Ampliar imagen
   
Almas en el mar
Souls at Sea
     
    Director (es) : Henry Hathaway
    Año : 1937
    País (es) : USA
    Género : Aventuras
    Compañía productora : Paramount Pictures
    Productor (es) : William LeBaron
    Productor (es) ejecutivo (s) : Adolph Zukor
    Guionista (s) : Grover Jones, Dale Van Every
    Guión basado en : una historia orignal de Ted Lesser
    Fotografía : Charles B. Lang jr. , Merritt Gerstad
    Director (es) artistico (s) : Hans Dreier, Roland Anderson
    Decorados : A.E. Freudeman
    Vestuario : Edith Head
    Música : W. Franke Harling, Muilan Roder, Bernard Kaun
    Montaje : Ellsworth Hoagland
    Sonido : Harry Mills, John Cope
    Efectos especiales : Gordon Jennings
    Ayudante (s) de dirección : Hal Walker
   
     
    Joseph Schildkraut
Gary Cooper
George Raft
Frances Dee
Henry Wilcoxon
Harry Carey
Robert Cummings
Porter Hall
George Zucco
Virginia Weidler
   
   
    Nuggin Taylor y su amigo Powdah son pilotos de un barco de esclavos en el que se produce un motín. El capitán es asesinado y Taylor toma el mando, dejando que los esclavos escapen. Los dos hombres son conducidos a Liverpool y acusados formalmente, pero un oficial del Servicio de Inteligencia Naval le encomienda a Taylor una misión secreta para intentar reunir pruebas que condenen al poderoso sindicato de la esclavitud, y el acepta. En el viaje hacia América en el William Brown junto a Powdah, se enamora de la hermana del teniente Tarryton, que está confabulado con los esclavistas. Durante una reierta a bordo, el barco se incendia y Taylor debe tomar decisiones terribles para asegurar la supervivencia de la mayoría...
   
   
   

