VI FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE BARCELONA SANT JORDI '022
Celebrado entre el 21 de 29 de abril, en el transcurro de las celebraciones del día del libro, veintitrés de abril, el BCN FILM FEST acogió la nada desdeñable cifra de setenta títulos, entre largometrajes, documentales y sesiones especiales de cortometrajes, en el populoso barrio de gracia de la capital catalana: Barcelona. La consolidación de un certamen que tuvo como principal reclamo a nivel internacional, la figura del director, guionista, productor y periodista ocasional, Oliver Stone -suyas son algunas de las pocas entrevistas largas que se conservan con
En estreno
 
ESPECIAL PETER BOGDANOVICH (PARTE I, 1967-1979)
El pasado 6 de enero fallecía, a los ochenta y dos años, Peter Bogdanovich, uno de los realizadores norteamericanos poseedor de un conocimiento enciclopédico sobre la Historia del cine de su país. En cinearchivo.net rendimos nuestro particular tributo-homenaje a Bogdanovich con la publicación de un dossier dividido en dos partes que
ADIÓS AL CINEASTA PETER BOGDANOVICH, A LOS 82 AÑOS
Fallecido el pasado 6 de enero en su residencia angelina, según fuentes de la familia, por causas naturales, Peter Bogdanovich pasará a los anales por ser uno de los mayores divulgadores y conocedores de la Historia del Cine de los Estados Unidos. Crítico antes que cineasta (escribió en la prestigiosa revista Esquire), debutó como director de largometrajes a los veintiocho años con Un héroe anda suelto (1967), primera propuesta de un total de casi una veintena de películas que llegó a rodar a lo largo de cerca de cuarenta años. En cinearchivo.net rendimos nuestro particular
54 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '21
Entre el 7 y el 17 de octubre de este año, se celebró la quincuagésima cuarta edición del Sitges Film Festival, como gusta internacionalizar a este emblemático certamen ubicado desde sus inicios en la blanca subur. Eso sí, autoproclamarse uno mismo como número uno del sector no es algo que podamos llamar falsa modestia, más bien autocomplacencia. Seremos los informadores y periodistas los que tengamos que elevar a dicha categoría esta verdad tangible en cifras y en número de proyecciones. Lo de la calidad es harina de otro costal.
DRIVE MY CAR (2021)
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
JERRY GOLDSMITH: UN CAMALEÓN MUSICAL
Quizá sea un poco exagerado decir que desde el fallecimiento de Goldsmith el 21 de julio del 2004 se acabó la música de cine tal y como la habíamos conocido. Pero, vamos que si a eso unimos que Elmer Bernstein nos dejó un mes después hay que convenir que nadie pudo cubrir el hueco que ambos dejaron (a excepción de los corta y pega de Williams y el reciclaje de temas en Morricone). Y es que ahora mismo, visto con perspectiva, el peor Jerry es el mejor score de los últimos veinte años.
54 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '21

 

REGRESO A LA

«NORMALIDAD»

 

 

