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La rosa púrpura de El Cairo
The Purple Rose of Cairo
     
    Director (es) : Woody Allen
    Año : 1985
    País (es) : USA
    Género : Comedia dramática
    Compañía productora : Jack Rollins-Charles H. Joffe Production para Associated Artists
    Productor (es) : Charles H. Joffe
    Productor (es) ejecutivo (s) : Robert Greenhut
    Compañía distribuidora : L. T. Técnicas Audiovisuales S. A.
    Guionista (s) : Woody Allen
    Fotografía : Gordon Willis en Technicolor
    Director (es) artistico (s) : Edward Pisoni
    Decorados : Stuart Wurtzel, Carol Joffe, Justin Scoppa
    Vestuario : Jeffrey Kurland
    Maquillaje : Fern Buchner
    Música : Dick Hyman
    Montaje : Susan E. Morse
    Montaje de sonido : Dan Lieberstein
    Sonido : James Sabat, Frank Graziadei
    Ayudante (s) de dirección : Thomas A. Reilly, James Chory
    Duración : 81 mn
   
     
    Mia Farrow
Jeff Daniels
Danny Aiello
Stephanie Farrow
Irving Metzman
Edward Herrmann
John Wood
Van Johnson
Karen Akers
Dianne Wiest
Alexander H. Cohen
John Rothman
Michael Tucker
Peter Von Berg
   
   
   
1935. En Estados Unidos son los tiempos de la depresión. Cecilia es una camarera que malvive en una pequeña localidad de New Jersey con su marido, un bruto y mujeriego hombre llamado Monk, que la maltrata y la engaña constantemente. La fábrica donde trabajaba su marido ha sido cerrada y su trabajo en la cafetería son los únicos ingresos que reciben. No obstante, no es una persona amargada, resentida contra el mundo. La clave para mantener su buen humor es el cine. No sólo se entrega a los melodramas románticos a los que asiste, sino que el comentario de éstos ocupa sus conversaciones y se proyecta en una actitud de ensoñamiento frente a la vida. Su único momento feliz es cuando acude al cine a ver a sus actores preferidos. Ninguna película le gustará tanto como La rosa púrpura de El Cairo, título protagonizado por Gil Shepherd, que verá una y otra vez, hasta que el personaje encarnado por aquel, Tom Baxter, se fija en ella y sale de la pantalla para conocerla, aunque esto ocasionará que en la película los demás personajes del film no pueden continuar la historia a falta del personaje de Tom. Mientras tanto Tom será para Cecilia todo lo que ella ha querido, un hombre galante, valiente y que la ama. Cecilia está viviendo lo que muchos han soñado, enamorarse del protagonista, sentirse importate, ver como su vida se ha convertido en una de esas historias que tanto le gusta ver en una pantalla de cine.
Los empresarios piensan como impedir que se les echen encima toda clase de demandas, pues en todas las ciudades el personaje de Tom Baxter está comenzando a perder la memoria. Aquí entra el actor que le ha dado vida, Gil Shepherd, quien conocerá a Cecilia y surgirá entre ambos un cariño especial.
   
   
   

