Ampliar imagen
   
Christopher Nolan
     



 
  Nombre completo :
Christopher Jonathan James Nolan.
  Fecha y lugar de nacimiento :
30 de julio de 1970, en Londres (Inglaterra).
  Actividades previas :
desde pequeño se aficiona a filmar en super 8 m/m, máquina que le regala su padre; entre sus cortometrajes destaca Tarantella por su concepción experimental y rodado cuando ya se había matriculado en la University College of London; después de obtener la licenciatura en Literatura Inglesa rueda el cortometraje Lacerny, presentado con éxito en el Cambridge Film Festival; presenta en el Newport Festival su primer largometraje Following (1998).
  Otras actividades :
guionista, productor y montador.
  Premios :
Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por Memento (2001), junto con Jonathan Nolan.
  Otros datos :
casado con la productora Emma Thomas (1997); es daltónico.
     
    De la ópera prima de un director —casi siempre limitada por imperativos económicos— se puede intuir una voluntad rupturista, una necesidad por desmarcarse de un modelo cinematográfico preestablecido sin orillar homenajes a títulos o cineastas que ya han pasado a la posteridad. Si se logra este propósito, el segundo largometraje puede servir de terreno abonado para la construcción de una historia más desarrollada, compleja, contando con mayores recursos logísticos y un cásting solvente, capaz de plasmar en pantalla hasta el más mínimo detalle apuntado por el realizador y/o su guionista sobre el papel. Este es el camino que ha seguido Christopher Nolan, cuyo primer largometraje rodado en blanco y negro bajo unas condiciones de producción mínimas, Following —en alusión a un escritor que sigue los pasos de personajes extraños por diferentes lugares, dando lugar a una sugerente trama próxima a la serie noir— se rentabilizaría a partir de la obtención del Premio del Jurado y el del Mejor Director del Festival de Newport. Una vez concluída la labor de promoción de este film prácticamente invisible en salas comerciales fuera de Gran Bretaña, Christopher y su hermano menor Jonathan Nolan procedieron a la construcción del guión de una historia narrada en orden inverso a la sucesión de los acontecimientos. Rodado en veinticinco días con la complicidad de un equipo artístico encabezado por un par de intérpretes en alza —Guy Pearce (L. A. Confidential) y Carrie-Ann Moss (Matrix)—, Memento acumularía numerosos premios y una nominación al Oscar al mejor guión original debido a su acierto a la hora de explorar sobre el lenguaje cinematográfico, alterando sus convenciones por lo que concierne a una narración de una extrema originalidad. Unos escasos elementos inherentes al thriller puestos al servicio de una historia contracorriente, concebida en scope y empleando lentes anamórficas para potenciar el efecto de irrealidad por el que transita el personaje principal de la función (Pearce). Sorprendido por la gran acogida dispensada a su segunda película —cuya autoría debe ser compartida con su hermano Jonathan, quien escribió la historia con tan sólo veintidós años—, Christopher Nolan aceptaría participar en el rodaje en Vancouver de Insomnio, una auténtica prueba de fuego para calibrar su potencial como cineasta al dirigir a un par de intérpretes consagrados como Robin Williams y Al Pacino. Si bien para éste último su composición se ciñe a sus cánones habituales dentro del thriller y más concretamente a Heat (1995) por el concepto de que el asesino y el psicópata se pueden posicionar en un mismo plano moral --en este caso, se trata de un investigador de Los Ángeles a punto de jubilarse y que presenta un amplio historial a sus espaldas, así como algunas zonas de sombras y dudas sobre su pasado profesional--, Robin Williams se aleja de sus habituales comedias para «todos los públicos» para ofrecer el retrato de un escritor psicópata. Uno de los elementos adicionales, pues, de interés para un film que deviene un remake de un largometraje noruego desconocido a nivel internacional, pero que no pasaría desapercibido para parte de la larga nómina de productores de este thriller angustiante —entre los que se cuenta Steven Soderbergh y George Clooney— y que traslada su acción a los helados escenarios de Anchorage, en pleno corazón de Alaska. Prosiguiendo su prospección por el cine de género, Christopher Nolan ha completado un tríptico sobre «el hombre murciélago» (Batman Begins, El caballero oscuro, El caballero oscuro: la leyenda renace) que le ha situado en un puesto de privilegio dentro de la Industria, sin por ello perder las claves identitarias que lo definen como una personalidad cinematográfica con una voz propia. 
   