 Crónica de Àlex Aguilera y Màrius Ripoll


Entre el 7 y el 17 de octubre de este año, se celebró la quincuagésima cuarta edición del Sitges Film Festival, como gusta internacionalizar a este emblemático certamen ubicado desde sus inicios en la blanca subur. Eso sí, autoproclamarse uno mismo como número uno del sector no es algo que podamos llamar falsa modestia, más bien autocomplacencia. Seremos los informadores y periodistas los que tengamos que elevar a dicha categoría esta verdad tangible en cifras y en número de proyecciones. Lo de la calidad es harina de otro costal.
     Si bien el festival se desarrolló sin ningún altibajo en cuanto a la programación prevista durante los once días que duró, el nivel medio de las secciones oficiales estuvo, paradójicamente, por debajo del de la edición del pasado año. Quizá, el año de producción del “maldito” 2020 tuviera la culpa. La mayoría de rodajes tuvieron lugar ese fatídico año, aunque las postproducciones se realizarían en este año de aparente recuperación sanitaria y económica. Aun a sabiendas de que muchos invitados no podrían trasladarse a nuestro continente, a no ser que se encontraran de gira por Europa, los “talentos” (palabra un tanto snob pero ajustada a nuestros tiempos) nacionales se comprometieron con el Festival y acudieron a la cita anual con inusitado entusiasmo por mostrar sus nuevas obras.
De esta forma, tanto Álex de la Iglesia y su desigual Veneciafrenia (excelentes los títulos de crédito y la primera parte de la cinta pseudo italiana, con claro homenaje al giallo), Paco Plaza (no pudimos acercarnos a su La abuela por falta de entradas para medios, otro de los déficits a pulir del Festival), J.A. Bayona (de paso por el certamen para visitar a colegas de profesión antes de regresar a Nueva Zelanda para dirigir una versión televisiva de El señor de los anillos), Rodrigo Sorogoyen (presentando uno de los capítulos de Historias para no dormir) o Rodrigo Cortés, el flemático y altivo realizador madrileño, estuvieron en una alfombra roja —cuyo trayecto en coche apenas roza el medio minuto del hotel al Auditori Gran Sitges adyacente— marcada por el producto nacional.
    En otro orden de cosas, apuntar que el mejor filme que vio un servidor a lo largo de esta semana y media de proyecciones casi maratonianas vendría de parte de una cinta de 1965(¡!). Se trata, pues, de una efeméride de un título de culto de nuestra cinematografía: La dama del alba. Traslación a la gran pantalla (en una excelente copia cedida por la Filmoteca catalana en 35 m/m.) de la obra teatral de Alejandro Casona, por parte del desaparecido –en 1999- Francesc Rovira-Beleta. Una rareza de la época que la organización del certamen tuvo a bien recuperar en una especie de mini-ciclo dedicado a la Catalunya Imaginària. Ello no quiere decir que las demás secciones carecieran de títulos interesantes en cada una de ellas, pero si constatar que esta es la que más gustó a un servidor de toda la gama de cintas a las que tuve acceso. Lo que se trata es de rellenar esos huecos temporales, en los que a veces se acierta y otros, decididamente, no.
 
