I FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINEMA DE BARCELONA
Hace más de medio siglo se constituyó en Barcelona la primera Semana de Cine en color, por tal de dar a conocer al gran público y a la prensa especializada obras rodadas en aquella inhabitual emulsión. De esa Semana apenas quedó nada en el camino, tan solo versiones distintas que iban y venían con desigual fortuna. La última de esas versiones se celebró a principios de los noventa, con José Luis Guarner como director del evento.
En estreno
 
ESPECIAL CINEASTAS DEL NUEVO MILENIO (XXX): DENIS VILLENEUVE
A propósito del estreno de Blade Runner 2049 (2017), uno de los títulos más esperados por los aficionados a la ciencia-ficción en los últimos años, hemos considerado oportuno publicar en cinearchivo un dossier dedicado a su director Denis Villeneuve. Canadiense de nacimiento, Villeneuve hasta la fecha ha encadenado una serie de producciones que lo llaman a ser considerado entre los más interesantes cineastas de su generación. Recién cumplido el medio centenar de años, el realizador quebequés aún tiene ante sí retos del calibre de la adaptación a la gran pantalla del
EL ADIÓS AL GRAN JEAN ROCHEFORT
El pasado 9 de octubre falleció Jean Rochefort (1930-2017) a los ochenta y siete años de edad. Actor de un enorme predicamento en su país de origen, Rochefort
50 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '017
Si por algo se caracteriza un Festival como es el de Sitges en Octubre, alargando la temporada veraniega, es el de su localización, aislada de cualquier vestigio de urbanismo y actualidad fuera del estrictamente cinéfilo -término dicho sea de paso que no es del agrado de un servidor-.
EL BLURAY DEL MES: «NAGASAKI, RECUERDOS DE MI HIJO» (2015)
Han pasado diez años del final de la Segunda Guerra Mundial, y Japón aún se recupera de sus heridas. Nobuko está decidida a seguir adelante mientras contempla la tumba de su hijo, muerto en el bombardeo nuclear de Nagasaki como tantos otros. Pero todo cambiará el día en que, al volver del cementerio, encuentra a su hijo Koji esperándola en casa. Como si de un milagro se tratase, Koji volverá a menudo a visitar a su madre para poder recordar juntos a la familia, la guerra y el pasado.
LA BANDA SONORA DEL MES: «THE BGF» (2016)
Si tomamos un intervalo temporal relativamente breve —de unos cuantos meses— podemos valorar la función de la música en el cine de Steven Spielberg contando con compositores distintos, un ejercicio que rara vez podríamos llevar a cabo al referirnos a la obra del cineasta
EL LIBRO DEL MES: «BERNARD HERRMANN: CUMBRES BORRASCOSAS»
Cuidada y necesaria aportación de la editorial Calamar ed., nuevamente, a la cinematografía mundial con esta obra de referencia a partir de ahora sobre la figura y personalidad de Guillermo Del Toro. Inevitablemente el libro comprende su carrera desde unos inicios ya de por sí
50 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '017


 

BAJO EL INFLUJO DEL CONDE DRÁCULA  

 

 Crónica de Àlex Aguilera (I)


Si por algo se caracteriza un Festival como es el de Sitges en Octubre, alargando la temporada veraniega, es el de su localización, aislada de cualquier vestigio de urbanismo y actualidad fuera del estrictamente cinéfilo —término, dicho sea de paso que no es del agrado de un servidor—.
En tiempos convulsos como los que se vive en estos interminables días de sufrimiento en Catalunya, es de agradecer que Sitges vuelva a convertirse en una «isla» desprovista de polémica más allá del gusto del espectador. Abstrayéndose de una dinámica de confrontación social, la organización ha festejado junto con sus fieles seguidores y medios acreditados, un 50 aniversario que merece un reconocimiento generalizado, no tanto por su longevidad sino por su significación y resistencia en un marco cada vez más globalizado. Un hecho que hay que poner en valor.
   De esta forma, el Festival por excelencia del "Fantástico" se ha decantado este año por homenajear a la figura de Drácula y sus orígenes fílmicos y literarios —exposiciones de todo tipo, entre ellos del cómic, tuvieron su puesta de largo en la blanca subur—. De esta guisa, la apertura del certamen se iniciaría un día antes de lo que venía aconteciéndose estos últimos años, por tal de dar cabida a un mayor número de proyecciones que demandaban su cuota de pantalla para festejar tal conmemoración. Las bodas de plata de un Festival que incluiría un buen número de invitados, con lo que ello conlleva a nivel de coordinación, traslados y compromisos varios —familiares, de representación,…—A este aniversario se sumaron, pues, nombres tan ilustres como los de William Friedkin, Susan Sarandon —la delicada figura del compromiso con las clases más desfavorecidas—, Dario Argento —un maestro que se resiste a una retirada—, Guillermo Del Toro —«padrino» por derecho propio del certamen— y otros ilustres outsiders de la pantalla, como Frank Langella. Eso sí, agradecidos recogieron sus respectivos premios honoríficos y/o de reconocimiento a una larga carrera.
   Si bien el tono de la programación fue monocorde con su contenido adscrito mayoritariamente al terror de alto voltaje en sus sesiones maratonianas, tuvo un espacio, igualmente, el cine más de autor, más frecuentado en sesiones de Noves Visions. En términos generales, las jornadas se hacían interminables dado la premura de tiempo entre sesión y sesión con las que concatenar una y otra sin lugar al respiro ni al análisis. Cuatro eran las sedes fijas del Festival: El gigantesco Auditori —preferido de la concurrencia más acomodaticia— , la emblemática El Retiro —favorita de los veteranos del certamen—, el vetusto aunque renovado El Prado; o la funcional Tramuntana —lugar de segundas oportunidades o primeras perdidas— . En este orden de cosas y, dado el gran número de medios, industria y estudiantes con acreditación, voy a hacer un par de reflexiones para un futuro próximo. La primera de ellas concierne al sistema de petición de entradas para el día siguiente. No resulta demasiado de recibo tener la posibilidad de asistir a sesiones vespertinas y de madrugada para ver películas de secciones oficiales y pocas horas después —7 a.m.— estar ojo avizor para conseguir acceso a cintas matinales y diurnas igualmente competitivas. Cada periodista o medio ya sabemos de antemano lo que vamos a ver una semana antes. Por lo tanto, presentando ese planing a prensa nos evitaríamos tales agonías innecesarias. La segunda, referente a la semana de "vacaciones" otorgadas a los Estudiantes de Cine para ver todo tipo de cintas, sin importar el valor que les puedan aportar cada una de ellas. ¿No sería mejor reducir el número de visionados a clásicos y/o películas que tengan un interés en sí mismos a nivel de estructura narrativa o técnica, más allá de su impacto comercial? Allí queda la propuesta.
   Exposiciones, muestras de carteles, pinturas (esta vez dedicada a H. P. Lovecraft) y otras mesas redondas acompañaron a las proyecciones múltiples, no teniendo el asistente al certamen queja en el sentido de tiempos muertos con los que completar la jornada. Calles atestadas de gente buscando un lugar para comer un simple bocadillo o un menú llevadero fue la tónica en estos diez días de frenesí constante. Aun así, lo que más sorprendió a uno, fueron las interminables colas de acceso a muchas de las proyecciones que precedían ese impasse de pie, esperando a formar parte de un gran Festival en todos los sentidos, Una vez dentro de la sala, alguno de los incondicionales aplaudían las presentaciones, el título, las productoras que lo hacían posible y los créditos de directores y actores asistentes. Un caso excepcional fuera de este marco festivo, incluso en momentos del film en los que sucede algo fuera de lo común —un hachazo, una decapitación, etc.—. Algo en cierta forma comprensible, atendiendo a nuestra adrenalina contenida.
  Pasemos, pues, a dibujar a través de las diferentes y variadas secciones de Sitges’17, aquello que se pudo ver, o mejor dicho, lo que pudimos visionar.
 
SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC COMPETITIVA
 
   Apenas una tercera parte de las treinta y siete cintas a competición oficial pudimos visionar por tal de no dejar abandonadas otras secciones igual de interesantes este año de festejo local —las autoridades estaban por otras labores gracias a su supina incompetencia—. Asistimos, pues, a títulos que muy seguramente no acaben estrenándose entre nosotros y que, abundaban en temas como la religión ultracatólica (Brimstone) hablando de predicadores (Guy Pearce emulando al Burt Lancaster/Elmer Gantry en El fuego y la palabra), las posesiones demoníacas (El habitante, narración de escaso recorrido y resultados más bien discretos, en su estreno mundial); la extraña aportación al fantástico localista Errementari (en lugar de un sainete paródico como apuntaba su título, contemplamos una suerte de Pastorets a la vasca); la cinta de animación para adultos china Have a Nice Day (tan oscura y violenta como los rasgos de sus protagonistas al borde de la desesperación); la redención a través de Marlina: The Murderer in Four Acts (la vida contemplativa de una mujer a punto de ser violada por siete hombres, convertida en un cruce entre Pier Paolo Pasolini y Kill Bill); la guerra de los Balcanes en The Maus (juego de palabras que certifica la imposibilidad de sobrevivir en los bosques recónditos de Bosnia sin que nadie repare en ello). Dejamos para el final un par de títulos que justificaban medio día de espera. Nos referimos, por orden cronológico a My Friend Dahmer, de Marc Meyers —presentando entusiasmado su tercer trabajo— (una exquisita recreación de los años mozos y de estudiante de Jeffrey Dahmer, uno de los mayores asesinos en serie de la historia reciente norteamericana con diecisiete muertes confesas); al día siguiente —y tras bregar en la adquisición de una entrada libre— llegaría Laissez bronzer les cadavres, de la pareja Catet-Forzani (estupenda cinta a camino entre el Spaguetti Western y el polar francés, con unos recursos enormes ya acreditados en su opera prima, Amer); el penúltimo día acudimos en sesión matinal (también llamada despertador, ¡a las 8’30 horas!), y sin demasiadas expectativas en el horizonte, a Jupiter’s Moon, una cinta húngaro-alemana que combinaba la ciencia-ficción con el drama de los refugiados sirios. Original y explosivo cóctel catalizado por un actor (Zsombor Jéger) que a la postre no fue recompensado, ni tampoco su director Kornél Mundruczó. En su favor, decir que el premio final del Festival sería un reconocimiento al conjunto de un film en cierta forma cautivador. Dejamos para el epílogo y la reflexión un obsequio para mentes realmente retorcidas que confunden la realidad con el estúpido arte de congeniar con Serial Killers con el peligro que ello entraña. El resultado: la canadiense Tragedy Girls. De infausto recuerdo por el mensaje y por su humor vacío. Por lo demás, sentir no poder haber accedido a Revenge (como su título bien indica un survival femenino en toda regla) o al parecer la intensa The Ritual.
 
OFICIAL FANTÀSTIC DISCOVERY Y FUERA DE COMPETICIÓN
 
   Descubrimientos de películas de distinto tonelaje como A Day (cinta coreana con la molesta repetición de escenas y dejà vu revividos preludio de lo que sería la insoportable Happy Death Day, fuera de concurso); la áspera aunque brillante historia de fantasmas rurales en el corazón de una invernal Estonia en November —con una maravillosa fotografía en blanco y negro, amén de la aparición de un gadget realmente ingenioso—; y, finalmente, The Cured, cinta europea que clamaba por convertir un antídoto en un arma de confrontación entre los no portadores de una epidemia y los "curados" en primera instancia, de la enfermedad. Buena recreación en Irlanda del Norte de una parábola sobre el sida y las infecciones contagiosas. Una guerra por la supervivencia, en definitiva.
   Sin embargo, la "estrella efímera" de la sección Fantàstic fuera de Competición sería la esperada por muchos —entre los que me cuento— de Muse. Con el compromiso al propio director de la lectura del libro en el que se basa la película, La dama número trece, de José Carlos Somoza, la cinta dejó un tanto estupefactos a los aficionados, toda vez que el arranque era de lo más prometedor. Con todo, una cinta netamente de Jaume Balagueró con sus habituales dosis de terror y destreza por la planificación. Rodada entre su querida Irlanda y Bélgica, Muse tuvo ciertos problemas de post-producción, aun así su acabado aunque frío resulta poco mejorable.
ÓRBITA
 