     
   

EL DECÁLOGO DE CHRISTOPHER NOLAN
I. «HÉROES» SOLITARIOS.
Quizás por su querencia por el cine negro, Chris Nolan ha tenido en su punto de mira la confección de protagonistas individualistas, solitarios, que muestran ciertas dificultades para adaptarse a su entorno. Rasgos identitarios de un cine noir del que el cineasta inglés extrae sus moldes para fabricar sus singulares «héroes»: el joven desnortado con ínfulas de escritor que escoge por puro azar a los individuos que decide seguir; el veterano agente de policía Will Dormer (Al Pacino) en Insomnio (2002); Bruce Wayne/«el hombre murciélago» en Batman Begins (2005) y El caballero oscuro (2008), etc.

II. ARQUETIPOS DEL CINE NEGRO

Carrie-Ann Moss desarrolla el arquetipo del cine noir de femme fatle en "Memento". Para la arquitectura, la construcción de sus personajes, Christopher Nolan suele tomar referencias del cine noir, prevaleciendo el retrato de un ser que vive su existencia en solitario, sintiéndose un desarraigado. A esta propensión a buscar arquetipos en un género que tuvo su esplendor en los años 30 y 40, no escapa el retrato de la femme fatale, corporizada en Carrie-Ann Moss en Memento o en Maggie Gyllenhaal en El caballero oscuro. Pero también se adivina en el cine de Nolan un notable aprecio por emular ciertos conceptos estilísticos inherentes a títulos como Atraco perfecto (1956) de Stanley Kubrick —al que sitúan en el top ten de sus directores predilectos—, que podemos observar en El caballero oscuro. La persecución que tiene lugar en Memento tampoco excusa sus analogías con un tipo de cine clásico que ha servido de fuente de inspiración para Chris Nolan.
III. LA INVISIBILIDAD DE LA AUTORÍA
Prácticamente catapultado a la condición de «autor» desde su largometraje de debut, Christopher Nolan parece, desde esta perspectiva, que todas sus obras nazcan de su fértil capacidad creativa, en coalición con su hermano menor Jonathan (n. 1975). Pero la realidad es sustancialmente diferente ya que si bien el film que dio a conocer a Chris Nolan parte de una historia original de su hermano —concretamente, el relato corto Memento Mori—, todo el concepto narrativo se sustenta en un anterior film, El riesgo de la traición (1982), con Jeremy Irons, que cuestiona la originalidad del mismo. Abundando en la idea que Nolan es más un creador de universos, un estilista que una mente dotada para la escritura y la narración de historias, Insomnio se basa en un film homónimo de nacionalidad noruega con una línea argumental que se solapa con el guión urdido por Hillary Seitz, y en el caso de El truco final (2005) se inspira en la novela El prestigio de Christopher Preist, un narrador de primera línea en el contexto de la literatura anglosajona contemporánea. Asimismo, el díptico de Batman toma como referencia argumental (además de visual) diversos cómics que sentarían las bases para el guión escrito por el especialista David S. Goyer y los hermanos Nolan.
IV. NARRACIONES DISCONTINUAS