SECCIÓN OFICIAL A COMPETICIÓN
Como hemos dicho, no se trata de qué películas quieras ver en cada momento, sino la disponibilidad de las mismas en cada sesión solicitada con una semana de anterioridad. Ante la gran demanda de entradas en sesiones exclusivas para público, nos vimos en la tesitura de escoger entre las sesiones de prensa (compartidas) matinales o las vespertinas. La primera fue la fórmula elegida ya que se nos hacía casi imposible la adquisición de las mismas destinadas al público en general. Aun así, nos enfrentamos a una docena de títulos supuestamente seleccionados por su calidad mínima. Todas ellas eran susceptibles de pasar el corte, aunque fuera por el solo hecho de pertenecer a un género que las abraza como suyas, no así por su elevado contenido cinematográfico. Sorprende en cualquier caso que la crítica (oficial, inscrita en una organización acotada) se decantara por un engendro como After Blue. Una conspiración para aburrir al más mortífero de los humanos. Insoportable a todas luces pese a su estética decididamente punky y con decorados propios de los 80, pero mal iluminados.
    De las demás cintas, poco podemos decir de Belle (cinta nipona de animación con el homenajeado Mamoru Husoda como maestro de ceremonias), más allá de su belleza plástica y poco más; por su parte, Cryptozoo (otra cinta animada, norteamericana en este caso) resulta tan pretenciosa como deslavazada en su argumento, difícilmente inteligible; Here Before, por el contrario, parte de una premisa interesante, una mujer cree ver revivida a su hija accidentada y fallecida años atrás, en la figura de la hija de su íntima amiga. Destellos de la Reencarnación (2004), de Jonathan Glazer, pero con un simbolismo no tan sobrenatural. Plausible en su desarrollo; gustó la desgarradora Limbo, en un juego del gato y el ratón, de persecuciones entre un psicópata que se deleita en amputar los miembros de sus víctimas y un policía descolocado ante tanta maldad y suciedad en las calles de Hong-Kong. Maravilloso blanco y negro; en cuanto a Luzifer, ratificar el esfuerzo del realizador austríaco por dar entidad maligna a un simple hombre de campo que convive junto a su madre y que ciertos visitantes le otorgan una categoría similar a la que Salem le dedicó a ciertas mujeres. Simple aunque algo tediosa cinta; la esperada Offseason plantea la entrada a una especie de isla inhóspita de una mujer que había recibido una misteriosa carta. Una invitación a un infierno, donde los locales no desearan una estancia plácida. Ecos de Silent Hill en una cinta deudora de sus propias convenciones. Ni irrita ni da pavor, simplemente, se deja ver; llegamos a The Execution, cinta con sobresaltos del nivel de una investigación policial sobre un asesino en serie que actuó en solitario en la Rusia de los años setenta y ochenta. Lo mejor de ella, su grado de implicación de los actores, su debutante director (quien presentó in situ la cinta) y la verosimilitud de las largas sesiones de interrogatorios. Lo más aterrador visto en esta sección; por su parte, ni la alemana Tides (precedida casi de incógnito por un corto de Alex Proyas) ni la norteamericana We need to Do Something, consiguieron las expectativas creadas en torno a ellas. La primera, una cinta de carácter distópico (donde los nacimientos son una anomalía), incide en el tema de la supervivencia a través del cuidado de un planeta mucho más desmejorado que inclusive ahora. La segunda, una claustrofóbica en apariencia cinta que convierte a una familia media en una especie de survivor y canibalismo creciente, sin ningún pudor por la planificación y el suspense in crescendo. A olvidar. Finalmente, resaltar el espíritu de mejora de Alberto Evangelio en la confección de una cinta de terror al uso, con elementos sobrenaturales que, pese a ciertas deficiencias de guion, sorprende con un final vistoso y certero. Esperemos que el antiguo cortometrajista alicantino no haya tenido que hipotecar su vivienda como así nos hizo ver para esta arriesgada cinta rodada en plena pandemia.
    A última hora se sumó The Feast a la “fiesta” —valga la redundancia— y de lo mejor que podemos decir de ella es que apenas recordamos alguna secuencia de relieve. Más aun, no despertó ningún tipo de interés en una sesión de mediodía que apuntaba mejores perspectivas. 
 
