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Quinteto
Quintet
     
    Director (es) : Robert Altman
    Año : 1979
    País (es) : USA
    Género : Ciencia-ficción
    Compañía productora : Twentieth Century-Fox
    Productor (es) : Robert Altman
    Productor (es) ejecutivo (s) : Tommy Thompson
    Productor (es) asociado (s) : Allan Nicholls
    Guionista (s) : Frank Barhydt, Robert Altman, Patricia Resnick
    Fotografía : Jean Boffety en DeLuxe Color
    Diseño de producción : Leon Ericksen
    Director (es) artistico (s) : Wolf Kroeger
    Vestuario : Scott Bushnell
    Música : Tom Pierson
    Montaje : Dennis M. Hill
    Ayudante (s) de dirección : Tommy Thompson, Charles Braive
    Duración : 100 mn
   
     
    Paul Newman
Vittorio Gassman
Fernando Rey
Bibi Andersson
Brigitte Fossey
Nina Van Pallandt
David Langton
Tom Hill
   
   
    En la tierra del futuro, sumida en una nueva era glacial, los supervivientes en un mundo de muerte y destrucción no hacen otra cosa que luchar por destruirse unos a otros a todos los niveles. Como máxima expresión de la barbarie, Essex, un chico lleno de vida, se ve obligado a participar en un juego aterrador, Quintet, que se caracteriza por su violencia indiscriminada y criminal. Cuánto más se sumerge en el juego, con más fuerza intenta encontrar una vía de escape, pero todos los resortes de esa decrépita sociedad le son negados, y la única esperanza que queda para Essex, es la de huir en busca de otro mundo.
   
   
   

