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M. Night Shyamalan
     



 
  Nombre completo :
Manoj Nelliyattu Shyamalan.
  Fecha y lugar de nacimiento :
6 de agosto de 1970, en Pondicheroy, Tamil-Nadu (India).
  Actividades previas :
sus padres, ambos médicos de profesión, viajan junto al pequeño Manoj hasta los Estados Unidos, instalándose en la zona de Penn Valley, en Fildelfia; con tan sólo diez años empieza a realizar cortometrajes en súper 8, completando un registro de cuarenta y cinco trabajos amateurs en este formato al cumplir los dieciséis años; a pesar de que gran parte de su familia ejercía la medicina, Manoj se decanta por estudiar cine en la Escuela de Arte Tisch de la Universidad de Nueva York; a modo de film de final de curso escribe y dirige Praying with Anger (1990).
  Otras actividades :
guionista, actor y productor.
  Premios :
Nominado al Oscar al Mejor Director por El sexto sentido (1999); Nominado al Oscar al Mejor Guión Original por El sexto sentido (1999); Nominado al Globo de Oro al Mejor Guión por El sexto sentido (1999).
     
    Con apenas unos meses de diferencia al estreno de Matrix (1999), asomaba en las pantallas comerciales una producción de tintes enigmáticos tal como deja entrever su título, El sexto sentido, y el del propio nombre de su realizador, M. Night Shyamalan. Un par de largometrajes concebidos a finales del segundo milenio que estarían llamados, casi de forma profética, a marcar nuevos caminos dentro del fantástico ya sea desde una concepción ligada al thriller (El sexto sentido) o de la ciencia-ficción con un discurso filosófico implícito (Matrix). Pero al igual que el film de los hermanos Wachowsky, la película de Shyamalan fundamentaba su elaborado guión en una lectura metafísica, en la exploración de un universo que se gesta en el subconsciente del protagonista de la función, un niño de once años (Haley Joel Osment, en su deslumbrante presentación en sociedad). El sexto sentido ofrece una sugestiva historia de fantasmas, de figuras espectrales que anidan en la mente del pequeño y que sirven para crear una tensión narrativa de primer orden, harto inusual no tan sólo por tratarse de la obra de un cineasta de veintiocho años sino dentro de las producciones norteamericanas de aquel periodo finisecular. Por consiguiente, la madurez visual y narrativa exhibida por Shyamalan en El sexto sentido había sido fruto de una febril actividad en el campo del cortometraje y el rodaje de dos largometrajes anteriores —Praying with Anger, de claras resonancias autobiográficas, y Wide Awake (Los primeros amigos en su título videográfico)—, que tan sólo despertarían la curiosidad para su revisión en aquellos inquietos cinéfilos y/o críticos dispuestos a apostar cara al futuro por este cineasta de origen hindú. Avalado por el espectacular éxito en las taquillas de su tercer largometraje, amén de la obtención de varios premios y sobre todo de una inesperada nominación al Oscar por su labor como director, Shyamalan confiaría nuevamente en Bruce Willis para interpretar su siguiente film, El protegido, que serviría para confirmar su incontestable destreza visual —en especial, patente en las primeras secuencias del accidente de tren— al servicio de una historia articulada sobre dos personajes antagónicos extraídos del mundo del cómic con sede en la casa Marvel. Al tiempo que se siguen sucediendo las producciones nacidas al amparo del éxito de El sexto sentidoEl último escalón (1999), Bendición (2000) y Los otros (2001), entre otras— y se ha vuelto a apostar por los superhéroes creados en la factoría Marvel —X-Men (2000), X-Men II (2002), Spider-Man (2002), Hulk (2003)—, Shyamalan eivdenció tras el estreno de Señales su predisposición a contar historias en la que la percepción mental de sus protagonistas deviene la clave para descifrar el temor que invade sus vidas ante una amenaza, en este caso, alienígena. Pero esta fidelidad narrativa, lejos de ofrecer un consenso crítico, ha posicionado cada vez más a detractores y entusiastas (en especial, a raíz del fiasco comercial que supuso La joven del agua), alimentando un debate entre aquellos que lo definen como un director-guionista tendente al artificio y los que argumentan que se trata del nuevo «mesías» del suspense, un cineasta capaz de trazar nuevos derroteros dentro del género. Las apariciones puntuales de Shyamalan en cada uno de sus largometrajes de mayor fuste no hacen más que constatar que ni tan siquiera un realizador de su marcada personalidad —a la que no es ajena una formación académica y espiritual a caballo entre la cultura norteamericana y la hindú— puede escapar de la voluminosa sombra del responsable tras la cámara de títulos como Psicosis (1960) o De entre los muertos (1958), que en su día también habían suscitado sus correspondientes dosis de polémica.
   
