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El tren de las 3,10
3: 10 to Yuma
     
    Director (es) : Delmer Daves
    Año : 1957
    País (es) : USA
    Género : Western
    Compañía productora : Columbia Pictures
    Productor (es) : David Heilweil
    Compañía distribuidora : Columbia Films
    Guionista (s) : Halsted Welles
    Guión basado en : una historia de Elmore Leonard
    Fotografía : Charles Lawton Jr.
    Director (es) artistico (s) : Frank Hotaling
    Decorados : William Kiernan, Robert Priestley
    Vestuario : Jean Louis
    Maquillaje : Clay Campbell
    Montaje : Al Clark
    Sonido : J.S. Westmoreland
    Ayudante (s) de dirección : Sam Nelson
    Duración : 92 mn
   
     
    Van Heflin
Glenn Ford
Felicia Farr
Leora Dana
Henry Jones
Richard Jaeckel
Robert Emhardt
George Mitchell
Robert Ellenstein
Ford Rainey
Barry Curtis
Frank Hagney
   
   
    Acuciados por la falta de agua, Dan Evans y su esposa Alice acuerdan pagar una cantidad de dinero —elevada debido a su precaria situación económica— a su vecino para que sus reses puedan beber en el arroyo propiedad de éste último. Para sufragar estos gastos, Evans se ve obligado a aceptar el ofrecimiento del Sr. Butterfield, a cuyo cargo tiene un servicio de diligencias. La oferta económica consiste en transportar al pistolero Ben Wade, que debe hacer un largo recorrido esposado --por haber perpretado un atraco a una entidad bancaria-- desde la pequeña localidad de Bisbee hasta Yuma. En la estación de Contention les deben esperar un contingente de las fuerzas del orden para que Ben Wade sea conducido hasta una prisión federal de la zona.
   
   
   

