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Audrey Hepburn
     



 
  Nombre completo :
Edda Kathleen van Heemstra Hepburn-Ruston
  Fecha y lugar de nacimiento :
4 de mayo de 1929, en Bruselas (Bélgica).
  Fecha y lugar de defunción :
21 de enero de 1993, en Tolochenaz (Suiza), a causa de un cáncer.
  Actividades previas :
estudia en Inglaterra y Holanda para posteriormente entrar en la academia de ballet del Arnhem Conservatory of Music; tras la Segunda Guerra Mundial, recibe clases de ballet por parte de Edda Kathleen en Amsterdam; se desplaza a Inglaterra para acceder a los cursos de ballet impartidos por Marie Rambert, cambia su nombre cuando da el salto como modelo (1948); debuta en el teatro en un papel de corista en la obra High Button Shoes (1949); asiste a las clases de arte dramático de Felix Aylmer.
  Premios :
Oscar a la Mejor Actriz por Vacaciones en Roma (1953); Nominada al Oscar a la Mejor Actriz por Sabrina (1954), por Historia de una monja (1959), por Desayuno con diamantes (1961) y por Sola en la oscuridad (1967); Oscar Humanitario Jean Hersholt (1992); Globo de Oro a la Mejor Actriz Dramática por Vacaciones en Roma (1953); Premio Cecil B. DeMille (1990); Tony a la Mejor Actriz por Ondine.
  Otros datos :
casada y divorciada del actor y productor Mel Ferrer (1954-1968)(hijo: Sean), del doctor Andrea Mario Dotti (1969-1982)(hijo: Luca); convive con Robert Wolders (1984-1993); embajadora de honor de la ONU.
     
    La actriz de origen belga Audrey Hepburn hizo de la sencillez y de la naturalidad sus mejores armas para enfrentarse en la gran pantalla a actores consagrados (Gregory Peck, Cary Grant, Gary Cooper, Humphrey Bogart, Burt Lancaster) con los que mantenía algún vínculo de amistad o un apasionado romance. Era una práctica común en una primera etapa de su carrera que tendría su punto de partida en el papel de la princesa Ana en Vacaciones en Roma. Estructurada como un cuento de hadas bajo las directrices de William Wyler, Audrey Hepburn se apropió de un modelo de personaje –solidario, contestatario, franco y angelical— que obtendrían el consenso de la Academia al retribuirla con un Oscar. Su composición de la hermana Luke en Historias de una monja, la aprendiz de cocinera Sabrina Fairchild en Sabrina, Ariane Chevasse en Ariane y la sofisticada dama de compañía Holly Golighty en Desayuno con diamantes seguían explotando la imagen «angelical» de Audrey Hepburn. Pero ya había dado muestras en Guerra y paz de saber descifrar los giros dramáticos que requieren ciertos personajes, como el de Natascha en la adaptación cinematográfica de la obra de Fiodor Dostoievski. Dentro de una obvias limitaciones, Audrey Hepburn asimiló su frágil y dinámica figura en el terreno de la intriga en Charada –-que inevitablemente nos retrotrae al juego de miradas que se establece entre un maduro Cary Grant y ella a bordo de una embarcación turística bajo el influjo de la noche parisiense— y Sola en la oscuridad, en el papel de la invidente Susy Hendrix. Esa misma voluntad de cambió la llevó a satisfacer su pasión por el musical en My Fair Lady, aunque Mauri Dixon se encargara de doblarla en los números escritos para la ocasión por Alan Jay Lerner y Frederick Loewe. My Fair Lady se entendía como un paso previo para distanciarse con el pasado y que cobraría carta de naturaleza con su recreación en Dos en la carretera –una desesperanzada y amarga crónica sobre la convivencia en pareja, que apuntaba a una experiencia matrimonial reciente de los tres pilares del film (el director Stanley Donen, Albert Finney y la propia Audrey Hepburn). Dos en la carretera supuso el anuncio de la despedida de Hepburn de un medio que le había procurado un rendimiento mucho mayor del que cabría esperar para una exigua relación de films concebidos en el margen de apenas catorce años, la mitad de los cuales pasó acompañada por su marido Mel Ferrer (cointérprete de Guerra y paz y coproductor de Sola en la oscuridad). Su presencia en Todos rieron, Robin y Marian –-emotiva reflexión en clave desmitificadora en torno a unos personajes otrora legendarios— y Para siempre tan sólo se entiende como signos de admiración de sus artífices. Bogdanovich, Lester y Spielberg compartieron una misma ilusión por recuperar para la gran pantalla a una actriz que consagró los últimos de su vida en ofrecer apoyo a la ONU en su calidad de embajadora mundial. Un acto de gratitud que se corresponde con el que Hepburn obtuvo por parte del mundo del cine.
   
