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Robin y Marian
Robin and Marian
     
    Director (es) : Richard Lester
    Año : 1976
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Compañía productora : Rastar Productions para Columbia Pictures
    Productor (es) : Denis O'Dell
    Productor (es) ejecutivo (s) : Ray Stark, Richard Shepherd
    Compañía distribuidora : Suevia Films-Cesáreo González S. A./Sony Pictures (Reposición)
    Guionista (s) : James Goldman
    Fotografía : David Watkin en Technicolor
    Diseño de producción : Michael Stringer
    Director (es) artistico (s) : Gil Parrondo
    Vestuario : Yvonne Blake
    Maquillaje : José Antonio Sánchez
    Música : John Barry
    Montaje : John Victor Smith
    Montaje de sonido : Paul Smith, Don Sharpe
    Sonido : Roy Charman, Gerry Humphreys
    Efectos especiales : Eddie Fowlie
    Ayudante (s) de dirección : José López Rodero
    Duración : 106 mn
   
     
    Sir Sean Connery
Audrey Hepburn
Richard Harris
Robert Shaw
Nicol Williamson
Denholm Elliott
Kenneth Haigh
Sir Ian Holm
Esmond Knight
Ronnie Barker
   
   
    Transcurridos varios lustros desde que Robin Hood realizara sus gestas en pro de los más desfavorecidos habitantes del condado de Sherwood y de sus alrededores, el paso del tiempo ha dejado un poso de cansancio y desazón en la persona que había sido un mítico luchador. Ni tan siquiera el sheriff de Nottingham, quien había sido su firme antagonista, cree que Robin Hood sea más que una figura encumbrada en el pasado, pero que en la actualidad se ha convertido en un viejo sin apenas capacidad para la lucha. Así pues, Robin de los Bosques se refugia en los recuerdos del pasado a través de su reencuentro con el gran amor de su vida: Lady Marian.
   
   
   

LA VIDA DESPUÉS DE LA LEYENDA
 
Por Lluís Nasarre
Efectuando un ejercicio de  retrospectiva versus la carrera del director Richard Lester, comprobamos que la misma es, ciertamente, una de las más atípicas de las existentes en Hollywood. En su modo operativo, habitualmente, Lester ha sido un realizador que se ha vehiculado dentro de la política de los estudios y, aunque apenas haya trabajado en Estados Unidos (su país natal), optando por Europa Sean Conner, Audrey Hepburn y Richard Lester durante un descanso del rodaje de "Robin y Marian".como base de gestión y operaciones para la mayoria de sus trabajos, ello no le ha perjudicado para que estos, hayan sido distribuidos con normalidad y con la inversión del dinero de esas mismas majors americanas. Redundando en lo insólito, a Lester podríamos considerarlo incluso, como un realizador distinto, inclinado hacia una vertiente estilística afín a un tipo de cine Independiente no muy usual en Hollywood, construyendo de ese modo una subversiva carrera en la que, en los mimbres de su decálogo, se cuestionan tanto las autoridades establecidas como las verdades universales y/o aceptadas; y lo curioso del caso es que a pesar de esa variabilidad y del nacimiento de ciertos sentimientos no compartidos, el realizador de  Cuba (1979) supiera aprovechar una época en la que sus intereses y el de los bolsillos de Hollywood circulaban por el mismo camino, con el resultado de realizar algunas de las películas más audaces y "gloriosamente descorteses" de los años 60, 70 y casi apurando, los 80. Una idiosincrasia esta, de la que también disfrutó un enfant terrible  más reconocido: Robert Altman. O lo que viene a ser lo mismo: Amores y odios a partes iguales y por doquier.
 