Para todos aquellos familiarizados con el mundo de los rodajes no es ningunaEn "El truco final" la narracion con continuos saltos en el tiempo preside la funcion narrativa. sorpresa que las producciones de cine, en formato largometraje, se filmen, por regla general, sin seguir el orden de las secuencias del guión. Lo que ya no resulta tan normal en el cine actual es que, una vez montado, se den numerosos saltos temporales que llegan a provocar cierto desconcierto en el espectador. El paradigma de este modo de operar en el caso de Nolan sería Memento, que cuenta la historia de delante hacia atrás, es decir, pasando del futuro al presente en tiempo real. Esta inventiva narrativa, que no lo es tanto porque existe un precedente de los años 80 (El riesgo de la traición), no debe extrañar en un cineasta que ha jugado con esta «distorsión temporal» ya desde su ópera prima, Following (1998) y que se ha prolongado a títulos como El truco final o, en menor grado, Insomnio, su film, podríamos dictaminar, más lineal en este sentido.
V. LA AMBIGÜEDAD DE PERSONALIDADES
Menos perceptible en sus dos primeros largometrajes, lo cierto es que Christopher Nolan, a partir de Insomnio, ha tendido a conformar personajes que se sitúan alejados de los conceptos absolutos de «bondad» o «maldad». Más bien fluctúan en una escala de grises que hace posible que protagonista y antagonista compartan comportamientos similares. Un ejemplo pertinente sería el del escritor Walter Finch (Robin Williams) y el investigador policial Bill Dormer en Insomnio: ambos han provocado, de una forma consciente o inconsciente, un homicidio con el que deben convivir el resto de sus días. En realidad, Finch tiene una parte de Dormer y a la inversa, haciéndose explícita esta duplicación de personalidades en el clímax final. Otro tanto ocurre en los dos Batman y El truco final.
VI. PODERES EXTRASENSORIALES

Al Pacino en el papel de Will Dormer en "Insomnia".Christopher Nolan ha demostrado encontrarse a las antípodas de la narración convencional, entre otras consideraciones, porque su deseo es tratar realidades que escapen a la monotonía del día a día. Así pues, los personajes que vehiculan sus historias, en líneas generales, viven experiencias que podríamos calificar de «extrasensoriales», habitan en universos paralelos a lo cotidiano: Leonard (Guy Pearce) en Memento; Bill Dormer en Insomnio, cuya falta de sueño le lleva a confundir la naturaleza de sus actos; los magos Robert Angier (Hugh Jackman) y Alfred Borden (Christian Bale) en El truco final, o Bruce Wayne, que se desdobla en un ser alado vengador en las dos entregas de Batman firmadas por Nolan.
VII. LA ELECCIÓN DE INTÉRPRETES
Nada parece escapar a la arbitrariedad en el cine de Nolan y menos la elección de un cuerpo de intérpretes que, a tenor de lo visto, podríamos calibrar de acertados en un alto porcentaje. Hay elecciones que hablan por sí solas —la de Al Pacino en Insomnio o Morgan Freeman en el díptico de Batman— pero otras que se debía medir el factor de riesgo al situar, por ejemplo, a Robin Williams y Heath Ledger, en sendos papeles de villano en Insomnio o El caballero oscuro, respectivamente. Mientras Larry Holden se reserva el rol de actor talismán en su cine, cabe señalar que la minuciosidad de Nolan a la hora de aprobar el cast definitivo pasa por fijarse, inclusive, en que los protagonistas masculinos de Batman Begins tengan una altura similar (Christian Bale, Morgan Freeman, Liam Neeson, Michael Caine, etc.), todos ellos sobrepasan el 1,80 cm.

VIII. PERSONAJES FEMENINOS

El cine de Christopher Nolan se fundamenta en personajes masculinos, reservandoCarrie-Ann Moss da vida en "Memento" a uno de los personajes femeninos mejor perfilados de la filmografia de Chris Nolan. a las féminas un papel un tanto subsidiario o, como ya advertimos, una querencia por desenvolverse como femme fatale, al estilo del cine negro clásico, en títulos como Memento. El valor de la pureza y de la integridad es otro de los aspectos que sirve para identificar a la mujer en el contexto de historias gobernadas por lo masculino, como sería el caso de la detective de Alaska Ellie Burr (Hilary Swank) en Insomnio.

