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El imperio contraataca. Episodio V
Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back
     
    Director (es) : Irvin Kershner
    Año : 1980
    País (es) : USA
    Género : Fantástica
    Compañía productora : Twentieth Century-Fox
    Productor (es) : Gary Kurtz
    Productor (es) ejecutivo (s) : George Lucas
    Productor (es) asociado (s) : Robert Watts, James Bloom
    Compañía distribuidora : Hispano Foxfilm
    Guionista (s) : Lawrence Kasdan, Leigh Brackett
    Guión basado en : una historia de George Lucas
    Fotografía : Peter Suschitzky, en Color DeLuxe
    Diseño de producción : Norman Reynolds
    Director (es) artistico (s) : Leslie Dilley, Harry Lange, Alan Tomkins
    Decorados : Michael Ford
    Vestuario : John Mollo
    Música : John Williams
    Montaje : Paul Hirsch
    Efectos especiales : Joe Johnston
    Ayudante (s) de dirección : David Tomblin, Steve Lanning, Roy Button
    Duración : 124 mn
   
     
    Harrison Ford
Sir Alec Guinness
Mark Hamill
Billy Dee Williams
Clive Revill
Jack Purvis
Kathryn Mullen
Frank Oz
John Hollis
Carrie Fisher
James Earl Jones
   
   
    El joven discípulo de Obi Wan Kenobi, Luke Skywalker, es rescatado por su compañero Han Solo de perecer en el planeta de hielo Holth. Para preparar un futuro enfrentamiento con el siniestro Darth Vader y las «Fuerzas del Mal», Skywalker se desplaza al planeta Dagaba donde toma contacto con un diminuto ser legendario, Yoda, en sus tiempos instructor de Obi Wan. El conocimiento y la aptitud para el combate, así como el uso de una mayor inteligencia para enfrentarse al siniestro Darth Vader son tranferidos por Yoda a su nuevo alumno, el valeroso Luke Skywalker.
   
   
   

