Ampliar imagen
   
Take the High Ground!
(Titulo original)
   
    Director (es) : Richard Brooks
    Año : 1953
    País (es) : USA
    Género : Bélica
    Compañía productora : Metro-Goldwyn-Mayer
    Productor (es) : Dore Schary
    Productor (es) asociado (s) : Herman hoffman
    Guionista (s) : Millard Kaufman
    Fotografía : John Alton en Anscolor
    Director (es) artistico (s) : Cedric Gibbons, Edward Carfagno
    Decorados : Edwin B. Willis, Alfred Spencer
    Maquillaje : William Tuttle
    Música : Dimitri Tiomkin
    Montaje : John Dunning
    Sonido : Douglas Shearer
    Ayudante (s) de dirección : Jerry Thorpe
    Duración : 101 mn
   
     
    Richard Widmark
Karl Malden
Elaine Stewart
Carleton Carpenter
Steve Forrest
Jerome Courtland
Robert Arthur
Maurice Jara
Bert Freed
Regis Toomey
Creighton Hale
Joe Domínguez
   
   
   
El sargento Thorne Ryan es un héroe de la Guerra de Corea que acaba como instructor de reclutas en un campamento californiano. Sus métodos de entrenamiento son duros y pese a que son tolerados por sus superiores por eficaces, no los comparte ni esa Plana Mayor ni su compañero y amigo, el sargento Laverne Holt. Ryan es un hombre eminentemente solitario y algo incomprendido, que pide una y otra vez en vano ser trasladado de nuevo al frente. Mientras tanto, aparecerá una mujer alcohólica y destrozada de la que se enamoraran ambos suboficiales, y que desatará conflictos entre ambos amigos y en la lucha que a diario mantiene el atormentado Ryan consigo mismo.
   
   
   