   Sección abiertamente inscrita en el cine negro, Neonoir o Thriller, que revierte su significación en la programación con una meta puramente de diversificación. De aquí, su inclusión. Nos sumergimos en tres de ellas con el propósito de, precisamente, abrir nuevos horizontes colindantes con el cine de género. La primera, Wind River, siguiendo los pasos el pasado año de Comancheria —no en vano el guionista de ésta es su director—, deviene un thriller policiaco que por momentos nos recordaba al Corazón trueno (1989), de Michael Apted. El resultado un film vigoroso, bien encuadrado en las gélidas montañas de los Estados Unidos, con un trasfondo de conflicto racial entre indios y blancos. En cuanto al segundo título visionado en este apartado, Le serpent aux mille coupures, apuntar a un estilema demasiado caro al cine galo: la traición como arma que sirve a la mafia para acabar con todas sus ramificaciones como apunta el original. Para finalizar, nada mejor que una impactante cinta hongkonesa, The Brink. El robo de lingotes de oro como catalizador de una persecución sin cuartel entre dos ‘lobos solitarios’ de ambas caras de una misma moneda: el policía abnegado y el ladrón irrecuperable. Brillante y áspera cinta de acción heredera del mejor Johnny To, como no, presente en el Festival.
NOVES VISIONS
 
En sus subapartados de Visions Plus, One y SGAE Nova autoria se pudieron acceder a la misma cifra de películas que en la sección oficial del certamen: 37. Por lo poco que pudimos contemplar —el sueño saciaba nuestras ganas de regular el descanso debido— en los estertores del Festival, ni Compulsión —nada que ver, ni por asomo con el film de Richard Fleischer—, un ejercicio de fin de carrera que no aporta nada nuevo, a no ser el de un error de cálculo al constatar que nadie desea volver al lugar de un posible crimen, voluntariamente. Mayor interés despertó en el personal, Stray Nightingale. Teatro Kabuki filmado en japonés para mayorías allí y escasos incondicionales por nuestros lares. Un acto de fe, eso sí, arriesgado por parte de la organización.
PANORAMA FANTÀSTIC
 
   Sección que nunca adivinaremos con qué propósito se establece, si por motivos puramente comerciales, de apertura de la ya de por sí amplia representación actual, o bien, por tal de contentar a una parte de la distribución y/o productores. Ni la pretenciosa The Heretics, ni la asfixiante Housewife —del prometedor Can Evrenol—, ni la imposible cinta canadiense Still/Born —tan plana como la actuación de sus discretos protagonistas—, y en menor grado, The Psycophats, una alucinación propia de su mentor Larry Fessenden —aquí también en el papel del sociópata Harry Steakweather—, con un sentido malsano aunque interesante de La noche de las bestias Anarchy—. Constatar que en el conjunto de esta sección tuvo cabida, amén de las dos primeras mencionadas, una cinta más adscrita a la sub trama de las sectas: Jackals (The Ritual,en la sección oficial, asimismo pertenecería a este miniciclo). Ganó, sin embargo, el factor público la secuela de Creep, vista tres años atrás. También pudo incluirse en este espacio dos títulos catalogados como Sesiones especiales -preestreno  o postestreno- en este caso. Nos referimos a El secreto de los Marrowbone, una eleborada aunque tramposa cinta de misterio de Sergio Gutiérrez Sánchez -guionista de J. A. Bayona-, con un desenlace que llega demasiado pronto; por otro lado, la producción de Netflix Okja, deviene una infantiloide película con ribetes ecologistas que pese a su bella factura resta hueca de interés más allá del visual..Sin embargo, la acogida de ambas por parte del público que llenaba las salas fue gratificante y condescendiente para con sus respectivos autores.
ANIMA’T
 
   Una decena de cintas participaron a competición en esta ya veterana sección, esta vez comandada por el profesor Jordi Sánchez-Navarro —atrás quedan los años de descubrimientos de Carolina López—. La favorita, Loving Vincent, al punto de agostarse pronto las entradas para un tipo de cine realmente minoritario, la cual convenció al personal, a uno mismo y allegados. Una maravilla pintada al oleo a partir de los cuadros del reverenciado tras su muerte, Vincent Van Gogh. Lienzo tras lienzo la historia se desarrolla durante sus últimos años de vida. Por el contrario, las japonesas Lu Over the Wall y Night Is Short Walk On Girl demostraron que el cine nipón cada vez hace más suyos los clichés del cine norteamericano más edulcorado. Excesivas canciones que infantilizan aún más a los personajes de estas historietas surgidas del Animé. El destino quiso que nos introdujéramos en la sala Prado donde se proyectaba la vencedora Tehran Taboo. Un trazo distinto en los protagonistas animados evidenció que algo distinto atrapó al jurado, así como una historia de corrupción, prejuicios y lucha de clases en una sociedad de opulencia y de degradación con el aborto como punto de partida. El componente fantástico quizá brilló por su ausencia no así su carácter de denuncia social.
SEVEN CHANCES / CLÀSSICS
 
   Hay una ley no escrita entre los aficionados al séptimo arte que dice que los clásicos tienen que verse en la gran pantalla. Oportunidad casi única de poder (re)visitar, pues, títulos adscritos al homenaje a Drácula, desde el dirigido por Tod Browning, la réplica mexicana de Fernando Méndez, hasta el de Coppola, pasando por el de Terence Fisher y el del olvidado Drácula (1979) de John Badham. Esta última en un precioso Scope en 35 mm. —lejos de la copia mutilada que pasó la Filmoteca de Barcelona en los noventa—. Presentó la cinta Frank Langhella cuarenta años después de su interpretación teatral y luego en pantalla —sin parpadear— y cual ave nocturna voló, sin poder comentar en el Q & A aspectos relativos al caótico rodaje. Acompañando a estos títulos más visitados, dos joyas nos reafirmaron en nuestro compromiso con el cine: Suspiria (1977), remasterizada y en un 4K que revivía los colores originales de tan suculento Giallo; y la eterna El exorcista (1973), presentada por un William Friedkin hastiado de ser preguntado por aspectos inequívocos derivados del film. Ambas proyecciones merecieron mucho la pena, aunque los Q & A, de uno y otro nada tuvieron que ver. Tras Suspiria se pudo recuperar la irregular La cumbre escarlata (2015). Un acierto más del Festival, sensible a estos detalles.
   Por último y, sorprendentemente, dentro de la sección Seven Chances, pudimos introducirnos —de nuevo o por primera vez— en la versión impoluta, uncut y original de un título maldito donde los haya: Deathline (1972). Tras el lejano pase televisivo de TVE2 allá por los noventa, no se había podido acceder en condiciones a tan brillante film sobre el subterráneo londinense y los desechos que esconde. Además, la organización tuvo a bien invitar a su director Gary A. Sherman —afable y solícito como pocos— a introducirla a los asistentes al único pase nocturno. Donald Pleasence —inconmensurable en su vis más cómica, un fugaz Christopher Lee y una historia puramente British— hicieron del entusiasta y entendido público un festín de diversión y admiración, a partes iguales. Nos dio el tiempo justo para coger el último tren para nuestro hogar —uno tiene familia que atender— y así poder rememorar la auténtica "joya" —cada uno tendrá la suya— de un Festival que ha marcado nuestras vidas.
 