IX. MÉTODOS DE TRABAJO

Incluso en los casos en los que el rodaje se desarrolla en exteriores, en condiciones meteorológicas y orográficas complejas (el set ubicado en Alaska en Insomnio o las escenas preliminares de Batman Begins que demandaba la creación de un decorado natural en Asia), Nolan capitanea el mismo, permaneciendo al lado en todo momento de su director de fotografía de confianza Wally Pfister. Antes de que el operador natural de Illinois aceptara colaborar con Nolan a partir de Memento, éste último se haría cargo de la dirección de fotografía de Following, su único film rodado en blanco y negro. No obstante, uno de los puntos débiles de Nolan es la ejecución de las escenas de acción que, como en el caso de Batman Begins, requerían de la experiencia y la destreza de un equipo de segunda unidad. Al contrario de lo que se suele hacer, el cineasta británico prefiere dirigir él mismo la segunda unidad sin reparar que ese no es su fuerte, en exceso confiado que su conocimiento del universo «Bond», del que se declara un ferviente seguidor, le llevará a realizar las tomas precisas.

X. MÚSICA PARA EL SUBCONSCIENTE

En la carpetilla que acompaña la edición del compacto de The Dark Knight Christopher Nolan confiesa que una de las razones que le impulsaron a decantarse por hacer una suerte de continuación de Batman Begins era volver a tener la Hans Zimmer, uno de los colaboradores de Chris Nolan en el ambito musical. oportunidad de repetir la experiencia creativa que había logrado con Hans Zimmer y James Newton Howard. Es evidente que alguien que mostrara poco aprecio por el efecto de la música en el balance creativo de un film nunca hubiera pensado en que el Estudio contratara a dos compositores del peso de Zimmer y Howard. Sin embargo, Nolan sabe de la importancia de la música y le confiere un valor muy superior al resto de sus colegas contemporénaos, explorando una infinidad de sonidos que potencian el componente dramático buscado. Sin echar mano de música ya escrita, Christopher Nolan confiaría en sus primeros films en David Julyan —un compositor dotado para la creación de atmósferas de signo malsano, como atestigua trabajos del calado de The Prestige o The Descent (2005) de Neil Marshall— para posteriormente cubrir sus expectativas más ambiciosas en este terreno al contar con dos «monstruos» como James Newton Howard y Hans Zimmer para su díptico de «el hombre murciélago».•
⇒ Para más información consultar página web no oficial de Christopher Nolan
   
     
director-prod. y guionista  : 2017    Dunkirk   [ Dunkerque ]
productor  : 2016    Batman Vs Superman: Dawn of Justice   [ Batman Vs Superman: el amanecer de la justicia ]
director-prod. y guionista  : 2014    Interestellar   [ Interestellar ]
argumentista y productor  : 2013    Man of Steel   [ El hombre de acero ]
director-prod. y guionista  : 2012    The Dark Knight Rises   [ El caballero oscuro: la leyenda renace ]
director-prod. y guionista  : 2010    Inception   [ Origen ]
director-prod. y guionista y argumentista  : 2008    The Dark Knight   [ El caballero oscuro ]
director y guionista y productor  : 2006    The Prestige   [ El truco final (El prestigio) ]
director y guionista  : 2005    Batman Begins   [ Batman Begins ]
director  : 2002    Insomnia   [ Insomnio ]
director y guionista  : 2001    Memento   [ Memento ]
director-prod. y guionista y montador y director de fotografía  : 1998    Following
   
     
Comprar en fnac.es
   
Editorial: T&B Editores. 
Subtítulo: Un mago en el laberinto. 
Autor: Pau Gómez.
Fecha de publicación: octubre de 2014.
184 pp. 17,0 x 24,0 cm. Rústica. Un pliego central en
papel couché con 36 fotografías
en blanco y negro.

