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Louis Malle
     



 
  Fecha y lugar de nacimiento :
30 de octubre de 1932, Thumeries (Francia).
  Fecha y lugar de defunción :
24 de noviembre de 1995, Beverly Hills, California (Estados Unidos), por un cáncer limfático.
  Actividades previas :
hijo de una familia adinerada, el joven Louis estudia en el Colegio de Carnes y en el Instituto de Estudios Políticos de la Sorbone (1951-1953); Ingresa en el IDHEC (Instituto de Estudios Cinematográficos) de París (1953-55); realiza diversos cortometrajes y documentales; ayudante de dirección de Robert Bresson en Un condenado a muerte se ha escapado (1956).
  Otras actividades :
productor, guionista, actor y ayudante de dirección.
  Premios :
Oscar al Mejor Documental por El mundo en silencio (1956), codirigido por Jacques Yves Cousteau; Nominado al Oscar al Mejor Director por Atlantic City USA (1980); Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por Adiós, muchacho (1987); Palma de Oro del Festival de Cannes a la Mejor Película por El mundo en silencio (1956), codirigida por Jacques Costeau; León de Oro del Festival de Venecia a la Mejor Película por Atlantic City (1980) --ex aequo con Gloria (1980) de John Cassavetes-- y por Adiós muchachos (1987).
  Otros datos :
casado con la actriz Candice Bergen (1980-1995).
     
    A lo largo de su considerable carrera, Louis Malle destacó como un transgresor impertinente, que abordaba sus trabajos desde el ataque a todo lo establecido, y con una predilección por el retrato de las mujeres como eje de las relaciones humanas. Pero antes de iniciarse en el cine su recorrido vital corresponde al de un joven de clase burguesa educado en prestigiosos centros docentes que dio un giro a un futuro acomodado para buscar la aventura del séptimo arte. Malle ingresó en el Instituto de Estudios Cinematográficos a los veintiún años y posteriormente, trabajó como cameraman y codirector de El mundo en silencio. El Oscar al mejor documental que obtuvo el film concebido por el comandante Jacques Costeau le abrió las puertas al cine. Después de un breve período como ayudante de dirección, debutó detrás de la cámara con Ascensor para el cadalso. Paralelamente a este bautizo cinematográfico, lo hacía la llamada nouvelle vague, circunstancia que algunos aprovecharon para integrar a Malle dentro de esta corriente. A pesar de que se tendría que identificar la nouvelle vague exclusivamente con los directores que surgieron de la redacción de Cahiers du cinéma, Malle no se pudo sustraer -un caso muy similar al de John Schlesinger respecto al free cinema- a un tratamiento de las historias parecidas a los films de François Truffaut, Jean-Luc Godard o Claude Chabrol, dentro de su primera etapa que se caracteriza por la irreverencia y la provocación, una seña de identidad que nunca más lo abandonaría. El director francés alcanzó unas elevadas cotas de popularidad, gracias sobre todo a la sensualidad que despertaban dos de las actrices con las que más trabajó, Brigitte Bardot y Jeanne Moreau (Vida privada, Fuego fatuo, El soplo al corazón), hecho que no le privó de alternar encargos de documentales para la televisión (Calcuta), auténticos tributos a una realidad y a una forma de vida tan alejada de las películas al servicio de los mitos anteriormente citados. Mientras tanto, Malle abordó nuevos temas, escabrosos y espinosos para la época, incluida una poco complaciente visión del período de la resistencia gala en Lacombe Lucien, subtitulada con un explícito No todos fueron valientes. La animadversión que empezaba a sufrir en su país natal, ligado a su afán por conquistar nuevos espacios cinematográficos, motivaron su peregrinaje a los Estados Unidos, donde obtuvo una desigual cosecha, posiblemente provocada por la dispersión de géneros que trató -la comedia en Crackers, la crítica social en La bahía del odio, el drama intimista en Atlantic City USA- al mismo tiempo que conseguía la estabilidad emocional al lado de Candice Bergen, su esposa desde 1980. Su retorno al cine francés coincidió con la presentación de Adiós, muchachos, una nueva mirada a través de los ojos de un adolescente -Zazie en el metro, La pequeña- sobre la problemática antisemita de la Francia ocupada. Siete años después cerraba su actividad cinematográfica -que pudo haber sido una biografía sobre Marlene Dietrich que preparaba cuando le sobrevino la muerte- con un film de planteamiento experimental, Vania en la calle 42 que significaba el reencuentro con su viejo amigo André Gregory y con su debilidad por el jazz. La historia de Malle ha sido un contínuo ir y venir, de desengaños y de éxitos. Pero nunca se quedó a medio camino. Siempre iba al límite. Todo un glosario para este espíritu vitalista, romántico y apasionado, que fusiónó su propia existencia personal con el cine.
   