     
   


⇒ Página web de Audrey Hepburn

   
     
intérprete  : 1989    Always   [ Para siempre ]
intérprete  : 1982    They All Laughed   [ Todos rieron ]
intérprete  : 1979    Bloodline   [ Lazos de sangre ]
intérprete  : 1976    Robin and Marian   [ Robin y Marian ]
intérprete  : 1967    Wait Until Dark   [ Sola en la oscuridad ]
intérprete  : 1966    How to Steal a Million   [ Cómo robar un millón y... ]
intérprete  : 1966    Two For the Road   [ Dos en la carretera ]
intérprete  : 1964    Paris When It Sizzles   [ Encuentro en París ]
intérprete  : 1964    My Fair Lady   [ My Fair Lady ]
intérprete  : 1963    Charade   [ Charada ]
intérprete  : 1961    Breakfast At Tiffany's   [ Desayuno con diamantes ]
intérprete  : 1961    The Children's Hour   [ La calumnia ]
intérprete  : 1959    The Nun's Story   [ Historia de una monja ]
intérprete  : 1959    The Unforgiven   [ Los que no perdonan ]
intérprete  : 1959    Green Mansions   [ Mansiones verdes ]
intérprete  : 1957    Love In the Afternoon   [ Ariane ]
intérprete  : 1956    War and Peace / Guerra e pace   [ Guerra y paz ]
intérprete  : 1956    Funny Face   [ Una cara con ángel ]
intérprete  : 1954    Sabrina   [ Sabrina ]
intérprete  : 1953    Roman Holiday   [ Vacaciones en Roma ]
intérprete  : 1952    Secret People
intérprete  : 1951    One Wild Oat
intérprete  : 1951    Young Wives' Tale
intérprete  : 1951    Nous irons à Montecarlo   [ Americanos en Montecarlo ]
intérprete  : 1951    The Lavender Hill Mob   [ Oro en barras ]
intérprete  : 1951    Laughter in Paradise   [ Risa en el paraíso ]
intérprete  : 1948    Nederlans in Zeben Lessen
   
     
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Editorial: Lumen.   
Autor: Donald Spoto.
Fecha de publicación: 2006.
398 pp.15,0 x 23,0 cm. Tapa dura. 2 pliegos con fotografías
en blanco y negro.
 
COMENTARIO (Por Tomàs Fernández Valentí): Audrey Kathleen Ruston, en arte Audrey Hepburn, es el centro de atención de esta biografía (o, como reza un tanto pomposamente su subtítulo, La biografía) escrita por Donald Spoto, ensayista norteamericano bien conocido por sus libros de temática cinematográfica, entre ellos el famoso y en su momento polémico Alfred Hitchcock. La cara oculta del genio, así como de biografías de personalidades como Tennessee Williams, Marlene Dietrich, Sir Laurence Olivier, Marilyn Monroe e Ingrid Bergman. La carrera profesional de Audrey Hepburn y sobre todo la vida privada de la actriz, nacida el 4 de mayo de 1929 en Bruselas, hija de un banquero inglés y de una baronesa holandesa, y fallecida en la localidad suiza de Tolochenaz el 20 de enero de 1993, víctima de un cáncer de colon, es el eje de atención de un libro, como siempre en Spoto, bien escrito y excelentemente documentado, elaborado con la minuciosidad habitual de los especialistas estadounidenses en materia de libros biográficos, de ahí la notable abundancia de declaraciones oídas de viva voz por el autor tras una serie de entrevistas con personas del entorno de la biografiada.
 
