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Sir David Lean
     



 
  Fecha y lugar de nacimiento :
25 de marzo de 1908, en Croydon, Surrey (Inglaterra).
  Fecha y lugar de defunción :
16 de abril de 1991, en Londres (Inglaterra), a causa de un cáncer.
  Actividades previas :
estudia en la Laighton Quaker School, atiendiendo a la formación que sus padres quákeros quieren inculcarle; ingresa en los Estudios Gainsborough, desarrollando toda clase de oficios de rango inferior (1927-1929); trabaja en la Gaumont British y la British Movietone News como ayudante de montaje, y más tarde, montador (1930-1933); empieza a colaborar como montador de la filial británica de la Paramount (1934-1940); ejerce de ayudante de dirección y montador en Major Barbara, aunque parece ser que su contribución abarca también la dirección (1941).
  Otras actividades :
montador, productor, guionista y ayudante de dirección.
  Premios :
Oscar al Mejor Director por El puente sobre el río Kwai (1957) y por Lawrence de Arabia (1962); Nominado al Oscar al Mejor Director por Breve encuentro (1946), por Cadenas rotas (1947), por Locuras de verano (1956), por Doctor Zhivago (1965) y por Pasaje a la India (1984); Nominado al Oscar al Mejor Guión Adaptado por Pasaje a la India (1984); Nominado al Oscar al Mejor Montaje por Pasaje a la India (1984); Oso de Oro del Festival de Berlín a la Mejor Película por El déspota (1953).
  Otros datos :
casado y divorciado de su prima Isabel Lean (1930-1936)(un hijo), de la actriz Kay Walsh (1940-1949), de la actriz Ann Todd (1949-1957), de Leila Matkar (1960-1978) y de Sandra Hotz (1981-1984); casado con Sandra Cooke (1990-1991); distinguido Caballero del Imperio Británico.
     
    La evolución del cine británico posterior a la Segunda Guerra Mundial no se entiende sin la figura de David Lean, aglutinador de las diversas tendencias que se dieron cita a lo largo de este largo período en la industria cinematográfica de su país. Catorce años como aprendiz en toda clase de oficios en los mejores estudios británicos, sirvieron para asimilar la técnica cinematográfica desde el montaje hasta la puesta en escena, aspectos que redundarían en su posterior cometido profesional tras las cámaras. Aunque figurase como director titular Gabriel Pascal, los verdaderos responsables en la confección de Major Barbara (1941) fueron Harold French y David Lean, quien empezaba de esta manera su singladura dentro de la profesión. Sin embargo, muchas filmografías fijan su ópera prima en Sangre, sudor y lágrimas, una adaptación de la pieza teatral de Noël Coward, quien asimismo ofició de realizador. Este film de diáfana exaltación de las tropas británicas que combatían durante la Segunda Guerra Mundial, supuso el inicio de una fructífera relación con el dramaturgo Noël Coward, que comprendió La vida manda, Breve encuentro y El espíritu burlón. Ésta último film es una sátira social muy propia de la Ealing, cantera de ilustres hombres del cine británico, como Alexander Mackendrick, Charles Crichton o Alberto Cavalcanti. En general, la contribución de David Lean al cine de postguerra británica muestra dos frentes bien distintos: las adaptaciones teatrales y las comedias costumbristas, teñidas de connotaciones fantásticas, derivadas de la tradición británica en este género. En el primer bloque, aparecen las dickensianas Cadenas rotas y Oliver Twist, el film El déspota, inspirado en la obra teatral de Harold Brighouse, y las mencionadas adaptaciones de Noël Coward, a excepción de Un espíritu burlón, que se inscribe, junto con The Passion Friends, en un segundo modelo de producción. The Passion Friends nace a partir de una novela escrita por H. G.Wells, cuyas obras habían servido de base para un buen número de films de la época, como Al morir la noche (1946) y The Story of Mr. Polly (1949). Por aquel entonces, el cine británico había entrado en una dinámica de confiar todo su potencial dentro de sus propias fronteras. David Lean pretendió dar un giro a esta conducta, desplazándose a Italia para rodar Locuras de verano, que adapta una obra del más tarde reputado Arthur Laurents. El dramaturgo americano se especializó en el retrato de personajes femeninos maduros, motor de gran parte de sus trabajos (los guiones de Anastasia y Niebla en el pasado, las obras Tal como éramos) Locuras de verano no fue una excepción, siendo Katharine Hepburn quien incorpora a Jane Hudson, una dama norteamericana que encuentra el último romance de su vida en un idílico paraje, Venecia. Sin duda, Locuras de verano es el punto de inflexión de la carrera de Lean, quien a partir de entonces concibió sus films como grandes producciones, sin para ello prescindir del intimismo, en un difícil equilibrio que iría consiguiendo de forma progresiva. El proceso de adaptación de obras de la densidad y complejidad narrativa de T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia) y Boris Pasternak (Doctor Zhivago), cobraron una relevancia especial en el trabajo creativo de David Lean, quien durante largas sesiones preparó con minuciosidad, junto con Robert Bolt, los guiones que conducirían a la realización de sus films más ambiciosos, superando a la propia El puente sobre el río Kwai, que le reportó el primer Oscar de su carrera. Éste es el motivo básico por el que Lean tan sólo realizó cuatro films en el espacio de trece años, amén de la envergadura de las empresas y la necesidad de trabajar con un gran abanico de localizaciones repartidas por varios continentes. El fracaso de La hija de Ryan fue, en este caso, el factor primordial para que David Lean abandonara la realización hasta mediados de los años ochenta, con su último film, Pasaje a la India, que se intuía como la sucesión lógica hacia un cine cada vez más intimista y auténtico, pero que no perdía su capacidad de sugerir con el poder de las imágenes acompañadas por la música de un antropólogo de la composición como Maurice Jarre, indisociable a la segunda parte de la carrera del realizador británico. Su avanzada edad no impidió que Lean preparara un nuevo retorno con una versión del Nostromo de Conrad, equiparable a la magnitud de un producción como Lawrence de Arabia, que finalmente dejaba un sabor de obra inacabada. Lean hubiera sido el mejor benefactor para Joseph Conrad en su intento de trasladar a la gran pantalla otra obra descomunal en todos los sentidos.
   