     
   

EL DECÁLOGO DE M. NIGHT SHYALAMAN
I. EL MUNDO DE LA INFANCIA
Los niños no solo son protagonistas de gran parte de la obra como director de Shyamalan. El único film en el que ha figurado como guionista sin que haya En la comunidad de vecinos que aparece en "La joven del agua" no falta la presencia de un mundo infantil.asumido labores de dirección, Stuart Little, tenía como personaje principal a un niño. Es, por tanto, evidente que el punto de vista que el cineasta adopta en más de una ocasión está tan vinculado al mundo infantil que éste se convierte en la esencia del relato. Ello queda patente en El sexto sentido por razones obvias, pero también en El protegido donde se hibrida la visión de un niño respecto a su padre (el «superhéroe», un ser indestructible) con la carga que para el mundo adulto representa este aspecto. La relevancia del universo infantil se mitiga en Señales (no en presencia, pero sí en significado) aunque aparece de forma poderosamente alegórica en El bosque y La joven del agua. En la primera, los responsables civiles de la comunidad mantienen a los habitantes envueltos en una infancia casi perpétua, insuflándoles un miedo constante; en la segunda, Paul Giamatti aparece como un niño de cuarenta años que se ve abocado a vivir un malévolo cuento.
 

II. 
LA SOLEDAD DEL INDIVIDUO
Elemento clave en los aspectos temáticos del cine de Shyamalan, la exposición de una galería de personajes que se encuentran arrinconados, aislados de la sociedad, no por factores de marginalidad sino por aspectos psicológicos o conductivos, muestran la preocupación del director hindú por escribir en imágenes la profunda soledad del ser humano y la imposibilidad de vencerla. A pesar de que El sexto sentido puede ser el film más optimista a este respecto (Cole aprende a integrarse, si bien forzosamente, en las dos realidades que percibe), el resto poseen una negrura más que marcada que potencia el aislamiento personal: El protegido es un duelo constante entre dos seres cuyo castigo representa precisamente la soledad (David y Elijah) causada por factores radicalmente opuestos el uno del otro; en Señales el personaje de Mel Gibson se ve incapaz de superar el retraimiento a que le ha conducido la muerte de su esposa; El bosque radicaliza su mensaje al mostrar a toda una comunidad aislada por su propia voluntad; por último, en La joven del agua, Paul Giamatti se convierte en la representación más dramática del aislamiento y la incomunicación.
 

III.
CUENTOS PARA ADULTOS
"El bosque", perfecto ejemplo de cuento para adultos en la obra de Shyamalan, con alusiones al relato de "La caperucita roja"..
Decía el maestro Terence Fisher que él no hacía películas de terror, sino cuentos de hadas para adultos. Salvando las lógicas distancias, ésta puede ser una perfecta definición para el cine de M. Night Shyamalan. En efecto, los elementos fantásticos que se encuentran en sus films, están más cercanos a un imaginario perversamente infantil que a los géneros tradicionales, llámense cine de terror o de ciencia-ficción. No cabe duda que el cénit de ello se encuentra en La joven del agua, una arrebatadora historia de seres fantásticos, que está más cercana al universo ecléctico y desbordado de Cocteau que a cualquier otra referencia. Pero también El sexto sentido, materializando todo tipo de miedos infantiles, o El bosque, que casi resulta una siniestra revisión de Caperucita Roja, muestran aspectos comunes a esta tendencia.
 

