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Paul Thomas Anderson
     



 
  Fecha y lugar de nacimiento :
26 de junio de 1970, en Studio City, California (Estados Unidos).
  Actividades previas :
desde joven conoce los entresijos del mundo del espectáculo, ya que su padre Ernie Anderson, popularmente conocido con el sobrenombre de Ghoulardi, protagoniza numerosos espectáculos televisivos de ámbito nacional y teatrales en la ciudad de Cleveland, donde reside temporalmente su familia; al cabo de pocas semanas de ser expulsado de la New York University, confecciona el cortometraje Dirk Diggler Story (1988), para posteriormente rodar otro corto, Cigarettes and Coffee (1993), que obtiene una buena acogida en distintos festivales especializados.
  Otras actividades :
guionista y productor.
  Premios :
Oso de Berlín a la Mejor Película por Magnolia (1999); Espiga de Plata del Festival de Cannes al Mejor Director por Punch-Drunk Love (2002), junto con Kwon-Taek In; Nominado al Oscar al Mejor Director por Pozos de ambición (2007); Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por Boogie Nights (1997) y por Magnolia (1999); Nominado al Oscar al Mejor Guión Adaptado por Pozos de ambición (2007). 
  Otros datos :
hijo del actor Ernie Anderson; convive y se separa de la cantante Fiona Apple; convive con la actriz Maya Rudolph (hija: Pearl).
     
   

Hijo del actor Ernie Anderson, uno de los primeros personajes en incorporar los espectáculos de terror en la televisión norteamericana, Paul Thomas Anderson abandera –junto a Bryan Singer, James Gray, Todd Solondz o M. Night Shyamalan— la nueva vanguardia de directores-guionistas de la industria cinematográfica más importante del mundo. En sus primeras obras para la gran pantalla, Paul Thomas Anderson ha demostrado un inusual talento para saber filtrar las influencias en distintas disciplinas artísticas acumuladas desde sus años de adolescencia y otorgar una entidad propia a propuestas como Hard Eights, Boogie Nights o Magnolia. No en vano, son historias corales, por regla general cíclicas, cuyas situaciones y personajes se entrelazan, se superponen hasta derivar en una tragedia o en un desenlace de una fuerte carga dramática. En este sentido, Hard Eights —rebuatizada como Sydney un año después de su discreto estreno comercial en los Estados Unidos—, puede interpretarse como un borrador, un ejercicio de estilo de la que supondría su verdadera proyección internacional, Boogie Nights, en la que nuevamente explora en los submundos ligados a la clandestinidad, pero en este caso en un periodo distinto —el comprendido entre finales de los setenta y principios de los ochenta—. Amén del conocimiento de aquella época que había adquirido de primera mano por parte de su padre —curiosamente fallecido durante el rodaje del film— y que le había permitido desde muy joven familiarizarse con las películas porno que se reproducían en uno de los primeros prototipos de magnetoscopio, Paul Thomas Anderson contó para la confección de Boogie Nights con el inestimable asesoramiento de Burt Reynolds y del productor ejecutivo Lawrence A. Gordon, ligado a la figura del director Walter Hill en sus prometedores inicios. Ambos habían consolidado sus respectivas carreras en los años setenta y principios de los ochenta, el intervalo temporal que recrea Boogie Night, cuyos dinámicos y continuos movimientos de cámara —en un alarde de virtuosismo visual que combina efectos de steadicam con el uso de la cámara al hombro— fijan el objetivo sobre una comunidad californiana consagrada a la confección de películas porno. Homenaje explícito al cine de los setenta del que había participado activamente Burt Reynolds —encarnando a un director de cine porno que le valdría una efímera rehabilitación profesional con su nominación al Oscar— y, de forma, velada, a películas de Martin Scorsese —en concreto, Taxi Driver (1975)—, uno de los cineastas a los que más admira Paul Thomas Anderson, Boogie Nights ofrecería la alternativa a una pléyade de jóvenes intérpretes que han seguido afianzando sus respectivas carreras: Philip Seymour Hoffman, Mark Wahlberg, Heather Graham, amén de su actor fetiche John C. Reilly. Algunos de ellos participarían en la siguiente propuesta cinematográfica de Paul Thomas Anderson, Magnolia, valedora de su segunda nominación al Oscar al mejor guión original. Un dato que por sí solo avala la capacidad de Paul Thomas Anderson para hacer de una película de tres horas de duración un espectáculo de primer orden en el que se concitan tragedias familiares con los consabidos ejercicios de culpabilidad y una despiadada crítica al poder mediático de la televisión a través de sus programas de supuesta autoayuda, aderezados por unos toques de comedia y notas musicales a cargo de Ammie Mann. En su cuarto largometraje, Punch-Drunk Love, Paul Thomas Anderson seguiría explorando en las debilidades y las frustraciones humanas de la sociedad contemporánea, pero distanciándose del tono solemne y acaso nihilista de su contemporáneo Todd Solondz, para hacer un nuevo ejercicio que invite a la esperanza y a la reflexión al mismo tiempo, sin prescindir su condición de espectáculo cinematográfico. Con sus siguientes producciones, Pozos de ambición y The Master —una clara alusión al mundo de la cienciología, aunque su nombre se elude en esta cinta protagonizada por Joaquim Phoenix y uno de sus actores fetiche, Philip Seymour Hoffman—, Paul Thomas Anderson afianza su prestancia de autor-director norteamericano más interesante del panorama del siglo XXI, marcando un estilo presidido por un tono críptico y oscuro sobre la condición humana.