     
director  : 1994    Vanya on 42nd Street   [ Vanya en la calle 42 ]
director y productor  : 1992    Damage   [ Herida ]
intérprete  : 1992    La vie de bohème / Boheemielläamää   [ La vida de bohemia ]
director y guionista  : 1989    Milou en mai   [ Milou en mayo ]
director-prod. y guionista  : 1987    Au revoir les enfants   [ Adiós, muchachos ]
director y productor  : 1985    Alamo Bay   [ La bahía del odio ]
director  : 1983    Crackers   [ Crackers ]
director  : 1981    My Dinner with André   [ Mi cena con André ]
director  : 1980    Atlantic City USA   [ Atlantic City ]
director y productor  : 1978    Pretty Baby   [ La pequeña ]
director y guionista  : 1975    Black Moon
director y guionista  : 1974    Lacombe Lucien   [ Lacombe Lucien / Todos no fueron héroes ]
director y guionista  : 1971    Le souffle au coeur   [ Un soplo al corazón ]
director-prod. y guionista  : 1969    Calcutta
intérprete  : 1969    La fiancée du pirate   [ La novia del pirata ]
director y guionista  : 1968    Histoires extraordinaires   [ Historias extraordinarias ]
director-prod. y guionista  : 1966    Le voleur
director-prod. y guionista  : 1965    Viva Maria!   [ ¡Viva María! ]
director y guionista  : 1963    Le feu follet   [ El fuego fatuo ]
intérprete y director y guionista  : 1962    Vie privée   [ Vida privada ]
director y guionista  : 1959    Zazie dans le métro   [ Zazie en el metro ]
director y guionista  : 1958    Les amants
director y guionista  : 1957    Ascenseur pour l'échafauld   [ Ascensor para el cadalso ]
director de documentales  : 1956    Le monde du silence   [ El mundo del silencio ]
   
     
   
Editorial: Cátedra.
Colección: Signo e Imagen / Cineastas nº 122.
Autor: Enric Alberich.
Fecha de publicación: septiembre de 2020.
342 pp. 11,0 x 18,0 cm. Tapa blanda.
Incluye filmografía completa y Bibliografía.
Enlace a web Cátedra Ediciones
Enlace a amazon.es