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE
 
Por Carlos Giménez Soria
En líneas generales, las premisas argumentales del cine de ciencia ficción hasta finales de los años sesenta estuvieron circunscritas a objetivos temáticos escasamente ambiciosos, salvo en contadas excepciones. En el mejor de los casos, las películas más logradas dentro de este género fílmico estaban vinculadas o bien a distopías futuristas —en piezas clásicas tan renombradas como Metrópolis (1927), Lemmy contra Alphaville (1965) o Fahrenheit 451 (1966)— o bien a denuncias alarmistas sobre las irreparables consecuencias de una hipotética tercera guerra mundial —como en Ultimátum a la Tierra (1951) o El planeta de los simios (1967)— o sobre los posibles riesgos de mutaciones genéticas a causa de la radiación nuclear —con los ejemplos de La humanidad en peligro (1954) o El increíble hombre menguante (1957) como dos de los modelos más sobresalientes—. Sin embargo, todo este constreñido panorama de expectativas evolucionó de manera inesperada con el estreno de 2001: Una odisea del espacio (1968), la mítica obra maestra de Stanley Kubrick, que introdujo unos inusuales horizontes metafísicos dentro del citado género. A partir de entonces, se extendió una cierta tendencia hacia la presencia de ínfulas filosóficas en la filmografía de determinados realizadores que, hasta aquel momento, no se habían decidido a abordar el rodaje de cintas de cariz fantástico. Este fenómeno se dio de manera especial durante la década de los setenta y cabe mencionar que, en base a la opinión de ciertos sectores de la crítica especializada, algunas de estas obras se veían lastradas por un afán de exhibicionismo intelectual. Sin ir más lejos, el director inglés John Boorman es particularmente célebre por haber contribuido al ámbito de la ciencia ficción de contenido reflexivo con uno de sus proyectos más discutidos: su polémico film Zardoz (1974), ambientado en el año 2293, muestra una sociedad insensibilizada y elitista donde una clase privilegiada de inmortales se mantiene alejada del primitivismo reinante fuera de los límites de su aislada región. Denostada hasta la saciedad por unos y entusiastamente aclamada por otros, esta película de Boorman ha llegado a adquirir el status de película de culto hoy en día. Algo muy parecido ha ocurrido con Quinteto (1979), la segunda aportación de Robert Altman al género fantástico doce años después de Countdown (1967), su fallido thriller en torno a la carrera espacial.
   Los años setenta se convirtieron en el periodo dorado dentro de la trayectoria profesional del realizador de M.A.S.H. (1970). Desde la triunfal acogida de esta popular sátira militar, Altman fue encadenando un éxito tras otro a lo largo de toda la década, convirtiéndose paulatinamente en uno de los más influyentes artífices del Nuevo Hollywood. En esta etapa de su carrera, el cineasta estadounidense había deambulado felizmente entre los géneros cinematográficos más diversos: la comedia experimental —El volar es para los pájaros (1970)—, el westernLos vividores (1971) y Buffalo Bill y los indios (1976)—, el terror psicológico —Images (1972)—, el cine negro —Un largo adiós (1973) y Thieves Like Us (1974)— la comedia dramática —California Split (1974)—, el musical —Nashville (1975)—, el drama vanguardista —Tres mujeres (1977)— o la comedia coral —Un día de boda (1978)—Finalmente, cuando llegó el momento de volver a sumergirse en el cine de ciencia ficción, Altman prosiguió la estela de la corriente metafísica inaugurada por Kubrick con un largometraje atípico e inclasificable: el anteriormente referido Quinteto. No obstante, tanto la crítica como el público se mostraron unánimes en su fría acogida hacia el último film de Robert Altman filmado en aquella década: el estreno internacional supuso el primer desastre financiero de este singular autor en su etapa de meteórica ascensión y, por lo general, los comentarios de los expertos al respecto fueron mayoritariamente desfavorables.
Al igual que Zardoz, la película de Altman está ambientada en un futuro postapocalítpico. La mayoría de la población mundial ha ido desapareciendo como consecuencia de una era glacial y los pocos habitantes de la Tierra que aún permanecen con vida se disputan la supervivencia participando en un juego mortal de nombre homónimo al título de la cinta. Se establece, por lo tanto, una analogía ontológica entre este mecanismo de distracción y la propia existencia humana, ya que aquellos participantes que son eliminados durante una partida terminan siendo asesinados en la vida real. Tras el fallecimiento de su embarazada compañera a causa de una explosión, un cazador de focas decide entrar a formar parte de la competición mientras busca el significado de una extraña lista donde figura el nombre de su hermano, asesinado en el mismo recinto donde ha estallado la bomba. Como se puede apreciar en esta breve sinopsis, el argumento de Quinteto está planteado como una metáfora de la civilización y su capacidad de conocimiento en relación al sentido de las actividades humanas, tanto en su faceta más filosófica como en el desarrollo de las artes. En ese sentido, el peso simbólico del juego adquiere un nivel metafísico de representación, aunque desafortunadamente los diálogos no contribuyen mucho a sustentar esta idea argumental. La exposición narrativa de esta alegoría se sostiene principalmente sobre los elementos estéticos: la hipnótica atmósfera del film y el ritmo sosegado de la puesta en escena, así como el impacto de su estética visual, aportan mayor trascendencia a la historia que el propio guión. En consecuencia, las claves para la interpretación de Quinteto se pueden extraer mejor de su tratamiento formal que de la propia verbalización de los conceptos que formula. El aspecto más endeble de esta compleja obra reside precisamente en la aparente trascendencia de las conversaciones, ya que, en realidad, son las situaciones en su apariencia más externa las que ayudan a componer el contenido temático de la cinta. Aun así, resulta totalmente injustificada la calificación de “ejercicio de estilo” con la que parte de la crítica intentó menospreciar a la ligera esta pieza cinematográfica de indiscutible belleza plástica y dilatado tempo expositivo.
   Otra cuestión interesante la constituyen los escenarios y los actores que Robert Altman escogió para rodar Quinteto. La filmación tuvo lugar, durante los meses de invierno, en el recinto de la Exposición Universal de 1967, ubicado en la ciudad canadiense de Montreal, circunstancia que convirtió esta experiencia laboral en todo un desafío tanto para los intérpretes como para los componentes del equipo técnico, que se vieron forzados a trabajar en condiciones de frío extremo. Por otra parte, el gusto de Altman por el cine europeo le condujo a contratar a una única estrella de cine norteamericana para encarnar al protagonista masculino de la película: así fue como Paul Newman se puso nuevamente bajo las órdenes del mismo realizador tan sólo tres años después de haber colaborado juntos en el mencionado western satírico Buffalo Bill y los indios. El resto de los personajes principales fueron interpretados por el español Fernando Rey, el italiano Vittorio Gassman (con un papel secundario en Un día de boda, la obra previa de Robert Altman), la sueca Bibi Andersson, la francesa Brigitte Fossey y la danesa Nina Van Pallandt, presencia habitual en la filmografía de Altman desde el antes citado policiaco Un largo adiós. A pesar de que todos los miembros del elenco protagonista llevaron a cabo brillantes actuaciones, ninguno de ellos volvió a aparecer en posteriores producciones de este prestigioso y tristemente desaparecido maestro del Nuevo Hollywood, que necesitaría más de una década entera para resurgir definitivamente tras el estrepitoso fracaso de Popeye (1980), fiasco comercial y crítico rodado sólo un año después de la inmerecidamente infravalorada cinta de ciencia ficción metafísica Quinteto.•
   
       
   

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