DUELO DE TITANES
 
Por Lluís Nasarre

En el momento de empezar a sentar las bases de El imperio contraataca (1980), George Lucas tenía claro que no deseaba revivir los avatares experimentados para la producción de La guerra de las Galaxias (1977). Para ello, como primer frente a soslayar decide ampararse en la seguridad que le brinda poder contar con Leigh Brackett; una célebre novelista de ciencia ficción, respetada incluso por Ray Bradbury, a la vez que una prestigiosa guionista cinematográfica que había puesto su savoir faire a disposición de directores como Howard Hawks —El sueño eterno (1946), Rio Bravo (1959), ¡Hatari! (1962), El Dorado (1966), Rio Lobo (1970)— o Robert Altman –El largo adiós (1973)-. Desgraciadamente, a raíz de un cáncer, Brackett muere en 1978 tras escribir la primera versión del guión, por lo que a continuación, Lucas contrata a un joven guionista cuya gracia responde por Lawrence Kasdan, el cual había llamado su atención tras leer un guión suyo que el británico Michael Apted adaptaría para el celuloide en 1981: Continental Divide. El talento de Kasdan que, respetando —y no distorsionando— el trabajo creador por la storyteller de la muy interesante Oro de los Siete Santos (1961), contribuye tanto para poder aumentar los momentos dados a la acción del primer guión, como para percutir sus siguientes laboros en la industria: en primer lugar se hará cargo de los libretos de los futuros proyectos En busca del Arca perdida (1981) y El retorno del Jedi (1983), y en segundo, iniciará su carrera como realizador cinematográfico de sus propios guiones, que han de encontrar acomodo durante la década de los ochenta, cultivando tanto la relectura de géneros —Fuego en el cuerpo (1981), Silverado (1985)— como unas obras de índole más personal —Reencuentro (1983),  El turista accidental (1988)—. Soslayado este primer punto, a continuación y dando Lucas un nuevo paso atrás de sus responsabilidades con respecto al primer film, opta por buscar un realizador que se haga cargo del segundo (sic) capítulo de su saga galáctica. Durante su época de estudios, en unos seminarios, había conocido a Irvin Kershner, un experimentado realizador que en ese momento contaba 55 años y que se había sentado en la silla del directed by en films tan interesantes como Refugio de criminales (1961), Un loco maravilloso (1966), La venganza de un hombre llamado caballo (1976) o Los ojos de Laura Mars (1978); una serie de producciones en las que el director de ascendencia judía, se manejaba perfectamente a la hora de infundir tensiones dramáticas en personajes sometidos a violentos conflictos internos y que a raíz de ellos, tenían la tesitura de luchar contra su destino. Además, como estudioso de diferentes religiones y con afinidades budistas, decide tomar ese prisma espiritual para que se convierta en uno de los puntos centrales de la columna vertebral de El imperio contraataca, el cual parte con la ventaja (o desventaja, según se mire) de ser la parte central de una trilogía en la que muchos personajes ya no necesitan de introducción y la finalidad de su historia debe mantenerse (saliendo triunfadora en humanidad) colocándose en una zona de espera, hasta que el capítulo final la retome para el desenlace.
    La unión de estos nombres: Lucas, Brackett, Kasdan, Kershner, colegirá en una tendencia de colectividad creativa que dará como resultado que El imperio contraataca se signifique como el episodio más reputado (a nivel cinematográfico) de la saga Star Wars. Un imaginario colectivo que se verá aumentada en contribuciones a la misma, cuando el productor Gary Kurtz, colaborador de Lucas desde los tiempos de American Grafitti (1973), y debido a la muerte del director de la segunda unidad, tome el testigo y contribuya a dar más profundidad/complejidad al diseño de algunos personajes además de una oscuridad tonal (melodramática) a la trama,  enriqueciendo a su vez, los planteamientos de diversos dilemas morales que se irán dando en el argumento, en especial lo concerniente al personaje de Luke Skywalker.
