foto no disponible
   
Dinero caído del cielo
Pennies from Heaven
     
    Director (es) : Herbert Ross
    Año : 1981
    País (es) : USA
    Género : Drama-Musical
    Compañía productora : MGM
    Productor (es) : Herbert Ross, Nora Kaye
    Productor (es) ejecutivo (s) : Richard McCallum
    Productor (es) asociado (s) : Ken Adam
    Guionista (s) : Dennis Potter
    Fotografía : Gordon Willis en Metrocolor
    Director (es) artistico (s) : Fred Tuch, Bernie Cutler
    Coreografía : Danny Daniels
    Vestuario : Bob Mackie
    Música : Marvin Hamlishc
    Montaje : Richard Marks
    Ayudante (s) de dirección : L. Andrew Sone, Emmitt-Leon O'Neil, Hal Bell
    Duración : 108 mn
   
     
    Christopher Walken
   
   
    Los Estados Unidos viven una crisis social y económica terrible a principios de los años treinta. Este marco social no invita al optimismo para aspirantes a convertirse en artistas del music-hall o la creación de negocios dirigidos al mundo de la música, como sucede con Arthur Parker. Para sobrevivir, Arthur se dedica a la venta directa de partituras de canciones que transmiten una realidad antagónica a la que ofrece la sociedad norteamericana en 1934, en plena Depresión. El cúmulo de desgracias y sinsabores que acompañan a Arthur durante este periodo, culmina con su nueva relación con la institutriz Hielen Everson. Después de abandonar a su esposa, Arthur se enfrenta a una vida en común con una joven embarazada y desempleada. La situación desesperada en la que se encuentra Hielen la conduce hasta la prostitución, siendo protegida por el proxeneta Tom. Mientras tanto, Arthur, una vez cumplido su sueño de comprar una tienda de música, se ve abocado a la ruina.
   
   
   

EL SR. PARKER Y EL CÍRCULO VICIOSO
 
Por Christian Aguilera
Tras el estreno de Nijinsky (1980) el cineasta Herbert Ross regresó a escenarios naturales de Chicago, la ciudad donde había emplazado la cámara para la primera de sus producciones cinematográficas de la década, Perdida en la ciudad (1971). Ross, coreógrafo de formación, en su traspaso a la dirección de largometrajes mostró sus preferencias a la hora de adaptar a la gran pantalla piezas teatrales —La gatita y el búho (1970), Sueños de seductor (1972) y La chica del adiós (1977), de Bill Manhoff, Woody Allen y Neil Simon, respectivamente— y guiones originales urdidos por el propio Simon —La pareja chiflada (1975), California Suite (1978)—, Arthur Laurents –Paso decisivo (1977)—, el eventual tándem Stephen Sondheim-Anthony PerkinsEl fin de Sheila (1973)—  y la dupla formada por Jay Presson Allen-Arnold Schulman —Funny Lady (1975). Así pues, hasta esa fecha Ross había acudido de manera intermitente a tomar como base una novela —la citada Nijinsky, su opera prima Adiós, Mr. Chips (1969) y Elemental, Dr. Freud (1976)— para que tomaran vida en el celuloide. En este eventual rango de preferencias conforme al material de partida para dar cabida a un proyecto cinematográfico encontramos de manera excepcional una serie de televisión Pennies from Heaven (1978) que originó la producción cinematográfica homónima.
   Emitida en primera instancia por la cadena de televisión pública de Gran Bretaña —la BBC— a partir de marzo de 1978, los seis capítulos que jalonan Pennies from Heaven contaron con idéntico artífice tras las cámaras —el alemán Piers Hagaard— y el mismo dramaturgo Dennis Potter (1935-1994), fallecido prematuramente a los cincuenta y nueve años, pero que dejó su rastro en multitud de participaciones en el mundo de la televisión y de la escena teatral. Potter ubicó un año antes de la fecha de su nacimiento la historia de Pennies from Heaven, cuyo título toma inspiración de la canción con música de Arthur Johnson y letra de Johnny Burke. La misma se puede escuchar en la voz de Bing Crosby en el musical Pennies from Heaven (1936), una modesta producción de género surgida en los años en que aún se dejaba sentir los efectos del crack del 29 en la sociedad estadounidense. Meses antes del estreno de Pennies from Heaven en las carteleras de los Estados Unidos había comparecido en salas Sigamos la flota (1936), con la presencia del principal competidor de Bing Crosby, esto es, Fred Astaire con su pareja de baile habitual, Ginger Rogers. Con el proyecto en marcha auspiciado en la producción por el propio Herbert Ross y su primera esposa Nora Kaye, la major encargada de la financiación y distribución de Pennies from Heaven (1981) , la Metro-Goldwyn-Mayer, llegó a un acuerdo con la RKO para ceder las imágenes de una de las secuencias de un baile protagonizado por Fred Astaire & Ginger Rogers. El contraste de emulsión preciso (la alternancia del blanco y negro al color) para quedar «encajado» en el tramo final de un film que mostraría, una vez más, el apego de Herbert Ross por el género musical. En buena lid, su pasado como coreógrafo le hizo especialmente indicado para manejarse con el material confeccionado por Dennis Potter, quien una vez contratado por la Metro hizo un «reciclaje» para adaptarse a las convenciones del medio cinematográfico que le llevó su tiempo, al punto que los borradores de guión se contabilizaron en decenas antes de quedar consignado el definitivo.
 
