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Asalto al furgón blindado
Money Movers
     
    Director (es) : Bruce Beresford
    Año : 1978
    País (es) : AUS
    Género : Thriller
    Compañía productora : South Australian Film Corporation
    Productor (es) : Matt Carroll
    Guionista (s) : Bruce Beresford
    Guión basado en : la novela de Devon Minchin
    Fotografía : Donald McAlpine en Color
    Vestuario : Anna Senior
    Música : Béla Bartók
    Montaje : William Anderson
    Efectos especiales : Ian Jamieson
    Duración : 92 mn
   
     
    Tony Allison
Brian Anderson
Tony Bonner
Kevin Brenner
Terry Camilleri
Bryan Brown
Alan Cassell
Ed Devereaux
Terence Donovan
Jeanie Drynan
James Elliott
Max Fairchild
   
   
    Una empresa de furgones blindados llamada, Darcy Servicios de Seguridad, acaba de sufrir el robo de uno de sus furgones, nada más y nada menos que doscientos mil dólares. El robo, que en cualquier compañía del sector resultaría una gran preocupación, parece no importar a los responsables de Darcy Servicios de Seguridad. La razón es simple, tres de los responsables de la empresa, están planeando robar un furgón cargado con veinte millones de dólares. Los responsables del plan son Jackson, el supervisor, su hermano Brian y Ed, el delegado sindical . Los tres tienen un plan magistral para apoderarse del dinero y están muy seguros de su éxito. Pero la llegada de un anónimo a la empresa, que avisa de un inminente robo de veinte millones de doláres de la oficina central, hace pensar a los conspiradores que alguien más conoce sus planes. En un primer momento piensan en Basset, uno de los empleados de Darcy Servicios de Seguridad.
   
   
   