EL SÉPTIMO CIELO
 
Por Frederic Soldevila 
La rosa púrpura de El Cairo es todo un homenaje por parte de Woody Allen a aquello que más alegrías le ha reportado, ese arte que muchas veces no es considerado como tal, el Séptimo: el cine. Allen firma un guión ingenioso, sólido como pocos y que vuelve a estar situado en Nueva York o en sus inmediaciones (Nueva Jersey en esta propuesta), que fue reconocido con una nominación al Oscar. Olvidándonos de su habitual personaje neurótico-compulsivo, Allen en esta ocasión homenajea las fuentes del cine clásico, plagado de megaestrellas y secundarios, de productores ambiciosos y managers ansiosos, de grandes decorados y atrezzos, de expresionistas luces en blanco y negro, de las mastodónticas multinacionales encorsetando la creatividad sin reparar en lujos....
La película trata sobre las esperanzas de la gente perdedora en tiempos de crisis, donde uno agudizaba los sentidos en busca de evasión y consuelo. En los turbios años de la depresión americana, soñar era la única válvula de escape. Eso al menos es lo que piensa Cecilia, el personaje que interpreta Mia Farrow, que vive en un barrio de New Jersey, atiende la barra de un restaurante de comida rápida y tiene un marido fanfarrón, borracho y maltratador (Danny Aiello). La frágil Cecilia se refugia en las refinadas y glamurosas películas que la RKO produjo durante la depresión: para huir de una vida insoportable se refugia en la sala de cine siempre que puede. Por tanto, estamos ante un filme que pone de manifiesto las ansias de evasión de un tiempo de crisis tanto material como afectiva. Cecilia devora una y otra vez las películas y se las sabe de memoria. Las protagonizan cultos arqueólogos aventureros —el sombrero siempre puesto— y aristócratas vividores que prueban el champagne en nightclubs de medio mundo. Cecilia se identifica con ese mundo y vive más dentro de él que en el propio mundo de la realidad que la circunda. Es tanto su deseo de interacción con los personajes de ficción que en uno de los pases de la película La Rosa Púrpura del Cairo, Tom Baxter, una figura arquetípica del galán romántico, se sale de la pantalla correspondiendo al intenso amor de Cecilia. Se inicia, entonces, un romance entre ambos, basado en la formalidad y el candor más absoluto. Lo que une a Cecilia y a Tom Baxter es la inocencia, cualidad que sólo ellos poseen y que para Woody Allen es un tesoro de un valor incalculable, todo ello al compás de la entrañable canción Cheek to Cheek de Irving Berlin interpretado por Fred Astaire.
La iluminación se convierte en una particularidad a tener en cuenta a lo largo de la película. Una iluminación de tono alto es aquella que diseña la iluminación de manera global, utilizando luz de relleno y contraluz para crear un contraste bajo entre las zonas más claras y las más oscuras. La cualidad de la luz es suave, haciendo que las zonas sombreadas sean muy diáfanas. Al contrario, una iluminación de tono bajo crea contrastes más pronunciados y sombras más marcadas y oscuras, disminuyendo la luz de relleno. Allen utiliza estas diferentes posibilidades en la iluminación para subrayar las diferencias que se presentan a una mujer desgarrada entre un matrimonio brutal y abusivo y sus fantasías acerca de un héroe cinematográfico; Las escenas con el héroe de ficción se presentan con un tono alto. Sin embargo, las escenas en casa con su marido reciben un tratamiento violento y de contornos marcados, característicos de la técnica de tono bajo. Los efectos dramáticos del claroscuro retratan a la perfección el matrimonio de la protagonista.
   La ingenuidad del arqueólogo se pone en evidencia en los momentos más cómicos del filme, como cuando paga en un restaurante con el dinero falso sacado de la película o como cuando entra en un burdel atraído por la invitación de la prostituta interpretada por Dianne Wiest, sin saber qué clase de local es. Este humor fruto de la candidez encuentra su máxima expresión en la secuencia del parque de atracciones, en la que, a la luz de la Luna y al socaire de una noria, Baxter besa apasionadamente a Cecilia y a continuación le pregunta sorprendido por qué no se produce un fundido en negro, transición de rigor cuando dos personajes se disponen a hacer el amor.
