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Rollerball
Rollerball
     
    Director (es) : Norman Jewison
    Año : 1975
    País (es) : USA
    Género : Ciencia-ficción-Acción
    Compañía productora : Algonquin
    Productor (es) : Norman Jewison
    Productor (es) asociado (s) : Patrick Palmer
    Compañía distribuidora : CB Films
    Guionista (s) : William Harrison
    Guión basado en : en el relato corto Roller Ball Murder de William Harrison
    Fotografía : Douglas Slocombe en Technicolor
    Diseño de producción : John Box
    Director (es) artistico (s) : Robert Laing
    Vestuario : Julie Harris
    Maquillaje : Wally Schneiderman
    Montaje : Antony Gibbs
    Sonido : Derek Ball, Gordon K. McCallum
    Efectos especiales : Sass Bedig, John Richardson
    Ayudante (s) de dirección : Kip Gowans, Dietmar Siegert
    Duración : 129 mn
   
     
    James Caan
John Houseman
Maud Adams
John Beck
Pamela Hensley
Moses Gunn
Barbara Trentham
Shane Rimmer
Ralph Richardson
Richard LeParmentier
   
   
    Año 2018. Abolida cualquier manifestación bélica, sin embargo los habitantes de la tierra pueden disfrutar de un espectáculo deportivo ultraviolento con el fin de canalizar sus más bajos instintos. Se trata de un deporte, el «Rollerball», que deviene un compendio de reglas extraídas del baloncesto, de las carreras de motos y del patinaje, pero que deja en las retinas de los espectadores imágenes extraordinariamente violentas. A lo largo de los últimos años, Jonathan E. se ha erigido en un auténtico líder a nivel mundial del «Rollerball», pero su gloria parece estar a punto de prescribir, ya que se ha fijado la fecha para su retirada. Jonathan E. se niega a poner fin a su exitosa carrera deportiva, al tiempo que las altas instancias determinan que el «Rollerball» no resulta suficientemente violento y deciden cambiar algunas de las reglas. Algunas de las mismas hablan de que el juego no tendrá límite de tiempo, y tan sólo finalizará un partida cuando quede un único jugador con vida.
   
   
   