COMENTARIO (Por Sergi Grau): Desengáñese, si quiere, pero acepte la realidad: Christopher Nolan es el cineasta actual que despierta más pasiones. Pasiones encontradas, ciertamente, por mucho que sus detractores puedan rastrearse más en el ciberespacio blogger y en las redes sociales que en los formatos convencionales, incluyendo los estudios y revistas de mayor prestigio, de análisis cinematográfico, que por lo general reconocen el talento y la personalidad de Nolan. Pero lógica es la cita de esos blogs y esas redes sociales, pues precisamente nos llevan al enunciado de partida: si Christopher Nolan estrena película, se trata de un acontecimiento. Y como tal, hay que hablar de ella, sea para declararse un ferviente admirador o para sacar la lista de los agravios; sea con conocimiento de causa analítica o sin ella; sea en contexto o como pretexto. Creo que fue Andy Warhol quien dijo una verdad cada vez más irrefutable: no hay buena o mala fama, sino fama a secas. Y en ese sentido, Nolan es el más afamado de los cineastas de la industria, que es lo mismo que decir que es el cineasta más afamado del mundo. Por ello —por razones de interés entre el público y, en lo sustantivo, para adentrarnos en las razones de ese interés— resulta oportuno publicar un libro sobre el cineasta londinense por mucho que hasta la fecha atesore un número aún limitado de propuestas y por su edad (nació en 1970) y ubicación en el establishment pueda augurarse que, como afirma Oti Rodríguez Marchante en el bonito y entusiasta prólogo que hallamos en este volumen, «la sazón y el florecimiento de su cine sea una experiencia que aún esté por llegar y analizar”, en una filmografía que es “un territorio en expansión».
Sentada esa motivación de la que participa Pau Gómez, el escritor que firma el ensayo que nos ocupa, nos adentramos en los términos precisos en los que se ha traducido esa motivación, en lo que da de sí ese análisis. Y para hablar de ello quizá no esté de más contextualizar el estado de las cosas en el estudio del que probablemente sea el más influyente formalista del cine de Hollywood de lo que llevamos de siglo XXI. Dejando de lado las críticas y estudios concretos a cada una de sus filmes, probablemente la obra que en este país haya sentado mayor cátedra en torno a la figura de Nolan sea el estudio que Antonio José Navarro le dedicó al director desde las páginas de la revista Dirigido por (“Christopher Nolan: los laberintos de la mente”, números 424 y 425, julio-agosto y septiembre de 2012). Pero si, conforme la personalidad y prioridades analíticas de Navarro, aquél era un estudio sesudo, denso en sus pespuntes analíticos, complejo en la contextualización entre las orillas psicologistas de su cine y la lectura sociológica siempre oportuna, en el libro que acaba de editar T&B nos encontramos con un enfoque que, sin ser superficial, propone una aproximación a la obra de Nolan mucho menos ambiciosa en términos analíticos puros, prefiriendo entregar un texto capaz de conciliar esas fórmulas analíticas con el grado menor de implicación en las mismas que es dable esperar de un lector profano (y entiéndase que con esa aseveración no trato de menoscabar ni el interés de esa elección metodológica del autor del volumen ni la absoluta legitimidad por parte de cualquiera, por mucho que no sea un estudioso del Séptimo Arte, de leer el libro que le apetezca, éste por ejemplo).
   De tal modo, y creo que con cierto grado de astucia añadido al esmero de su redactado, Pau Gómez no se empeña en irnos recordando una y otra vez que, como refería al principio, Nolan es un autor de películas-fenómeno, pero sí que incide, en los trazos esenciales en los que deslinda la personalidad creativa del director a lo largo de las páginas que dedica al estudio de cada una de sus películas, en los motivos por los que, considera, el director ha ido perfeccionando un acuerdo con el público y sus películas, por mucho que participen de una peculiar ortodoxia en sus aparatos formales, se caractericen principalmente por las reglas que el cineasta invita al espectador a tomar en consideración para visionar, interiorizar, comprender y sugestionarse con, por ejemplo, Memento (2001), El truco final (El Prestigio) (2006), Origen (2010) o la trilogía sobre Batman (2005, 2008, 2012). Gómez, atento al estilo de Nolan pero aún más a cómo ese estilo se traduce en unas reglas de atención y observación por parte de su público, empieza equiparando al realizador con un mago, jugando con el fácil (pero no desatinado) símil a costa del ejemplo con el que arranca y termina El truco final, que quizá considera su obra más personal, o al menos aquélla en la que terminan de