SECCIÓN PANORAMA FANTÁSTICO
Una sección casi exclusiva del cine Retiro en sus matinales y sobremesa que alberga no pocas sorpresas en su programación. La preferida de la prensa más veterana y menos conformista, alejada del ruido y promesas infundadas de la sección oficial del certamen.Accedimos casi con la campana de comienzo de la sesión —por mor de la llegada del tren a la población costera— a una docena de ellas.
Hellbender, olvidada casi al terminar la proyección, a pesar de contener elementos de brujería y satanismo de forma soterrada y casi invisible, con todo fue la sesión que cerrara dignamente la sección tras inaugurarse con Hunter, Hunter la veda de este panorama circunscrito exclusivamente al cine fantástico, incluyendo el terror y la ciencia-ficción. Esta última recordaba a The Silencing (2020) en su estructura, cohabitando en la manera de desarrollar una historia rural en unos bosques inhóspitos, donde un cazador parece encontrar acomodo en una serie de asesinatos rituales. Pocos personajes permiten localizar casi inmediatamente al depravador Hunter. Por su parte, La pasajera, cinta hispana que cuenta en su reparto con dos representantes del universo Cuéntame cómo pasó, se erigió en una de las películas más desacomplejadas y divertidas del certamen. Con un humor sustanciado en diálogos hilarantes y un protagonista que recuerda al Sancho Gracia menos amable, sus directores nos conducen por una Road-Movie sin rumbo fijo, pero con un decidido carácter de entretener al personal con elementos de fantástico actualizado (zombies y transformaciones varias). Mereció mejor suerte que El páramo, mucho más publicitada. En cuanto a Le calendrier pese a sus esfuerzos por resultar original —en parte lo consigue— converge con la cinta The Box, de Richard Kelly, en cuanto al material empleado (una vieja reliquia) para “maldecir” el uso que de él hace su propietario. Indebida cinta dedicada a asustar al personal con un elemento tan poco temible como un simple calendario (eso sí, original) de adviento. Lo de Superhost, favorita del público más joven, resultó un fiasco en toda su extensión. Pretende resultar graciosa –como su protagonista- sin serlo, además de resultar cargante en la forma de acometer unos asesinatos casi en directo. Deplorable. Por lo que respecta a The Boys Behind the Door, cinta que no escatima esfuerzos en presentar a dos chicos soñadores que acaban por ser capturados y secuestrados por un desalmado psicópata, no conocemos los antecedentes de una historia que de haber sido presentada como basada en hechos reales, no hubiese resultado lo más mínimo creíble en su desarrollo. Aun así, la película se sostiene gracias a algunos planos bien conseguidos y a una interpretación hegemónica por parte de Lonnie Chavis. Para finalizar este apartado del todo necesario, apuntar a The Power como la mejor realización de todas, a nivel de planificación y nivel de sugestión, aun siendo deudora de las dos versiones de Nightwatch, de Ole Bornedal, aquí ubicadas en un hospital y no en una morgue. Lamentar las buenas intenciones de Warning, cinta polaca de ciencia-ficción terrenal, donde la autora (Agata Alexander) aborda el viaje interplanetario como una experiencia vital no como un reto. La solitud y el aislamiento se dejan entrever, aunque no lo consigue, en favor de una reflexión demasiado interior que no logra transmitir al espectador ese tono de alienación que requería el personaje traumatizado por la muerte.
 
SECCIÓN SITGES CLÀSSICS
De entre las propuestas que nos sirvieron dentro del programa dedicado al leitmotiv este año de “Los hombres lobo” bajo el estimulante título de La bestia interior, formado por siete títulos, a todas luces insuficiente, destacar la inclusión en el mismo de varias joyas, caso de El bosque del lobo (1970), del siempre agradecido Pedro Olea (homenajeado al respecto), una cinta argentina casi ignota, Nazareno Cruz y el lobo; la archiconocida Aullidos (1981) y otro clásico entre los clásicos, Un hombre-lobo americano en Londres (1981) en una maravillosa copia en 4K -con la consabida transformación ejecutada por Rick Baker en la piel de David Naughton al ritmo de la canción Blue Moon-. Además, se pudieron ver El hombre lobo, de 1941 con Lon Chaney, Jr,, no así su antecesora y superior cinta de Stuart Walker, El lobo humano (The Werewolf of London, 1935) amén de la película francesa La bestia del 75, todo un referente a la hora de hablar del misticismo de la licantropía en ambientes boscosos.
    Se dejó para mejor ocasión la proyección de la excelente Lobos humanos (1981) o la recuperación de la no menos interesante, Ginger Snaps (2000). Todo ello aderezado con un libro homónimo y complementario al exiguo ciclo, al que se debería tener en consideración a modo de consulta e indagación de los orígenes del mito, tanto en la literatura como en el cine.
OTRAS SECCIONES: ANIMA’T
Siempre es una excusa perfecta poder contemplar en ratos muertos, piezas de distintas procedencias dentro del mundo animado. Tanto la brasileña Bob Guspe como la canadiense Esluna certificaban las grandes diferencias entre ambas cinematografías a la hora de abordar temas caros al fantástico. Ambas merecen ser visionadas por su propia idiosincrasia, alejándose de los parámetros que marca el animé, tan cargante como la referida Belle (fuera de la sección, al parecer por su potencial comercial) o la infantiloide Pompo.
 