Retrato de una dama
   
   Audrey Hepburn. La biografía se lee con la misma fluidez que si fuera una novela. El libro divide el recorrido por la vida y la obra de la actriz en cuatro grandes bloques, los inicios (1929-1950), la fama (1951-1956), el éxito (1957-1970) y encanto (1971-1993); Enchantment, encanto, es precisamente el título original en inglés del volumen. A través de unas páginas llenas de anotaciones precisas, mas a pesar de ello con cierto deje superficial (Spoto está encariñado con su biografiada y se nota que no quiere ahondar demasiado en los aspectos más negativos, o menos positivos, de su personalidad), el autor repasa la trayectoria personal de la Hepburn (o «la obra Hepburn», como también era conocida, en contraposición con Katharine Hepburn), parándose en sus (frustrados) esfuerzos iniciales de triunfar como bailarina; sus primeros pasos en el cine europeo antes de dar el gran salto al norteamericano; sus dos matrimonios, el primero con el actor Mel Ferrer (entre 1954 y 1968) y el segundo con Andrea Dotti (entre 1969 y 1982); y su retiro voluntario, para dedicar gran parte de sus últimos años de existencia a labores caritativas como embajadora de UNICEF, tras haber rodado algunas películas tan famosas como Vacaciones en Roma (que le reportó un Oscar a la mejor actriz), Sabrina, Guerra y paz, Historia de una monja, Los que no perdonan, Desayuno con diamantes, My Fair Lady y Robin y Marian, entre otras. Por cierto, llama mucho la atención que Spoto hable en el libro, como si hubiese sido último trabajo profesional de la actriz ante las cámaras, del telefilm Love Among Thieves (Roger Young, 1987), y no mencione en absoluto su postrera actuación para la gran pantalla en el posterior film de Steven Spielberg Always (Para siempre) (1989), en el que encarnaba al emisario celestial que recibía en el más allá el alma del bombero fallecido en acto de servicio que encarnaba Richard Dreyfuss. El que suscribe ignora si es que Spoto tiene algo en contra de Spielberg, de la película o de Dreyfuss… Pero, bromas aparte, Audrey Hepburn. La biografía ofrece exactamente aquello que promete: un perfil sobre un personaje que, sobre todo gracias a sus prestaciones como modelo a las órdenes de célebres modistos como Givenchy, ha acabado convirtiéndose en un icono pop, una especie de fetiche de coleccionismo kitsch que ven en ella algo así como la máxima expresión del glamour, la elegancia y la sofisticación femeninas, pero que con frecuencia pasan por alto el talento de una actriz notable y que en más de una ocasión demostró que era, parafraseando uno de sus más populares trabajos a las órdenes de Stanley Donen, algo más que «una cara con ángel». Es mérito de Spoto, en este sentido, el no cargar las tintas sobre esa imagen icónica (y, según como se mire, algo repelente), centrándose sobre todo en el ser humano, más fuerte y decidido, menos frágil y etéreo de lo que su imagen podría dar a entender, que se encontraba tras Audrey Hepburn.•
Subtítulo: Una princesa en la corte de Hollywood.
Editorial: T&B Editores y Bookland.
Colección: Toma 2.
Autor: Juan Tejero.
Fecha de publicación: diciembre de 2010.
400 pp. 21,0 x 28,0 cm. Rústica. 
Contiene más de 700 fotografías en
color y en blanco y negro. 