florecer las características creativas que hoy el gran público detecta fácilmente en el visionado de sus películas. Así, nos dice que «Christopher Nolan ha perseguido siempre esa emoción primigenia en la audiencia», que es «un maestro moderno de la anagnórisis, el truco de magia por excelencia de cualquier guión dramático» o que, en fin, «su cine busca sobre todo el espectáculo, hacer partícipe al espectador de una realidad alternativa donde cualquier cosa puede suceder». Sentado ese “qué”, página a página, análisis de película a película, Gómez nos propone una suerte de cartografía sobre las señas creativas, el “cómo” que nos lleva al “qué”, deteniéndose en sus obsesiones temáticas y poniéndolas en correspondencia con las motivaciones de su puesta en escena y de la métrica de sus relatos.
    La idea motriz que sistematiza Gómez, por supuesto formulada en abstracto, podría resumirse en el hecho de que, como la arquitecto que Ellen Page encarnaba en Origen, Nolan crea espacios laberínticos en los que se enmaraña el espectador merced de su identificación con las intrincadas realidades que deben afrontar los personajes que protagonizan sus ficciones; y como Cobb (Leonardo Di Caprio) se ocupaba de hacer en la citada película, su labor creativa consiste en entregar al espectador, en sabia dosificación, herramientas para terminar hallando una salida al laberinto, la incógnita despejada en la compleja ecuación. El lector fervoroso del cine de Nolan sin duda que encontrará interesantes, o a menudo apasionantes, la sucesión de teorías que, con diligencia y conocimiento de causa analítica, Gómez propone para glosar, obra a obra, tanto la sustancia psicológica candente de que se revisten esos espacios laberínticos como la naturaleza desentrañada (o desentrañable) de las reglas, pistas que Nolan va diseminando en su trayecto narrativo para comprometer al espectador en la ciencia recreativa de esos relatos, que es indisociable con las necesidades y el sino de los personajes que los pueblan.
   Christopher Nolan, un mago en el laberinto es un volumen de lectura ágil y de extensión más bien breve. Tras el antes aludido prólogo de Marchante y un prólogo en el que Gómez se detiene en los antecedentes biográficos del director, la estructura se divide en dos bloques. La primera y más importante, que ocupa cerca de un centenar de páginas, se detiene en el análisis de las películas de Nolan (siguiendo la convención de referir primero algunos detalles o anécdotas sobre los antecedentes y la materialización del proyecto para después centrarse en la crítica cinematográfica en estricto, caracterizada hasta cierto punto por el gusto que el escritor encuentra a trazar relaciones y paralelismos entre el filme analizado y otros de la filmografía estudiada, algo lógico dada la naturaleza de la obra); también incluye un epígrafe, “El sello Syncopy” que, como es fácil adivinar, se centra en los proyectos que hasta la fecha Nolan ha firmado como productor, El hombre de acero (2013) y Trascendence (2014), esforzándose, como corresponde, por rastrear en ellas los rasgos de personalidad de Nolan. En una segunda parte del volumen, a lo largo de más de cuarenta páginas epigrafiadas como “Cómplices de la magia: el círculo de confianza de Christopher Nolan”, Gómez nos propone lo indudablemente más superfluo del volumen: una breve reseña biofilmográfica de los actores y técnicos que de un modo u otro, por estar ante las cámaras o por colaborar en el movie making, forman parte por derecho propio del imaginario nolaniano. Es cierto que tanto la incidencia de una labor técnica que revierte en películas que en muchos aspectos son variaciones unas de otras como la de unos actores (o categorías de personajes que hacen intercambiables esos actores: Christian Bale, Di Caprio, Matthew McConaughey…) que reiteran su aparición en los filmes del cineasta hace interesante, oportuno, ese epígrafe concreto, pero si digo que es superfluo es porque el enfoque analítico aquí brilla por su ausencia y las glosas bio-filmográficas se limitan a acumular datos objetivos, a salvo cualquier razonamiento que hubiera sido el fin y al cabo el que hubiera justificado semejante (que es mucho, más o menos un tercio) espacio en un monográfico consagrado a un director, y por tanto a su cosmogonía creativa.
    Este último elemento quizá delata las intenciones más livianas y meramente comerciales del volumen, pero no desmienten el rigor analítico que Gómez demuestra en el (y que hace apetecible la lectura del) resto del mismo, que se completa con una filmografía, con una bibliografía que incluye artículos periodísticos y algunas referencias en la red, y con un índice onomástico.•