    Tal amalgama de inquietudes encauzará extraordinariamente el resultado final del film. Y lo curioso de ello, es que consigue ese hábil rendimiento, derivándose en un film bastante diferente del realizado tres años atrás. Partiendo de la base que el espectador es consciente que la destrucción de la Estrella de la Muerte, sólo es la victoria de una batalla, pero que la guerra continua vigente, El imperio contraataca arranca el pleno conflicto, en el limpio decorado polar del planeta Hoth. Un lugar despoblado y en las antípodas de lo que resultó ser ese enjambre humano de Tatooine. Al poco de empezar la película, Luke Skywalker ya es capturado. Y en el próximo plano estará cabeza abajo, colgado por los pies. Esta posición, se producirá una vez más a lo largo del film y el nexo entre ambas parejas circunstancias, es la vinculación que tienen las dos con el poder de la Fuerza. Con su adiestramiento. Skywalker es prácticamente un rookie en ese universo en pugna. En El imperio contraataca la primera vez que se encuentra en apuros, Han Solo debe de salir al rescate. Una indicación de que ambos personajes, respecto a sus motivaciones versus el primer film, han evolucionado. Skywalker se adiestra para dejar atrás el niño/jovencito que fue y el convencido narcisismo de Solo, va quedando en un segundo plano, de igual modo que las inquietudes de la Princesa Leia que, en sus escarceos de diálogo con Solo, añadirán un tono de romance a su lucha contra el Imperio. En este primer tercio del film, ya notamos que muchos de los aspectos reconocibles e identificables de la primera entrega, están siendo sometidos a cambios. Incluso algo que podríamos etiquetar como “espectacular batalla final”, nos la encontraremos en los primeros compases del film. Tras ella, ha de darse pie a dos frentes argumentales paralelos: el adiestramiento del joven Luke y la búsqueda por parte de las fuerzas imperiales de El Halcón Milenario. Y en el ínterin de cada uno de ellos, esos dilemas morales y psicológicos de los protagonistas a los que aludíamos anteriormente, los cuales han de ir ganando fuerza a medida que se vayan desencadenando los acontecimientos.
    Contraponiéndose a La Guerra de las galaxias (1977), la atmósfera de tono y dramática de El imperio contraataca es más oscura y en ocasiones…hasta más íntima. Entendiendo Kershner que Luke Skywalker es el arquetipo aventurero que busca el espectador, sus personales motivaciones místicas y espirituales harán uso del personaje para enfrentarlo a situaciones en el que afloran corrientes filosóficas salpicadas por el materialismo y/o el uso del raciocinio en su vertiente cartesiana made in Descartes. Kershner (y también Kurtz) jugarán con el aspirante de Jedi, del mismo modo que jugarán con el espectador, ya que nadie piensa que Yoda, el gran maestro Jedi, sea un pequeño duende salido de zonas pantanosas. Sin embargo, su presentación, a través de una puesta en escena que sublima sobriedad más severidad en el diseño del personaje, prontamente alejará cualquier duda hacia su carácter tanto para Skywalker como para el espectador. Disponiendo de un par de momentos cruciales argumentalmente, la escena en la cueva de Yoda y el instante en que la nave de Luke se eleva por encima de las aguas del pantano, afloraran en el joven aprendiz la certificación de la Realidad sobre esas situaciones en las que entiende, que lo extraordinario (los Jedi, el lado oscuro, la Fuerza…), también forman parte de su universo. De ese modo, Skywalker (y el espectador) abandonan la zona de confort (de fantasía) que había ofrecido La Guerra de las Galaxias para entender y asimilar que el universo de  Star Wars es algo más extenso y psíquico que lo que se presumía de primeras. Todo esto para uno de sus frentes argumentales, el del aprendizaje abonado al esoterismo. En el otro, el más activo y suscrito al actioner con secuencias como la persecución a través de un campo de asteroideos y los encuentros con gusanos gigantes que agitan a los personajes y a la platea (estableciendo complicidad entre ambas agrupaciones),  también queda tiempo para avivar el romance entre Solo y Leia. Un instante de lirismo (coherente estilísticamente en el seno del film) que, aunque hubiese podido suceder si la condescendencia hubiese hecho gala de presencia, tampoco ha de dar pausa a toda esa serie de secuencias de lucha entre naves espaciales, presentes en la primera entrega y herederas de algunos brillantes films bélicos como podrían ser Las águilas