   
     
   

El decálogo de Paul Thomas Anderson

I. FAMILIA
Dentro de los planteamientos temáticos ofrecidos por Paul Thomas Anderson cabría diferenciar dos conceptos disímiles del término «familia». Por un lado, una acepción sería la literal, enfocado hacia el parentesco, el cual el cineasta pone constantemente en tela de juicio mostrando su destrucción interna. En Boogie Nights, Mark Wahlberg huye de su posesiva e intransigente madre, al tiempo que a Julianne Moore, debido a su profesión, se le retira la custiodia de su hijo; en Magnolia el dolor de los seres que pululan por el film está, en la mayoría de los casos, provocado por personas de su misma sangre (la hija que sufre abusos sexuales del padre, el odio visceral que siente el personaje de Tom Cruise hacia el suyo,…); en Punch-Drunk Love, las hermanas de Adam Sandler destrozan casi por completo su personalidad, abocándolo a la frustración. El punto más radical, sin embargo, ha llegado con su último film hasta la fecha, Pozos de ambición, en el que la familia es, simple y llanamente, un espejismo. Todos estos personajes se refugian en el otro sentido del término: en una pequeña comunidad en la que (aparentemente) logran integrarse, ya sea el mundo de la pornografía en Boogie Nights o la televisión en Magnolia.
 

II. ROBERT ALTMAN
Dentro de los directores que han ejercido una mayor influencia en el cine de Paul Thomas Anderson destaca sobremanera la figura de Robert Altman. Hay un elemento más que evidente que enlaza ambos estilos y es el gusto por la concepción de unas historias caleidoscópicas y corales en las que los personajes se cruzan de manera directa o indirecta y que, en el fondo, sirven como reflexión sobre la actual civilización (Vidas cruzadas y Magnolia, por citar los dos ejemplos más evidentes). Otro, su clara tendencia a nadar a contracorriente, a no seguir modas o tendencias sino, por el contrario, a construir un camino propio en el que moverse con absoluta libertad creativa. A modo de anécdota, Paul Thomas Anderson ejerce de prologuista en una de las escasas monografías (Altman on Altman de David Thompson) escritas sobre la obra del realizador oriundo de Kansas y, para el último film de éste, el cineasta californiano figuraba como director substituto («standby director») en caso de percance físico durante el rodaje dada la avanzada edad y los problemas cardíacos del autor de Quinteto.
 