LA CRÓNICA de Mario Ripoll (II)
 

Inabarcable y densa, a veces caótica, otras coherente, pero, en líneas generales estimulante y atractiva, la pantagruélica programación de la quincuagésima edición del Sitges Festival Internacional de Cinema de Catalunya que ha conseguido lo que parecía imposible: récord de proyecciones en la historia del evento (más de 250 títulos presentados en todas las secciones) cuyas colas kilométricas de espectadores certifican   que, mal que les pese a algunos, la vitalidad y el interés que suscita el género fantástico, pasa por la mejor de las saludes. Otra cosa es la (irregular) calidad de la denominada “cosecha anual”.
   Para el que escribe esta crónica, con el tiempo   el Festival de Sitges ha llegado a convertirse en una especie de parque temático del género fantástico. Cabe decir de antemano que esta definición no pretende criticar o ridiculizar la actual identidad del festival, sino evidenciar que se le ofrecen a cada visitante múltiples opciones para escoger como desea vivir el festival. Es posible hacerse una idea del estado actual del género fantástico (sección oficial fantàstic), u otros géneros (sección Òrbita), también puede apostar por títulos, en principio más arriesgados y/o experimentales o con nula o difícil distribución en salas (sección Noves visions, sección Seven chances) , o si lo prefiere, puede disfrutar de apuestas claramente lúdicas (las sesiones “golfas” de medianoche “Midnight extreme”), o disfrutar de un género tan en auge como el documental (sección Documenta).
   Este año, con las exposiciones se ha corregido lo que en anteriores ediciones era un déficit. Dos exposiciones ubicadas en el Centre cultural Miramar (dedicadas a los 50 años de periplo del festival y que pudo verse previamente en la Filmoteca de Catalunya); muestras gráficas dedicadas a Drácula (leit motiv del festival); a H.P. Lovecraft, emplazadas a la salida del Auditori del hotel Meliá de Sitges; y, finalmente, la exposición “Fotogramas Fantàstic”, en la que dieciséis artistas revisaron en clave fantástica siete portadas míticas de la longeva revista de cine.
   Por segundo año consecutivo, el festival organizó en el espacio denominado “Sitges Cocoon” sesiones de cortometrajes, avances de películas y pequeñas piezas en realidad virtual en 3 dimensiones, a través de un visor acoplado a la cara del espectador y unos auriculares estereofónicos para provocar la sensación de inmersión en la historia presentada.
   El actor Robert Englud (famoso por su interpretación de Freddy Krugger ) y el director francés Alexandre Aja (Alta tensión, el remake de Las colinas tienen ojos), asistieron en persona para promocionar la futura serie de realidad virtual “Campfire Creepers” de la que son artífices. Esta serie consta de momento de dos capítulos de entre diez y doce minutos de duración y gira en torno a las historias clásicas de terror que se contaban alrededor de un fuego en el bosque. En el marco del “Sitges Cocoon” se pudo apreciar el work in progress (aún con algunos errores técnicos) del primer capítulo: “The skull of Sam”
¿El futuro del cine? ¿La nueva manera de consumir cine comercial en la privacidad del domicilio? ¿novedad efímera? No lo sabemos, aunque no está de más recordar que, ya en sus orígenes, el cine nació como espectáculo de feria mostrando ante los impactados espectadores como un tren se acercaba a una estación ...
   Por lo que respecta al festival, en el aspecto a corregir -aún reconociendo el esfuerzo ingente que para la organización debe haber supuesto formalizar y coordinar el marasmo de proyecciones, presentaciones de libros, ruedas de prensa, etc-, la asignatura pendiente sigue encontrándose -de nuevo- en la rácana presencia de películas retrospectivas, proyectadas la mayoría de ellas en salas minoritarias como el cine Prado, o el espacio “Brigadoon”.
 
 
INAUGURACIÓN
 
   Con The Shape of Water («La forma del agua»), producción de Estados Unidos, con Guillermo del Toro como maestro de ceremonias dio por iniciado el certamen. Curiosamente, y a pesar de situarse en las antípodas en cuanto a intenciones y forma, los dos títulos que supusieron la inauguración y la clausura del festival, tienen el agua como factor predominante en su desarrollo. La décima película del mejicano Guillermo del Toro, La forma del agua, se ambienta en unas instalaciones del gobierno norteamericano, donde en plena guerra fría, el personaje de Elisa (una joven soñadora y muda) se siente fascinada por una criatura acuática, a la cual someten a todo tipo de experimentos y torturas. En el prolegómeno de la historia (la mejor parte de la película), Del Toro describe con maestría y sensibilidad, el mundo interior de la joven protagonista Elisa -magnífica Sally Hawkins-, cuyo carácter taciturno y reservado (además de la discapacidad que le impide hablar) , le limita a relacionarse tan sólo con su vecino , un frustrado y reprimido pintor homosexual ( caracterizado por el siempre solvente Richard Jenkins). La recreación de las ensoñaciones y fantasías de la joven, evocan el cine del francés Jean-Pierre Jeunet, y en concreto a su célebre Amélie (2001). Si en estos primeros minutos de metraje, y en especial el momento en el que Elisa descubre al monstruo, Del Toro parece apostar por un relato que cada vez se decanta más hacia la Monster movie y el terreno del terror, con “La criatura de la laguna” como claro referente, con la aparición del malvado interpretado por un algo sobreactuado Michael Shannon,la película se desliza hacia la trama (y la intriga) detectivesca.
   En un nuevo giro de guión, la historia se centra a medio metraje en la imposible historia de amor entre la joven protagonista y el monstruo... No se puede negar la valentía del director de Jalisco en afrontar sin ningún pudor (ni omisión) la escena en la que los dos personajes manifiestan su amor a través del sexo. El problema es que, por muy bien ambientada que esté la historia (que lo está), y lo bien interpretados que están todos los personajes, algo no acaba de funcionar en el desarrollo y conclusión de la película... Reconociendo -una vez más- el arrojo del director en atreverse a defender una historia de amor entre una joven atractiva y un híbrido entre calamar y adolescente, se exigen al espectador unas dosis demasiado altas de credulidad para no distanciarse de lo que está viendo en pantalla.
 