azules (1966), La batalla de Inglaterra (1969) o Tora, Tora, Tora (1970)  y que en esta ocasión, como en aquellas, desde los decorados, el montaje, la puesta en escena y (evidentemente) la banda sonora, se conjugan perfectamente para imbuir al espectador en la vibrante odisea de sus protagonistas. Ahora bien, para que tal identificación adquiera el grado de inmersión necesaria, debes tener la capacidad de diseñar un antagonista de enjundia que rivalice perfectamente con los héroes. En El imperio contraataca todo el mundo sabe el nombre y apellidos del villano, del enemigo a batir: Darth Vader. Y el equipo artístico se esmera profusamente para que su dibujo no se aloje en el simple arquetipo. Vader redondea su omnipresencia escénica con varios factores. Una flota y un ejército de proporciones considerables y un tratamiento dado a su personaje que (merced de nuevo a la banda sonora de John Williams) le permite el efecto de fusionar su figura con el infinito (y más allá) de estrellas. Una idea sencilla, pero efectiva y que atestigua el sumo cuidado que le dan Kershner y cía. al personaje.
Sin embargo, de la primera trilogía realizada de la saga Star Wars hasta la fecha, considero que solo el film de 1980 oferta intrínsecas opciones anímicas en su galería de personajes. Es como si todo lo diseñado por los responsables de esta entrega, una vez arribados al instante acontecido en la ciudad de las nubes, pasara de pantalla y a partir de ahí, le presumiera al espectador otra propuesta de arcos argumentales, que desconocemos si en el siguiente episodio –El retorno del Jedi (1983)- dispondrá de idéntica naturaleza interior. (Hoy podemos apuntar, visto el film de Richard Marquand, que ello no se dio). Durante esta entrega hemos sido testigos de situaciones cruciales para el devenir de los hechos. El laconismo de algunos diálogos (importantes) ha sido regular marca de fábrica del film. En todo momento resuena en el ánimo del espectador ese Luke yo soy tu padre. Conciso y directo. Un instante, que tiene reverberación de los sueños de Skywalker en la época de su aprendizaje en el hábitat de Yoda. Unos ecos que cobran forma en su duelo con Vader, aderezado de una atmósfera expresionista que conjuga de un modo excelente los oscuros y los claroscuros con una suerte de humo que impregna el confrontamiento por intercesión del cameraman habitual de (entre otros) David Cronenberg, el polaco Peter Suschitzky, normalmente adscrito a mundos intensos, y que con su tratamiento de la luz en distintos instantes permite diversas lecturas a los acontecimientos.
Y ahora es el momento de alejar al niño/joven que todos llevamos dentro y asumir que, a pesar de disponer de un arranque espectacular, El retorno del Jedi adolecerá de la profundidad de El Imperio contraataca. Porque, con pareja idiosincrasia al Michael Corleone de El padrino: Parte 2 (1974), Darth Vader (e incluso Luke Skywalker) alcanzan los últimos compases del film de Kershner asemejándose a una sombra de sí mismos como Al Pacino en el canon de Francis Ford Coppola. ¿Cómo será a partir de ahora el futuro de Darth Vader en el Imperio y/o lado oscuro? ¿Se mantendrá en su camino o realizará un salto a lo desconocido? ¿Y Skywalker? ¿Tendrá capacidad para enfrentarse al abismo que se ha abierto ante él? ¿Qué matices tendrán a partir de ahora todos los dilemas que se ha ido planteando en su aprendizaje? Hemos de rendirnos a una evidencia: La brillantez de El Imperio contraataca reside en la exigencia exhibida en unos planteamientos (mérito de todos sus responsables) que, gradualmente van depurando su argumento, hasta desembocar en un conflicto que tiene la enorme virtud de ser tanto íntimo como universal.•
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Características BD y DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / La película El Imperio Contraataca con comentarios de George Lucas, Irvin Kershner, Ben Burtt, Dennis Muren y Carrie Fisher / Película original estrenada en cines (1980) / Demo y tráiler del videojuego LEGO Star Wars II: La Trilogía Original. Formato: Pal 2.35:1. Idiomas: Castellano, Inglés y Alemán. Subtítulos: Castellano, Francés, Inglés, Inglés para sordos y Alemán para sordos. Duración: 126 mn + 119 mn. Distribuidora: Twentieth Century Fox.