III. «RELIGIÓN»
Al igual que con la familia, la religión tiene diversos significados en el cine de Paul Thomas Anderson. Siempre desde un prisma radicalmente escéptico, la intensidad con la que concibe varias de las secuencias de Pozos de ambición en las que los sermones de Paul/Paul Dano devienen sangrientas diatribas personales, o la fuerza del discurso ferozmente misógino y superficial del «gurú catódico» Frank Mackey/Tom Cruise y su captación casi sectaria de una audiencia frágil e incapaz de dar un sentido a sus vidas en Magnolia, constata la postura de Anderson hacia un aspecto tan básico en la vida diaria de los estadounidenses (y, en general, del resto del mundo) como es su necesidad de creer en cualquier tipo de ramificación religiosa con ansias de proselitismo, llámense evangélicos, cienciólogos o cristianos. El otro aspecto, lo expone maravillosamente Anderson en Boogie Nights al concebir una comunidad en la que, prácticamente, el cine es la religión a seguir. Ahora bien, el cine porno.
 

IV. STEADYCAM
Desde finales los años setenta son muchos los cineastas que han hecho del uso de la steadycam una parte definitoria de su estilo, entre ellos Robert Altman. Ahora bien, pocos directores jóvenes saben darle un significado enteramente dramático a los planos en los que se utiliza esta cámara especial. Paul Thomas Anderson es uno de ellos. Ya en Boogie Nights, la presentación de los personajes y el ambiente en el que conviven se resuelve en un solo plano mediante semejante técnica. Pero, aparte del sentido descriptivo e, incluso, psicológico (Magnolia) con que maneja la steadycam, también le sirve para subrayar momentos de una especial tendencia dramática y, con ello, reforzar las impresiones o el impacto emocional que todo el conjunto de un film tiene en el espectador. Concretamente, la secuencia de Pozos de ambición en la que Daniel Day-Lewis lleva en brazos a su hijo herido transmite una extraña emoción debido a la fuerza del plano en el que está rodado y a que el seguimiento de la angustia del personaje hace que la inmersión en el conjunto de la obra sea ya absoluta.
 

V. INTÉRPRETES: COMPAÑÍA ITINERANTE
Paul Thomas Anderson es de los directores que suele trabajar codo con codo con los intérpretes y no tiene reparo a recrear el personaje con el actor escogido in situ, en los ensayos. Pero ahí acaba la cosa. Su cine se beneficia de una nómina de intérpretes que se cuenta entre lo mejor que ha producido el cine estadounidense en los últimos decenios: John C. Reilly, Gwyneth Paltrow —amiga desde los tiempos del instituto de su actual compañera sentimental, Maya Rudolph—, Samuel L. Jackson, William H. Macy, Philip «Sydney» Baker Hall, Julianne MoorePhilip Seymour Hoffman, etc. Las excepciones, para lo bueno y para lo menos bueno: los ingleses Emily Watson y Daniel Day-Lewis, en un auténtico one man show en Pozos de ambición, que le valió su segundo Oscar hasta la fecha, y en el otro lado de la balanza, Adam Sandler. Su presencia condiciona y de que modo, Punch-Drunk Love. Asimismo, cabe reseñar que Tom Cruise consiguió una nominación al Oscar, pero se le resistió una vez más la estatuilla. No sucedió lo mismo con Peter Finch, fuente de inspiración para crear el personaje de Frank Mackey, cuya interpretación en Network, un mundo implacable (1976) cautivó de tal manera a Anderson que en el curso de la preparación de Magnolia se refería una y otra vez al actor inglés en su composición de un «mesías» televisivo. Sin embargo, no acaban aquí los patrones cinematográficos de los que se ha servido Paul Thomas Anderson para urdir sus personajes. Baste el ejemplo de Daniel Plainview (Day-Lewis), que en distintos pasajes (el reencuentro con su supuesto hijo en su mansión) recuerda al Mister Arkadín en el film homónimo y al Charles Foster Kane en Ciudadano Kane (1941), con un similar timbre de voz (elevado a los registros más graves y «cavernosos») a Orson Welles, el nombre común a todos estas producciones.      
 