Richard Lester: EEUU-Gran Bretaña, viaje de ida y vuelta
 
   Richard Lester siempre ha afirmado que su principal influencia estilística obedece al nombre de Buster Keaton (sin olvidarnos de la sensibilidad formal de un primerizo Jacques Tati), de ahí que, normalmente, en la puesta en escena de muchas de sus películas notemos el aliento del realizador de El maquinista de la general (1926). Sus películas, como él mismo apuntó: «no soy un romántico, pero no soy antiromántico. Más bien soy desesperadamente antisentimental y antinostálgico con Bester Keaton, presente en el multitudinario reparto de "Golfus de Roma", una referencia inexcusable para Lester.relación al pasado», están marcadas por su acerada aversión hacia todo lo que tenga que ver con el sentimentalismo y la nostalgia. Y ello lo podemos ver en el tratamiento que hace de dos géneros tan diferentes como el western en Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance (1978), o el del mundo de los súper héroes con las dos secuelas del Superman (1978) de Richard Donner, Superman II, la aventura continúa (1980) y Superman III (1983). Incluso en su acercamiento a las novelas de capa y espada del universo de Alejandro Dumas con su trilogía Los tres mosqueteros (1973), Los cuatro mosqueteros (1974) y la tardía El regreso de los mosqueteros (1989) como al pasado mitificado del celebérrimo Robin Hood con Robin y Marian (1976). Lester, al contrario que el citado Altman, no desafía las reglas genéricas establecidas —un ejemplo del director de Kansas podría muy bien ser Un largo adiós (1973)—, más bien echa mano de sus formas más elementales y las desnuda a su voluntad no adulterando ni un ápice su tratamiento.  
    En los primeros compases de su filmografía, los trabajos de Lester se caracterizaban por la alternancia de secuencias de cortes rápidos y extrañas angulaciones de cámara que alcanzan hasta Petulia (1968), considerada en algunos círculos como su mejor película. Una época esta que comprende tanto sus dos acercamientos al universo de The Beatles: ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y Help! (1965), como comedias particulares y de dificil catalogación como El Knack...y como conseguirlo (1965) y Como gané la guerra (1967), amén de la delirante Golfus de Roma (1966) con la participacion de su reverenciado Buster Keaton. Y a partir de 1968, sus trabajos se "acomodan" a un estilo visual y de montaje más relajado, más simple, asociado a una gramática cinematográfica donde prácticamente no hay movimientos de cámara. Incluso en sus dos primeros trabajos sobre la obra de Dumas, que se presuponen dinámicos (y más si tenemos en cuenta la referencia de la estupenda y colorista versión de 1948 dirigida por George Sidney), apenas hay movimientos de cámara. Sus intenciones visuales pasan más por ser un escéptico y personal narrador que un virtuoso cinematógrafo. Es cierto que ambos films son un entretenimiento maravilloso, llenas de un "camorrista" sentido del humor deudor en muchas ocasiones del slapstick. Pero Lester también pone su atención en el retrato de la aristocracia así como en la "suciedad" que campaba por el siglo XVII. Y Robin y Marian es la culminación de esa visión que utiliza Lester. Una visión desnuda en la que el panorama que se abre paso a los ojos del espectador está presentado mediante el menor pretexto imaginable. Un pretexto que podríamos etiquetar como «esto es lo que ocurre realmente con los héroes y, realmente, no es lo que esperábamos».
 