MUNDO FUTURO
 
Por Ángeles González
Después de la década de los sesenta, en la que dirige variados proyectos cinematográficos, y tras los éxitos de El violinista en el tejado (1971) y Jesucristo Superstar (1973), Norman Jewison se enfrenta a la primera película de ciencia-ficción de su carrera, y lo hace por iniciativa propia.
   El cineasta que, en un principio, no estaba interesado en este género, quedó impresionado por el relato que William Harrison (1933-2013) publicó en la revista Esquire en 1973, Roller Ball Murder, con una premisa tan atractiva que Jewison compró los derechos con la intención de llevarla al cine. Para la realización del guion Jewison contó con una ayuda inesperada: Harrison contactó con él con la intención de guionizar para el cine su historia. Uno de los aciertos de la película que ha permitido mantener la esencia del relato al mismo tiempo que se introdujeron los cambios necesarios para que se convirtiese en una historia cinematográfica convincente. Nunca antes Harrison había elaborado un guion para la gran pantalla.
   La acción transcurre en 2018, un momento en que en la humanidad no existe división geográfica ni administrativa mediante países, y por tanto, la opción por parte de los ciudadanos de votar a sus dirigentes y legisladores. En teoría, tampoco existe la pobreza ni las enfermedades. En lugar de naciones, y tras una serie de guerras (se hace referencia a las “guerras tribales” a las que sucedieron las “guerras corporativas”), un grupo de grandes compañías se han repartido distintos sectores productivos: Transporte, Alimentación, Comunicaciones, Vivienda, Lujo y Energía. Jonathan E. (James Caan, fichado por Jewison a raíz de su papel como el jugador de fútbol americano Brian Piccolo en el filme de 1971 La canción de Brian) es el veterano jugador del equipo de Rollerball de Houston, financiado por la corporación encargada de la Energía. En un mundo homogéneo y sin riqueza cultura, el Rollerball ejerce como nexo de unión en una sociedad aparentemente utópica en la que todas las necesidades básicas están cubiertas por las corporaciones. Este violento deporte es una especie de rugby sobre patines con motos incluidas, denominador común de las ciudades que conforman la sociedad corporativa, como por ejemplo Madrid o Tokio, que actúa como vía de escape para una sociedad adormecida que materializa sus pulsiones agresivas en la violencia y la sangre que presencia en la pista de Rollerball, que según las estadísticas ya ha ocasionado nueve muertes en el terreno de juego.
Seguramente, para no distraer la trama de lo realmente esencial para la historia, cuyo protagonista absoluto es el célebre deportista Jonathan E., no se hace hincapié en un aspecto que sí refleja brevemente el relato de Harrison: las abismales desigualdades sociales que existen a pesar de que, en teoría, los ciudadanos no tienen ninguna carencia. Los mandatarios y ejecutivos de las corporaciones, que toman las decisiones unilateralmente por el bien de la humanidad, gozan de una serie de privilegios que, ni de lejos, puede disfrutar el ciudadano de a pie. La película se centra en el entorno del deportista, que se sitúa casi en el mismo nivel que los ejecutivos de mayor rango (rancho, helicóptero privado, tarjeta de privilegios,…) y de sus compañeros, que también disfrutan de las dádivas de la cercanía al poder, aunque no de forma equiparable al destacado Joathan E. Pan y circo para mantener a la población controlada. En esta distopía solo los hombres juegan al Rollerball y las mujeres son consideradas como un recurso más de los que disfrutan ejecutivos y deportistas. Aunque sí se observa de forma anecdótica a mujeres en distintos puestos de trabajo, en incluso a una en una importante junta directiva, se trata de una sociedad con una perspectiva fundamentalmente masculina.
   El conflicto de la historia surge cuando la corporación de la Energía, a través del poderoso señor Bartholomew (John Houseman), le pide a Jonathan que se retire del deporte activo, aunque no de los privilegios de los que disfruta. Bajo la premisa “ningún jugador es más importante que el juego en sí mismo” se pretende tener un control absoluto sobre los individuos, lo cual, según los parámetros de la corporación, no casa con el mito que se ha construido en torno a Jonathan, que tras más de una década dedicado al juego, ha superado con creces el periodo activo del grueso de los jugadores, quienes tras pocos años deben retirarse por lesiones o desgaste físico. Es aquí cuando el protagonista comienza a plantearse la estructura social y las verdaderas razones de las presiones de sus jefes para abandonar el juego. De forma similar a la distopía de George Orwell 1984 (1949), la sociedad no tiene acceso a los libros, sino a una versión resumida y revisada de los mismos disponibles en otros soportes. Quizá es esta la parte de la historia cuyo abordaje ha sido menos acertado, el momento en el que su ansia de conocimiento acerca de cómo funciona su mundo y cómo se ha llegado a la situación actual (en la que apenas existe en la memoria colectiva el pasado histórico) lleva a Jonathan al lugar donde se digitaliza y procesa la información, regentado por un entrañable bibliotecario (Ralph Richardson) y donde se encuentra un potente ordenador que ostenta todo el conocimiento de la humanidad: el equivalente de la década de los setenta a la fantasía actual de un ordenador cuántico completamente operativo. La interacción de Jonathan con esta especie inteligencia artificial, de nombre Zero, en una escena casi cómica, desconcierta bastante en cuanto al contraste de tono con respecto al resto de la historia.
   La película tuvo muy buena acogida en Europa, que fue considerada como una crítica política y social. También la tuvo en Estados Unidos, aunque en este lugar el éxito radicaba principalmente más en el Rollerball en sí mismo, a cuenta del cuidado trabajo de rodaje y edición de las escenas del juego, que en el argumento: todo el mundo quería jugar a ese deporte de ficción. Puesto que en el relato original se esbozaba el funcionamiento de los partidos pero no se especificaban todas las reglas del juego, fue durante la realización de la película cuando se creó el deporte a raíz de la experiencia de deportistas, actores y especialistas durante los entrenamientos y rodaje. A Norman Jewison, que pretendidamente quiso utilizar este juego de nueva creación como como herramienta de crítica social, le horrorizaba la pasión del público estadounidense por el Rollerball, que resultó tan entretenido que muchos miembros del equipo de rodaje jugaban al mismo en los descansos entre las distintas tomas. Aunque existía el rumor de que se habían producido varias muertes durante el rodaje, afortunadamente no fue así. Esta fue una de las mayores preocupaciones de Jewison durante la realización de la película, una de las primeras, además, en la que los especialistas aparecían en los créditos a cuenta de su profesionalidad y duro trabajo.
   En el momento de escribir estas líneas ya ha pasado un año desde que acontece la historia protagonizada por Jonathan E., y el presente se muestra, aunque mucho más complejo que en Rollerball, no tan diferente en esencia de esta distopía setentera. De forma más compleja estamos abocados al control de nuestras vidas por las grandes compañías, a la homogeneización y a la despersonalización, aunque esto último, paradójicamente, puede parecer lo contrario.
    La película deja como legado una obra de culto con una banda sonora basada casi en su totalidad en piezas clásicas interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la batuta de André Previn, un remake que se quedó en una mediocre película de acción de principios de siglo XXI (Rollerball, John Mc Tiernan, 2002) y una refinada estética retrofuturista de la mano del excelente diseño de producción de John Box, con hitos en su carrera como Lawrence de Arabia (David Lean, 1962). Deja, incluso, su propia tipografía: Rollerball 1975.•
 
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Comentarios / Cómo se hizo / Detrás de las cámaras / Diseños de producción / Fotografías de producción / Trailers de cine / Trailer del remake / Anuncios de TV. Formato: Pal Widescreen 1.85:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés y Alemán. Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán y Alemán para sordos. Duración: 115 mn. Distribuidora: Twentieth Century Fox.


   
       
   

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