Editorial:
Cátedra Ediciones. 
Colección: Signo e Imagen / Cineastas nº 114.
Autor: José Abad.
Fecha de publicación: enero de 2018.
256 pp. 11,0 x 18,0 cm. Tapa blanda.
Incluye filmografía y bibliografía consultada.

COMENTARIO (Por Sergi Grau): Lo escribí en estas mismas páginas hará un par de años, y las cosas no han cambiado: Christopher Nolan es el cineasta actual que despierta más pasiones (encontradas, si quieren, en esta época de la reseña express blogger y de redes sociales, de hypes y de haters). Si Nolan estrena película, se trata de un acontecimiento. Hablamos probablemente del más afamado de los cineastas de la industria, que es lo mismo que decir que es el cineasta más afamado del mundo. Como no podía ser menos, ya existe en España bibliografía diversa consagrada al autor, pero saludamos la edición de un monográfico dedicado al cineasta dentro de la prestigiosa colección Signo e Imagen / Cineastas de Cátedra. Su firmante, José Abad (Granada, 1967), demuestra ser un buen conocedor del cine del autor de Memento, y nos entrega un ensayo harto recomendable para iniciados.
   En el libro que nos ocupa se aprecia el magisterio de su autor en el campo de la filosofía. Abad opta por una aproximación al universo fílmico de Nolan que probablemente resulte la más interesante y jugosa: la que le define como cineasta de nuestro tiempo. ¿Por qué las películas de Nolan han sintonizado de tal modo con el público?, se pregunta Abad en las páginas del libro. Y la respuesta es el contexto sociológico: de principio a fin del volumen encontraremos infinidad de referencias a Zygmunt Bauman, Gilles Lipovetsky y otros sociólogos o filósofos que han incidido con suma agudeza en el análisis de los tiempos que nos hallamos. Quizá ese dato ya nos puede dar una primera aproximación al cine de Nolan: uno de los cineastas más relevantes de la era líquida. Es cierto que es en la presentación del personaje y en la glosa a su primera época progresa con más énfasis esa lectura en contexto socio-cultural y filosófico, en esa narrativa de personajes en permanente conflicto de identidad, desnortados, arrastrados por un curso de los acontecimientos que a menudo ni entienden y que por supuesto les supera, pero no lo es menos que la sombra de Bauman se posa, y lo hace con convicción, en el completo recorrido por la cinematografía de Nolan.
   Abad es un buen escritor cinematográfico, diáfano en su exposición y diestro en el manejo de datos y referencias. En su ingeniería analítica no limita su discurso a esos espejos con los tiempos en los que vivimos, y propone también un análisis de la figura de Nolan bajo la perspectiva del estado de las cosas en la industria del cine —incluyendo una semblanza a su labor como productor—, así como un perfil del cineasta como creador de imágenes que sortea rápida y fácilmente el lugar común: «las de Nolan quizá recuerden las propuestas severas de Stanley Kubrick, pues sí, pero su concepción espectacular del medio más bien apunta hacia los ejemplos de David Lean y Akira Kurosawa. […] Hablamos de un constructor de grandes relatos dirigidos al gran público, no a élites o minorías; unos relatos lo bastante porosos como para embeberse de una reflexión de largo alcance». De hecho, aprovecha el análisis de Interstellar, la mil veces tildada «2001 de Christopher Nolan» para zanjar ese a la postre estéril contraste entre Kubrick y Nolan desde el análisis de la entraña narrativa de los dos títulos: “A pesar de sus puntos en común, no se me ocurren obras más opuestas […]; una especula con una posible evolución del hombre a un estado más allá del bien y del mal (2001) mientras otra aboga por la salvaguarda de la especie desde unos presupuestos éticos de clara vocación humanista (Interstellar).” En su análisis de la opera prima del director, Following, Abad cita referencias como A quemarropa (1967), de John Boorman, y se acuerda del mismísimo David Lynch: «Following es un thriller abstracto a la manera de Terciopelo azul, la historia de un joven que desciende a los abismos, o a la manera de Carretera perdida, que también trata la intrusión en hogares ajenos y la transformación de un individuo en otro».