COMENTARIO (Por Christian Aguilera): Existen libros que nacen con el propósito de satisfacer al lector por lo que cuentan y por lo que se contempla en el interior de sus páginas. Este doble propósito lo cumple la monografía Audrey Hepburn: una princesa en la corte de Hollywood, toda una oda a la figura de la actriz belga que se traduce tanto en el peso de la palabra como en el poder de la imagen donde su belleza angelical es, por derecho propio, «patrimonio» del Séptimo Arte. No obstante, el impresionante despliegue fotográfico del que hace acopio el presente volumen no sepulta la prosa de Juan Tejero, si no más bien ambos espacios se conviven, se complementan, dando lugar a esa obra que los admiradores de la etérea, a la par que encantadora Audrey Hepburn (1929-1993), siempre han querido ver publicada para encontrar acomodo junto a un «panteón» orlado de títulos clásicos en formato digital de los que la intérprete natural de los Países Bajos formó parte. Tejero ya había tenido un primer acercamiento al mundo de Audrey Hepburn dentro de la misma editorial T&B, bajo un subtítulo, Una cara con ángel, extraído de un film que el escritor cinematográfico madrileño vuelve a reivindicar para esas causas quizás perdidas cuando se aborda el género musical trasnochado a los ojos de buena parte de las nuevas generaciones de aficionados al cine. En relación a la obra fechada en 2003 el capítulo dedicado a la música en el cine de Audrey Hepburn —con el epicentro situado en su colaboración (directa o indirecta) con Henry Mancini— desaparece, pero el resto se refunde en una monografía que se expande hasta las 400 páginas, aproximadamente ciento setenta más que las publicadas siete años atrás. En realidad, se trata de una reescritura de los textos que busca con más ahínco parcelar las partes en «conflicto» de una producción que toda obra bien documentada debe contener. Una de las especialidades de Tejero, el bosquejo de aquel dato que había quedado orillado en publicaciones precedentes, en este caso, sobre Audrey Hepburn, da lugar a un primoroso cuadro informativo sobre los entresijos de las producciones en las que esta participó, deteniéndose posteriormente en analizar el contenido del film en cuestión y sobre todo del contexto en el que se desarrollaría su estreno. El apartado de recopilación de reseñas de la época —una vez más, puesto de relieve la severidad de ciertos juicios en el debe de parte de la crítica estadounidense, que no escatimaba en varapalos independientemente del prestigio de uno u otro responsable situado tras las cámaras— dan el toque preciso para acabar de perfilar un escrito ágil, que a veces no desdeña una cierta subjetividad cargada de maximalismos en aras a dar un sello personal a una obra que fácilmente hubiera sucumbido al paisaje anodino descrito por un admirador de Audrey Hepburn.
   Al concluir la lectura de Audrey Hepburn: una princesa en la corte de Hollywood nos puede mover a la reflexión del porqué ella y no otras actrices ha movilizado tanto los corazones de personas de generaciones y de sensibilidades tan distintas. Presumiblemente, esta sensación que se ha ido consolidando con los años se deba a que Audrey Hepburn daba cobertura, incluso en un mismo film, a una muy variada gama de percepciones amorosas que no tan sólo respondía a los cánones de identificación de parejas al estilo Love Story (1970). De ahí que, por ejemplo, durante un largo tramo de su andadura profesional, prácticamente encadenara una serie de participaciones compartiendo cabeza de cartel con hombres (mucho) más mayores que ella —Gregory Peck en Vacaciones en Roma (1953); Humphrey Bogart en Sabrina (1954); Fred Astaire en Una cara con ángel (1956); Gary Cooper en Ariane (1957); Burt Lancaster en Los que no perdonan (1959)—, algunos de ellos inclusive podrían haber pasado por representar a figuras paternas. Ese romanticismo libre de «las fronteras de la edad» presumiblemente sea el que nos ayude a definir el porqué del carácter inmortal de una actriz que supo, ya en su madurez, obsequiarnos con dos sublimes interpretaciones en Dos en la carretera (1966) y Robin y Marian (1976). En cierto sentido, el personaje de Joanna para la que sería su tercera colaboración con Stanley Donen, Audrey Hepburn ya se lo traía de casa por cuanto podía ver reflejados algunos aspectos del mismo en su relación conyugal con Mel Ferrer —su partenaire en Guerra y paz (1956), y director en Mansiones verdes (1959)—, camino de una separación que se rubricaría al año siguiente. Notas biográficas que se van colando en esos entresijos de unas producciones que dieron poco respiro a Audrey Hepburn a lo largo de dos décadas donde sus sueños de juventud se multiplicaron hasta el infinito. Así pues, se evidencia lo acertado del subtítulo de un libro que reserva asimismo para los aplicados coineusseurs del cine de la época por excelencia del scope y los formatos panorámicos algún que otro giro sorpresivo cuando detalla los pormenores del proyecto No Bail for the Judge, que Hepburn desestimó por la dureza de su trama —habitaría en la piel de una mujer violada— en un momento que estaba a punto de dar a luz al que sería su único hijo, Sean, tras sufrir diversos abortos. Alfred Hitchcock estuvo detrás del mismo, y debió torcer más que el gesto cuando decidió abandonar No Bulfer for the Judge al no disponer de una actriz que, si bien no la asociamos con una cabellera rubia, sí lo fue en The Secret People (1952), en esa etapa de tanteo donde combinaba el ballet con la actuación antes de ser descubierta por William Wyler en Vacaciones en Roma. El título que, en definitiva, la haría pasar casi de la noche a la mañana del anonimato al pedestal del star-system de Hollywood con la obtención de un Oscar® en la cinta que compartía protagonismo con Gregory Peck por las calles de la capital transalpina. A partir de entonces, el «mito Audrey Hepburn» se iría escribiendo película a película dentro de una selecta filmografía —Mel Ferrer ofició de agente en la sombra durante el periodo que duró su matrimonio—que ahora luce más que nunca fuera de la pantalla en esta obra inmaculada en su capítulo visual y hábilmente escrita al balancear documentación, información y porqué no, opinión, ponderado siempre desde un ánimo didáctico y guiado por un profundo respeto, cuando no admiración por una época de esplendor que hizo posible la confección de producciones del fuste de la agridulce Sabrina, la reivindicable Una cara con ángel o la exquisita My Fair Lady (1964).•