BEN WADE Y DAVE EVANS
 
Por Tomás Fernández Valenti
El tren de las 3:10 es el western que mejor define el estilo de Delmer Daves, realizador que sufre un lamentable olvido cuando se habla de los grandes cultivadores del género que nos ocupa durante la década de los cincuenta, en beneficio de Anthony Mann, cineasta con el cual comparte determinados rasgos (la descripción de personajes y la utilización dramática de los exteriores naturales), así como sensibles diferencias. Tanto en los westerns de Daves como en los de Mann, los personajes están condicionados o atormentados por el peso de su pasado. James Stewart, en varias de sus películas con Mann, es un forajido retirado de los «negocios» porque tiene deseos de cambiar de vida. En cambio, en los films de Daves los personajes son lo que siempre han sido (un poco como los de Hawks: condicionados por su oficio, marcados por el destino que han elegido), pero existe una duda respecto a sus motivaciones. Los personajes davesianos son lo que son en el momento presente, pero pudieron haber sido otra cosa bien distinta.
Esto queda muy claro en El tren de las 3:10, cuya trama, escrita por Halsted Welles a partir de un argumento del novelista Elmore Leonard (mucho antes de que el nombre de este último alcanzara la popularidad de la cual gozaría posteriormente), gira en torno a la contraposición de dos personajes a simple vista antitéticos pero que acaban mostrando no pocas semejanzas. El primero, Ben Wade (Glenn Ford), es el jefe de una banda de forajidos que, a poco de empezar el relato, asalta una diligencia perteneciente a la compañía que regenta el Sr. Butterfield (Robert Emhardt). En un momento inolvidable, que define la determinación del personaje, le vemos resolver de manera contundente el problema que surge cuando el conductor de la diligencia encañona a uno de sus hombres, tomándolo como rehén: Wade dispara dos veces, hiriendo a su propio hombre con la primera bala y matando al estupefacto conductor con la segunda. El segundo personaje, Dan Evans (Van Heflin), es un granjero, casado (con Alice: Leora Dana) y padre de dos hijos, que atraviesa graves problemas económicos: la sequía de la zona está arrasando sus tierras y necesita dinero para regarlas.
    A simple vista, no puede haber dos hombres menos parecidos entre sí. Pero Daves se encarga de ir enturbiando esa primera impresión, y la reconduce hacia extremos inesperados. En primer lugar, si bien Evans es un modesto granjero, también sabe mostrarse como un hombre orgulloso: rechaza de plano la sugerencia que le hace Alice de pedirle prestada agua a un granjero vecino, alegando que carece de los doscientos dólares que debería pagarle por ese préstamo, aunque en el fondo lo que le duele es el tener que pedir ayuda a terceros (eso mismo alega cuando Alice le replica que podría pedir un préstamo bancario). De ahí que haya en su actitud de ayudar al sheriff (Ford Rainey) a detener al peligroso Wade algo de suicida: en la secuencia en la que se produce la detención del forajido, Evans fuerza la situación pidiéndole a Wade más y más dólares a modo de compensación por los daños que causó a su ganado durante el atraco a la diligencia; y poco después, cuando Butterfield pide voluntarios para escoltar a Wade hasta que sea trasladado al tren que le conducirá a la prisión de Yuma (a cambio de un sueldo de, precisamente, 200 dólares), Evans es el primero en presentarse voluntario. Por otro lado, antes de que se produzca la detención de Wade, Daves le muestra exhibiendo ternura, caballerosidad e incluso amor hacia Emmy (Felicia Farr), la joven que atiende la cantina del pueblo y con la que se identifica en más de un aspecto. Puede parecer que se trata de una mera concesión comercial de cara a satisfacer a los admiradores de la faceta más romántica del actor Glenn Ford, pero en el contexto de este relato introduce una inesperada humanidad al personaje de Wade, suavizando su dureza inicial y revelando que posee más matices de los que aparentaba al principio del relato.
   La admirable tensión que se produce a continuación se sostiene sobre la contraposición de estos dos caracteres. Evans se ve obligado, primero, a alojar a Wade en su propia granja, donde el forajido cena con el granjero y su familia (en el curso de una secuencia muy bien construida sobre la labor de los actores y la ironía de la situación planteada: Wade, el fuera de la ley, es quien soporta estoicamente las impertinentes preguntas de los hijos de Evans sobre su condición de forajido, y sin perder la compostura dedica unas amables palabras a la abnegada esposa de granjero). Más tarde, ya en el pueblo, Evans debe vigilar él solo a Wade en una habitación de hotel, a la espera de que llegue a las 3:10 de la tarde el ferrocarril que conducirá al segundo a la prisión de Yuma, mientras la banda del forajido se prepara para atacar en cualquier momento y rescatarle. Las excelentes escenas que se producen en este segundo bloque ponen en evidencia el enfrentamiento físico y, sobre todo, psíquico, entre los dos hombres: Evans, dispuesto a cumplir con el encargo que tiene encomendado por una cuestión de orgullo personal, y Wade, que sabe que el primero nunca le matará a sangre fría pero tampoco le dejará escapar. En el contexto de la evolución del western, El tren de las 3:10 resulta relevante por su ingeniosa forma de contraponer dos arquetipos del género, el forajido y el granjero, poniendo de relieve que ambos son la misma clase de hombre, sólo que uno decidió ponerse fuera de la ley y el otro no, en una reflexión que enlaza con la realidad histórica del Far West.  
    De ahí que, en el clímax del relato, Daves equipare con su puesta en escena el principio y el final: si antes hemos visto a Wade y su banda surgiendo de entre una gran polvareda para asaltar la diligencia, ahora será el vapor del ferrocarril el que ayudará a Wade y Evans a esquivar los disparos de los forajidos, saltando al interior de un vagón de mercancías. Muchos años antes de que el replicante Batty (Rutger Hauer) salvase al agente Rick Deckard (Harrison Ford) únicamente movido por su amor a la vida en las escenas finales de Blade Runner (1982), Wade salva a Evans tras reconocer en este último una parte muy íntima de sí mismo. Como concluyen al respecto Albert Astre y Hoarau, «Ben Wade es el bandido que habría podido ser Dan Evans, y este temible jefe de banda envidia tal vez secretamente la vida sencilla y apacible del granjero y su familia (…) Magnífica ambigüedad la de este gesto gratuito del final por el que Ben Wade salva al granjero, perdiendo así toda posibilidad de recobrar su libertad. Pero, ¿qué decimos? La libertad del héroe davesiano es él mismo quien la crea: Ben Wade no ha sido nunca tan libre como cuando acepta la cárcel. De la que, además, asegura que se evadirá» («El universo del western», op. cit., pág. 279).•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Formato: 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Francés, Inglés, Italiano y Alemán. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Holandés, Sueco, Noruego, Danés, Finlandés, Portugués, Hebreo, Polaco, Griego, Checo, Turco, Húngaro, Islandés, Francés, Italiano, Árabe, Hindú y Búlgaro. Duración: 88 mn. Distribuidora: Sony Pictures.

 

 

   
       
   

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