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Don's Party
(Titulo original)
   
    Director (es) : Bruce Beresford
    Año : 1976
    País (es) : USA
    Género : Comedia dramática
    Compañía productora : Double Head Productions
    Productor (es) : Philip Adams
    Guionista (s) : David Williamson
    Guión basado en : la obra teatral homónima de David Williamson
    Fotografía : Don McAlpine en Panavision y Eastmancolor
    Diseño de producción : Rhoisin Harrison
    Maquillaje : Judy Lovell
    Música : Leos Jan
    Montaje : William Anderson
    Montaje de sonido : Lyn Tunbridge
    Sonido : Peter Fenton
    Ayudante (s) de dirección : Mike Martorana, Tosuo Lember
    Títulos de crédito : Fran Burke
    Duración : 90 mn
   
     
    Ray Barrett
Jeanie Drynan
John Hargreaves
Harold Hopkins
Graham Kennedy
Candy Raymond
Kit Taylor
Pat Bishop
Graeme Blundell
Veronica Lang
John Gorton
Clare Binney
   
   
   
Sydney, 25 de octubre de 1969. Don Henderson, un hombre de mediana edad de aspecto saludable, entiende que puede ser una buena oportunidad celebrar una fiesta en su apartamento situado en un barrio residencial. La excusa perfecta deviene la jornada de los comicios electorales para que salga designado un primer ministro y un gobierno. Don parece, pues complacido con la idea de reunirse con sus amigos y sus respectivas parejas, mientras que su esposa Kath se muestra recelosa de semejante decisión, advertida en su fuero interno que los excesos acabarán pasando factura al final de la noche…
   
   
   

DESMADRE A LA AUSTRALIANA
 
Por Christian Aguilera
Antes de escribir los libretos para dos producciones de notable empaque bajo la dirección de Peter WeirGallipoli (1981), El año que vivimos peligrosamente (1982)— su compatriota David Williamson (n. 1944) había llevado a cabo una importante contribución a la escena teatral y a la cinematografía australiana durante los años setenta. Como si se tratara de «vasos comunicantes», Williamson se encargó de la escritura de los guiones de algunas de sus propias piezas teatrales, caso de Stork (1971), The Removalists (1975), Don’s Party (1976) y The Club (1981), estas dos últimas dirigidas por Bruce Beresford. Después de barajarse varios nombres —incluido el del propio Peter Weir—, acabó siendo el cuarto largometraje de ficción bajo el mando de Beresford, quien se muestra a cámara en la escena de la gasolinera, una tentación de naturaleza  “hitchcockiana” que repitió diez años más tarde en The Fringe Dwellers (1986).
 La primera de las diversas adaptaciones teatrales en las que se ha visto involucrado Beresford, Don’s Party prácticamente se desarrolla en un único escenario, un lujoso apartamento situado en una zona residencial de Sydney que la compañía Double Head Productions alquiló para evitar, de esta forma, construir un decorado que superara el presupuesto inicial de un cuarto de millón de dólares. Precisamente, el ínfimo presupuesto de la producción —por otra parte, nada extraño en la cinematografía australiana antes de acceder a un escalafón superior verbigracia de su presencia en distintos certámenes internacionales— presagiaba la recuperación de la inversión al corto plazo y, por consiguiente, un modo más bien seguro para que Beresford abandonara su mala racha tras los fiascos comerciales de Barry MacKenzie Holds His Own (1974) —continuación un tanto atropellada de su opera prima The Adventures of Barry Mackenzie (1972)— y Side By Side (1975). A tal efecto, a diferencia de la obra teatral Williamson —animado por los productores del film— tuvo la “audacia” de escribir algunas escenas adicionales, la más significativa de las cuales se traduce en el desnudo integral que protagonizan cuatro de los hombres y una de las mujeres que participan en la fiesta organizada por Don Henderson (John Hargreaver, en el papel epónimo inicialmente previsto para Barry Crocker, el protagonista del díptico de Barry MacKenzie), lanzándose a la piscina sin reparar en sus respectivos estados de ebriedad. Una ingesta de alcohol desmesurada que les lleva a protagonizar otra escena que razona sobre el carácter “desinhibido” de la propuesta, aquella en la que se ponen a mear en el jardín anexo al inmueble.
En esencia, Don’s Party precisa del trazo grueso en la evaluación de un modelo de comedia que trataba de captar la atención de un público local, ávido de sentirse identificado con las manifestaciones contraculturales que se registraban preferentemente en ciudades como Sydney y Melbourne. Sin esta “coartada coyuntural” que tiene como telón de fondo las elecciones generales celebradas el 25 de octubre de 1969 el interés de Don’s Party se reduce a la mínima expresión porque su carga crítica sobre aspectos políticos, mezclados con episodios de infidelidad y de pura escatología acaban resultando un fuego de artificios en una jornada dominical del otoño australiano, en plena eclosión del movimiento hippie.•    
   
       
   

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