 
SECCIÓN OFICIAL A COMPETICIÓN
 
   Salyut-7 (Rusia. Klim Shipenko). Película tramposa en cuanto a su planteamiento y resultado final. Venía avalada como la “respuesta rusa” a las típicas producciones norteamericanas con aventuras heroico-espaciales, y títulos como Armaggedon  (1998) o Apolo 13  (1995) a modo de referentes. Basándose parcialmente en hechos reales, se recrea la tensión que acaeció en 1985 cuando la estación soviética Salyut-7, por causa de una imprevista tormenta magnética se desvía de su programa, amenazando con provocar una catástrofe en su posible impacto en la tierra...
A pesar de intentar reflejar el origen ruso del proyecto, con las continuas referencias al orgullo patrio de los personajes, o escenas costumbristas con el protagonista y su familia, la película recurre en todo momento a los típicos recursos del cine comercial norteamericano (no en vano, el director Klim Shipenko, a pesar de su origen ruso, se graduó en la universidad de California y desarrolló su carrera en Estado Unidos). Muy bien filmada, técnicamente brillante, pero sin el alma ni la emoción (por poner dos ejemplos de cine comercial del género espacial) que desbordan obras maestras contemporáneas como Gravity (2013), Interstellar (2014) o La llegada (2016).
  Caniba (Francia. Verena Paravel,Lucien Castaing-Taylor): Se trata de la historia real de Issei Sagawa, un japonés afincado en París , que fue detenido en 1981 ( y posteriomente puesto en libertad y de retorno a su país) por haber asesinado y devorado a su antigua amante. En la proyección que tuvo lugar en la sala Tramuntana, nos atrevemos a decir que se asistió a una de las más evidentes tomaduras de pelo en cuanto a expectativas y resultado de toda la programación : Decía Ángel Sala que la película “escándalo” de esta edición sería este...
   En la presentación del documental, los documentalistas responsables (Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor) presentaron este trabajo con una (impostada) declaración de amor al género de terror, y con el tan manido mensaje de que los- peores-monstruos-son-los-que-se-encuentran-a-nuestro-alrededor. En realidad, lo único que refleja el documental son los alucinados delirios del caníbal protagonista de la historia. No hay nada de fantástico en la mirada adoptada por los cineastas, tampoco se intenta analizar sociológicamente lo que llevó a este personaje a cometer la atrocidad que lo hizo famoso. Con la flagrante intención de provocar la incomodidad en el espectador, casi todo el documental utiliza un primerísimo primer plano del protagonista , mientras explica sus pensamientos. Si por escándalo entendemos los bostezos y la fuga masiva de espectadores que provocó en su pase , estamos de acuerdo: fue un escándalo. Tampoco se entiende la inclusión de este documental en la sección oficial , teniendo un espacio más coherente en la sección Documenta.
   Bushwick (Estados Unidos. Cary Murnion,Jonathan Milot). De vigoroso inicio pero monótono y previsible desarrollo, se trata de un tópico survival , con un argumento tan inverosímil como prometedor: Ambientado en Bushwick , el séptimo barrio más pobre de la ciudad de Nueva York, se relata la invasión en las zonas urbanas de Estados unidos por parte de una coalición paramilitar de los estados sureños sublevados contra el gobierno. A pesar de que la historia no ofrece nada de novedoso o por encima de la media, cabe destacar el esfuerzo de producción de esta serie B, a la hora de recrear un ambiente de caos y violencia urbanos. Como curiosidad, mencionar el protagonismo de Dave Bautista, actor,ex luchador profesional y miembro del reparto de la recién estrenada Blade Runner 2049 (2017)
   The Ritual (Estados Unidos. David Bruckner). Una de las sorpresas del festival. Con un punto de partida   que (engañosamente) parece presagiar la típica comedia de «colegas-cuarentones-en-busca-de-la-libertad-perdida», un trágico suceso impulsa a un grupo de amigos a realizar un catártico viaje de senderismo por los agrestes montes de Suecia. A pesar de tratarse de una producción norteamericana, desprende en todo momento el típico humor inglés a lo hora de describir a los urbanitas y aburguesados protagonistas, en pugna con el paisaje natural al que se enfrentan. En este sentido, David Bruckner (un nombre a retener) tiene la inteligencia de respetar la sarcástica prosa del escritor de Birminham Adam Nevill, autor de la novela original. Con la presencia de una secta que venera a una temible y violenta deidad monstruosa, la experiencia iniciática que vivirán los personajes, entra en el terreno del terror puro, recordando la temática de El proyecto de la bruja de Blair (1999) —por fortuna, prescindiendo del quemado formato found fotage—. Con este giro argumental, lo que podría haber sido una simple comedia de género fantástico, se acaba revelando en una muy digna (y original) película de terror. El actor británico Rafe Spall se alzó con un merecido premio a la Mejor Interpretación Masculina.
   El habitante. (Méjico. Guillermo Amoedo). Presentada con carácter de premiere mundial, esta producción Mejicana abunda en la temática de posesión demoníaca, con la (supuesta) originalidad de plantear una sucesiva subversión de roles: Unas atracadoras entran en la lujosa mansión de un corrupto senador mejicano. Una vez dentro, comienzan a escuchar extraños gritos provenientes del sótano. Atada a una cama, las hermanas encuentran a la hija parapléjica del senador, con síntomas de haber sido torturada. Una vez la acción se desencadena, empieza la alteración de roles: Las atracadoras en realidad tienen un buen fondo ( y su condición de ladronas se explica por su humilde origen), la hija del senador está poseída por un poderoso demonio, y el exorcista que llega a la mansión , tiene una moralidad y un comportamiento tan variables como el guión de la película. Posiblemente por pertenecer a una cultura como la mejicana, el clímax de la película, con todos los personajes gritando desaforadamente, más que el (buscado) miedo provocó una (involuntaria) hilaridad en los espectadores.
    Brawl in Cell Block 99. (Estados Unidos. S. Craig Zahler). Lenta y parsimoniosa en sus primeros veinte minutos, tal y como pasaba en el anterior título de Craig Zahler Bone Tomahawk (2016), el film entra en una espiral de violencia adrenalínica y salvaje, pocas veces antes vista en una producción de este calibre. Un ex boxeador, cuyo matrimonio está a punto de romperse, pierde su empleo como mecánico de coches. Para salvar su matrimonio y ganar dinero rápido, decide que su mejor opción es trabajar para un viejo amigo como traficante de drogas. Esta decisión mejorará su calidad de vida hasta que se ve envuelto en un tiroteo entre la policía y sus aliados; situación que le acaba llevando a la cárcel. Allí sus enemigos (después de secuestrar a su mujer) le obligarán a cometer actos de violencia dentro de las paredes del presidio de alta seguridad... Es interesante analizar la evolución que ha sufrido la violencia fílmica en los últimos años. En el devenir del festival hay películas que en su momento provocaron opiniones encontradas y críticas contundentes por la violencia mostrada en pantalla (Desde Evil Dead hasta Martyrs, o A l´interieur, e incluso la salvaje A serbian film). Si bien los citados títulos generaron en su momento   un silencio incómodo en la platea ( e incluso algún desmayo) , las imágenes más crudas y sangrientas de esta producción norteamericana fue recibida con incomprensibles vitores y aplausos.
 
