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Dos en la carretera
Two For the Road
     
    Director (es) : Stanley Donen
    Año : 1966
    País (es) : USA
    Género : Comedia dramática
    Compañía productora : Twentieth Century-Fox
    Productor (es) : Stanley Donen, James Ware
    Compañía distribuidora : Hispano Fox Film
    Guionista (s) : Frederick Raphael
    Fotografía : Henri Tiquet en Color de Luxe
    Decorados : Willy Holt
    Vestuario : Rochas
    Montaje : Richard Marden, Madeline Guy
    Sonido : Jo de Bretagne
    Efectos especiales : Gilbert Manzon
    Duración : 106 mn
   
     
    Audrey Hepburn
Albert Finney
William Daniels
Claude Dauphin
Eleanor Brown
Nadia Gray
Jacqueline Bisset
Georges Descrières
Judy Cornwell
Irene Hilda
Grabrielle Middleton
Cathy Chelimsky
   
   
    Mark y Joanna son un matrimonio cuarentañero en plena crisis de pareja. Un día, casualmente, se cruzan con la boda de dos jóvenes. Esto hace que salga el tema y Mark reconocerá que ha dedicado más tiempo a su carrera de arquitecto, que a su vida conyugal. Así que deciden darse una segunda oportunidad y se animan a repetir la luna de miel que realizaron en Francia recién casados. La ”nueva” luna de miel consistirá en cruzar Francia montados en un lujoso coche y rememorar, de esta forma, los buenos ratos que pasaron en el pasado, cuando apenas contaban con veinte añitos. De esta forma, a medida que repiten el recorrido se acuerdan de viejas anécdotas. Una de ellas, consistió en compartir coche con un desastroso matrimonio con tres hijos. Al ver esa situación, Mark y Joanna se prometen que ellos nunca acabarán como esa familia.
   
   
   

LOOK BACK IN ANGER
 
Por Lluís Nasarre
Con acento francés
 
En una ocasión, Stanley Donen, magistral frecuentador genérico del musical de Hollywood, declaró que el film favorito de su filmografía era Dos en la carretera (1967); un certero relato/retrato cinematográfico sobre la relación de pareja, sin canciones ni bailes, que fue rechazado por crítica y público en el momento de su estreno, los cuales se hallaron en la tesitura de toparse ante una película compleja de la que no entendieron (o no quisieron entender) nada.
Unos jóvenes Mark (Albert Finney, sustituyendo a un inicialmente previsto Paul Newman) y Joanna (Audrey Hepburn) se conocen en las carreteras del sur de Francia. Él, aspirando a convertirse en arquitecto, para la ocasión viaja magro de equipaje (una mochila) y de dinero y ella, una “burbujeante” adolescente, se encuentra de vacaciones con unas amigas con la voluntad de ofrecer algún que otro concierto. El azar (y las erupciones en la piel) los ponen en contacto y a partir de aquí, con el paso de los años, y en la carretera, se dará pie a instantes cinematográficos conducidos por los coqueteos, la euforia juvenil, el amor, el matrimonio, los hijos, los adulterios…el divorcio…un rosario de vicisitudes vitales adheridas al paso de un tiempo, el cual, ha de certificarse como (cruel) elemento peyorativo en contraposición a los primeros escarceos entre ambos. Unos escarceos, unas relaciones, unas confidencias y unas evoluciones que, irán trascendiendo en cruces de (son) risas y lágrimas en formato cinematográfico, como amalgámica sucesión caleidoscópica (temporal) de figuras agridulces.
   Finiquitándose la década de los cincuenta y respirándose la decadencia de aquello entendido como sistema de estudios, Stanley Donen dejó Hollywood y los musicales y partió para Londres. Atrás quedaban Un día en Nueva York (1950), Cantando bajo la lluvia (1952) o Una cara con ángel (1956) deliciosos ejercicios cinematográficos que habían impreso su indeleble huella (amén de la de Gene Kelly) en el Olimpo de los musicales hollywoodenses. Empero, Donen conjeturó que había de reinventarse y para ello, se imbuyó de una suerte de sensibilidad más europea y a partir de entonces, orquestó comedias afiliadas a la sofisticación como Indiscreta (1958) o Página en blanco (1960), excelentes propuestas con Alfred Hitchcock en el retrovisor: Charada (1963) amén de apropiaciones de la estética pop y del Swinging London con Arabesco (1966). Dos en la carretera es posterior a ellas y según algunas voces superior (personalmente me decanto por Charada) sin embargo eso no es óbice para no ver en ella una (necesaria) renovación (con fuerza) de la comedia romántica. Esa comedia romántica que con el film de 1967, da un paso adelante y se permite conjugar el desencanto del Roberto Rossellini de Te querré siempre (1953) con los experimentos narrativos de Alain Resnais y/o los hallazgos formales de la nouvelle vague.
 
