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Un soplo al corazón
Le souffle au coeur
     
    Director (es) : Louis Malle
    Año : 1971
    País (es) : FRA-ITA-ALE
    Género : Drama
    Compañía productora : Nouvelles Éditions de Films/Marianne Productions/Vides Cinematografica/Franz Seitz Filmproduktion
    Productor (es) : Vincent Malle, Claude Nedjar
    Compañía distribuidora : V. O. Films
    Guionista (s) : Louis Malle
    Fotografía : Richard Aranovich, en Eastmancolor
    Diseño de producción : Maurice Urbain
    Decorados : Jean-Jacques Caziot, Philippe Turlure
    Música : Charlie Parker, Sidney Bechet, Gaston Frčche, Henri Renaud
    Montaje : Suzanne Baron
    Sonido : Jean-Claude Laureux
    Ayudante (s) de dirección : Fernand Mozskowicz, Rita Drais
    Duración : 118 mn
   
     
    Lea Massari
Daniel Gélin
Michael Lonsdale
Marc Winocourt
Ave Ninchi
Micheline Bona
Fabien Ferreux
Benoit Ferreux
   
   
    En la Primavera de 1954, cuando el ejército francés se encuentra sitiado en Dien Bien Phu, y la victoria de los rebeldes de Vietnam es inminente, una joven adolescente de 15 años, Laurent, la más pequeña de tres hermanos, crece en Dijon, ajena al conflicto bélico de la zona. Su padre es un respetado ginecólogo, y su madre, una bella italiana que recaló en Vietnam tras huir del fascismo. Laurent pasa los días en una de las escuelas católicas más duras de Dijon dedicada a inculcar en los alumnos la grandeza del sacrificio y la penitencia católicos. Sin embargo, la joven supera la férrea disciplina del centro leyendo libros prohibidos por el colegio, sobre todo las novelas de Albert Camus, y escuchando jazz a todo trapo. Sus hermanos, mayores y más liberales, introducen a Laurent en temas tabú, tales como el sexo y el amor, a la vez que le permiten fumarse su primer cigarrillo. Un día, recibe una terrible noticia. Debido a una extraña dolencia cardíaca, Laurent es obligada recluirse en casa durante un tiempo.
   
   
   

