Ampliar imagen
   
La voz de la luna
La voce della luna
     
    Director (es) : Federico Fellini
    Año : 1990
    País (es) : ITA
    Género : Comedia dramática-Sátira
    Compañía productora : Cecchi Gori Group / Tiger Cinematografica
    Productor (es) : Mario Cecchi Gori, Vittorio Cecchi Gori
    Productor (es) ejecutivo (s) : Bruno Altissimi, Claudio Saraceni
    Compañía distribuidora : Lauren Films
    Guionista (s) : Federio Fellini
    Fotografía : Tonino Delli colli
    Diseño de producción : Dante Ferretti
    Vestuario : Maurizio Millenotti
    Música : Nicola Piovani
    Montaje : Nino Baragli
    Sonido : Tomaso Quatrini
    Duración : 115 mn
   
     
    Roberto Benigni
Marisa Tomasi
Paolo Villaggio
Nadia Ottaviani
Sim
Syusi Blady
Angelo Orlando
Dario Ghirardi
Dominique Chevalier
Nigel Harris
   
   
    Es de noche, está la luna llena. A Ivo Salvini le llama la atención una voz. Se asoma a un pozo, luego le llama la atención un grupo de hombres que atraviesa el campo. Los sigue y asiste por detrás de las persianas al strip-tease de la tía de uno de ellos, que se da cuenta de su presencia  y lo echa porque no ha pagado. Llega un amigo de Ivo y se van juntos. Luego, tienen lugar encuentros extraños; en uno de estos la abuela de Ivo le dice que "recordar es bonito, más que vivir". Durante otra noche, de lluvia, Ivo consigue contemplar el rostro de su enamorada mientras duerme hasta que ella se despierta y lo echa. La mañana siguiente, en la plaza del pueblo hay una gran confusión de vendedores ambulantes y muchedumbres de turistas japoneses que sacan fotos a todo. Ivo se refugia en un techo, la gente piensa que quiere suicidarse y los bomberos lo salvan. Mientras tanto, los hermanos Micheluzzi intentan atrapar la luna que, según dicen, da órdenes a pequeños diablos en la tierra. Lo consiguen y todo el pueblo quiere ver la luna prisionera. 
   
   
   

MEN ON THE MOON
 
Por César Fernández
Podríamos colegir que el neorrealismo italiano era una voluntad de aproximarse a la realidad, intentando reflejarla. Y fue precisamente practicando este ejercicio de aproximación como los directores se distanciaron entre ellos. Sus maneras distintas de concebir y captar la realidad, aportando las ineludibles visiones subjetivas propiciaron dicho distanciamiento. Federico Fellini, quien participó muy activamente dentro del neorrealismo —fue guionista, argumentista y ayudante de dirección de Roma, città aperta (1945) y Paisà (1946), ambas dirigidas por Roberto Rossellini— no quiso resultar menos que los otros e iría desarrollando su particular forma a la hora de reflejar la realidad que le envolvió. Los artistas radicalmente subjetivos como Fellini representan lo que previamente han experimentado: esa parte de lo vivido la cambia al mundo de la memoria, que es la zona limítrofe donde se mezclan lo propio y lo ajeno, lo percibido y lo soñado. Pero lo individual y lo colectivo se mezclan para convertirse en un solo elemento, sin que llegue a saberse lo que era inventado y lo que era vivido. Así pues, Fellini con su gusto por la provocación inteligente, insistió constantemente por aquello que denominaba «memoria inventada»: reinventa una composición que compensa la radical insuficiencia de lo vivido pero no expresado.
     En La voz de la luna (1990) —estrenada tardíamente en nuestro país, en junio de 1995— representa la conclusión de su proceso de búsqueda de la realidad. Tan solo podemos encontrar el camino para comenzar a entender el sentido de nuestra vida si lo sabemos buscar en silencio, si confiamos en los sentidos como vía más segura para llegar a la verdad y no a la razón. Fellini vuelve a crear un mundo donde convergen de manera armónica lo autobiográfico y lo que lo envuelve con todo lo que ha creído necesario inventar. Fellini crea un mundo simpático, pero al mismo tiempo criticable. I esta crítica de la sociedad contemporánea la articula a través de dos personajes que no son productivos para la sociedad; personajes considerados lunáticos que deben ser tratados y, por consiguiente, separados de los otros. Uno es un joven —Ivo Salvini (Roberto Benigni)— que hace poco ha salido de un sanatorio donde en el curso de una fiesta lo cierran “inconscientemente” debajo de la tarima donde se siente como una fiera al ser capturada. El otro es el ex gobernador Gonnella (Paolo Villaggio), un viejecito de espíritu juvenil con ganas de vivir, de sentirse útil, de transmitir sus conocimientos a los otros pero que, en cambio, es invitado constantemente a pasar a la “reserva”, al mundo al que pertenecen los de su edad. Gonnella encuentra en Ivo el discípulo que busca y le enseña el templo de los que están en su contra: la discoteca, la culminación de la incomunicación, de la vulgaridad expresada a través de los sonidos y por el comportamiento autómata de los jóvenes que bailan sobre sus pistas. Jóvenes que de pequeños ya habían sido “educados”, “aleccionados” por un «maestro audiovisual», la televisión (ejemplificados por los sobrinos de Ivo hipnotizados por la «caja tonta» ante la pasividad y la permisividad de sus progenitores). Gonnella intenta volver a “abrir los ojos” de los jóvenes de dos maneras. Una de ellas resulta mediante la suplantación del «Dios» de la discoteca, que mueve el hilo de los títeres autómatas desde su «olimpo» enrejado: el discjokey. Esta temeraria vía resulta fallida y es expulsado por los rocosos vasallos del «Dios» del templo. La segunda vía es ejemplificando algo tan opuesto a la música alienado como deviene el baile de un vals con su estimada pareja. Esta segunda opción parece prosperar mientras suena el compás tres por cuatro pero justo cuando acaba vuelve a sonar la “música” y la pareja es “tragada” por los autómatas. Para Fellini la música se ha vuelto maléfica, ya no comunica sensaciones; la música disco “devora” el vals. Posiblemente por esto el personaje que encarna a un músico clásico vive en un nicho (sic).
    Otra secuencia clave para ver como Fellini configura un puzzle crítico de la sociedad contemporánea deviene aquella que reúne todos los poderes: el eclesiástico (que asegura que todos los enigmas están resueltos), el político (demagógico, para variar), el intelectual y el pueblo.
   En definitiva, La voce della luna nos habla sobre el culto a la vulgaridad en la Italia de principios de los años noventa. Se trata de un culto a la incomunicación (televisión, discotecas, etc.), de un film a favor del silencio. Por consiguiente, el silencio preferible a la incomunicación ya que, al menos, podremos sentir (en todas sus acepciones) algo que valga la pena.
   
     
Comprar en amazon.es
   
Características DVD: 
Formato:  1:66:1. Idiomas:  Francés e Italiano. Subtítulos: Francés e Inglés. Duración: 120 mn. Distribuidora:  FSK. Fecha de lanzamiento: 6 de marzo de 2009.
   
   
     
Comprar en amazon.com
   
LA VOCE DELLA LUNA (1990)        
Nicola Piovani
DRG Records CD32912, 1991. Duración: 31: 55.
   
       
   

   Ingresar comentario

Valoración media: 0

Comentarios: 0

Total de votos: 0


¿Qué valoración le darías a esta película?

Valoración:

Enviar