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Guillermo del Toro
     



 
  Fecha y lugar de nacimiento :
4 de octubre de 1964, en Guadalajara, Jalisco (México).
  Actividades previas :
desde los seis años experimenta a través de diversos cortometrajes con una cámara de súper-8 los diferentes aspectos de la técnica y trucajes cinematográficos; ejerce de dibujante de cómics y crea una empresa de maquillaje y efectos especiales denominada Netropia encargada de dichas facetas en diversos largometrajes y series (1985); A oficia de crítico cinematográfico, labor que compagina con la creación de una serie fantástica de la televisión azteca titulada genéricamente La hora marcada para la cual dirige tres episodios; el joven cineasta aprende a las órdenes de Dick Smith (El exorcista, Pequeño gran hombre, las técnicas más novedosas sobre maquillaje.
  Otras actividades :
guionista, maquillaje y técnico de efectos especiales.
  Premios :
Oscar el Mejor Director por La forma del agua (2017); Oscar a la Mejor Película por La forma del agua (2017), junto con J. Miles Dale; Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por La forma del agua (2017), junto con Vanessa Taylor; Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por El laberinto del fauno (2006); Premio Honorífico concedido por el Festival Internacional de Cine de Sitges (2000).
  Otros datos :
casado y divorciado de Lorenza Newton (1986-2017) (dos hijos); fundador de la compañía cinematográfica The Tequila Gang.
     
    Pocos podían imaginarse que un joven mexicano devoto de las películas de Frank Capra, David Lean, Alfred Hitchcock, de la Hammer o de David Cronenberg acabaría convirtiéndose en una de las grandes esperanzas, no tan sólo del cine fantástico mexicano, sino también del estadounidense. Ya desde su debut con Cronos, Del Toro cautivó a la audiencia con esta especie de tragedia griega en la que un vampiro decrépito —magistral Federico Luppi, presente asimismo en El espinazo del diablo— se irá autodestruyendo al descubrir el funcionamiento de un complejo aparato de relojería del siglo XVI. Se trata, pues, de una cinta francamente interesante que cosechó diversos premios a nivel nacional e internacional --el de la Semana de la Crítica del Festival de Cine de Cannes, entre otros-, lo que permitió a Del Toro entrar en el mercado norteamericano. Mimic devino la presentación del director mexicano en la Meca de la cinematografía mundial. Buenos efectos visuales a disposición de una cinta en conjunto inferior a la anterior, pero que formalmente podría ser equiparable a cualquiera de las superproducciones del fantastique rodadas durante aquel periodo (The Relic, Horizonte final, El cuervo, etc.) Para su tercer largometraje, El espinazo del diablo, Guillermo Del Toro situaría su centro de operaciones en España —no en vano, uno de los feudos donde ha obtenido un mayor crédito profesional y una legión de incondicionales, certificado al ser distinguido con un premio honorífico en el Festival de Sitges de 2002— para contar una historia de fantasmas del pasado, estructurada a modo de metáfora sobre los recuerdos que aún perviven en la mente de muchos españoles. Enmarcada en plena Guerra Civil, el cineasta centroamericano opta por una combinación de drama y terror gótico con ciertas dosis de western. Pocos meses más tarde, Del Toro acometería otra aventura en tierras igualmente europeas (concretamente Praga), la continuación de Blade, en función de su inusitado rendimiento en taquilla. Al igual que en Cronos, la inmortalidad vuelve a convertirse en una suerte de maleficio, yendo incluso más lejos, transformando a los seres supuestamente provistos de vida eterna en seres portadores de una enfermedad incurable, en una clara metáfora sobre los efectos letales que causa el SIDA en una sociedad globalizada como la actual.
A tenor de lo que hasta el momento nos ha ofrecido su cinematografía —por otra parte, prolífica en la descripción de escenarios lúgubres y/o siniestros— Del Toro parece dispuesto a compaginar cintas que precisan de una costosa maquinaria de producción (Mimic, Blade II) debido al empleo de las nuevas tecnologías en efectos especiales, digitales y visuales, con otras que requieren una menor inversión (Cronos, El espinazo del diablo), aunque un mayor compromiso artístico e inventiva por parte del director de origen azteca.
   
     
   
   
     
director-prod. y guionista  : 2017    The Shape of Water   [ La forma del agua ]
director-prod. y guionista  : 2015    Crimson Peak   [ La cumbre escarlata ]
productor  : 2014    The Book of Life   [ El libro de la vida ]
productor  : 2013    Mama   [ Mamá ]
director-prod. y guionista  : 2013    Pacific Rim   [ Pacific Rim ]
guionista  : 2012    The Hobbit: An Unexpected Journey   [ El Hobbit: un viaje inesperado ]
voz  : 2011    Puss In Boots   [ El gato con botas ]
productor  : 2010    Los ojos de Julia   [ Los ojos de Julia ]
guionista y productor  : 2010    Don’t be Afraid of the Dark   [ No tengas miedo a la oscuridad ]
productor  : 2009    Biutiful
productor  : 2009    Mother & Child   [ Madres & hijas ]
productor  : 2009    Splice   [ Splice (experimento mortal) ]
productor  : 2008    Cosas insignificantes   [ Cosas insignificantes ]
director y guionista  : 2008    Hellboy II: The Golden Army   [ Hellboy II: El Ejército Dorado ]
productor  : 2008    Rudo y Cursi   [ Rudo y Cursi ]
productor  : 2007    El orfanato
director-prod. y guionista  : 2006    El laberinto del fauno
productor  : 2004    Chronicles   [ Crónicas ]
director y guionista y argumentista  : 2004    Hellboy   [ Hellboy ]
director  : 2002    Blade 2: Bloodlust   [ Blade II ]
director y guionista  : 2001    El espinazo del diablo
director  : 1997    Mimic   [ Mimic ]
productor  : 1994    Doña Herlinda y su hijo
director y guionista  : 1993    Cronos   [ Cronos ]
   
     
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Editorial: Calamar. 
Autor: Juan Andrés Pedrero Santos (coord.).
Fecha de publicación: octubre de 2016.
248 pp. 16,0 x 24,0 cm. Tapa dura.
Prólogo de Santiago Segura.Incluye
entrevista con Guillermo del Toro, bibliografía,
Filmografía e Índice onomástico.