     
director  : 1984    A Passage to India   [ Pasaje a la India ]
director  : 1970    Ryan's Daughter   [ La hija de Ryan ]
director  : 1965    Doctor Zhivago   [ Doctor Zhivago ]
director  : 1962    Lawrence of Arabia   [ Lawrence de Arabia ]
director  : 1957    The Bridge on the River Kwai   [ El puente sobre el río Kwai ]
director  : 1955    Summer Madness   [ Locuras de verano ]
director  : 1953    Hobson's Choice   [ El déspota ]
director  : 1952    The Sound Barrier   [ La barrera del sonido ]
director  : 1950    Madeleine
director  : 1949    The Passionate Friends
director  : 1947    Oliver Twist   [ Oliver Twist ]
director  : 1946    Great Expectations   [ Cadenas rotas ]
director  : 1945    Brief Encounter   [ Breve encuentro ]
director  : 1945    Blithe Spirit   [ Un espíritu burlón ]
director  : 1944    This Happy Breed   [ La vida manda ]
montador  : 1942    One of Our Aircraft Is Missing
director  : 1942    In Which We Serve   [ Sangre, sudor y lágrimas ]
director  : 1941    Major Barbara
montador  : 1941    49th Parallel   [ Los invasores ]
montador  : 1939    French Without Tears   [ Coqueta hasta el fin ]
montador  : 1938    Spies of the Air
montador  : 1938    Pygmalion   [ Pigmalión ]
montador  : 1937    The Wife of General Ling
montador  : 1937    Dreaming Lips   [ Labios soñadores ]
montador  : 1936    Ball at Savoy
montador  : 1936    As You Like It   [ Como gustéis ]
montador  : 1935    Escape Me Never   [ No me dejes ]
montador  : 1934    Java Head   [ Cabo de Java ]
montador  : 1932    Insult
ayudante de dirección  : 1928    High Treason
ayudante de dirección  : 1928    Balaclava   [ Balaclava ]
   
     
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Editorial: Dirigido por. 
Colección: Serie Mayor nº 10.
Subtítulo: La emoción y el espectáculo.
Autor: Tomás Fernández Valentí.
Fecha de publicación: abril de 2000.
512 pp. 17,0 x 24,0 cm.
Incluye Bibliografía, Índice Onomástico
y de Películas.
Contiene más de 300 fotografías
en blanco y negro.