IV. FILADELFIA
Aunque nacido en la India, la familia de Shyamalan se trasladaría a vivir a Filadelfia. Como se cita en uno de los pasajes de El sexto sentido, Filadelfia había sido la capital de los Estados Unidos en el periodo comprendido entre 1790 y 1800, amén de ser una de las ciudades más antiguas de este país de dimensión continental. De su querencia por la ciudad que le vio crecer, Shyamalan «le» ha correspondido dando un papel protagonista en la mayoría de sus films. Sea en el centro urbano, donde aparecen algunos de sus edificios más relevantes y con mayor peso histórico, o en zonas rurales, el estado de Pensilvania deviene el espacio por donde se desarrollan las historias imaginadas por Shyamalan. Un estado asimismo conocido por las comunidades Amish a las que alberga y a las que se hace alusión en El incidente
 

V. EL CÍRCULO FAMILIAR
Desde el estreno de Señales se suele acusar a M. Night Shyamalan de cierto conservadurismo, tToni Colette y Haley Joel Osment, madre e hijo en "El sexto sentido", muestra de unidad familiar en proceso de descomposicion.anto en lo que tiene que ver con los aspectos religiosos como, sobre todo, con su exposición del núcleo familiar. Es posible que el cineasta no sea un provocador a la hora de incidir en estos puntos pero, desde luego, tampoco aparece como un reaccionario. Generalmente, los círculos familares mostrados por M. Night Shyamalan suelen estar desestabilizados, tanto por aspectos externos (el accidente que causa la muerte de la esposa de Mel Gibson en Señales) como internos (las nada satisfactorias visiones que ofrece en El sexto sentido y El protegido). En El bosque pasa a ser un concepto global donde el oscurantismo y la sobreprotección se convierten en las raíces de su concepción. Por su parte, en La joven del agua es la ausencia del núcleo familiar lo que se apunta como condicionante de las particularidades psicológicas del personaje de Paul Giamatti. Asimismo, podemos concluir que las relaciones de pareja están presididas por una cierta inocencia y candidez, inmadurez en algunos casos, que alcanza sus mayores cotas en El incidente, entre un joven profesor de ciencias (Mark Wahlberg) y su esposa (Zooey Deschanel, con un parecido asombroso a otra de las heroínas de Shyamalan, Bryce Dallas Howard).
 

VI. DIOSES Y MONSTRUOS
Ambos aspectos se funden y confunden en varios de los films realizados por Shyamalan. El cineasta incide, dentro de los márgenes del tabú, en un peligro que casi se debe sacralizar para que no afecte al discurrir cotidiano de la sociedad (El bosque) o, en el marco del tótem, a la búsqueda constante de un Dios por parte de un ser humano que no se resiste a aceptar el vacío de la existencia (El protegido). La fusión entre estos elementos aparece cuando se observa la futilidad de sendos actos: los monstruos de la pequeña comunidad de El bosque son sólo creaciones humanas y el «Dios» de Elijah Price (Samuel L. Jackson) es más humano y frágil que cualquier otro. La preocupación metafísica de Shyamalan también se halla en la invasión extraterrestre de Señales: en el fondo, una catarsis mediante la cual los personajes del film encuentran el nexo perdido con su religión.
 

VII. REVERSOS
Una de las tesis fundamentales del cine de M. Night Shyamalan es la constante exposición de elementos contrarios que, aunqueBruce Willis crea un personaje de dos caras en "El protegido". siempre mantengan una aparente oposición, al final adquieren una extraña inversión de roles. En El sexto sentido Bruce Willis cree vivir una existencia carente de sentido y es precisamente en el momento en que toma conocimiento de su verdadero estado cuando retorna la tranquilidad a su persona. El protegido mantiene un constante duelo entre un ser quebradizo y otro «irrompible» que, muy a pesar de su condición, posee una intensa fragilidad interna. En El bosque únicamente una muchacha ciega es capaz de transitar un sendero aparentemente repleto de seres monstruosos con el fin de salvar al ser amado y mantener el statu quo del lugar en el que habita. Vida y muerte, fortaleza y fragilidad, luz y oscuridad… de la forma más sutil posible, el cineasta nos muestra las infinitas aristas del universo que nos circunda.
 