CRÓNICA FAMILIAR
 
Por Ignasi Juliachs
Todavía hoy en día, Un soplo en el corazón (1971) se ve con cierta curiosidad e interés, aunque también se percibe más claramente sus excesos. Pese a haber cambiado tanto la sociedad en materia de moral y sexo con respecto a 1971, año de su producción, y ya no digamos comparado con el Dijon provinciano de la década de los 50 en que se enmarca la historia, con el trasfondo de la Guerra de Indochina, contando en la actualidad con una presión social mucho menor y un peso eclesiástico prácticamente nulo, la característica voluntad irreverente y dinamitadora de Malle peca aquí por acumulación. Puede que en el Festival de Cannes de aquel 1971, donde por cierto el film se hizo con la Palma de Oro, impactara sobremanera una cinta de corte iniciático centrada en esos conflictivos catorce años de la adolescencia de un muchacho de la alta burguesía provinciana, Laurent, hijo de un prestigioso ginecólogo algo conservador que parece no atenderle demasiado, mientras va descubriendo las hipocresías y contradicciones de los adultos, madura y se informa sobre el sexo a tal velocidad que ni Fitipaldi con su bólido; pero lo cierto es que esta cinta amable, que aborda asuntos serios con moderna ligereza, y con un sano sentido de rebeldía (que ha caracterizado todo el cine de su autor)  andado el tiempo, deviene exagerada en pos de todo cuanto quiere transmitir: principalmente que las frustraciones y las taras mentales de todo tipo, cuyo origen está en la adolescencia, vienen ocasionadas grandemente por una sociedad e Iglesia de moral represora, y que el único modo de evitarlas pasa por sortear los tabúes y las normas sociales como vía de autorrealización plena. De hecho, el órgano precensor (Commission de Contrôle des films cinématographiques) rechazó el guión ante la impresión de que había un exceso de escenas eróticas de tinte perverso. Efectivamente, Laurent tendrá su primera experiencia sexual en un prostíbulo, se masturbará con frecuencia, sufrirá el leve acoso del capellán del colegio mientras paradójicamente le advierte de lo nocivo de tales prácticas (toda una explícita referencia a las consecuencias de la represión y a la hipocresía social), competirá con sus  ingobernables hermanos (de quienes con frecuencia es víctima) para comprobar la longitud del miembro, comprobará horrorizado que su dulce aunque irresponsable y algo inmadura madre italiana (Lea Massari), cuya autoridad maternal más bien ha traspasado a la sufrida criada italiana que se ha traído consigo, combate el aburrimiento y la insatisfacción saliendo con un hombre más joven que ella y a la vista de todo el vecindario (lo que no es creíble andando los 50), cometerá el célebre incesto con su madre en un momento de depresión afectiva y emocional de ésta, y finalmente se acostará triunfalmente con alguna chica de su edad. La cinta se divide en dos partes bien diferenciadas: la que trascurre en Dijon y en la casa de la familia, y la que acontece en un balneario donde Laurent se queda con su madre para curar un soplo al corazón que se le ha detectado, en las que Malle aplica en todo momento un estilo desprovisto de intención moral ni carga valorativa, y por lo que se refiere al incesto, incluso alcanza a añadir cierta dimensión de ternura por parte de Massari de la cual casi se colige que se ha tratado de un acto de pura expresión de amor maternal que, eso si, «lo recordaremos como algo bonito que no volverá a ocurrir.» Tras un desenlace en que Malle —quien a punto estuvo de cerrar con el suicidio del protagonista— opta por el estallido de risa algo forzado de toda la familia, no podemos desprendernos de la sensación de que Un soplo en el corazón funciona más bien como una declaración de buenas intenciones del autor, es su sueño, su visión de cómo debieran funcionar las cosas. Con todo, correrá a cargo del espectador el análisis y la deducción, como buen seguidor de André Bazin que el director era pero, por de pronto, constatamos que pese a la naturalidad que Malle pretende, peca en cierta medida del mismo mal que ha caracterizado el cine francés (exceptuando acaso a Jean Renoir y a algún otro) a lo largo de buena parte de su historia, y del que ni tan siquiera la Nouvelle Vague, con quien se ha vinculado a Malle sin pertenecer éste al movimiento (Bazin de por medio), supo desprenderse: esto es, esa sutil sensación de que el cine francés se ha inventado una Francia inexistente, cuyos habitantes, incluso cuando se enfurecen, tienen un comportamiento calmo y se expresan sin atropello, un cine donde prima un verbo lúcido y ocurrente, todo lo cual transmite una extraña sensación de distancia fría con respecto a lo que presenciamos como espectadores. Es probable que ya no sea el caso desde hace unos diez o quince años años, pues el cine ha roto con muchos lazos y criterios, pero en la Francia de los 60 y 70 era un modo de hacer perfectamente constatado. Este factor, más la acumulación de elementos irreverentes en pos del mensaje liberador que se quiere transmitir en asuntos tan serios como la maduración y el sexo, son factores que hacen al film un tanto démodé, y exigen de nosotros tengamos en cuenta la época en que se realizó la cinta, un momento, por otra parte, en que, tras el Mayo del 68, se cernía de nuevo el control conservador.
   Puede que no sea casualidad que Malle situase la historia en 1954, cuando al tiempo que Laurent experimenta un importante cambio, también lo está haciendo la propia Francia, de lo que no puede ser ajeno el conflicto en Indochina que tanto perturbaba a la sociedad francesa con la pérdida de soldados. Asimismo, se habló mucho de la posible condición autobiográfica del film. Al parecer, también Malle padeció un soplo al corazón en su adolescencia, permaneciendo recluido en su casa con profesores particulares durante dos años, pero el propio realizador desmintió tal posibilidad autobiográfica, argumentando además que en 1954 él sobrepasaba la veintena. Sin embargo, la crítica ha querido ver una trilogía sobre su infancia y juventud integrada por el presente film, además de Lacombe Lucien (1974) y Adiós, muchachos (1987). No obstante, no cabe duda de que si no enteramente autobiográficos, tales filmes participan de sus vivencias en esas épocas que conoció como niño y adolescente.  
   Al parecer inspirándose levemente en la novela Ma mère, de George Bataille, Malle retornaba al cine de ficción después de dos años inactivos y tras una experiencia transformadora en la realización de los documentales Calcutta (1969) y L’inde fantôme (1969) que, dijo, le dificultaron el retorno a los estudios y al trabajo con actores. De hecho, antes de Lacombe Lucien, volvió de nuevo al documental, que fue su primera práctica cinematográfica cuando de joven estuvo a las órdenes del oceanógrafo Cousteau. El director confesó que se sentía desorientado hasta que le surgió súbitamente la idea para Un soplo en el corazón y escribió el guión en 15 días, sin plan ni objetivo diáfano.
   En este film, Malle permaneció fiel a su predilección por el jazz, como el propio Laurent, quien además, igual que lo fue el realizador, es un devorador de libros. Son las melodías de Charlie Parker y Sydney Bechet las que acompañan las imágenes del film. Todo un film de su época.• 
 
   
     
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: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Ficha técnica y artística. Formato: Pal 1.85:1, 16:9 . Idiomas: Castellano y Francés. Subtítulos: Castellano. Duración: 118 mn. Distribuidora: FNAC-Avalon Productions.


 


Características DVD: Contenidos
   
       
   

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