 
SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC FUERA DE COMPETICIÓN:
 
La piel fría (España, Francia. Xavier Gens). Perfiles tan dispares como los hermanos Pastor, (Carriers, Los últimos días) o David Slade (Hard Candy, 30 días de noche) fueron señalados en su momento como directores del proyecto de adaptar el longseller del escritor catalán Albert Sánchez-Piñol, La piel fría. Finalmente, el elegido fue el francés Xavier Gens, autor de una filmografía centrada íntegramente en el género fantástico. El esquema argumental de la novela es fielmente respetada en su traslación fílmica: Un militar irlandés, decepcionado por el resultado de la independencia de Irlanda, decide aceptar una oferta de trabajo de oficial atmosférico durante un año en un islote alejado de las principales rutas marítimas. En la isla solo hay un habitante: un huraño farero con el que no congeniará. El antiguo oficial atmosférico que tenía que ser reemplazado está desaparecido. Tras pasar una noche asediado en la pequeña cabaña de madera por unos seres extraños, el protagonista consigue quedarse en el faro y resistir desde allí las embestidas de estos seres anfibios. Pronto descubrirá que el farero tiene uno de esos seres como sirviente, Aneris. El extraño triángulo que se provoca entre los dos hombres y la criatura acuática de aspecto ligeramente femenino (personaje interpretado por Ana Garrido), cuyo nombre al revés significa “sirena”, en la novela es el verdadero catalizador del destino de los dos personajes humanos, llegando a tener un control sobre el protagonista, que le lleva a enamorarse profundamente de ella. Esta disfuncional relación, en la película tan sólo se esboza, así como la relación entre los dos hombres, que en la novela origen, evoluciona hasta llegar a trabarse una profunda amistad entre ellos. Otro de los importantes detalles de la novela (que la película se trata de soslayo) es la inquietante idea de que los invasores no son los seres que asedian el faro, sino los humanos que han invadido un espacio que no es el suyo...
   Atmosférica y telúrica, pero demasiado impersonal y formal, se echa en falta más arrojo y valentía en reproducir la soledad, la violencia innata del hombre y la capacidad de supervivencia que transmitía la obra original,
 
SESIÓN ESPECIAL
 
The Bad Batch (Estados Unidos. Ana Lily Amirpour). Tras la sorpresa que supuso en los circuitos de cine independiente su ópera prima Una chica vuelve a casa sola de noche, se esperaba con cierta curiosidad el siguiente trabajo de la diectora iraní afincada en Estados Unidos Ana Lily Amirpour.  Relato post-apocalíptico ambientado en una imaginaria «zona de nadie» entre Texas y los Estados unidos de América, lugar al cual se envían los «desechos» («bad batch») apátridas de la sociedad para que sobrevivan matándose (y comiéndose) entre ellos. A pesar de su planteamiento, y de unos potentes primeros minutos, el interés de la historia, pierde fuelle a medida que avanza su metraje. Lo que podría haber sido una bofetada al Stablishment y la política actual de Donald Trump. -reflejada en el film por el personaje que interpreta Keanu Reeves-, se queda a medio camino entre un homenaje al imaginario propio del creador franco-chileno Alejandro Jodorowsky, y en concreto de su aclamada El topo, y un magnético (pero vacío) video clip...
 
  
SECCIÓN PANORAMA FANTÀSTIC
 
 
Jackals (Estados Unidos.Kevin Greutert). Adocenado survival que parece diseñado para engrosar la lista de productos destinados a las numerosas plataformas de exhibición digital. En este caso, se narra la historia en la que una familia adinerada, consigue rescatar al hijo de la familia, que está metido en una secta. La (discutible) originalidad de la propuesta resulta ser que el hijo no está dispuesto a abandonar la secta y los miembros de ésta no renunciarán a él y asediarán a la familia. Personajes desdibujados,narrativa supuestamente agresiva pero tan inofensiva como previsible ,y poco o nulo interés en aportar nada nuevo ,intentando buscar algo remarcable en esta producción , decir que se inscribe en el subgénero de «sectas asesinas»,  una constante temática de muchos de los títulos presentados este año .
The Heretics  (Canadá . Chad Archivald). No sé si puede considerarse una herejía haberle dedicado los (larguísimos) ochenta y siete minutos que dura a este infumable producto de consumo...Con un ojo puesto en el género de secuestro y otro en el de las sectas demoníacas (de nuevo) , el director Chad Archivald corre el serio riesgo de volverse bizco. Prescindible, previsible y en ocasiones rozando el ridículo, no hay nada de novedoso o remarcable en esta producción canadiense .
 