VIII. FINALES SORPRESA

Posiblemente, uno de los aspectos que provocan la adhesión incondicional al cine de M. Night Shyamalan se halla en la consecución de unos finales inesperados, complejos, en absoluto convencionales que revelan la capacidad del cineasta para concebir unas historias de fuerte grado alegórico que alcanza todo su significado en la información exhibida en las últimas secuencias. Shyamalan, asimismo, ha sido personalizando sus conclusiones, haciéndolas cada vez más abstractas e irreales. En efecto, desde el contundente golpe de efecto de El sexto sentido a la sutileza y poesía de El bosque y La joven del agua, existe una progresión medida al milímetro en la que el cineasta opta por transgredir todo tipo de normas y concebir un cine íntimo y secreto. Los finales de las películas citadas dan buena prueba de ello.
 

IX. CAMEOS E INTERVENCIONES

Es tentador coShyamalan se involucra en cada uno de sus films también como actor. En "El protegido" da vida a un aficionado sospechoso de portar armas en el interior de un estadio de futbol americano.mparar la necesidad de Shyamalan por aparecer en cada una de su películas con los célebres cameos de Alfred Hitchcock. No obstante, nada tienen que ver. Mientras que el genio británico tomaba esta práctica como una costumbre, quizá cercana a la superstición, cuyo objetivo no era otro que el de personalizar (aún más) sus films, M. Night Shyamalan adopta roles trascedentales para el desarrollo dramático de sus historias como bien se puede comprobar en Señales o La joven del agua. Por consiguiente, el cineasta ve la necesidad de incorporar unos personajes en los que, en el fondo, se encuentre una parte importante del significado de sus obras y que únicamente él sea capaz de incorporar con el fin de que éstos caracteres adquieran una mayor atención por parte del espectador al ser interpretados por su propio creador. Pero esta presunción no la ha llevado siempre al límite, ya que por ejemplo en El incidente su rostro nunca es visible: se esconde tras un mensaje emitido por el compañero de trabajo que pretente una nueva cita con la heroína de la función, Alma (Zooey Deschanel).  
 

X. JAMES NEWTON HOWARD, EL COMPOSITOR

 
   
     
director-prod. y guionista y intérprete  : 2016    Split   [ Múltiple ]
director-prod. y guionista  : 2013    After Earth   [ After Earth ]
director-prod. y guionista  : 2010    The Last Airbender   [ Airbender: el último guerrero ]
argumentista y productor  : 2010    Devil   [ La trampa del mal ]
director-prod. y guionista y intérprete  : 2008    The Happening   [ El incidente ]
director-prod. y guionista y intérprete  : 2006    Lady in the water   [ La joven del agua ]
director-prod. y guionista  : 2004    The Village   [ El bosque ]
director y guionista y intérprete y productor  : 2002    Signs   [ Señales ]
director y guionista y productor  : 2000    Unbreakable   [ El protegido ]
director y guionista  : 1999    The Sixth Sense   [ El sexto sentido ]
guionista  : 1999    Stuart Little   [ Stuart Little ]
director y guionista  : 1998    Wide Awake
director-prod. y guionista y intérprete  : 1992    Praying with Anger
   
     
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Editorial: Berenice (Grupo Almuzara). 
Colección: Chaplin Cine.
Subtítulo: El cineasta de cristal.
Autor: VV. AA. Raúl Cerezo y José Colmenarejo (ed.) 
Fecha de publicación: febrero de 2019.
445 pp. 15,0 x 24,0 cm. Tapa blanda.
Incluye filmografía completa.