GOLPE AUDAZ
 
Por Lluís Nasarre
El Ozploitation fue una corriente cinematográfica desarrollada en Australia entre la década de los setenta y de los ochenta del pasado siglo. Esa tendencia, laureada por el sempiterno Quentin Tarantino y denominada inicialmente Aussieploitation hasta la presentación del documental Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation (2008), a partir del cual ya obtuvo su denominación actual, se significó como una condición fílmica donde los realizadores de las antípodas abordaban/establecían algunas técnicas innovadoras para la materialización de (bizarros) films de terror y acción (amén de algún que otro escarceo erótico) en su gran mayoría que, prontamente fueron asimiladas por la maquinaria hollywoodense.  La aparición de la saga Mad Max (esencialmente las dos primeras películas) además de los trabajos de un incipiente Peter Weir se convirtieron en la carta de presentación de un modo de hacer cine que poco a poco fue alcanzado calado popular y en el que otros directores del continente australiano (Brian Trenchard-Smith, Fred Schepisi, Russell Mulcahy, Richard Franklin, etc.) empezaron a probar fortuna. Sin embargo, en los frentes genéricos del Ozploitation existía un género que no alcanzó las mieles del éxito del mismo modo que otros. Y este no es otro que el Thriller.
   El australiano Bruce Beresford es un realizador que no ha transitado habitualmente los derroteros del noir. Autodefinido como poseedor de una carrera muy excéntrica y huérfana de metodologías donde tienen cabida además de su obra cinematográfica varios montajes de ópera, un musical teatral más tres libros, celuloide ha optado por historias principalmente abonadas a condicionantes intimistas en detrimento de grandes despliegues técnicos. De ahí que su trabajo más reconocido sea la sobrevalorada y multipremiada Paseando a Miss Daisy (1989) merced a su naturalista radiografía del paso del tiempo, sin subrayados de ninguna clase, ni pomposas emociones.Empero en 1978, adaptando el mismo la novela de Devon Minchin The Money movers Beresford se atrevió con un film de género, el cual, diseñado bajo los cánones del Ozploitation pasó con más pena que gloria ante los ojos de crítica y platea. Empero, por poco que nos detengamos en el film, podremos comprobar que los motivos de ese olvido, prontamente pueden ser subsanados ya que Asalto al furgón blindado (1978), adelantándose en cierta manera a su tiempo, es un ejercicio noir tan desolado como alguno de los polar que se estaban realizando en Francia por aquella época, al disponer en su armazón argumental y diseño genérico, de múltiples (y atractivas) capas merced a su solidez escénica, su tensión progresiva y un diseño de personajes interesantes, que iremos conociendo poco a poco por separado hasta confluir en un clímax final que por el camino permite diversos giros (algunos inesperados) verdaderamente efectivos.
   Su yerma concisión se establece ya desde sus primeros compases cuando la cámara nos pasea por las distintas estancias de la empresa de seguridad Darcy, yuxtaponiendo escenas entre sus trabajadores (los conductores de los vehículos blindados) y/o el personal administrativo y los miembros directivos que desempeñan su labor ante un complejo y moderno (de la época) sistema de control lleno de botones, pantallas, lucecitas y puertas que suben y bajan previos los zumbidos de rigor. Tras esto, ya en el exterior, uno de los vehículos se detiene a almorzar, quedando uno de los tres trabajadores dentro del vehículo. Tras la pausa y regresar para reemprender su trabajo, son asaltados por unos hombres armados ataviados con máscaras —idéntico proceder máscaras mediante que los ladrones de La llaman Bodhi (1991) o The Town (2010)—, que les roban la carga. Una vez los asaltadores llegan a su refugio, son asesinados por el cerebro de la operación, un mafioso del lugar que no tiene ninguna intención de compartir el botín. Mientras eso sucede, a las oficinas de la empresa Darcy, llega un anónimo en el que se les advierte que su sede central, será asaltada y robada en breve. Una alerta que desencadena toda una serie de movimientos desde los de la compañía de seguros hasta un par de hermanos, trabajadores del lugar, que llevan cinco años planeando un golpe a su propia empresa.
   La primera impresión que tenemos tras el visionado del film, es que su argumento es totalmente lineal. Su ubicación local, en este caso la ciudad de Sidney, está dotado de un pretendido sentido anónimo en su voluntad de desarrollar la historia en un marco poblado de cantidad de vehículos, múltiples carreteras, muchos edificios, parcelas llenas de contenedores y unos callejones oscuros, tímidamente iluminados por luces de neón, tras los que el único color que se distingue es el gris o el marrón y que, en esos exteriores que presuponen tras el horizonte, el azul del cielo o del mar están totalmente desterrados. Es más, en los pocos instantes en el que la acción se desarrolla fuera de ese escenario, los personajes se muestran tensos y desubicados.     
   Uno de los principales activos de los que disfruta Asalto al furgón blindado es el diseño ofertado por Beresford para ilustrar el clásico ejercicio que muestra la delgada línea que existe entre el Bien y el Mal. La corrupción que anida en el interior del film es tan generalizada, tan latente, que apenas nadie se refiere a ella. El desenfoque moral del que hacen gala todos los personajes es tan flagrante que a los directivos de la empresa les preocupa mucho más el impacto que puede producir en su póliza de seguros las consecuencias de los atracos que no la seguridad de sus propios trabajadores, hasta el punto que llegan a afirmar que si es necesario, los cambiaran por excombatientes de la Guerra del Vietnam. Un conflicto que dejó en tierras australianas cantidades importantes de dinero proveniente de mercados out of limits por la venta de drogas, licores y comercio sexual “corrompiendo” algunas zonas importantes del continente. De ahí que el nexo entre delincuentes, algún tipo de comercio del lugar, personal local y policía fuera frecuente por esas lides, originando que diversos negocios ilegales florecieran sin impedimentos legales. Beresford conoce la fauna humana que le rodea y echa mano de personajes abonados al fracaso, como es el caso de los hermanos que planean el atraco y no dedica mucho espacio en su película para relatarnos el porqué de sus motivaciones delictivas. Tan sólo un par de apuntes, ya nos ponen sobre antecedentes de las condiciones humanas de esos personajes. Y esos trazos descriptivos sirven de igual modo para el resto de personajes, ya sean directivos de la empresa, ex policías con necesidades redentoras, policías corruptos o hampones que se aprovechan (utilizando métodos –muy- violentos si es menester) de estos loosers para aumentar su patrimonio. Del mismo modo es de recibo señalar que Asalto al furgón blindado introduce con acierto, aspectos de la idiosincrasia australianaen los parámetros del ejercicio genérico que aborda. Es así como comprobamos, con color local, que la división de clases está perfectamente dibujada, añadiendo imágenes de ostentación versus limitaciones económicas: a finales de los setenta, la economía del país se encontraba al borde de la recesión y los sindicatos de los trabajadores eran numerosos hallándose a la orden del día sus constantes reclamaciones laborales, provocando que las inquietudes de asalariados y la patronal discurrieran por caminos muy distintos, con una (invidente) administración que contemplaba todas esas discrepancias con ciertas displicencias.  
    Anotado esto y diseñado el marco (que todo hay que decirlo rezuma autenticidad por sus poros) en el momento en que estalla la violencia, Asalto al furgón blindado se encuentra en su (apocalíptico) elemento. Utilizando una puesta en escena afiliada totalmente al movimiento del que es deudora, con estupendas angulaciones, el film grafía instantes correligionarios del uso de la hemoglobina con cierta alegría para los disparos y las toses estertores. Tales condicionantes, de brusca plasticidad, la desprestigiaron en cierta manera en el momento de su estreno, siendo revitalizada a posterioridad por la seriedad de un tratamiento argumental de pretendida voluntad confusa por parte de su responsable que sin ninguna clase de dudas bebió de referentes clásicos del género como pueden ser La jungla de asfalto (1950) o Atraco perfecto (1956) para llevar a cabo su (personal) asalto al furgón blindado.•
   
       
   

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