AVENTURAS MARÍTIMAS
 
Por Lluís Nasarre
Algunas de las principales virtudes que encontramos en un realizador de la categoría de Henry Hathaway, son su buen oficio y la suficiente inteligencia con los que  aborda todos y cada uno de sus trabajos, insuflándoles además, el grado necesario de voluntad didáctica sin dejar de lado el carácter ameno que todo ejercicio cinematográfico necesita. Sus incursiones en los diferentes géneros cinematográficos así lo atestiguan, comprobando que tanto sus westerns, sus noirs, o sus films de aventuras o bélicos, contienen en su «organización interna» toda una batería harto interesante de inquietudes personales muy bien desarrolladas por el director nacido en Sacramento. Esas inquietudes le facultaban, en su momento, poder asumir una serie de riesgos que otros colegas de profesión descartaban de antemano. De ahí que los aviesos productores, atentos a su gran capacidad resolutiva en cualquiera de los géneros que tuviera entre manos, llamaran constantemente a su puerta, permitiéndole sentarse a esperar proyectos sin necesidad de ir a buscar financiación para ideas de índole más personal. Como particularidad debemos reseñar que fue uno de los primeros realizadores en asumir el reto de sacar la cámara del estudio y rodar en exteriores.
   Si nos atenemos concretamente a sus aportaciones al género de aventuras, debemos notar una vez comprobada su filmografía al respecto, que las valoraciones sobre su trabajos son tan entusiastas por parte del aficionado —que en la mayoría de las ocasiones desconoce al responsable que hay tras la cámara— como las demostradas ante producciones confeccionadas por directores más populares de la talla de Howard Hawks o Raoul Walsh. De ahí que su nombre no tenga la repercusión —ni la influencia sobre otros— de los anteriormente citados, creando la paradoja de una cierta «orfandad» de consideración para con su trabajo. No obstante, como decíamos solo hace falta echar un vistazo a su extensa filmografía para comprobar la cantidad de películas que, si bien no pueden ser catalogadas de obras maestras —para quien esto suscribe El demonio del mar (1949) lo es— sí contienen los mimbres necesarios y la calidad artística suficiente como para dedicarles una atención especial.
   Almas en el mar (1937) es el prototipo de  producción de la Paramount, en la que iniciados sus primeros compases, intuiremos que formalmente, el film se asemeja sobremanera a las características de una producción de Cecil B. De Mille en los albores de su etapa sonora. Es más, sus primeras imágenes de un cierto cine historicista norteamericano y la presencia de un sereno Gary Cooper, que se presenta ante la cámara impertérrito y con una mirada que hace intuir unos aspectos a desentrañar a lo largo del film, es coincidente inicialmente a producciones del tipo Unión Pacífico (1939) o Piratas del Mar Caribe (1942). A pesar de ello, esa sensación desaparece enseguida ante la presentación de los personajes de Almas en el mar, los cuales no tienen nada que ver con los personajes tratados habitualmente por De Mille, (personajes que están circunscritos a desarrollar su relación en el marco del film con miras a lo que significa dentro de un relato de connotaciones épicas) ya que a la voluntad expresiva por parte de Hathaway se decanta por mostrar la historia de un comportamiento concreto bajo los cánones de un canto a la amistad que conlleva un proceso de aprendizaje —tema recurrente a lo largo de su filmografía— entre dos personajes de comportamientos opuestos. Un tratamiento éste retomado de nuevo por Hathaway de manera mucho más brillante formalmente, en la posterior Lobos del Norte (1938), en la que George Raft repetía carácter, no así Gary Cooper, que era sustituido para la ocasión por un Henry Fonda que confería un personaje más taciturno debido posiblemente a su carácter racional y costumbrista, desmarcándose del aliento aventurero y misterioso que sí tiene el Michael Taylor encarnado por el espiago y fotogénico actor.
   La acción dramática de Almas en el mar se desarrolla durante 1842 en pleno Atlántico, entre los puertos de Liverpool y Filadelfia. Faltaban menos de veinte años para la Guerra Civil Americana (1861-1865); por tanto la práctica del comercio de esclavos estaba en pleno auge, aunque como espectadores, seremos testigos de las discrepancias surgidas a tal efecto, entre los gobiernos de Gran Bretaña (que abolió la esclavitud en 1833) y el de los Estados Unidos (que no lo hizo hasta mediada la Guerra de Secesión). Los primeros compases del film tras los títulos de crédito, con esa Corte que juzga a Cooper y que nos retrotrae a De Mille como apuntábamos anteriormente, da paso a las imágenes de la fragata Blackbird, integrante de una flota que se dedica al comercio ilegal de esclavos entre las costas africanas y americanas. A retener la sensación de cambio de escenario —una corte judicial a mar abierto— para marcar desde el principio las intenciones de su realizador que sitúa la cámara en la cubierta del barco para presentarnos sin ambages la amistad existente entre dos personajes de carcateres antitéticos. Hathaway solo necesita una escena para ello. Powdah (George Raft), el ignorante y rudo marinero, leal y de buenos sentimientos, frente al cultivado lector de Shakespeare, Taylor, quien a las primeras de cambio muestra su férrea voluntad antiesclavista. En frente de ellos la realidad que vertebra la historia, la del capitán del barco (Joseph Schildkraut) que desde su posición de superioridad, con la cámara que lo mira desde abajo, se limita a torturar al cargamento de negros que inunda la sentina de su navío, bajo la ambigua mirada del personaje encarnado por Cooper, y que gracias al inteligente juego de luces ofrecido por el operador de Hathaway, Charles Lang, se nos muestra gradualmente su cuantioso contenido. Por otra parte, la sensación de desasosiego de la carga se enriquece con sus cánticos y lamentos. 
   A partir de aquí entraremos a desentrañar los motivos por los que Taylor será juzgado. Inicialmente, en el juicio nos ha sido presentado un poco como el Lord Jim de Joseph Conrad. Pasajero de un barco que, a pesar de ser marino, ante la adversidad —y esto es el incendio que se produce en cubierta— deja a los integrantes del mismo abandonados a su suerte. No importa las vidas salvadas; el fiscal apunta las pérdidas. La aparición en escena de un nuevo personaje se corresponderá al ritmo que han marcado los planos sobre Cooper. Con la explicación ante el juzgado de ese nuevo personaje, Hathaway introduce al espectador en la trama de espías y, por consiguiente, en la aventura fílmica. Y para ello dota a todas sus imágenes de un sobresaliente vigor narrativo. Sobre la cubierta de un barco notaremos el aire en el rostro y la aventura en el horizonte. Las sensaciones marítimas de Almas en el mar no están muy alejadas de El mundo en sus manos (1952) de Raoul Walsh. Ese brío y esa progresión dramática dotada del ritmo necesario y que se imprime en las imágenes del film ya estaban asimilados por Hathaway a través de la experiencia conseguida en los westerns de serie B. La jungla en armas (1938) aún estaba por llegar, pero el brillante encadenado de secuencias extremas (motines, incendios, naufragios, castigos corporales y las dosis necesarias de melodrama) se desarrolla de manera muy acertada en Almas en el mar. El sentido de la aventura se encuentra siempre presente. El sentimiento vital se respira en cada una de sus imágenes y la credibilidad y el romanticismo de sus personajes humaniza unos actos plenos de sentimiento, afortunadamente alejados de la sensiblería a la que se podía caer en determinados pasajes. Porque el movimiento constante de los personajes confiere la intensidad y la tensión argumental necesaria. Tensión, por otra parte, que sólo decae ocasionalmente por algunos instantes de humor bien construido y administrado con habilidad —por ejemplo, la ayuda que presta Taylor a Margaret Tarryton (Frances Dee) para que no ponga sus pies en el barro—.
   Almas en el mar es un muy brillante ejercicio aventurero, que permite presentar a las nuevas generaciones a un director que quizá —para los puristas— no deba ser incluido dentro del grupo de los grandes maestros del cine clásico de Hollywood de la época dorada, pero de lo que no cabe duda es que Hathaway comparte muchas de las características, peculiares, sutiles e irrepetibles, que los historiadores del cine han ido señalando como propias de estos inolvidables constructores de historias mediante imágenes en movimiento.•
   
     
Comprar en fnac.es
   
Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Formato:    4:3. Idiomas:  Inglés y Castellano. Subtítulos: Castellano. Duración: 87 mn. Distribuidora:  Suevia Films. Fecha de lanzamiento: 24 de febrero de 2010.

   
       
   

   Ingresar comentario

Valoración media: 0

Comentarios: 0

Total de votos: 0


¿Qué valoración le darías a esta película?

Valoración:

Enviar