Ya no creo en el amor
 
La columna vertebral de Dos en la carretera imprime/combina las tumultuosas experiencias de pareja del propio Stanley Donen, que se casó en cinco ocasiones, con las vivencias más tranquilas de su guionista, un Frederic Rapahel que estaba habituado a pasar las vacaciones en un ámbito totalmente familiar. Con Donen residiendo ya en Londres, su mirada su vuelve hacia Europa y más concretamente hacia Francia —Charada, (indirectamente) Indiscreta, Volverás a mi (1960), Dos en la carretera…—, hacia su idiosincrasia y sus localizaciones, las cuales fascinan y pulsionan las inquietudes del realizador de Siete novias para siete hermanos (1954). Mediante una compleja estructura tonal, Dos en la carretera va entrelazando diferentes temporalidades a guisa de descubierta o exploración de los alborozos de la pareja protagonista: desde la pasión/plétora del comienzo hasta las tensiones y el rencor y el desgaste que brotan en su (ya) vida conyugal.
Haciendo virtud de una inventiva constante, Donen convierte a su film en ese espejo que ha de reflejar los (constantes) giros que se producen en la relación afectiva de la pareja. Es curioso refrendar como los encantadores defectos del principio se transmutan en insoportables defectos en el futuro: la torpeza y el egoísmo infantil que muestra Mark, son un desafío constante para Joanna de primeras, para devenir una carga en el momento en que su personaje atisba cansancio, al encontrarse ella misma en una encrucijada de contradicciones e insatisfacciones a raíz del éxito profesional de Mark.
    Asimismo, Donen dotado de un atinado tamiz irónico para su personal radiografía, jugará con la repetición de unas situaciones concretas a lo largo del film. Significativo resulta como una Joanna y un Mark, sendos jóvenes apasionados, observan a una madura pareja casada, donde el silencio hace gala de presencia como una losa. Un silencio fronterizo que rivaliza y contrasta con el silencio de los jóvenes amantes. Un silencio, como exponencial recurso para refrendar que en muchos instantes las palabras no tienen cabida. Y Donen se hace fuerte a efectos dramáticos con ese momento. Anticipa. Con el tiempo, Mark y Joanna se sentaran el uno frente al otro por hábito u obligación y…ni se miraran ni se hablaran. Retrotrayendo, en el pasado cuando se habían encontrado ellos con aquella pareja en similar situación, Joanna le preguntaba a Mark “¿Quiénes son esas personas?” y él respondía con ironía «Personas casadas». En el futuro, llevando ya diez años de casados se dan cuenta que ambos forman parte de ese grupo humano desafortunado del que ellos mismos se burlaron cuando su historia de amor estaba germinando. Ahora cuando Mark le dice «te quiero» ella contesta «¿y qué?».  Ahora, en ese presente transvestido de futuro, para ellos esos silencios alimentan su vida cotidiana y anuncian la tensión que ha de sobrevenir. A través de una elección atinada de escenarios y una equilibrada puesta en escena, con la reproducción de los mismos lugares a lo largo de los años, cruzando brillantes transiciones, Donen y su guionista tanto decoran su cuadro como imprimen el clima que han de transpirar sus imágenes. En Dos en la carretera el romanticismo más delicado y/o naif antecede bruscamente a una procacidad punzante. El recuerdo nostálgico de aquella playa de «la primera vez» se mancha al convertirse en el primer lugar de construcción importante para Mark en su labor de arquitecto. Las disputas conyugales se van gentrificando y derivando hacia las tradiciones. Unas tradiciones que se amparan bajo el nacimiento del primer hijo. Y llegados a este punto, el espectador se da cuenta de que, Donen y Rapahel no nos han engañado en ningún momento. Hemos sido testigos del nacimiento de un amor apasionado, pero ese mismo amor en todo momento nos ha ido anticipando de las presumibles diferencias que habían de darse entre ambos. En todo momento hemos sido conscientes de las hostilidades de Mark hacia el matrimonio y la vida familiar, sin embargo, mediante un comportamiento contradictorio alojado en el recurrente amparo del amor de verano, Mark se entregará a Joanna para no perderla, apuntando eso sí, que la ilusoria del abandono, es una certeza sobre las (mutuas) desconfianzas que se esconden tras el horizonte que les ampara.
 
