones
Mary Boylan
Wendy Girard
John Doumanian
   
   
   
1975, Nueva York. Después de dos matrimonios fracasados, el comediante Alvy Singer, que ya se sitúa en los cuarenta años de edad, intenta recomponer su alicaída vida sentimental. Durante un partido de tenis de dobles que organiza su amigo Rob, Alvy conoce a Annie Hall, una aspirante a cantante que se ha instalado en la costa Este de los Estados Unidos desde hace un tiempo. Pronto, Annie y Alvy congenian y se citan cada vez con mayor frecuencia. Tras una desastrosa primera actuación en un local nocturno, el comediante de origen judío la anima a que siga insistiendo en desarrollar sus aptitudes para el canto. Annie, lejos de desanimarse, ve la posibilidad de hacer carrera como cantante cuando conoce a Tony Lacey, un productor musical que reside en Los Ángeles y tiene allí sus estudios de grabación. Una vez superada la prueba de conocer a la familia de ella, que vive en una localidad de Wisconsin, Alvy se enfrenta a una dura decisión, la enémisa frustración sentimental de su existencia: Annie le abandona para probar fortuna en el mundo de la música.
   
   
   

«BIOGRAFÍA» DE UNA RELACIÓN
 
Por Christian Aguilera
Si La última noche de Boris Grushenko (1975) marcaría un punto de inflexión en la andadura cinematográfica de Woody Allen, su siguiente film tras y ante las cámaras, Annie Hall, se erige en una producción «troncal» de su filmografía. Algunas de las situaciones y personajes tan sólo esbozados en Annie Hall derivarán en el núcleo de posteriores propuestas. Por tanto, lejos de magnificarse la importancia de su sexto largometraje como realizador, éste marcaría los derroteros por los que transitaría el cineasta neoyorquino, basculando entre la comedia y el drama en la mayoría de sus futuros films, y desplegando todo un catálogo de temas propios —la muerte, las relaciones de pareja, el psicoanálisis, la religión, etc.— que en Annie Hall parecen proveerse de pasajes de la realidad ligada a Allen y a su compañera sentimental en aquella época, Diane Keaton.
   Delimitar el espacio entre lo real y lo inventado es un ejercicio que ni el propio Woody Allen podría ser plenamente consciente al elaborar sus historias. En particular, Annie Hall se postula —junto a Maridos y mujeres (1992) por lo que concierne a su otra «musa», Mia Farrow— como la obra que entronca con una experiencia propia más intensa, la vivida en compañía de Diane Keaton durante la segunda mitad de los años setenta. A propósito, Annie Hall toma el apellido —su nombre real es Diane Hall— de la actriz natural de California que, al igual que en el film, pretendía abrirse camino como cantante, llegando a participar en el montaje del musical Hair. Por su parte, Alvy Singer tiene todos los atributos para hacer de la interpretación un mero ejercicio mimético prestado de una realidad comprometida con el propio Woody Allen: sus actuaciones en Wisconsin con un público repleto de jóvenes universitarios recuerdan su época de one-liner; su frustrada relación conyugal con Allison (Carol Kane) dibuja líneas de insatisfacción similares a las experimentadas en su primer matrimonio con Louise Lasser, y su distanciamiento con Los Ángeles contrasta con su voluntad de fijar su residencia en la jungla urbana de Nueva York. Es curioso que Allen, por aquel entonces, a través del personaje de Singer, hablara de Londres como un futuro destino temporal, en una prueba que Annie Hall deja entrever, como apuntábamos al principio, conceptos que tomarán cuerpo para venideras producciones. La relación de estas «ramificaciones» que nacen del «tronco» común de Annie Hall son numerosas, pero nos podríamos concentrar en las más significativas. Me refiero sobre todo a Hannah y sus hermanas (1986) en esa doble formulación de dar voz al pensamiento de algunos de sus protagonistas mientras o inmediatamente después de que dialoguen; el episodio campestre en la que Alvy acompaña a Annie para visitar a la familia de ésta, que cobrará plenitud espacial en La comedia sexual de una noche de verano (1982), una precisa representación del apego de Allen por la gran ciudad inversamente proporcional a la animadversión que le merecen los espacios abiertos sin asomo de polución; o la imagen de postal de Nueva York recortada por la silueta de sus protagonistas en pleno atardecer que el operador Gordon Willis trocaría en blanco y negro para Manhattan (1979).