COMENTARIO (Por Àlex Aguilera): Cuidada y necesaria aportación de la editorial Calamar nuevamente, a la cinematografía mundial con Guillermo del Toro: Las fábulas mecánicas (2016), llamada a ser una obra de referencia a partir de su publicación sobre la figura y personalidad del cineasta mexicano. Inevitablemente, el libro comprende su carrera profesional desde unos inicios ya de por sí prometedores con diversos cortos realizados con ínfimos medios y las recurrentes cámaras prestadas de familiares o compradas a precio de saldo. Con el salto al largometraje, perfectamente relatado en primera y tercera persona, con la enigmática, original  y sorprendente Cronos (1993), se descubrió a un cineasta con mayúsculas proveniente de una filmografía errática en los últimos años, la mexicana. El glosario de diatribas, obsesiones, influencias y trucos están esparcidos a lo largo del libro con sumo detalle y criterio, en una obra escrita de forma coral pero ordenada. En este punto, el coordinador Juan Antonio Pedrero Santos autor de James Whale: el padre de Frankenstein (2011) y del Terror Cinema. Cine clásico de terror (2009), ambos publicados en esta misma editorial reparte el cometido de los estudios en manos de auténticos connaiesurs de la trayectoria de Del Toro desde los albores de los años noventa. Así, pues, los nueve diez si contamos esa miniserie en progreso que es The Strain (2014), según la «trilogía de la oscuridad», de Chuck Hogan y el propio Del Toro largometrajes que conforman el cuerpo básico de la carrera de Del Toro antes de la oscarizada La forma del agua (2017) están perfectamente hilvanados y analizados por una media docena de escritores/críticos convencidos de las bondades del realizador mexicano. Especialmente aleccionadora e interesante es la parte dedicada al díptico Hellboy, un antihéroe incomprendido, que se hace más comprensible leyendo las fuentes cómic y desgranando sus características entorno a un mundo de violencia en pleno fragor de la batalla Guerra Mundial. La ayuda y el acompañamiento de Adrián Sánchez y Javier García Romero hacia ese viaje al pasado tan particular lo hacen más llevadero y justificable, si cabe.

   No obstante, para llegar hasta el fondo del universo de Del Toro se requieren varias claves y enigmas que desconocíamos de antemano. En este aspecto, y tras la fatídica producción de Mimic (1997) en palabras de Del Toro se produce un hecho apenas conocido que mutará la imagen de Del Toro en un ser más reservado, inaccesible y cerrado en su mundo. El secuestro en 1998 de su progenitor por parte de extorsionadores mexicanos, llevarán a un rescate en el que al parecer la aportación económica de James Cameron fue determinante con connotaciones terribles en su forma de proceder a partir de ese momento de tensión máxima.

El retrato de un adorador de la obra de Alfred Hitchcock y demás cineastas clásicos es llevada con suma cautela y habilidad por parte de los autores de la obra, puesto que no solo inciden en el aspecto técnico de cada uno de los films, sino que contextualizan el trabajo en función de diversos aspectos (económico, equipo técnico-artístico, soporte logístico e incluso el estado de ánimo) y de la adaptación casi siempre literaria o de cosecha propia guión compartido o no.

    Sin caer en el esfuerzo de leer episodios un tanto irrelevantes para el gran público como el último en que se habla de Lucille Sharpe: Biografía de un personaje, a propósito de La cumbre escarlata (2015), no hay que obviar los matices de los personajes que aparecen a lo largo de su ya sintomática filmografía.

Proyectos frustrados  (Las montañas de la locura, El Hobbit, etc.) y otros por abordar con suma disciplina y tiempo suficiente (Frankenstein) acaparan la otra parte no escrita sobre su obra ya consumida. Diáfano y explicativo en cada segmento, el libro aclara aspectos de la personalidad de Del Toro, desde un punto de vista, del creador ocupando el lugar de otro "creador" tanto de cómic (Mike Mignola, por ejemplo) como literario (Mimic). Como bien apunta su amigo y compañero de profesión Santiago Segura, Del Toro es antes que nada un erudito, un estudioso incomparable, una mente prodigiosa en manos de una maquinaria que no para de crear, de ir más allá de lo que su imaginación puede albergar.

En suma, la obra de Del Toro, por fin, diseccionada de principio a fin con sus altibajos pocos y su tremendo empeño en que todo salga en la forma calculada. Es por ello y que, tras varias intentonas una de ellas a cargo del estudioso crítico valenciano Carlos Durbán tenemos la obra definitiva sobre uno de los cineastas más influyentes de la actualidad. Asimismo, cabe destacar que el volumen se acompaña con numerosas fotografías de gran calidad y de una larga entrevista al parecer por línea telefónica que muestran a las claras, el retiro espiritual y obligatorio en los USA de un cineasta que se sincera con el autor Pedrero Santos y proclama a los cuatro vientos su filiación con la industria española en los que considera sus dos mejores filmes: El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006).

   Una buena ocasión, pues, para recuperar y seguir confiando en un realizador a quien con luz y taquígrafos se ha querido reconocer su labor tan metódica y profesional, repasando cada uno de sus trabajos con el mismo entusiasmo con el que el propio Del Toro dedicó.•