 

VI. INDIVIDUO Y CIVILIZACIÓN
Una constante verdaderamente decisiva en el cine de Paul Thomas Anderson es su exposición, diáfana y estrictamente subjetiva, de los factores que condicionan o enfrentan al individuo con una sociedad que, ya sea la del primer cuarto del S. XX (Pozos de ambición), la de los años setenta (Boogie Nights) o la del cambio de milenio (Magnolia, Punch-Drunk Love), irremediablemente intenta anularlo e integrarlo en el conjunto de una masa manipulada y manipulable. Mark Wahlberg opta por el camino de un submundo marginal para escapar de la colectividad; en Magnolia ninguno de los protagonistas ha hallado algún derrotero que les pueda evitar dicha frustración y viven en una continua indefinición personal; el Adam Sandler de Punch Drunk Love ha nacido al margen de todo y de todos y lo que busca, precisamente, es un punto de integración que no logra ni aún materializando una relación amorosa; por su parte, en Pozos de ambición, el contacto de Daniel Day-Lewis con el resto de la sociedad únicamente se establece debido a intereses comerciales. La soledad del personaje al inicio del film y el hecho de que, durante casi quince minutos, no se pronuncie una sola palabra es revelador de los niveles de incomunicación en los que Anderson incide.
 

VII. FINAL CUT
A excepción de Sydney y Punch Drunk-Love, con una duración más o menos estándart (entre noventa y cinco y cien minutos) en el cine contemporáneo, el resto de los films dirigidos por Paul Thomas Anderson se sitúan próximos a las tres horas. Una posición de privilegio ganada a partir de su tercer largometraje, donde había obtenido el final cut, esto es, la potestad para decidir la versión que debería estrenarse en salas comerciales. Ni siquiera la mayoría de directores ya consagrados tienen derecho a esta medida de gracia por parte de los productores. Esta opción contractual permite a Paul Thomas Anderson el desarrollo de unas historias que, al implicar multitud de personajes o precisar de un ritmo determinado, a menudo pueden dispararse hasta las tres horas, provocando los consiguientes quebraderos de cabeza para las salas exhibidoras. Con las posibilidades que ofrecen los nuevos formato actuales, tanto el DVD o el Blue-Ray, podemos esperar ediciones más extensas de sus películas, pero las versiones proyectadas en el cine suelen ser y presumiblemente sean las que satisfagan más a su máximo creador, Paul Thomas Anderson.  
 

VIII. FINALES ABIERTOS
En manos de otros personajes de la órbita cinematográfica más abocados hacia lo crematístico, cabría esperar un Boogie Nights II, un Magnolia II, etc. Sin duda, el cine de Paul Thomas Anderson plantea numerosos interrogantes en el espectador sobre el futuro que depara a las protagonistas. Desde una perspectiva formal, se trata de obras cerradas en sí mismas, pero que deja siempre un punto enigmático en sus últimos fotogramas. Unos finales abiertos, por regla general, que mantienen pensativos a su legión de incondicionales y otro tanto a los espectadores ávidos por descubrir producciones que escapen de la ortodoxia, de las convenciones. Ya en Sydney, su ópera prima, se podrían poner puntos suspensivos a un final, en los primeros envites del día, que contrasta con un universo nocturno poblado de individuos desnortados. En Boogie Nights —con Mark Wahlberg desafiando a su propia imagen frente al espejo y, en concreto, jactándose del tamaño de su miembro viril—, Magnolia, Punch Drunk-Love y sobre todo Pozos de ambición —en puro delirio catárquico a cargo de Daniel Plainview— los títulos de crédito finales vienen precedidos por unas secuencias que llaman a creer al público que aún queda por ver más metraje. Pero no es así. A partir de aquí tan sólo caben interpretaciones.
 