COMENTARIO (Por Àlex Aguilera): En la confección de un libro con amplias aristas en el que convergen un sinfín de voces para tratar de dar cabida a una obra lo más cohesionada posible en torno a la cinematografía de un director de alcance internacional la coordinación es un elemento fundamental para poder llevarlo a cabo con éxito. Este es el caso del libro que nos ocupa, M. Night Shyamalan: El cineasta de cristal. A mayor gloria del realizador hindú afincado en Estados Unidos, tanto José Colmenarejo como Raúl Cerezo han construido un volumen más de cuatrocientas  páginas poliédrico en su esencia, y razonado en su análisis. Dos vertientes que por sí solas pueden constituir un relato inconsistente, pero que una vez armado en su estructura cronológica y con diversos puntos de vista sobre un mismo tema o película, resultan enriquecedores en su conjunto.
    La división que existe alrededor de la figura de M. Night Shyamalan en el sector crítico no tanto de público cinematográfico reside en una extraña veneración hacia aquello que ha repercutido en taquilla, más allá de consideraciones de trasfondo religioso o moral. Aun así, el libro advierte de los momentos en los cuales Shyamalan afrontó uno u otro proyecto, así como su condición de guionista comprometido y actor frustrado valgan sus cortos y cameos como ejemplo. Sin duda, los autores casi una cincuentena de los escritos sobre diferentes aspectos del cine de Night Shyamalan describen los valores que emanan de cada uno de los filmes tratados, con especial relevancia para con su tercer, cuarto, quinto y sexto largometraje, esto es, El sexto sentido (1999), El protegido (2000), Señales (2002) y El bosque (2004), acaso sus mejores trabajos, sin ánimo de desdeñar a los demás, dejando al margen las execrables Airbender. El último guerrero (2011) y After Earth (2013).
Por otro lado, las comparativas con sus maestros "espirituales", Alfred Hitchcock y Steven Spielberg al punto de estar en la terna para realizar la cuarta entrega de Indiana Jones se hacen inevitables, aunque se recurre más al homenaje que el seguir al pie de la letra los preceptos y metodología de ambos mentores no presentes. Así, Los pájaros (1963) puede verse según alguno de los autores conforme a una fuente de inspiración de alguna de las historias inexplicables de Night Shyamalan, como pudiera ser Señales o, en menor medida, El incidente (2008).
   Con un formato basado en intercalar las opiniones encontradas (o no) de uno o más redactores en distintos planos convenientemente ubicados de forma temporal, el lector puede acceder a un material de opinión y análisis difícilmente presente en otros libros que presentan una sola voz. En este sentido, el volumen es también rico en análisis al hacer comprender al lector del porqué de la inclusión de uno u otro plano u elemento descriptivo, o bien los proyectos no realizados y su respectiva justificación. Un hecho que cabe agradecer cara al futuro espectador e incluso a quien haya tenido acceso al grueso de una filmografía desigual, aunque no por ello interesante en su conjunto.
   Desgranar la personalidad de Shyamalan no ha sido tarea fácil para todos los que han escrito sobre él y su cine en el libro, pues aquel presenta no pocos estratos y capas a descubrir. Ya desde sus primeros trabajos, Praying with Anger (1992) inédita en salas comerciales de nuestro país como Los primeros amigos (1998) la complejidad en la lectura de sus intenciones resulta sorprendente. Una personalidad diríase «Múltiple»  como el título de uno de sus últimos films pero que tiene un cierto aire de empatía que trasciende su universo. Ciertamente, lo pudieron constatar los impulsores de esta monografía cuando accedieron a una de las pocas entrevistas que pudo conceder Night Shyamalan a los medios de comunicación en la presentación de un avance de Glass (2019) en Sitges en octubre del pasado año. Un excelente film, por otra parte, que cierra la trilogía iniciada por El protegido y que, desgraciadamente, no está tratado con la amplitud necesaria en un volumen coral falto de escasas referencias al . Una de ellas debida a esa ansia que muchos autores y editores tienen de marcar una fecha límite. Una espera de un mes más hubiese llevado a completar un libro acaso definitivo —ya existía otro con anterioridad a cargo de Ramón Monedero, quien hace una valiosa aportación en esta monografía—, cuanto menos antes de cumplir su cincuenta aniversario, sobre este cineasta de "cristal" llamado Manoj Night Shyamalan, artísticamente M. Night Shyamalan.•
 

Editorial: Encuentro.
Colección: Ensayo.
Subtítulo: En ocasiones veo muertos.
Autor: Ramón Monedero.
Fecha de publicación: abril de 2013.
288 pp. 15,0 x 23,0 cm. Tapa blanda con
solapas.

