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Van Gogh
Vincent and Theo
     
    Director (es) : Robert Altman
    Año : 1990
    País (es) : PBA-GBR-FRA
    Género : Drama-Biográfica
    Compañía productora : Arena Films/Belbo Films/Central Films
    Productor (es) : Ludi Boeken, Emma Hayter
    Productor (es) ejecutivo (s) : David Conroy
    Productor (es) asociado (s) : Jacques Fansten, Harry Prins
    Compañía distribuidora : Visa Films S. A.
    Guionista (s) : Julian Mitchell
    Fotografía : Jean Lépine, en Eastmancolor
    Diseño de producción : Stephen Altman
    Director (es) artistico (s) : Jan Roelfs, Dominique Douret
    Vestuario : Scott Bushnell
    Maquillaje : Marly van de Wardt
    Música : Gabriel Yared
    Montaje : Geraldine Peroni, Françoise Coispeau
    Montaje de sonido : Claire Pinheiro, Michèle Darmon
    Efectos especiales : Olivier de Laveleye
    Ayudante (s) de dirección : Christian Faure
    Duración : 138 mn
   
     
    Tim Roth
Paul Rhys
Adrian Brine
Jean-Françoise Perrier
Oda Spelbos
Yves Dangerfield
Hans Kesting
Peter Tuinman
Marie Louise Stheins
Anne Canovas
Florence Muller
Féodor Atkine
   
   
   
A mediados del siglo XIX nace Vincent Van Gogh en el seno de una familia holandesa de clase media y protestante. Pero al cumplir los veinte años, Vincent decide abandonar el ambiente rural donde se ha criado y emprende viaje sin rumbo fijo por Europa. Francia, Inglaterra y Bélgica son algunos de sus destinos. En este último país, Vincent trata de practicar el evangelio a una comunidad de mineros, pero fracasa en su intento. Mientras trata de vencer sus temores de carácter espiritual, Vincent se consagra a la pintura, definiendo un estilo personal que le convertirán en una auténtica celebridad tras su muerte. Durante su existencia, Vincent mantiene una relación fundamentalmente epistolar con su hermano Theo, a quien revela cuestiones relativas a su obra pictórica al tiempo que se sincera sobre sus frustraciones personales que le llevan en más de una ocasión a periodos depresivos.
   
   
   