Un retrato en clave musical sobre la Gran Depresión
 
 Siguiendo la misma dinámica —aunque a menor escala a efectos nominales— que Paso decisivo, Pennies from Heaven (1981) se fue de vacío de la ceremonia de los premios de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos, habiendo aspirado a tres categorías, las concernientes a Mejor Guión Adaptado (Dennis Potter), Mejor Vestuario (Bob Mackie) y Mejor Sonido (Michael J. Kohut, Richard Tyler, Al Overton Jr. y Jay M. Harding). De manera un tanto incomprensible no estaban en la terna de nominados en sus respectivas categorías el director de fotografía Gordon Willis, y los intérpretes Steve Martin (casi omnipresente a lo largo del metraje), Bernadette Peters y Christopher Walken. Ciertamente, en un periodo habitado de contínuos cambios en el seno de la industria cinematográfica, Pennies from Heaven quedó un tanto relegada al segundo o tercer plano. A medida que irían transcurriendo los años, el aprecio de los aficionados —no necesariamente adscritos al músical— iría creciendo. Su aureola de culto ya era evidente a mediados de la década de los ochenta, el espacio temporal en que se estrenó en nuestro país Dinero caído del cielo, asimismo conocida por estos pagos por el original Pennies from Heaven. Sin duda, el tardío estreno de Dinero caído del cielo en los circuitos comerciales contribuyó a «visualizarlo» conforme a un «cuerpo extaño» en la cinematografía estadounidense de los años ochenta, en que el género musical experimentaba un cambio de paradigma con títulos como Dirty Dancing (1987) o Footloose (1984), esta última dirigida por el propio Herbert Ross. Tampoco debió pasar desapercibido para los más avispados las analogías que se pueden derivar del visionado de Pennies from Heaven y La rosa púrpura de El Cairo (1985). Sin lugar a dudas, Woody Allen tomó buena nota de Pennies from Heaven a la hora de articular el guión que diera pie a una de sus producciones de los años ochenta que despierta un mayor consenso a favor entre los aficionados a su cine. De tal suerte, sendas producciones transcurren durante la Gran Depresión, cuentan con idéntico director de fotografía —Gordon Willis— y fundamentan su discurso en la dicotomía entre realidad-ficción. En buena lógica, las diferencias entre ambas cintas marcan sus singularidades. Mientras Dinero caído del cielo atiende un dispositivo narrativo propio del musical —con el inserto de un total de trece canciones, incluida la antológica secuencia del número de claqué a cuenta de Christopher Walken, quien había obtenido aparecido brevemente en Annie Hall (1977) de Woody Allen—, La rosa púrpura de El Cairo razona sobre espacios más propios del denominado «cine dentro del cine», el espacio que sirve de válvula de escape para el personaje interpretado por Mia Farrow. Para esculpir el mismo Allen, a buen seguro, tuvo en mente a la profesosa de escuela Eileen encarnada por Bernadette Peters en Pennies from Heaven, quien aspira a compartir un espacio de felicidad junto a Arthur Parker (Steve Martin) y el bebé que espera de una relación furtiva. Ambos protagonizan algunas de las secuencias más emotivas de cinta que deja al descubierto en su «tercer acto» con mayor consistencia si cabe los paralelismos existentes con la película dirigida por Allen, en que el vendedor de partituras y la profesora de carácter melifluo «entran» en la pantalla para participar de un número musical de Siguiendo a la flota. La secuencia (inventada) en cuestión se cierra con la imagen en plano medio de Arthur atrapado en unos barrotes, a modo de preludio de su ingreso en prisión inculpado por un crimen que no ha cometido. La acumulación de una serie de indicios le lleva a ser condenado a pena de muerte. Una fatalidad que queda contrarrestada por la luminosidad de una coreografía musical que coloca el cierre a un film en que el desempeño artístico de Gordon Willis, junto al diseño de producción de Philip Harrison, se revelarían esenciales al aquilatar las lecciones que se pueden extraer de Pennies from Heaven. No en vano, la fotografía de Willis adopta un cariz pictórico sobre todo en dos escenas en concreto, en que invoca al universo de Edward Hopper (1882-1967) con dos de sus óleos más (re)conocidos, "Nighthawks" (1942) y "New York Movie" (1939).• 
   
     
Comprar en amazon.es
   
Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas.   Formato: 2:35:1 Widescreen.  Idiomas:  Inglés y Castellano. Subtítulos: Inglés, Castellano y Portugués.  Duración: 115 mn. Distribuidora: Research Entertainment. Fecha de lanzamiento: 15 de febrero de 2019.
   
       
   

   Ingresar comentario

Valoración media: 0

Comentarios: 0

Total de votos: 0


¿Qué valoración le darías a esta película?

Valoración:

Enviar