COMENTARIO (Por Àlex Aguilera): En los tiempos que corren tan o más arriesgado que la salida al mercado de un nuevo film de M. Night Shyamalan resulta esta ejemplar monografía torno uno de los cineastas más facinantes y, a la par, controvertidos del panorama cinematográfico mundial. Un estudio pormenorizado de la carrera aún corta de este atípico realizador de origen hindú es consecuencia directa del eco suscitado con su tercer film —no el primero como muchos puedan pensar—, El sexto sentido (1999) y su ya afortunado slogan promocional, «en ocasiones veo muertos», subtítulo de este libro de reciente aparición. Ramón Monedero, su autor, desmenuza el factor de lo extraordinario dentro de lo cotidiano, siendo la quintaesencia del director de Filadelfia, lugar de adopción y plató de la mayor parte de sus películas.
Monedero no habla en sentido figurado cuando describe los detalles y el manierismo de Shyamalan tras la cámara, sino lo califica como un director de escuela de cine clásico que estudia hasta el más mínimo detalle una puesta en escena de tono cadencioso y pausado, lo que no erosiona, a su modo de ver, el espíritu renovador y clarividente de sus cintas. Shyamalan se muestra lúcido en su propuesta, atesorando un sinfín de recursos para ambientar de maneras diversas sus films de pronunciamientos claramente fantásticos.
El autor y su obra conforman el esqueleto de un texto nutrido de enseñanzas acerca de cómo "ver" detrás de cada film de Shyamalan, leyendo entre líneas cualquier supuesta toma o escena supuestamente gratuita. En este aspecto, Monedero nos invita a visitar el backstage de un realizador esquivo a los medios de comunicación, como parece desprenderse del contenidos de un documental acerca del director rodado en 2004, bajo coproducción del propio Shyamalan.
  No debemos dejar de plantearnos una serie de cuestiones alrededor de la figura de Shyamalan, por otra parte desconocida como tal para el gran público, no así sus películas: El sexto sentido, El protegido (2000), Señales (2002), etc. Por su parte, Monedero nos responde esas mismas cuestiones que todos nos hemos planteado en alguna ocasión. Para él y Shyamalan, la idea y la naturaleza de la supervivencia del ser humano en la tierra es saber qué papel estamos destinados a desempeñar, cuál es nuestro sentido real en un mundo que para nada invita precisamente al optimismo, sobre todo en su derivada ecológica.
Lo curioso del caso es que fuimos legión los que creímos durante un cierto tiempo en el poder de sugestión y atracción de Shyamalan, por otra parte un buen guionista y narrador de historias. Sin embargo, la estrella se fue apagando al querer filosofar y divagar en exceso sobremanera a partir de El incidente (2008). Monedero se muestra valiente en la defensa de la obra de su autor analizado, y más coincidiendo con estreno de su nuevo film, After Earth (2013),  que nace con no poca polémica, al haber sido atacado por parte de un sector de los medios de comunicación y de los espectadores por su contenido panfletario en torno a los postulados de la cienciología, de la que su protagonista y artífice de la historia de partida, Will Smith, es un miembro activo.
En definitiva, un libro para ser entendido como una pieza de apoyo y reconocimiento a un realizador espiritual que no religioso, que apuesta por ofrecer luz y esperanza a una humanidad abocada hacia el fracaso. Desgranado de la forma en que lo hace Monedero nos invita a reflexionar y a volver a introducirnos en su universo, para capturar aquello que aparentemente no tenía sentido, aquello que no logramos ver, como acontece con los personajes "especiales" introducidos por Shyamalan. El auge y la caída de un director que a pesar de que cabe remontarse a mediados de la década pasada sus últimos títulos más interesantes, El bosque (2004) —su film más metafórico (y menos comprendido) hasta la fecha—y La joven del agua (2006) —el preferido del escritor murciano—, un cuento infantil «poseído» de una extraña belleza, aún parece deparar sorpresar en un futuro una vez superada con creces la barrera de los cuarenta años.•