   La disolución de la frontera entre ficción y realidad convierte la pantalla en una puerta giratoria que permite el libre tránsito de personajes y espectadores. La fusión de ambos planos se trata como un fenómeno natural, lleno de situaciones asombrosas, desarrolladas con un derrame de ingenio. El mundo de la realidad está dominado por el abuso, la búsqueda de lucro y el afán de protagonismo personal. Los débiles no cuentan, son meros instrumentos. Mientras tanto, el mundo de la ficción es cálido. Ahí existe el amor romántico, cuenta la belleza interior de las personas. Pero se trata de un mundo sin densidad, demasiado simple para ser de verdad. Una vez Baxter ha efectuado su tránsito la mundo real, el mundo de la ficción se desquicia. Ausente uno de los protagonistas, la trama de la película queda en suspenso.  Fuera del guión, Baxter no se orienta en el mundo real. Paralelamente, al conocer la noticia, el mundo de los productores de Hollywood y el actor que encarna a Baxter se llenan de inquietud. Podría haber grandes pérdidas económicas, la carrera del actor podría acabarse. Entonces, urden un plan para que Baxter regrese al film. El actor debe enamorar a Cecilia, haciendo que ella repudie a Baxter. Al actor no le cuesta mucho trabajo seducir a Cecilia. Ella lo prefiere porque es más resuelto y denso que su personaje. Finalmente, Cecilia repudia a Baxter, pero es abandonada por el actor. En la última escena del film, después de tan duro golpe, Cecilia vuelve al cine donde, en la entrega a la ficción, se reconcilia nuevamente con la vida.
Woody Allen convierte el personaje de Cecilia en una especie de emblema o estandarte en la búsqueda de un remanso de paz y esperanza, de alegría y felicidad, cuando las circunstancias de la vida no invitan precisamente a ello. A través de Cecilia en interrelación con los demás personajes se observa que a los personajes reales se nos hace omnipresente la necesidad de pertenencia social, cuando lo social nos convierte en seres anónimos y sin identidad latente. Cecilia en una aparente inconciencia quiere ser real pero sin perder la ilusión, y por ello paga el caro precio de ser excluida de todo grupo de referencia con la soledad de lo cotidiano, donde son latentes los altibajos rutinarios.  
   Realizada con imaginación e inteligencia y sin prácticamente efectos digitales, esta encantadora fantasía consolida la maduración creadora de Allen. La estructura narrativa se posiciona en cuatro posturas claves para la realización de La Rosa Púrpura del Cairo: la primera y que considero la más importante, es la del espectador, personificado a través de Cecilia, demostrando el director  un conocimiento profundo de las expectativas, deseos, emociones, sentimientos e insatisfacciones de los espectadores (de hecho podemos visionar esta afirmación en las primeras escenas del filme donde Cecilia mira la película La Rosa Púrpura del Cairo desde una butaca de cine). La rosa púrpura de El Cairo sobresale, principalmente, por su interpelación al espectador, una de las obsesiones creativas del cineasta de Brooklyn. La segunda es la del actor (no olvidemos que Woody Allen también es actor) y con conocimiento de causa expone en la película no sólo la energía interna que debe aportar todo actor para la construcción y creación del personaje junto con el director, sino también las facetas humanas de los actores fuera de escena.  Por ejemplo se puede apreciar esto en escenas donde aparece Gil Shepherd charlando muy aireadamente con Cecilia o hasta en la escena donde le revela su verdadero nombre, o en las escenas donde los personajes dentro de la pantalla (si los miramos como actores expuestos) discuten entre ellos por su condición de ser actores pero también humanos. Otra postura, la tercera, en la que se posiciona Allen es la de los personajes que toman vida, y para luego pertenecerles a los espectadores; por ejemplo Tom Baxter en la escena donde discute amablemente con Cecilia en el parque sobre a quien le pertenece la autoría de un personaje creado, si al escritor o al actor.  Y la cuarta postura que asume Woody Allen es como director, realizador o guionista, quien casi siempre debe responder a las jerarquías de la industria cinematográfica.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trailer original de cine. Formato: Pal Widescreen 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. Subtítulos: Castellano, Francés, Italiano, Holandés, Sueco, Noruego, Danés e Inglés para sordos. Duración: 78 mn. Distribuidora: Twentieth Century Fox.

 

   
       
   

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