En el episodio centrado en las películas de Batman, se entretiene en una notable glosa de los antecedentes fílmicos del cine superheroico que contiene agudas reflexiones sobre los derroteros de ese género (¿ya podemos llamarlo así?) y las razones de su eclosión y éxito en lo que llevamos de siglo. Cuando entra en materia "nolaniana", sugiere que los avatares del héroe oscuro de Gotham inspiran un prisma sólido en la deriva discursiva del cineasta, al introducir reflexiones sobre ética y justicia en la tensión entre la dimensión trágica/individualista del personaje y su altruismo: «la “Trilogía del Caballero Oscuro” boga por la construcción de un tiempo y una sociedad habitables. Si Bill, Leonard y Will Dormer (los protagonistas de las tres primeras películas de Nolan) eran náufragos en tiempos líquidos, Batman quiere ser sólida ancla en esas aguas revueltas». Nolan, prosigue Abad más adelante, se distancia del trabajo de Tim Burton y Joel Schumacher para convertir a Batman en «una figura épica y trágica, un hombre roto y remendado, con un peligrosísimo lado autodestructivo, que debe luchar contra sí para consumar su proyecto. […] Un ejemplo del triunfo de la voluntad y un inesperado modelo ético adornado con muchos y muy sugerentes claroscuros».
   El ensayista opta por enfocar el análisis stricto sensu de cada película a partir de un desglose de su argumento, desglose a partir del cual emergen las opiniones, en una elección descriptiva-analítica que nos ofrece un buen ejemplo de la diferencia que hay —o que debería haber— entre escribir una mera crítica de una película y construir el armazón de un ensayo, pues Abad es, en eso también, coherente con sus planteamientos y conclusiones. Las molestias que se toma para desgranar el argumento de la obra como vía para el acercamiento sereno y reflexivo a la filmografía del cineasta estudiado resultan especialmente notables en la densa Origen, bien definida por el autor como «una especia de summa poética o un primer gran compendio creativo de los intereses de Nolan». Origen, sin duda una de las obras más carismáticas de su autor, nos ubica en los sueños como «reino del accidente, el desorden, la deriva y, tal como esta sociedad liquida nuestra, no mantienen una forma estable ni un rumbo fijo el tiempo suficiente para llegar a dominar el timón». De nuevo, en efecto, la conexión Bauman, probablemente en la alusión filmográfica de Nolan a sus tesis que resulta más acabada y elocuente.
   Nolan, nacido en 1970, es un cineasta al que aún le queda mucho recorrido. El volumen que nos ocupa merecerá a buen seguro una o más revisiones conforme esa filmografía siga dando de sí. Según estructura su autor, la primera etapa de Nolan se consagró al thriller, después vendría la época dedicada al cine fantástico, capitaneada por la «Trilogía del Caballero Oscuro», y tras ella Dunkerque (2017) inicia una tercera. ¿Se centrará en el relato histórico, en la crónica bélica, derivará hacia el drama convencional? Wait and see. Por ahora, José Abad se guarda un truco final en la chistera, que arrancará una sonrisa al lector mínimamente atento. Después de explicarnos y convencernos de que el cine de Nolan se imbrica a la perfección en la narrativa de la vida líquida que definió Bauman, termina su volumen afirmando que la trayectoria del cineasta es de una «solidez aplastante». Por supuesto que sí.•