SALVAD AL SARGENTO RYAN
 
Por Ignasi Juliachs
Hombres de infantería (1953) es una de esas cintas que exige del espectador actual el esfuerzo de situarla en el contexto en que fue hecha: muy poco después de la guerra de Corea. Probablemente no nos parecerá mejor, pero cuando menos sabremos disculpar su factor propagandístico y patriotero, el cual daña lo poco que la cinta pueda tener de aprovechable, y aleja a Richard Brooks, su director, de lo que es su habitual sello. Sin duda, los admiradores del realizador quedarán algo decepcionados por un guión simplón que no acaba de sacar partido de los pocos personajes “a priori” complejos y con un background mínimamente denso. Y ello, por mucho que lo rubrique Millard Kaufman, antiguo marine condecorado y guionista o coguionista, entre otros títulos, de El señor de la guerra (1965), El árbol de la vida (1957), o Conspiración de silencio (1955).
Justamente los personajes atormentados, ambiguos, que se ven enfrentados a una crucial disyuntiva, cuya actitud resulta difícil de sentenciar como buena o mala, son los preferidos de Richard Brooks (otro marine de la Segunda Guerra Mundial), como fácilmente es perceptible a lo largo de su carrera como guionista y director cinematográfico. En Hombres de infantería, al inicio, el sargento Thorne Ryan (idóneo Richard Widmark, por la antipatía natural que desprende el actor), un héroe de la Guerra de Corea al alcanzar en solitario y temerariamente una cima muy peligrosa, y facilitar así el avance de los suyos, se ve relegado a sargento de instrucción dos años más tarde. Su actitud es demasiado dura con los novatos. La excusa oficial, aunque no exenta de conflictos con sus   superiores, estriba en que su rudeza es buena preparadora para unos jóvenes que dieciséis semanas más tarde se las van a ver en pleno frente. Pero lo cierto es que Ryan es un hombre amargado, irrealizado al caer en saco roto sus reiteradas peticiones de regresar al frente, con un pasado oscuro que no acaba de desvelarse en ningún momento, que mantiene una extraña ambigüedad con su compañero, el sargento Laverne Holt (Karl Malden) —partidario de un trato más humano para con los reclutas—, y con una mujer alcohólica deshecha por la pérdida de su marido en el campo de batalla poco después de que abandonara a éste, Jullie Mollison (Elaine Stewart), de quien los dos suboficiales se enamoran, aunque Ryan la trate con rudeza y la hiera al recordarle la pérdida de su marido al percibir cierta reticencia a sus escarceos amorosos. Y eso es todo. Por lo demás, la cinta transita por personajes estereotipados (el recluta tejano que no acepta fácilmente la disciplina y hace de las suyas, el que es negro y sueña con ir a la universidad, el que no soporta la vida castrense al punto de querer desertar…), y por lugares comunes tales como el deseo de unos cuantos reclutas de querer asesinar a Ryan por su inflexibilidad; el ridículo diálogo que mantiene uno de ellos con el capellán del cuartel, del que con inaudita rapidez sale fácilmente convencido de que el sargento lo hace por el bien de los muchachos ante las situaciones extremas del combate; la bondad en el fondo de Ryan al evitar que un recluta deserte cuando le pilla in fraganti; los imprescindibles ensayos con granadas que no matan a los novatos de milagro y, claro, por intercesión de Ryan; la valentía del sargento de marras al obligar a uno de sus reclutas con mala puntería a apuntar a la diana a través de sus piernas abiertas, para obligarle a mejorar; los castigos a toda la compañía por dejar el habitáculo de la misma hecha unos zorros en una extraña combinación de batalla de almohadas, cubos de agua y jabón… y, claro está, la secuencia del principio con los novatos denostados por el sargento que se repite al final con nuevos novatos igualmente denostados, quienes presencian a los de antes “convertidos en hombres” en el más inquietante de los términos y ¡en sólo dieciséis semanas! al desfilar en una ridícula exhibición desplegada por un “orgulloso” Ryan quien, en definitiva, sólo está casado con el ejército.
   No cabe duda de que Stanley Kubrick supo en su momento dar la réplica a esta visión blandengue, patriotera y humana del ejército con su La chaqueta metálica (1987), donde se asiste con toda su crudeza y sin paliativos a la monstruosa instrucción de los Marines por parte de un sargento enajenado, perfectamente diseñada para hacer desaparecer la más mínima brizna de humanidad y de empatía de todos y cada uno de sus integrantes, sin importar las dantescas consecuencias que para cada uno de los reclutas pueda ello significar para el resto de sus días. A este respecto, se hace curioso saber que, inicialmente, el film iba a titularse “The Making of a Marine”, e iba a rodarse en su campamento militar de San Diego, California. Sin embargo, qué curioso, este cuerpo se negó a que la cinta se centrara en el mismo para evitar precisamente la controversia respecto a sus “métodos” de entrenamiento. Brooks tuvo que conformarse con la infantería, quienes estuvieron dispuestos en todo momento, y facilitaron su campamento en Fort Bliss, El Paso, Tejas.
Sin embargo, sorprende que una cinta de moral trasnochada, tan propagandística, sosa y, en el fondo, plana (fracasa incluso en sus leves intentos de comicidad) haya sido dirigida por un realizador que cuenta en su haber títulos de la envergadura de Semilla de maldad (1955), La gata sobre el tejado de zinc (1958), Los profesionales (1966), A sangre fría (1967) o El fuego y la palabra (1960), pero cabrá suponer que también todo director tiene un pasado.•
   
     
Comprar en fnac.es
   
Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Formato: Pal 2.35:1, 4:3. Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano. Duración: 101 mn. Distribuidora: Warner Home Video. Fecha de publicación: 9 de marzo de 2010.
   
   
     
Comprar en screenarchives.com
   

TAKE THE HIGH GROUND! (1953)
Dimitri Tiomkin

Film Score Monthly FSMCD Vol. 8, No. 1, 2005. Duración: 77: 12. Incluye banda sonora The Thing from Another World

   
       
   

   Ingresar comentario

Valoración media: 5,0

Comentarios: 0

Total de votos: 1


¿Qué valoración le darías a esta película?

Valoración:

Enviar