Encuentro con la leyenda
 
   Lester recibe el film como un encargo, asumiendo la dirección de Robin y Marian con la idea de imprimir su particular punto de vista, su enfoque (¿revisionista?) sobre las adaptaciones habituales que sobre la leyenda de Robin Hood se habían llevado a la pantalla. Para Lester el film debe nacer de una premisa que se sustente sobretodo en el tratamiento real de los personajes sin perder de vista los mitos y leyendas existentes acerca de los personajes y su entorno. Sabe que hasta ese momento, todas las versiones que se han llevado a cabo, explican la historia de cómo Robin Hood, rodeado de una banda de alegres personajes, lucha contra Juan Sin Tierra y toda su caterva de villanos, comandados por el Sheriff de Nottingham y Sir Guy de Gisborne, velando por el trono del rey Ricardo Corazón de León, que se encuentra allende de los mares, luchando en las Santas Cruzadas. Robin, un noble menor convertido en proscrito por las circunstancias, al mismo tiempo que frustra con fortuna toda una serie de malvados complots llevados a cabo por el príncipe Juan, que es el (débil) hermano menor del rey Ricardo, se enamora también de la hermosa doncella Marian, con la que se casará tras la vuelta del legítimo rey a Inglaterra. Y Lester, teniendo tales aventuras presentes, opta por narrar la segunda parte de las nuevas aventuras del héroe. Una vida, que en manos de alguien que se declara desesperadamente anti-sentimental y antinostálgico con relación al pasado pasa por convertir al emocionante Bosque de Sherwood en un lugar lleno de decepción y de desilusión e incomodidades. Términos estos, arraigados en el corazón del film y que contribuyeron bastante a que este no diera buenos réditos en taquilla al no ser lo que se espera de un film sobre Robin Hood. Sin embargo, y ajeno todavia a ello, vemos como Lester revierte una parte de la historia. La arranca (como la novela de Dumas sobre los mosqueteros) veinte años después del Robin Hood convencional. Cuatro lustros para encontrarnos a un rey Ricardo Corazón de León (Richard Harris), cruel y despiadado. Todavía anclado en su afán conquistador frente a un castillo sin defensa y sin valor. Robin (Sean Connery) que le ha seguido en las campañas militares de esas dos décadas se siente desilusionado de su soberano. La fortuna provoca que de manera algo fortuita, una flecha acabe con la vida del monarca y tras un discreto y evasivo duelo, Robin decida volver a Inglaterra acompañado siempre del sempiterno Little John (Nicol Williamson) (1) donde descubrirá que su amada Marian (Audrey Hepburn) ha tomado los hábitos, el príncipe Juan (Ian Holm), ahora es rey y su viejo enemigo el Sheriff de Nottingham (Robert Shaw) tiene el cometido de meter entre rejas a Marian por disidente. Tal situación provoca que, tras liberar a Marian del Sheriff, Robin regrese a la seguridad de Sherwood y empiece a reconstruir su banda de forajidos para combatir las injusticias del inestable personaje que está gobernando el país, tal y como había hecho veinte años atrás. Desgraciadamente, el tiempo ha pasado para Robin, un hecho que este se niega a reconocer, y que a pesar de las pequeñas victorias que se van sucediendo, aires de derrota se respiran como resultado final.