COMENTARIO (Por Enric Ros): «El cine ruso es martirio, el norteamericano publicidad, y el británico… nada». Así de contundente suena una de las más célebres boutades de Jean-Luc Godard, una afirmación premeditadamente reduccionista y provocadora —aunque lanzada con más voluntad de “épater” al cinéfilo, como suelen decir los franceses, que de embestir contra toda una filmografía, todo sea dicho— que parece obviar con alevosía a una colección de cineastas fundamentales en la Historia del Cine, desde Robert W. Paul —pasando por Alfred Hitchcock, Michael Powell & Emeric Pressburger, o, por supuesto, David Lean (1908-1991)— a John Boorman o Terence Davies. En cualquier caso, como que la frase ha hecho cierta fortuna, conviene recordar, como hace Tomás Fernández Valentí en «Una pequeña defensa del cine inglés» al inicio de este excelente ensayo, que el cine inglés cuenta con una buena colección de cineastas excepcionales; en algún que otro caso, además, tan apasionados, autoexigentes y sutiles como David Lean. Por eso, hay que agradecerle especialmente a este crítico y ensayista cinematográfico de larga trayectoria la existencia de este libro —sin duda, el más completo y riguroso publicado en nuestro país— dedicado a un cineasta ajeno a modas y movimientos, que imprimió su personalidad —mucho más arrebatada y excesiva de lo que su aparente temple británico permitía suponer— a cada una de las dieciséis películas que rodó, con dedicación obsesiva, durante sus cuarenta y dos años de carrera.     
   Como el propio Fernández Valentí nos recuerda en las primeras páginas, para Lean, el «amor total y absoluto por el cine fue, probablemente, el más auténtico de su existencia». Así, a medida que avanzamos en la lectura, conocemos a un director apasionado, en lo cinematográfico y en lo sentimental, que pasa de una mujer a otra, de una película a otra, en busca siempre de un nuevo motivo de inspiración. De hecho, los personajes de sus películas están «siempre enamorados de algo o de alguien», poseídos por una obsesión o un sueño que los lleva a superar numerosas trabas —desde las convenciones sociales a los escollos que surgen durante los viajes a países remotos en su etapa de superproducciones—, sin que parezca importarles que habitualmente les espere un destino fatal. En el cine de Lean, las fantasías de sus personajes se estrellan a menudo contra una realidad que los encorseta, como queda especialmente patente en sus minuciosos retratos de mujeres que empiezan a cuestionarse su eterno papel en la sociedad. Pronto, ya en sus primeras películas en Cineguild-Independent Producers, Lean se convertirá —pese a su tumultuosa vida sentimental— en un cronista mayor del alma femenina, a la altura de otros directores tan distintos como Josef Von Sternberg, Douglas Sirk, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni o Rainer W. Fassbinder.
   Para este director, descendiente de cuáqueros, la visión de su primera película en una sala de cine a los trece años, unida a su pasión por los viajes exóticos, las novelas de aventuras y el jazz, entre otros descubrimientos, marcaría indefectiblemente su futuro profesional. El aprendizaje obsesivo del oficio del cine —en el que previamente destacaría como montador—, sus rigurosos métodos de trabajo y su indefectible visión, algo fatalista y romántica, de la experiencia huDavid Lean (dcha.) junto a Robert Mitchum y Sarah Miles durante el rodaje de "La hija de Ryan", la penultima pelicula del cineasta britanico.mana lo convertirán en un cineasta mayor, capaz de combinar las sutilidades del melodrama con la puesta en paisaje del cine-espectáculo.
En «La emoción y el espectáculo», Fernández Valentí aborda, con prodigioso sentido de la observación y escritura precisa, cada una de las etapas de la longeva carrera del cineasta, iluminándonos especialmente sobre las partes menos conocidas de su trayectoria, como ocurre con los «Años oscuros» que sucedieron al fracaso crítico y comercial (que no artístico) de La hija de Ryan (1970) hasta el estreno de Pasaje a la India (1984), en los que infructuosamente Lean trató de llevar adelante su proyecto sobre el motín de la Bounty. Es éste, pues, un espléndido ensayo que nos revela al autor en todas sus “reencarnaciones” artísticas, mostrando los métodos de trabajo y el proceso de construcción de cada filme, combinando lo biográfico con lo analítico en un texto que se lee con placer, y se relee para aprender aún más sobre el director. El libro incorpora, además, una excelente colección de fotografías, un exhaustivo índice bibliográfico y una completa filmografía, que incluye un apartado dedicado a los documentales sobre el director. Si se adentran en sus páginas, probablemente nunca más vuelvan a ver las películas de Lean de la misma forma, al tiempo que desmentirán la contundente afirmación de Godard; al fin y al cabo —como ocurre con la propia filmografía del autor inglés— este libro es mucho más que una excelente monografía sobre un director; es un verdadero acto de amor.•