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Todo o nada
All or Nothing
     
    Director (es) : Mike Leigh
    Año : 2002
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Compañía productora : Alain Sarde
    Productor (es) : Simon Channing Williams, Alain Sarde
    Productor (es) ejecutivo (s) : Pierre Edelman
    Guionista (s) : Mike Leigh
    Fotografía : Dick Pope en Color
    Diseño de producción : Eve Stewart
    Vestuario : Jaqueline Durran
    Maquillaje : Christine Blundell
    Música : Andrew Dickson
    Montaje : Lesley Walker
    Sonido : Malcolm Hirst
    Duración : 128 mn
   
     
    Timothy Spall
Lesley Manville
Alison Garland
James Corden
Ruth Sheen
Marion Bailey
Paul Jesson
Kathryn Hunter
Sally Hawkins
Helen Coker
   
   
   

INDEFENSO
 
Por Lluís Nasarre
Por poner tan sólo un par de ejemplos, films como Secretos y mentiras (1996) y El secreto de Vera Drake (2004) han demostrado el talento del británico Mike Leigh en eso que ha pasado a etiquetarse como “director social”. Del mismo modo que el también británico Ken Loach, Leigh es todo un maestro diseñando personajes y sumergiéndolos en la sociedad. Sin embargo, y a diferencia del realizador de Buscando a Eric (2009), Leigh no los sume en un mundo de demandas/denuncias políticas y luchas sociales, sino que los coge de la mano y los acompaña en esa encrucijada social que les toca vivir, para poder así, sacar a la luz la (desnuda) esencia de las relaciones humanas.
En Todo o nada  (2002) una de las primeras impresiones que obtenemos ante sus imágenes es que el amor de Penny (Lesley Manville) por Phil (Timothy Spall) su pareja –“nunca me ha pedido que me case con él”- se ha agotado, dando como resultado que la joie de vivre haya desaparecido de sus vidas. Phil, un decaído proyecto de filósofo (o que tiende a filosofar –a auto engañarse- cuando se pone a pensar) es taxista y Penny, cajera de un supermercado. La pareja tiene dos hijos con claros síntomas de sobrepeso: Rachel (Alison Garland) que trabaja como empleada de la limpieza en una residencia de la tercera edad y Rory (James Corden) un “nini” en toda regla. Un problema en el corazón del muchacho que debe ser hospitalizado de urgencia, revertirá la situación de crisis, pondrá los fantasmas de la pareja sobre la mesa y provocará que Penny y Phil se den una nueva oportunidad sentimental en un horizonte/futuro real/previsible sujeto por alfileres.
A grandes rasgos, este plot pasa por ser la columna vertebral del film dirigido (y escrito) por el realizador de la reciente La tragedia de Peterloo (2018). En medio, Leigh también se detendrá (con atención) en el retrato de otras familias, que de igual modo están en franca decadencia y que le brindan la oportunidad de ofertar una (más) obcecada mirada sobre una Inglaterra gastada por el liberalismo. Sin embargo Todo o nada, nueva vuelta de tuerca social, auténtica a la vez que sincera, a medida que va progresando en sus intenciones dramáticas, se esquina hacia la lágrima (fácil) y una (aparatosa) melancolía.
   La película, hallándose totalmente en la línea de los anteriores trabajos de su responsable, y esto es la voluntad de un ácido retrato de la sociedad británica, vestido como drama social contemporáneo, se adecua para que Leigh radiografíe la rutinaria y trivial existencia de tres familias, relacionadas entre sí y que viven en un barrio obrero del extrarradio londinense. Todas las familias, las tres, deben hacer frente en la película a diversos problemas de enjundia (ya sean de carácter familiar o índole social)  y que pasan por la falta de figuras (referencias) paternas, el abuso del alcohol, los embarazos no deseados y las madres solteras, el desempleo y su consiguiente falta de recursos económicos y/o…la soledad. Con este cuadro en ciernes, cada uno de esos personajes, ha de franquear un viaje emocional que deviene complicado detallarlo en palabras. Todos ellos transitan por el filo de la navaja, aferrándose a (pequeños) fragmentos de dignidad, y porque no, amor. Sin embargo, la sensación que tenemos es que, en cualquier instante, cualquier contratiempo, puede hacerles caer en el abatimiento. En ese mundo, Leigh, siempre suele mostrarse excelente en capturar esa esencia desesperanzada. Dibuja a sus personajes y a la complejidad de sus emociones sin caer en el simple estereotipo. Y a ello, le beneficia, como siempre, el (transparente) trabajo de su elenco que vive en el ínterin de cada personaje con una objetividad apabullante.