   En 1976 se hacía dificil imaginar a Sean Connery como actor dramático. A pesar de que tan sólo un año antes el actor escocés había realizado una interpretación excelente, en la no menos excelente El hombre que pudo reinar (1975), el protagonista de El viento y el león (1975) seguía asociado a la imagen de James Bond. No obstante con el film de Lester, Connery inicia una transformación de su imagen a raíz de la elección de papeles dramáticos (algunos no muy usuales) en las décadas que habían de venir. Construye con éxito, un Robin con una edad la cual interfiere con peso en la pretensión de sus acciones aventureras, consiguiendo además no despertar ningún sentimiento de piedad por parte del espectador. Brillantemente dirigido por Lester, el actor va construyendo un personaje que, a medida que avanza el film, va envolviéndose en una pretérita reputación olvidada, hasta el punto que la desilusión inicial con la que se nos ha presentado, desaparece, para ir dando forma a la personificación del último aliento de un mito que ahora sí, deviene anacrónico. Por primera vez con Robin Hood, y a pesar de la alargada sombra de Errol Flynn, tomamos consciencia del actor y no del personaje. Y con él, del emotivo tono oscuro y reflexivo que anida en el ínterin del film. Y a ello ayuda sobremanera el papel de Marian, el contrapeso, al que Audrey Hepburn dota sobriamente de los perfiles de fragilidad y de los sentimientos de un personaje que parece ser el único que se da cuenta de la realidad, de la magnitud de la situación que están viviendo. Marian ha pagado el peaje de veinte años de soledad merced a la ausencia de Robin. Cuando éste se fue, tuvo incluso una tentativa de suicidio. De ahí su escepticismo inicial. Su rechazo frontal tanto a la ilusión de la juventud perdida como a esa falta de distinción entre pasado, presente y futuro que representa Robin. Marian sabe que las acciones que Robin lleva a cabo, por muy bien intencionadas que sean, únicamente podrán traer dolor y desilusión para el propio Robin y todos los que les rodean. Y llegados a este punto, donde todos los apuntes que despliega el film abocan hacia una senda de pesimismo, la dirección de Lester, su punto de vista, su puesta en escena, cobra protagonismo para con todos esos apuntes introducir las maneras de sus trabajos anteriores. La fusión de una trágica historia de amor, de la tristeza del envejecimiento y el trasfondo de film de Robin Hood y su banda de forajidos alegres va cobrando forma, de manera que el tono que va alcanzado el film difiere del inicialmente previsto. Un poco como el caracter de Robin porque, imagen y guión se complementan y retroalimentan. A medida que el texto retrocede, que rememora el pasado, avanza la visión de los personajes. El film se apoya en las líneas, en las direcciones que marcan esos mismos personajes, ya sean Robin, Marian e incluso Little John y el mismo Sheriff de Nottingham, el cual sin apenas decir nada, consigue decir mucho. Lester consigue una narrativa visual y narrativa (dramática) entre el principio y el final de su film que le otorga a la película una vocación circular, sustentada en el sentido del equilibrio. Robin y Marian es un film que encuentra su maestría (2).  Su belleza reside en esa simetría. Los personajes han recorrido un camino que los ha separado para reencontrase en el tiempo y tener la (feliz) oportunidad de retomarlo donde lo habían dejado ofreciendo uno de los finales más hermosos de toda la Historia del Cine. «Te amo. Te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana o que a la paz, más que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor o a la alegría o a la vida entera. Te amo más que a Dios».
   En suma, Robin y Marian es un magistral instante cinematográfico, donde la leyenda, desnuda y terrenal se impregna de un sentido lírico, atmosférico de melancolía para la Aventura de las últimas oportunidades.•
 