SITGES DOCUMENTA
Sección ya fija en el certamen desde que los organizadores se dieran cuenta de su potencial y de los trabajados tan bien ejecutados que les iban llegando. Sin pertenecer al género propiamente dicho, The Taking, del habitual Alexandre O. Philippe, es un compendio de imágenes y sustentadas explicaciones hacia el mítico Monument Valley y todo lo que se desprende a través de sus variados ángulos de visión en el cine.
    Por otra parte, sorprendió que no estuviese en esta sección Woodlands Dark and Days Bewitched: A History of Folk Horror. Un impresionante recorrido de más de tres horas –tuvimos que ausentarnos desgraciadamente a las dos horas por tener que atender otros menesteres- por el nada popular, Folk Horror. Imprescindible para los amantes de este tipo de cine sustentado en el atavismo, las creencias religiosas y el paganismo.
  
NOVES VISIONS
Nacida durante la edición del Festival correspondiente a 2011, la sección Noves Visions se planteó en un principio como un “espacio dedicado a las propuestas cinematográficas más innovadoras y transgresoras, que apuestan por la experimentación”, evolucionando en sus diez años de vida en una especie de sección oficial paralela en cuanto a la presencia de títulos en hibridación con temáticas colindantes con el thriller, la ciencia ficción o el terror. Irregular y un tanto desviada de sus orígenes de supuesta voluntad experimental, este año la sección presentó varios títulos, de interés variable, algunos de los cuales por temática o mirada bien podrían haber encajado en la sección oficial dedicada al género fantástico. Del total de la sección, destacamos:
    El apego (T.C.C: The attachment diaries. Argentina, 2021. 102 min. Valentín Javier Diment). Se trata de una historia ambientada en los años setenta, cuando la dictadura militar argentina provocó además de la desaparición y muerte de un gran número de personas, el robo de miles de niños recién nacidos a sus madres. A pesar de que su primera parte parece ahondar en este último argumento, El apego es en realidad una historia de amor pasional y enfermizo entre dos mujeres de personalidad alterada por sendos traumas: en el caso de una, por una madre que la repudia al ser fruto de una violación; y en el de la otra, por sufrir una enfermedad mental que la conduce a una espiral de violentos homicidios. Austera y contenida en su primera mitad, cuando cuaja la relación lésbica entre las protagonistas, la película adopta un tono formal próximo al giallo, en especial en las escenas de asesinatos, con la protagonista cuchillo en ristre mostrando su rostro desencajado con el uso del zoom y la música in crescendo. La película se alzó con el premio a mejor largometraje de la sección.
Agnes (EEUU, 2020, Mickey Reece). Última obra del prolífico Mickey Reece (más de treinta largometrajes en tan sólo trece años), cohabitan dos películas en los compactos noventa minutos de este título. La primera, que culmina justo hasta la primera mitad del metraje, plantea una aparentemente tópica historia de posesión demoníaca en el seno de un convento de monjas de clausura: con la intención de resolver el problema una pareja de sacerdotes, un joven aspirante a rector y su mentor, son enviados al convento. En esta parte de la película la comedia y el terror dominan el relato, tanto por las impactantes y súbitas apariciones del supuesto demonio en el cuerpo de la novicia poseída como por el personaje del veterano cura, escéptico y desencantado con la jerarquía eclesiástica. La segunda parte, mucho más relajada y reflexiva, plantea el dilema moral de una de las monjas al abandonar la comunidad y las dificultades que tiene para integrarse al mundo exterior. Al contraste entre la vida en clausura y la civil se suma la posibilidad de que el demonio la haya tomado como nueva huésped fuera del convento. No era fácil mantener el equilibrio adecuado para cohesionar la fragmentada historia y Reece, veterano y con mucho cine a sus espaldas, lo logra.