EL «LOCO DE PELO ROJO», SEGÚN ALTMAN
 
Por Silvia Rins
En 1990 se estrenó en España Van Gogh, un largometraje que se centraba en el proceso de creación de un artista en correspondencia con sus vicisitudes vitales, como las posteriores Pollock (2000) o Frida (2002). Ahora tenemos la ocasión de disfrutar de la serie íntegra de cuatro capítulos que originariamente se diseñó para la televisión con motivo del centenario del nacimiento del célebre pintor. La versión para la pequeña pantalla, con una hora más de metraje, ofrece escenas que se obviaron en el film, la mayor parte de las cuales inciden en la difícil relación de los hermanos Van Gogh con el resto de su familia.
Era de preveer un tratamiento de la historia más convencional y complaciente con su protagonista en una coproducción liderada Robert Altman durante el rodaje de "Vincent and Theo".por la BBC. Sin embargo, el director norteamericano Robert Altman, basándose en el guión escrito por Julian Mitchell, que respetó en sus detalles más escabrosos, la dotó del tono heterodoxo de su cine más genuino. Su experiencia en la televisión, donde había apostado por la crítica antibelicista y política (M*A*S*H, Tanner 88), revertirían en esta serie de encargo, que no deja de ser otra crítica, en este caso, del mundo del arte. Tras unos cuantos fracasos comerciales, la aventura europea abriría un nuevo periodo de éxito en la versátil trayectoria cinematográfica del realizador.
   Desde la primera escena el montaje paralelo se utiliza para contraponer los 22 millones de libras por los que se vende en la actualidad un cuadro de Vincent Van Gogh en una subasta de Christies con la pobreza en que vive casi un siglo antes el pintor. Este tipo de montaje contribuye decisivamente a revelar cómo los caminos de Vincent y de su hermano menor Theo discurren de manera simultánea, inexorable, hacia un mismo destino. Como si fueran hermanos gemelos, o siameses, la dependencia entre ambos es brutal: la mano de uno encaja en la huella pintada que deja la mano del otro. No hay que olvidar que, aunque la película se estrenara con el título de Van Gogh por motivos obviamente comerciales, el título original es Vincent & Theo, y si Vincent es el obcecado pintor en busca de la perfección, los esfuerzos de Theo para favorecer que su hermano pueda dedicarse a la pintura y su obra sea reconocida no resultan menos heroicos. Ambos se mueven en un mercado del arte dominado por los intereses económicos y el gusto vulgar de un público burgués, ajeno a la evolución de la pintura de su tiempo. El espectador entra en esta cruda realidad a través de la esnob galería en que trabaja Theo, donde se cotizan los cuadros de los impresionistas franceses ya consagrados —los Cézanne, los Degas— mientras se desdeña la obra de artistas jóvenes con una perspectiva menos delicada e idílica de la existencia. Así, Vincent se siente fascinado por los campesinos y obreros, a los que paga para que posen para él —dibujos que son calificados de «asquerosos» y «tristes» por quienes le rodean—; y cuando se enfrenta al paisaje en su etapa de la Provenza y Arles, pasando de los tonos terrosos y apagados a los colores brillantes —pigmentos amarillos, rojos y azules que le facilita Theo—, los modelos impresionistas o las japonerías en que se inspira se relegan a un segundo plano, y estallan las pinceladas nerviosas, ondulantes, hasta llegar a los remolinos, donde el artista proyecta su ira y su vulnerabilidad, sus turbulencias mentales.
   Ante nuestros ojos desfilan algunas de las obras más célebres del artista: Cráneo fumando un cigarrillo, Cuatro girasoles, El sembrador, Autorretrato, Jarro con doce girasoles, La noche estrellada, Campo de trigo con cuervos… El trabajo llevado a cabo es encomiable, ya que muchos de estas piezas fueron reproducidas ex profeso para la película. Pero la presencia del motivo pictórico, recurrente en la historia del cine, tiene más funciones que las de la ambientación histórica o decorativa. Del mismo modo que Altman aprovecha al máximo el valor simbólico del espejo o evocador de la ventana, los cuadros también parecen enmarcar fragmentos de la vida de un hombre. Y el cuadro en proceso tiene la misma importancia que el cuadro acabado. El primero, es correlato subjetivo de un momento anímico de su creador; los segundos, colgados en una pared, tienen la función del secreto o del presagio.
   Para filmar la vida de un pintor el aspecto visual ha de cuidarse al máximo, pero los diálogos, profundos y convincentes, no se descuidan, y la efectividad del conjunto reside precisamente en unas sólidas interpretaciones. Es antológica la escena en que Gauguin explica a Van Gogh cómo se debe cocinar, hiriendo al hipersensible Vincent, que descubre que alguien tan metódico y sereno como Gauguin jamás entenderá su pintura. Tim Roth fue escogido por el propio Altman para encarnar a Vincent, y hay que reconocer que se apropia del personaje, dando lugar a un Van Gogh muy personal; rudo pero tierno, reconcentrado y apasionado a la vez, un carácter bipolar superado por las depresiones y tentado por las pulsiones suicidas. La personalidad compleja del artista se completa con su aspecto físico, desaliñado, sucio; la manera de caminar ausente y vacilante; los arrebatos violentos con que es capaz de mutilarse. Su contrario —y su complementario— es Theo. Paul Rhys en un papel de menor lucimiento, sin lugar para los excesos y las excentricidades; educado, diplomático, pulcro, avergonzado por una sífilis que se interpone, tanto como su hermano, entre él y la mujer con quien desea contraer matrimonio.
   Si el propósito de Vincent Minnelli en El loco de pelo rojo (1956), la película más célebre que se había realizado hasta ese momento sobre el pintor con Kirk Douglas de protagonista, fue mostrar los paisajes del film con la paleta colorista y la pincelada nerviosa de Van Gogh —mostrar al espectador el mundo tal cómo lo veía el artista— Altman, normalmente arriesgado en el estilo, se decanta por la opción naturalista del director de fotografía Jean Lapine, incidiendo en el sufrimiento del verdadero artista por materializar e inmortalizar su visión de las cosas. Cuando asistimos al proceso de creación del Jarrón con quince girasoles, subastado por un precio millonario al principio del film, es para descubrir luego con amarga ironía que lejos de ser la obra maestra que se cotiza en la posteridad, para su creador no representa más que un premio de consolación —una naturaleza muerta, impregnada, eso sí de su rabia contenida— ya que unas horas antes ha sido incapaz de reflejar el esplendor en movimiento de un campo inmenso de girasoles. «Se puede vivir sin Dios, pero no sin pintar», es la máxima de un artista extraordinario, a cuya vida y obra podemos asomarnos ahora a través de esta esperada edición.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Disco 1: Miniserie para televisión. 4 capítulos de 51 minutos cada uno. Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Disco 2: La película de 134 minutos . Formato: 4:3, 1. 33:1 (Miniserie) / 16:9, 1:78:1 (Película). Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano e Inglés. Duración: 204 mn + 134 mn. Distribuidora: 39 escalones. Fecha de publicación: 15 de julio de 2011.
   
       
   

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