 
 
 

(1) En un primer momentoLester pretendía que Connery asumiera el rol de Little John y Nicol Williamson el de Robin Hood.
(2) Las manzanas que contemplamos en su arranque y en los créditos finales son altamente significativas, unas verdes y las otras pochas.
 
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trailers. Formato: Pal 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. Subtítulos: Castellano, Alemán, Checo, Danés, Finlandés, Francés, Griego, Holandés, Inglés, Italiano, Noruego, Polaco, Portugués, Sueco, Árabe, Hebreo, Hindú, Húngaro y Turco. Duración: 102 mn. Distribuidora: Sony Pictures.
 

 

 

   
   
     
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ROBIN AND MARIAN (1976) 
                                      
John Barry
Prometheus Records PCR522, 2008.
Duración: 47: 07. 

Los mitos, como la energía, no se crean ni se destruyen: se trans­forman. Los héroes del cine clásico sufrieron una especie de proce­so de aparente desmitificación, pero que, en realidad, vendría a ser una especie de «transmitificación»: el héroe íntegro del western clásico dio paso al pistolero cínico del spaghetti-western, pero éste acabó siendo un nuevo héroe mítico, como también lo fueron los protagonistas de westerns realistas y crepusculares como Grupo salvaje (1969) frente a los idealizados modelos clásicos. Robin y Marian (1976), es un filme que viene a realizar una operación similar en el terreno del cine de aventuras, tomando como punto de referencia uno de sus grandes iconos, Robin Hood: el inicial proceso de desmitificación del héroe unidimensional inmortalizado por Errol Flynn en Robin de los bosques (1938) acaba por darnos una visión más humana y comple­ja del personaje y por transformarlo en un héroe de trágico roman­ticismo.
   El hermoso guión de James Goldman —un hombre muy inte­resado en la cultura y la vida medieval, autor también de la obra El león en invierno (1968)buscaba una visión «realista» del personaje, frente a la concepción heroica y optimista del Robin Hood El compositor John Barry.clásico. Por ello, eligió contar los últimos años de la vida del personaje, interpretado por un ya maduro Sean Connery, con un Robin Hood viejo y cansado; pero, de nuevo, encontramos el gran mito de la cultura de posguerra y posVietnam, el héroe desencantado que, en este caso, encuentra su última victoria en la integridad a sí mismo y en un amor tardío, imposible y otoñal con una también madura Lady Manan (Audrey Hepburn).
   La música del filme debía ofrecer, por tanto, un tratamiento muy diferente al festival heroico-lúdico propuesto por Korngold en Robin de los bosques. El director del filme contrató primero a Maurice Jarre para componer el score, pero cuando éste se redró fue Michel Legrand quien hizo la música. Sin embargo, ésta no gustó al estudio que producía el filme, la Columbia, y encargó una partitura totalmente nueva a John Barry. Por entonces, Richard Lester ya había iniciado en Londres el rodaje de una nueva película y no podía permanecer en Los Angeles mientras Barry componía la música: todo su contacto fue telefónico; por otra parte, la fecha del estreno ya estaba fijada y Barry tuvo que encerrarse en una habita­ción de hotel para componer casi una hora de música en tres se­manas.
    Desde las primeras imágenes del filme queda clara la intención «realista» del filme: la Edad Media es presentada como una época violenta, brutal, o, al menos, repleta de bruscos contrastes. Robin y Litde John (Nicol Williamson) realizan un absurdo asedio a un castifio en un paisaje árido y desolado, por mandato de un enfer­mizo y patológico Ricardo Corazón de León (Richard Harrís). Lo que en Hollywood hubiera sido una épica batalla, aquí deriva en una sangrienta matanza de inocentes sin ningún sentido. Desen­cantados de su vida guerrera, hartos de los horrores que han visto, Robín y John deciden regresar a Inglaterra, su hogar, en busca de un poco de calor y en un viaje sentimental a sus tiempos juveniles en Shenvood.
   Barry contrapone musicalmente esos dos mundos, el desolado presente y el luminoso pasado que se intenta recuperar: la esce­na del asedio es acompañada por una música también árida, con percusión y un penoso motivo en la sección de viento, dando una sensación de esfuerzo sin sentido, de una guerra «sucia» y abso­lutamente antiheroica. Del mismo modo, el personaje de Ricardo Corazón de León —siempre tratado con dignidad y nobleza en el cine de aventuras— es aquí retratado musicalmente con ominosas sonoridades que lo presentan como a un guerrero brutal e irracio­nal. Por el contrario el verde paisaje de Inglaterra (aunque no tan verde como debiera, pues el filme se rodó en España) es mostra­do en un plano general inmediatamente después del entierro de Ricardo en un paisaje rocoso y desnudo: la música ofrece también similar contraste, cambinado radicalmente de registro. Barry intro­duce con todo su esplendor el tema de Robin —el eje ya de toda la partitura— una hermosa composición para sección de cuerda y arpa y los instrumentos más cálidos de la sección de viento (trom­peta, oboe): el pasaje no sólo representa el paisaje por el que cabal­gan Robin y John, sino que refleja a la perfección su reacción ante él, su entusiasmo y nostalgia a un tiempo por regresar al hogar. Por otra parte, la presentación del tema de Robin comienza a cons­truirlo como personaje y como «héroe», aunque no sea el héroe ágil y juguetón que encarnó Errol Flynn.