Bloodthirsty (Canadá. 2021. Amelia Moses). Durante su historia, el subgénero de cine con licántropos ha ofrecido un amplio muestrario de personajes: El hombre lobo clásico y feo de Lon Chaney Jr.; los postmodernos y guapos de la saga Crepúsculo; el paródico hombre lobo presidenciable (Werewolf of Washington); los adolescentes (I Was a Teenage Werewolf o Teen wolf: De pelo en pecho) y un largo etcétera.
En una edición marcada por la reivindicación femenina, no podía faltar en Sitges «la mujer loba» protagonista de esta producción canadiense que por su factura, intenciones y resultados tan previsibles como destinados a un público amplio, no acaba de entenderse qué hacía emplazada en una sección supuestamente innovadora como Noves Visions. Impulsada por su insidioso anfitrión, planea sobre la historia la “vampirización” del artista con su obra, pero lo que debería ser atrevimiento y arrojo en imágenes (algo que, por ejemplo, conseguía la anterior y más lograda Bliss de Joe Begos) se torna aquí romo y falto de personalidad. Parafraseando a Thomas Hobbes, podríamos convenir que para esta película «la loba es una loba (por culpa) del hombre».
Gaia (Sudáfrica. 2021, Jaco Bouwer). Según la etimología griega, el nombre Gaia representa la madre tierra asociándola a la feminidad y al desarrollo de la naturaleza. Lejos del buenismo con el que retratan la vida salvaje títulos tan heterogéneos y populares como La selva esmeralda (1985), Bailando con lobos (1990) o Gorilas en la niebla (1988), el cine adscrito al denominado “Eco terror” o “Terror ecologista”, no hace apología de la vida en la naturaleza sin dejar de lado la crítica y la responsabilidad de la civilización y sus excesos a la hostil reacción de la naturaleza. El cine de “Eco terror” muestra la naturaleza y su entorno como el origen del mal y las vicisitudes que azotan a los protagonistas del relato. En la película que nos ocupa, el limitado elenco (cuatro personajes) debe luchar para sobrevivir al asedio que sufren por parte de una fuerza elemental de la naturaleza. Sin coartadas ni argumentos panfletarios, el final abierto en el que el plano fijo que muestra la hamburguesa que el protagonista ha dejado sobre la mesa de un puesto de comida rápida, permite deducir una mirada escéptica tanto al inhóspito paisaje que ha enmarcado la acción previa como a la supuesta civilización a la cual se ha adentrado el único superviviente de la historia.
The Scary If Sixty-First (EEUU, 2021, Dasha Nekrasova). Injustamente olvidada en el palmarés, ésta fue una de las propuestas más estimulantes de la sección. En un año en el que la (necesaria) denuncia del Me too planeó sobre varias de las películas presentadas, la directora y también protagonista Dasha Nekrasova ofrece una visión fresca e integrada a las formas del género fantástico de los abusos de la masculinidad tóxica y la violencia a la mujer, y lo hace sin dejar de ser una entretenida película de género. Imprevisible, irónica y atrevida, en este caso la denuncia a los abusos sexuales no figura solo en la portada y la superficie del relato, sino que sirve como fondo de amenaza continua, culminando en un desenlace oscuro y amenazante, que además de recordar el inquietante desenlace de la intrigante sociedad secreta de Eyes Wide Shut de Kubrick, deja al espectador sin el recurso fácil de un final explicativo y acomodaticio.
Sound of violence (EEUU, 2021, Alex Noyer). La sinestesia es una alteración de la percepción según la cual, se experimenta de manera involuntaria un sentido diferente al que se ha estimulado. Por ejemplo: una persona sinestésica puede “oler” un color, es capaz de “ver” una nota musical, o de percibir el sabor cuando está tocando cierta comida. Ante semejante argumento, la única opción era esperar que las imágenes levantaran el vuelo, dejando de lado la verosimilitud y apostando por lo onírico y la imaginación. Por desgracia, la historia sigue a pie juntillas la mil veces estructura vista del sub género Torture Porn. El único ¿aliciente? del sufrido espectador es asistir a un carrusel de asesinatos a cada cual más absurdo y descabellado.
 