   Tan sólo hemos señalado algunos ejemplos de la función de pivote, de «faro» que ejerce un film como Annie Hall en el contexto de una filmografía tan prolija como la de Woody Allen. Las dudas sobre este film, en cambio, se generan en torno a su vigencia ya cumplido el treinta aniversario de su puesta de largo. Es evidente que Annie Hall responde a unas motivaciones coyunturales y, a medida que nos alejamos de las mismas, pierden fuerza y, en parte, sentido. Para Woody Allen, que había alcanzado la cuarentena —una cifra nada baladí para alguien que se se sabe hipocondríaco y con tendencias a estados depresivos— en los preliminares de la filmación de Annie Hall, su posicionamiento, su visión sobre el mundo de la cultura cobra especial significación en esta producción nacida en una etapa bisagra que anunciaba que algo estaba cambiando en el seno de la sociedad estadounidense: ese mismo año se estrenaría con todos los fastos posibles La guerra de las galaxias (1977). A partir de entonces, ya nada sería igual y esa «jalea» de intelectuales que Allen se atreve a ridiculizar —proverbial la escena de la cola en el cine con uno de los gurús de los mass media, Marshall McLuchan, como guest star— entrarían en vías de extinción frente a la creciente influencia de la clase media de Los Angeles, a la que el cineasta judío procura unos cuantos dardos envenenados en el tramo final de su película. Insuficientes, si acaso, para que no hicieran mella en la decisión de los miembros de la Academia de otorgar a Annie Hall el Oscar la mejor película, además de otros tres premios (dirección, interpretación femenina y guión original, compartido con Marshall Brickman) de primer nivel. Con esta decisión se quiso escenificar que Woody Allen había asumido su compromiso con un medio al que desde entonces ha dedicado un rodaje anual de media, un bagaje sin precedentes entre sus coetáneos y futuras generaciones de cineastas. Asimismo, más que cualquier de sus anteriores films, Annie Hall daba una medida real de la calidad de Allen a la hora de extraer el máximo partido de los intérpretes con los que ha trabajado, resultando la principal beneficiada Diane Keaton en una producción en la que algunos futuros talentos de la actuación (Jeff Goldblum, Sigourney Weaver, Shelley Duvall, Carol Kane, Beverly D’Angelo y Christopher Walken, cuya episódica y siniestra presencia anticipa algunos rasgos de su papel en La zona muerta) tuvieron sus primeras líneas de diálogo o hacían fugaces apariciones. En esta formulación casi «espectral» se moverían el citado Marshall McLuchan y Truman Capote, dos de las apariciones —junto a la del productor musical Tony Lacey/Paul Simon (más generosa en cuanto a tiempo en pantalla)— más significativas en un film que aporta como valor añadido un aspecto de estudio sociológico de una realidad que Woody Allen ha tratado de preservar aún a sabiendas de la carga de anacronismo que le ha podido acarrear. De ahí esas críticas que recriminan a Allen el seguir anclado en los mismos temas de siempre, repitiendo hasta el paroxismo todo lo que ya estaba contenido, en mayor o medida, en un film seminal en tantos sentidos como Annie Hall.•
   
     
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Características DVD: Contenidos:
Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trailer de cine / Notas de producción. Formato: Pal Widescreen 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Holandés, Francés, Italiano, Portugués, Sueco, Danés, Noruego, Finlandés, Polaco, Inglés para sordos y Alemán para sordos. Duración: 89 mn. Distribuidora: Twentieth Century Fox.
   
       
   

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