 
SECCIÓN ÓRBITA
 
The Wall.(Estados Unidos. Doug Liman). Nada que ver con la clasica versión que del álbum de Pink Floyd dirigida por Alan Parker, se trata de una claustrofóbica pieza de cámara de pequeño presupuesto (dos millones y medio de €) en la que un soldado norteamericano, en plena guerra de Irak intenta sobrevivir al asedio de un francotirador afgano, con el único resguardo de su ingenio y el muro que le da título a la película. Tediosa en su desarrollo, desaprovecha la oportunidad de realizar lo que podría haber sido una interesante metáfora del muro (real o psicológico) que separa y al mismo tiempo une a los dos combatientes.
 
SECCIÓN PANORAMA DOCUMENTA:
 
Dentro de la sección «Panorama Documenta»,y aunque en distintos días, pudo disfrutarse el curioso binomio que (involuntariamente) suponen los documentales: King Cohen: The wild world of the filmmaker Larry Cohen, de Steve Mitchel y Drácula Barcelona, de Carles Prats, dedicados, respectivamente, al cineasta norteamericano Larry Cohen y al madrileño Jesús Franco. No es que se asemejen (ni en estilo ni en contenido) las obras y perfiles de los dos creadores, pero en ambos casos estamos hablando de auténticos outsiders del sistema de producción de sus respectivas cinematografías... En el caso de Larry Cohen, se expone a través de la voz del mismo director o de algunos de sus colaboradores, su perfil de cineasta “de guerrilla”, con la reconocida afición de Cohen por filmar escenas de persecuciones automovilísticas, asesinatos o peleas a puñetazos, sin solicitar permiso alguno, y ante la mirada atónica de los transeúntes que presencian la escena ignorantes de que se trata de una ficción.
   Rebelde e inconformista, Cohen tiene también su lado oscuro, ya que como el documental simplemente esboza (se trata de un trabajo en esencia laudatorio del personaje) , Cohen no tuvo reparos en aprovecharse de la oportunidad de contratar a viejas glorias del Hollywood dorado , como reclamo comercial para sus modestas producciones. Figuras como Bette Davis o Samuel Fuller, participaron como intérpretes en algunas de sus películas, en el ocaso de sus carreras, garantizado a Cohen un reclamo comercial, a cambio del mínimo salario... En un momento del documental se pronuncia una declaración que resume muy bien el perfil del director neoyorkino: «Larry Cohen se convirtió en director para proteger al Larry Cohen escritor. Después se convirtió en productor para proteger al Larry cohen director...y así es como se convirtió en una triple amenaza...». 
   Admirado por unos, denostado por otros, la figura de Jesús Franco es una de las más singulares de la cinematografía hispánica. Con una filmografía que supera los 250 títulos ( casi podría llenarse la programación íntegra de Sitges con ella...) Jesús Franco, a pesar de especializarse en el fantástico cultivó géneros tan dispares como la comedia, el drama, el musical e incluso la pornografía. En el interesante y entretenido documental Drácula Barcelona se describe la concepción y parte del rodaje de El Conde Drácula (1969) que Franco realizó en Barcelona. Sin tratarse de un estudio profundo y crítico del personaje, en algún momento del documental se deslizan opiniones no demasiado positivas sobre el fallecido director madrileño. En concreto de su falta de prejuicios a la hora de buscar financiación,o la de (tal y como se afirma ) de «robar o estafar si fuera necesario, eso sí: con el noble objetivo de salvar una película».
Queda reflejada, pues, la atracción instantánea que supuso para Jesús Franco la Barcelona de finales de los 60, dónde tuvo eclosión la denominada gauche divine (movimiento cultural e intelectual formado por elementos de la alta burguesía barcelonesa) y que para él supuso un foco de atracción como referente a los aires de progreso que soplaban desde el norte de Europa, en contraste con el gris panorama del tardo franquismo que se vivía en España. En paralelo al rodaje de la versión de El conde Drácula el productor y director Pere Portabella realizó la que se considera una obra de culto: Vampir cuadecuc: auténtica rareza que puede definirse como el Doppelgänger de la obra original , y de híbrido entre making off y obra autónoma , puesto que las intenciones de Portabella fueron tanto captar instantes previos y posteriores al rodaje ( grabando al reparto y los técnicos en pleno proceso creativo), como exponer su propia visión del mito del vampiro. Tras el documental, se proyectó el largometraje original de Jesús Franco, por desgracia en una versión digital (horriblemente) doblada.
 