«Estamos ante un cine que parte de un clasicismo de base en sus aparentes postulados de puesta en escena pero que se mueve ya en el terreno de la voluntad de superación de ese clasicismo, en ese ámbito que se dio en llamar la modernidad cinematográfica, ese cine autoconsciente que proliferó a partir de la irrupción de la nouvelle vague y que cambiaría los modos —y los modales— de la narración fílmica, mucho menos encorsetada en todos los sentidos». Así se refiere el ensayista, escritor y cineasta catalán Enric Alberich en relación a la obra de Louis Malle (1932-1994) en la introducción de una monografía que cubre un hueco a nivel bibliográfico en lengua castellana que puede sorprender si lo comparamos con el volumen de escritos sobre sus coetáneos, los cineastas surgidos de la redacción de Cahieurs du cinéma que dieron carta de naturaleza a la nouvelle vague. De este movimiento participó de manera tangencial Malle con algunos de sus primeros trabajos para el medio cinematográfico —parcialmente Ascensor para el cadalso (1958), y Zazie en el metro (1959)— pero al medio plazo el realizador se dejó llevar por su carácter ecléctico, receptivo a un arco de intereses —como bien apunta el propio Alberich— bastante más amplio que el de sus coetáneos, en el que «cohabitan» su devoción por el jazz —perceptible en los scores de buena parte de su filmografía—, el surrealismo, la poesía, el realismo mágico y tantas otras derivadas de la cultura contemporánea.
Siguiendo el dictado de la estructura inherente a la colección Signo e Imagen / Cineastas del sello madrileño Cátedra Ediciones, Alberich concentra el cuerpo central de su monografía al análisis de cada uno de los veintitrés largometrajes —incluidos sus documentales El mundo en silencio (1956), codirigido por el oceanógrafo francés Jacques-Yves Cousteau, y Calcutta (1969)— que jalonan su obra fílmica, tratando de ofrecer una panorámica crítica que, en cierta manera, logre sortear determinados lugares comunes y rebatir —con finura pero no exenta de contundencia— aquellos argumentos (poco elaborados y/o en exceso esquemáticos) expresados por colegas de profesión en revistas especializadas y en diarios de la época en que fueron estrenadas sus películas, sobre todo durante los años sesenta y setenta. En esa «dialéctica» Alberich trata de afianzar un discurso reivindicativo en torno a la obra de Louis Malle, pero sin por ello evitar la «glorificación» cintas como Black Moon (1975) —«El unicornio» para su edición en formato digital— cuyo afán intelectual salpimentado de referencias místicas y mitológicas acaba por devorar a la propia «criatura» cinematográfica. En cambio, si eleva la consideración de propuestas del calado de Vida privada (1961), un ejercicio de estilo que Alberich evalúa como imperfecto, pero que su contenido cobra plena vigencia sesenta años después de su realización. La cinta en cuestión contribuiría a potenciar el mito sobre Brigitte Bardot, quien volvería a repetir con Malle en ¡Viva María! (1965), la que se corresponde conforme a su primera incursión en la cinematografía estadounidense, a modo de avanzadilla de su establecimiento en suelo norteamericano desde finales de los años setenta hasta mediados de la década siguiente. En este periodo Malle, lejos de renunciar a las temáticas que definen su cine, mostró trabajos reactivos al stablishment con propuestas que hoy en día resultaría una empresa titánica financiar, caso de La pequeña (1978) —envuelta de polémica merced a uno de los asuntos tratados, el de la paedofilia—, Alamo Bay (1985), Atlantic City (1980) y su canto de cisne Vania en la calle 42 (1994), estas últimas interconectadas en virtud de su reflexión en torno al paso del tiempo y la decrepitud. Cuestiones abordadas con el tacto y la sabiduría de un cineasta que asimismo fijó su mirada en esos paraísos perdidos, el de la infancia y el de la adolescencia, que trascienden en films con un (alto) voltaje autobiográfico, Lacombe Lucien (1974) y Adiós, muchachos (1987), dos de los puntales en los que se sustenta, aún a día de hoy, el prestigio crítico de Louis Malle, procedente de una familia de clase media-alta francesa. No obstante, como si se trata del Cosimo di Rondò de El barón rampante de Italo Calvino, observó desde la copa de un árbol imaginario a esa sociedad conformada por adultos en que reina la hipocresía, de la que no perdería detalle a la hora de armar narraciones —buena parte de las cuales nacidas de novelas u obras teatrales preexistentes, de Pierre Drieu La Rochelle a Anton Chejov, pasando por Josephine Hart o Dominique Vivant Denon— que estimulan a pensar que Malle fue un avanzado a su tiempo y por ello un tanto incomprendido por un amplio sector del público que acudía al estreno de sus películas, y asimismo por parte de una crítica enrrocada en lecturas concebidas a ras de suelo, sin atender a lo que se mueve por debajo de la superficie. Asuntos de los que se ocupa Alberich en su más que recomendable monografía en torno a un cineasta inclasificable que responde al nombre de Louis Malle.•   
 
Christian Aguilera