IX. UN DIRECTOR BAJO LA INFLUENCIA...
Robert Altman se sitúa en el primer escalón de influencia de Paul Thomas Anderson. No obstante, existen otros realizadores que han captado la atención del californiano, quizás en un sentido menos explícito. Por ejemplo, puede sorprender que sea Network, un mundo implacable  uno de los films favoritos de todos los tiempos de Anderson, pero si nos fijamos detalladamente en Magnolia advertimos que el tratamiento visual (sombrío y calustrofóbico) que favorece la fotografía de Robert Eswith —su operador habitual, por otra parte— es parejo al expuesto por Owen Roizman en el film dirigido por Sidney Lumet. Consideraciones de esta naturaleza son recurrentes en un cineasta enciclopédico como Anderson, quien apela a un plan de trabajo similar al de Lumet —ensayos previos de varias semanas de duración, discusiones prácticamente en régimen de cooperativa en torno a una gran mesa. etc.—. De aquellos directores que cautivaron a Anderson desde su adolescencia figura en letras de oro Martin Scorsese, al que rinde homenaje en Boogie Nights —la escena final remite al Travis Bickel/Robert De Niro en Taxi Driver (1976)—, Francis Ford Coppola, Stanley Kubrick —el arranque de Pozos de ambición rivaliza con los silencios y la desnudez del paisaje de 2001: una odisea del espacio (1968); el uso de la steadycam, del que el neoyorquino fue el primero en hacer evidentes sus posibilidades a partir de El resplandor (1980), etc.— y Jonathan Demme, a quien intenta seguir la estela en conocimientos sobre música de rock-pop contemporánea.
 

X. MÚSICA: EN LAS ANTÍPODAS DEL MAINSTREAM
Para los anales, en material musical, Paul Thomas Anderson quedará como el director que ha dado a conocer a espectadores atentos (en lo auditivo) en Magnolia a una de las grandes cantantes y compositoras de finales del siglo pasado y de principios del tercer milenio: Aimee Mann. Parte de su disco de estudio Bachelor No. 2 había tenido un bautizo junto a las imágenes de Magnolia para disfrute de los seguidores de un film imprescindible en los últimos tiempos. Pero el recorrido para llegar hasta Aimee Mann no había sido difícil: Michael Penn, su marido, había compuesto la discreta banda sonora de Sydney y se encargaría de ejercer de productor musical de Boggie Nights, todo un popurri de temas disco setenteros y de principios de los ochenta. Jon Brion, el encargado de crear los temas de música incidental de Magnolia y versionar instrumentalmente algunas de las canciones de la Mann, brilló con mayor intensidad en Punch-Drunk Love, desplegando una banda sonora escorada hacia ritmos trip-hop. Nada clasicista en la concepción pura del término en relación a la música de cine, Paul Thomas Anderson propuso a Jonny Greenwood, bajista de los Radiohead, la creación de la banda sonora de Pozos de ambición, recorrida por fraseos a la guitarra y prospecciones electrónicas que no ligan con la idea de obra estándart desde una óptica dramática.•  
   
     
director-prod. y guionista  : 2017    Phantom Thread   [ El hilo invisible ]
director-prod. y guionista  : 2014    Inherent Vice   [ Puro vicio ]
director-prod. y guionista  : 2012    The Master   [ The Master ]
director-prod. y guionista  : 2007    There Will Be Blood   [ Pozos de ambición ]
director-prod. y guionista  : 2002    Punch-Drunk Love   [ Embriagado de amor ]
director-prod. y guionista  : 1999    Magnolia   [ Magnolia ]
director-prod. y guionista  : 1997    Boogie Nights   [ Boogie Nights ]
director y guionista  : 1996    Sydney / Hard Eight   [ Sydney ]