 

 

 

   
     
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Editorial: Taschen.
Editor: Paul Duncan. 
Fecha de publicación: noviembre de 2019.
604 pp. 42,0 cm x 30,5 cm. Tapa dura. Incluye
miles de ilustraciones en color
y blanco y negro. 

COMENTARIO (Por Christian Aguilera):En 1971 George Lucas recibió veinte mil dólares por dos años de trabajo en la cinta distópica THX1138 que escribió y dirigido. Siete años más tarde, el cineasta californiano se convirtió en uno de los Golden boy de la industria cinematográfica estadounidense merced al descomunal éxito alcanzado por Star Wars (1977) ya desde la primera semana de la fecha de estreno. Los cuatro años que Lucas dedicó en cuerpo y alma a un proyecto titulado inicialmente «The Star Wars» sirvió, a efectos de inversión, para cimentar un imperio económico que redundaría en la financiación de las otras producciones de la saga antes que entrara en escena Walt Disney, de otra saga —la de Indiana Jones dirigidas por su amigo Steven Spielberg— y de diversos films pensados para dar apoyo preferentemente a realizadores noveles. Al margen de todo ello, George Lucas se ha permitido el “capricho” de conformar una de las bibliotecas privadas más imponentes que hayan trascendido a los medios de comunicación, con unos treinta mil volúmenes (a falta de actualización de la cifra). Un placer bibliófilo, en su derivada mórbida, que comparte o compartió con otras personalidades del mundo del showbusiness como el diseñador de moda Karl Lagendfeld o el miembro de la banda de rock Rolling Stones Keith Richards. A buen seguro, en la infinita biblioteca propiedad de Lucas —a la que tienen acceso colegas de profesión y personal de Lucas Films en particular— descansaban libros de la editorial Taschen, especialmente apreciada por paladares bibliófilos que encuentran una experiencias (casi) orgásmica el contacto con volúmenes con una estratosférica calidad de impresión y a nivel visual de una belleza sinpar. A buen seguro, cuando George Lucas recibió la propuesta por parte de Taschen para que la saga que había empezado a maquinar en la primavera de 1973 tuviese traducción en forma de un ambicioso proyecto editorial, se mostró predispuesto a volcarse en el mismo. Sin lugar a dudas, la entrevista realizada por Paul Duncan —el editor encargado del proyecto por parte de Taschen— a George Lucas es una de las más extensas y reveladoras jamás publicadas en papel hasta la fecha. Provisionado de un conocimiento espectacular sobre el mundo de Star Wars, Duncan repasa cada una de las fases que comprometieron a Lucas por espacio de diez años, vivido con una intensidad que desborda cualquier razonamiento mínimamente sensato.  
    Los archivos de Star Wars: episodios IV-VI (1977-1983) es el resultado de una empresa titánica cuyos resultados pluscuamperfectos no se entenderían sin el compromiso adquirido por George Lucas, quien deja constancia a lo largo de la entrevista con Duncan que tiene «radiografiada» su actividad (semi)profesional desde finales de los sesenta. Haciendo suyo el espíritu de superación que invade a Luke Skywalker tras haber trabajado durante cuatro años en el proyecto que, al cabo, llevó a la gran pantalla su coetáneo y amigo Francis Coppola con el título definitivo de Apocalypse Now, George Lucas iría sumando las sinergias necesarias para tejer un relato que requería tener diversos frentes abiertos. De alguna manera, un proyecto de las características de Star Wars serviría para redefinir la ciencia-ficción, situándolo en una esfera de popularidad que hasta su estreno en 1977 no había logrado el género. Presumiblemente, la viabilidad del proyecto pasó por el respaldo ofrecido por el presidente de la Fox, Alan Ladd, Jr, quien dio el visto bueno para que Lucas recibiera el pago por el desarrollo de la historia, por el guión y por la dirección con un deadline bien marcado. La fe ciega mostrada por Ladd Jr. en relación aquel joven talento que le sorprendió por la pericia de su realización en American Graffiti (1973) queda reflejada en una entrevista que cubre todos los flancos posibles, y que se enriquece con el testimonio de actores, técnicos y colegas de profesión de Lucas. Rico en anécdotas (por ejemplo, el comportamiento exhibido por Sir Alec Guinness cuando se le sugirió la posibilidad que su personaje de Obi Wan Kenobi falleciera, montando en cólera ante su agente, o el hecho que en los estudios Elstree se llegara a proyectar Fellini-Satyricón como eventual fuente de inspiración), el texto ofrece una panorámica sobre todo el proceso creativo en que apenas quedan cabos sueltos. Pero no menos reveladores son los bloques dedicados a la promoción de las tres películas que jalonan la primera trilogía si nos atenemos al orden cronológico que fueron rodadas, o la segunda trilogía a efectos de secuencia narrativa. Además de los carteles que nos resultan sumamente familiares, el presente volumen reproduce, entre otras piezas de incalculable interés para fans de la saga, un dibujo obra de Phillippe Druillet —cofundador, junto a Moebius, de la mítica revista Métal Hurlant—, en torno a un motivo de la seminal La guerra de las galaxias. Una imagen que podemos localizar entre miles de reproducciones de muy alta calidad —algunas inéditas incluso a los ojos de fans recalcitrantes— que combinan a la perfección con un texto en que la voz de George Lucas deviene sinónimo de inteligencia, astucia, osadía, compromiso por el trabajo bien hecho y un sentido autocrítico saludable (sobre todo en relación a su dificultad por escribir guiones, siendo tu talón de Aquiles los diálogos). Mérito de sacar el máximo partido de la entrevista recae en Paul Duncan, cuyo nombre figura impreso en la portada de la que, presumo sin margen a equivocarme, se convertirá en la primera entrega de la «Biblia» en papel sobre la saga galáctica más rentable y popular de la Historia del Séptimo Arte que ha cubierto sus primeros ciento veinticinco años.
   
   
     
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    THE EMPIRE STRIKES BACK (1980)
John Williams
Sony Records B0002YCVJC, 2012. Duración: 85: 40. 2 CD's.
   
       
   

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