Carretera asfaltada en dos direcciones
 
Además, Dos en la carretera no deja de ser en sus formas una road movie. Diferente sí, pero una road movie con todo lo que ello ha de implicar. Por eso, los vehículos también ofician su papel. Hay diversos coches y medios de transporte en el film. Si el romance empieza con el autoestop, creando encantadoras complicidades, estas se desvanecerán en formato de palabras agrias con el último cupé. Del mismo modo que los hospedajes de carretera. Posadas y complejos turísticos (aunque resulten caros) han de significarse como elementos físicos de acercamiento (extraordinaria la secuencia de la frugal comida en un hotel de categoría) mientras que las lujosas villas y los palacios posteriores marcarán tanto el cisma de la pareja como se convertirán en herramientas escénicas ideales para ir apuntando el paso del tiempo.
Y la suma de todo ello se materializa mediante la creciente sofistificación de la apariencia de Audrey Hepburn. En su arranque, la actriz de Desayuno con diamantes (1961) se encuentra con su imagen de personaje sincero que caracterizaron sus trabajos más importantes, antes de la creación de ese look más codiciado basculante entre el glamour de sus films de la década de los cincuenta y la modernidad de los sesenta, que es el que adquiere para Dos en la carretera. Una Audrey Hepburn sensacional, auxiliada por un no menos extraordinario Albert Finney, ideal en su peterpanesco personaje materializando ambos un maravilloso romance, adherido al drama y a la sombría comedia de una pareja que continuará amándose en su desgarro mientras Henry Mancini orquesta la banda sonora de su relación.
Al final, la lección intrínseca de Donen y su guionista podría decantarse por mantener la pasión de ambos ante las inevitables ostias que te da la vida, sufragándose en unos conceptos como la fantasía y la complicidad para alcanzar una relación satisfactoria. No obstante, como el cinismo ha sobrevolado muchos pasajes del film, Donen y Rapahel prefieren continuar aferrándose a él, agrietando a Joanna por enésima vez en su ridículo momento del pasaporte perdido, que cierra la película del mismo modo que la ha abierto.•
 
   
     
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Características DVD: Contenidos:
Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Biofilmografías / Ficha técnica / Carrusel fotográfico / Tráiler original / Información / Trailers. Formato: Pal 4:3. Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano, Inglés, Español para sordos e Inglés para sordos. Duración: 106 mn. Distribuidora: VellaVision.
   
   
     
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TWO FOR THE ROAD (1966)
Henry Mancini
RCA Records 74321629972, 1998. Duración: 31:06

   
       
   

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