   En el film, en una primera parte realmente interesante, a través de unos diálogos nada alentadores, sesgados por las (impostoras) posibilidades de expectativas de revertirlo todo frente a la verdadera realidad, Leigh presenta a sus personajes a medida que va diseñando las (sombrías) interioridades de cada núcleo familiar. Es extraordinario ver como en ese momento, el peso de las palabras no tiene tanta fuerza como las situaciones que se platean. La entidad de los problemas de cada uno de esos núcleos familiares y su consiguiente correlación con las otras familias encuentran en el director de Indefenso (1993) al aliado perfecto para que esa “encrucijada” dramática no se deslavace y la comunión de intenciones que exista entre ellas, esté totalmente contralado por el pulso del cineasta. Desde su inicio, este ir y venir de una historia a otra, de una familia a la otra, consigue dotar de relevancia e interés a la película, matizando con ello sus intenciones genéricas de docudrama. Sin embargo, a mi juicio, en el momento en que Leigh injiere la hospitalización de Rory como episodio de que: “más vale una casa empleada que no tantas”, es evidente que ello ha de provocar una suerte de catarsis (nada redentora) en la pareja protagonista, pero por el contrario induce a Leigh a decantarse por el modo convencional (y clásico) de abordar un solo frente narrativo, descuidando con ello a las otras dos familias en detrimento de una sola historia que es la de Penny y Phil y abortando ese dinámico equilibrio emocional y dramático a tres bandas que había conseguido de primeras. Es más, considero que esa decisión, a mi modo de ver, no le rinde al realizador como muy adecuada ya que a partir de ese instante Todo o nada se le escapa algo de las manos, fluyendo por unos lindes escorados a un nada moderado patetismo hasta su conclusión que, ni la brillante interpretación de su pareja protagonista, consigue revertir.
A su favor cabe decir que con esta decisión, Leigh pretende desarrollar una vez más dentro del film, uno de los temas capitales de su filmografía: el vació que tienen sus personajes en los momentos cotidianos de su existencia y que no saben hallar ni gestos ni palabras que reviertan esa rutina. Y aunque en Todo o nada vislumbramos un (falaz) sorprendente final feliz con Rory saliendo adelante con su problema de corazón; a Phil levantándose más temprano para ir al aeropuerto con su taxi para así poder ganar más dinero e ir de vacaciones a DisneyWorld con toda la familia, su resultado dramático chirría versus el deseo/baño de autenticidad que el realizador nos había ofrecido al principio en su impecable (e implacable) retrato del estado de los hogares ingleses más necesitados. A Leigh en Todo o nada le pasa un poquitín como a sus personajes. Frente a estas dos posibilidades, el realizador y sus personajes deben elegir como individuos responsable. Es su decisión. Phil y Penny deciden darle otra oportunidad a su amor. ¿Y Leigh?… Leigh opta por pasar de los humanismos del cine social al melodrama (optimista), con el problema que la (intrínseca) acción que lleva implícita el género no casa bien con las desesperadas emociones (finales) ofrecidas.•
 
   
     
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Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Ficha técnica / Ficha artística / Ficha de doblaje / Trailer / Filmografías. Formato: Pal 16:9. Idiomas: Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano. Duración: 130 mn. Distribuidora: SAV.

 



Características DVD: Contenidos:

 

   
       
   

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