   Según avanza el filme, Robin se verá inmerso en un curioso regreso al pasado que lo vuelve a convertir en un héroe para los campesinos frente a la tiranía del señor feudal y en amante de Lady Manan. Ambos niveles del filme están representados por ese tema principal que es desarrollado en todo tipo de variaciones a lo largo del filme, desde un dinámico y alegre scherzo que acompaña su cabalgada a Nottingham para rescatar a unas monjas prisioneras hasta una intimista, delicada variación del tema —flauta, arpas­en la escena en que Lady Manan le confiesa cómo intentó sucidar­se cuando él la abandonó.
En determinado momento, Robin descubre que debe ser fiel a sí mismo y a las expectativas que los que le rodean han puesto a él, pese a ser un hombre desencantado y ya viejo: entregado con un entusiasmo casi juvenil, pero también fatalista, a su renovada con­dición de héroe, la música lo definirá con la misma pasión y tonos cálidos y luminosos. Pero, frente a «su» sonido, está el de sus ene­migos, encabezados por el sheriff de Nottingham (Robert Shaw): una violenta, brutal y deshumanizada marcha guerrera —con im­presionantes intervenciones de las trompas— acompaña al perso­naje cuando asedia el bosque de Sherwood. Figuras percusivas, obsesionantes y angustiosas acompañan el montaje que antecede a la batalla (Robin, los campesinos, Mary, el campamento del sheriff), confiriendo cohesión y fluidez a la sucesión de planos. Finalmente, cuando Robin decide salir a campo abierto para luchar contra su viejo enemigo, una sombría figura en los violonchelos (que acom­paña la despedida de Robin y Manan) introduce una dramática marcha para cuerda y tambores que va caminando hacia un oes­cendo según Robín se aproxima al campamento enemigo y el sheriff se prepara para enfrentarse a él.
   Como ocurría al inicio del filme, el duelo final entre Robin y el sheriff nada tiene de heroico ni glorioso, y está en las antípodas de la vibrante lucha entre Errol Flynn y Basil Rathbone: es un penoso, extraño ritual en que dos viejos enemigos, torpes y cansados, se entregan a una brutal lucha al ritmo penoso de la sección de viento punteada por un lastimero ostinato en la percusión y en las cuerdas más adelante. En oposición a la épica de Hollywod, tanto visual como musicalmente, la escena, sin embargo, adquiere un sentido trágico que confiere al personaje una humanidad ausente en el tra­dicional cine de aventuras: su integridad no le traerá la victoria, como sucedía en el cine clásico, sino la destrucción, conforman­do esa nueva mítica del héroe crepuscular sobre la que se basa el filme.
    El clímax de la película es aún más sobrecogedor: Robin, aun­que malherido, consigue vencer al sheriff, pero es envenenado por Manan, quien también se suicida con él, al comprender que su amor es imposible en las circunstancias en que viven: rozamos ya los terrenos del amor fou y Barry se vuelca con su vena más lírica en esta escena final. Los violines y la flauta inician dulcemente, sotto voce, el tema de Robín —ahora tema de amor de la pareja— en delicado equilibrio con las hermosas palabras de Manan; ya agonizante, Robin dispara su arco y pide a John que entierre a am­bos donde caiga la flecha: el tema aumenta en intensidad hasta que los glissandi en las arpas acompañan el plano de la flecha per­diéndose en el infinito, introduciendo luego la última variación del tema de Robín. El filme, que se inició en los terrenos del «rea­lismo sucio», deriva así en un clímax de gran belleza e indudable hálito romántico.•

1.  Main Title (Film Version) / Leading In (02:48)
2.  Ride To Sherwood  (02:10)
3.  Fight Aand Recognition / Marian And Robin Meet / He Was My King (03:05)
4.  Dawn In Sherwood (02:22)
5.  Ride To Nottingham (01:26)
6.  Over The Wall (Original Version) (02:05)
7.  The Escape (Original Version) (02:02)
8.  Nuns (02:01)
9.  First Love Theme - By The Stream (01:22)
10.  Second Love Theme (02:53)
11.  In The Church / Troops Make Camp (02:11)
12.  In Position (02:20)
13.  Third Love Theme - Do You Love Me? (02:16)
14.  The Preparation (02:28)
15.  The Fight / The Fight Must Go On (04:15)
16.  John Bursts In / The End / End Titles (04:34)
Bonus tracks:
17.  Main Title (Alternate Version) / Leading In (Alternate Version) (02:52)
18.  Ride To Sherwood (Alternate Version ) (02:10)
19.  End Title (Alternate Version-Orchestra Mix) (01:47) 

 
   
       
   

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