 
MUSE/AS BOAS MANEIRAS
 
Decía el malogrado crítico José María Latorre en su magnífico libro El cine fantástico (1985) que una película que se precie de pertenecer al género fantástico debe basarse sobre todo en el tratamiento de la imagen, en el punto de vista “alterado” de hechos que bien pueden ser cotidianos, más que en lo que cuenta (el guión), en como lo cuenta (la mirada). Esta mirada crítica sirve para comparar dos títulos tan dispares presentados en la sección oficial de este año como Muse y As boas Maneiras.
   Muse (España. Jaume Balagueró): El cine de Jaume Balagueró se ha convertido en una “marca” en el sentido de que una película “de Balagueró” presupone identificar o distinguir una historia terrorífica cuyo objetivo será asustar al público. Siguiendo el hilo de este argumento, no habría nada que objetar en la inclusión de “Muse” en la sección oficial no competitiva: el periplo de un profesor de universidad , atormentado por la violenta muerte de su novia , a través del cual descubre la existencia de   un oscuro mundo gobernado por las musas que han inspirado a los poetas de todos los tiempos. El problema es que la película en ningún momento se aleja del camino de lo previsible. Si aplicamos la fórmula de la mirada como pertenencia al fantástico, una vez termina el (magnífico) prólogo y motor de la acción, Balagueró exhibe un buen oficio como storyteller, y poco más .A pesar de incluir seres malignos y con increíbles poderes sobrenaturales , debe definirse más como un thriller que como una película de terror o fantástica. No hay nada que sobrecoja —o ni tan solo asuste— al espectador. Al final del pase de prensa, la película fue recibida con algunos pitidos de desaprovación.
   As boas maneiras (Francia/Brasil. Juliana Rojas y Marco Dutra). Presentada casi de oculto y en horarios poco agradecidos, esta película sí que puede inscribirse plenamente en el género fanta-terrorífico que define al Festival. Una atractiva y adinerada mujer contrata a una asistenta proveniente de las fabelas de Brasil , para ayudarla en su complicado embarazo. Poco a poco, y a medida que el embarazo y la relación entre ambas va avanzando,la extrañez se apodera progresivamente del relato, hasta el momento en el que la embarazada da a luz a un monstruoso bebé licántropo que la otra mujer decide adoptar. Igual que hicieron con su anterior Trabajar cansa, con pocos personajes y los mínimos elementos, pero especialmente, haciendo uso de la mirada y la narrativa, el elemento fantástico toma control de la película, y se atreve exponer temas como la relación lésbica entre dos mujeres pertenecientes a diferentes estratos sociales ( con el añadido de ser una relación interracial), el canibalismo o la licantropía infantil . Se alzó con el premio de la crítica, exaequo con The Killing of a Sacreed Deer (2017), de Yorgos Lanthimos.
   The villainess (La villana) (Corea de Sur. Jung Byung-Gil). El auge del cine coreano, con figuras como Park Chan-wook, Kim Jee-woon y Bong Joon-ho en primera línea , sigue en su línea ascendente con el último trabajo tras las cámaras de Jung Byung-Gil, (Confession of Murder de la que se está ultimando un remake ). La villana hace referencia a una joven que fue entrenada como asesina desde pequeña. El servicio de información la indulta con la condición de que ofrezca incondicionalment diez años de su vida a su país. Tras haber cumplido con el compromiso y con una identidad falsa y una hija, empieza a disfrutar de una nueva y anónima vida, lejos de la violencia que siempre la acompañaba. No obstante, la irrupción de su mentor ( y antiguo amante) , hace resurgir su turbulento pasado.
   Así como el cine de acción de origen anglosajón , tiene un patrón que parece originario de los folletines de aventuras gráficas publicadas periódicamente , o de los seriales televisivos ,en cuanto a que la acción se fracciona y se dosifica durante todo el metraje de forma continua , en el cine de acción coreano el modelo más cercano parece ser la representación operística: es impensable que un típico “actioner” norteamericano se tome ( como lo hacen los artífices de “La villana”) más de una hora para preparar el alucinante y cinético clímax final .
 
 
MARATÓN DE CINE DE TERROR
 
Cult of Chucky (Estados Unidos. Don Mancini) / Leatherface (Estados Unidos. Julien Maury y Alexandre Bustillo) / Downrange (Estados Unidos/Japón. Ryuhei Kitamura).
A pesar de que la clausura oficial tuvo lugar el 15 de Octubre con la proyección de la (insípida) The Lodgers, el auténtico final de fiesta de esta edición de Sitges tuvo lugar durante la maratón que se celebró ese mismo día, a partir de la 1 de la madrugada. Con la presencia de unos eufóricos y entregados Ángel Sala y Mike Hostench (respectivos director y subdirector del festival) presentando el evento, no se recordaba una maratón tan potente y con un público tan revolucionado como el que esa noche llenaba la platea del “Retiro”. El propio Ángel Sala reconoció que su pasión por el cine fantástico se gestó en esa misma sala de cine, a la que acudía como espectador del festival en las clásicas ediciones de los años ochenta.
   La fiesta empezó con la sexta secuela de la saga iniciada por Tom Holland en 1988 con Child´s Play (Muñeco diabólico en España) , de carácter puramente lúdico y autoreferencial (pero también unas marcadas dosis de mala leche) , Cult of Chucky dirigida por el guionista y creador original del personaje Don Mancini , se erige   en la más violenta y salvaje de todas las películas protagonizadas por el muñeco en el que se encarna un asesino en serie aficionado a la magia negra, y al cual ha prestado su voz en todos los títulos Brad Dourif. Sin ninguna otra pretensión que la de divertir al aficionado, con una violencia que de tan verbenera y exagerada provocó más de un aplauso espontáneo.
   Tras el impacto que provocó en 2007 el estreno de À L´interieur (origen del mediocre remake español Inside) la carrera de los franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury, parecía andar un poco despistada, tras las decepcionantes “Livide” y Among the Living. Puede decirse que con el trabajo realizado en su actualización del mito de “La matanza de Texas”, el dúo francés se ha redimido de sus trabajos anteriores. En sus más de cuarenta años de existencia, el clásico de Tobe Hopper ha tenido hasta la fecha cinco secuelas y un “rebbot”, cayendo en una progresiva decadencia respecto a la obra seminal.
Aficionados al género y críticos de la revista Mad movies antes que cineastas, el reto de Bustillo y Maury no era menor, puesto que tenían que romper con todo lo previo, generando algo nuevo y ,recreando la juventud del personaje “estrella” de la saga: Leatherface , antes de que se conviertiera en el icónico monstruo.
Violenta, cruda y sádica, la película dosifica con inteligencia la aparición de los personajes conocidos por el aficionado, en su juventud: El mítico abuelo, el hermano enajenado que hace autoestop en el clásico de Tobe Hopper, o el mismo Leatherface. Hay un elemento original en este caso y que no aparecía en el universo creado por Hopper: El personaje de la madre de la familia interpretado por Lili Taylor, y que se convierte en la insospechada líder de la familia de homicidas, así como en el motor de toda la violencia homicida y el sadismo de la disfuncional familia.
   Como plato final de la maratón, se proyectó Downrange. El cineasta japonés Ryuhei Kitamura hizo gala en su (incomprendida) adaptación del relato de Clive Barker “The Midnight Meat Train ” (“El vagón de la muerte”) de la capacidad en mostrar la violencia física sin escatimar ningún detalle. En su último trabajo, “Downrange” incide en esa tendencia ,haciendo gala de un encomiable sentido del timming, al contar la historia en la que un grupo de jóvenes , son ejecutados fríamente uno a uno por un francotirador en medio de una aislada carretera de montaña. Con unos personajes que la película muestra con la misma identidad que los corderos que esperan en el matadero su turno, Kitamura ofrece un tour de force con un argumento minimalista, un escenario fijo y pocos personajes.
   A modo de coda al festival, la macabra e imprevisible escena con la que concluye la película es un digno colofón del torrente de emociones e imágenes que se pudieron disfrutar y sufrir en Sitges durante once días.•