 
SEVEN CHANCES
A Praga. (Brasil, 2021, José Mojica Marins). Considerado como el padre del cine de terror brasileño, Mojica Marins visitó por primera vez el festival de Sitges en 1978 para presentar en persona la dupla formada por Delirios de un anormal y O estupro.
En 1980, la que iba a ser su siguiente película (dejando de lado la casi geriátrica Encarnaçao du demonio) era la adaptación de un cómic de terror italiano que tenía como claro referente la mítica editorial americana EC. A pesar de existir una copia del rodaje en formato de Súper 8, la película se consideraba perdida hasta que alguien rescató hace poco más de un año, unas polvorientas bobinas de película en 8 m/m. del almacén de la filmoteca brasileña. Tal y como se explica en el documental que acompañó la proyección de A Praga, el proceso de restauración emprendido por el productor Eugenio Puppo fue arduo y complicado. A la más que precaria calidad de la imagen en 8 m/m. expandida digitalmente, se sumó que la copia encontrada le faltaba la pista de sonido, por lo que se tuvo que contar con la colaboración de una consultora sorda que se encargó de presenciar la película y leer los labios de los intérpretes para transcribir los diálogos en un guion previo al doblaje. Como película, A Praga se deja ver con simpatía, tanto por su falta de prejuicios a la hora de relatar una historia clásica de terror con un presupuesto paupérrimo (marca de la casa Mojica Marins), como por trasladar con acierto el espíritu de los cómics de la historieta gráfica en la que se basa.
 
El aullido del diablo. (España, 1987, Jacinto Molina). Defendido a muerte por unos y denostado con sorna por otros, el cine de Jacinto Molina, y de su alter ego Paul Naschy ha tenido una relación de amor/odio con el Festival de Sitges desde sus orígenes hasta la actualidad. Si bien en los años setenta, en pleno apogeo del llamado “Fanta terror” era habitual contar con su presencia física y fílmica en cada edición, con la llegada de los nuevos aires y organización, su figura permaneció en el ostracismo absoluto, hasta que, en los últimos años de su vida, Molina pudo disfrutar de la reivindicación como figura de culto que Sitges le brindó. En línea con lo que mencionó Sergio Molina antes de la proyección, su padre afrontó el rodaje de la película sumido en una depresión que arrastraba hacía tiempo, a lo que se añadió el paupérrimo presupuesto con el que contó. Se percibe en cada uno de sus fotogramas la rabia y la impotencia con la que Naschy veía que su figura fue condenada a la invisibilidad y, como mucho, a una mueca de desprecio por parte de la crítica. Deficiente en su estructura narrativa y casi amateur en la parte técnica, es justo destacar por un lado la reivindicación (casi psicoanalítica) que Naschy hace de todos los personajes que lo encumbraron a su añeja fama, hasta llegar a ser considerado el «Lon Chaney español» y por otro el impactante final, que por sí sólo justifica el visionado de esta rareza.
Multiple Maniacs. (EEUU, 1970, John Waters). Alternativa, radical, antisistema… todos estos calificativos se ajustan como un guante a la película que supuso la presentación en sociedad del personaje de Divine, antes del culto que provocó su performance en Pink Flamingos. En una período histórico en el cual la sociedad norteamericana se encontraba en pleno trauma por la desastrosa gestión de la guerra del Vietnam, el outsider John Waters no deja títere con cabeza al mostrar sin tapujos escenas como el encuentro sexual entre Divine y una mujer en el interior de una iglesia usando un crucifijo como consolador (sic); la violación que sufre la misma Divine en plena calle, o el surrealista final en el que vuelve a ser sexualmente atacada por… una langosta gigante (¡!). Podrán decirse muchas cosas del cine de John Waters, pero jamás que sea previsible o aburrido.
The Amusement Park. (EEUU, 1973, George A. Romero). Se consideraba perdida esta rareza en la filmografía del padre del subgénero zombie hasta que en 2017 la viuda de Romero (Suzanne Desrocher) hizo público que habían recibido una copia de manos de uno de los programadores del Festival de cine de Turín. En realidad, se trata de un trabajo lanzado directamente en formato televisivo. Estresante en su puesta en escena, el infernal periplo que sufre el pobre anciano en el interior del parque de atracciones (siendo víctima de todo tipo de agresiones y burlas gratuitas), en sus escasos cincuenta minutos parece anticipar la angustia y el terror que Romero imprimiría a sus trabajos posteriores, especialmente en la saga de zombies que lo encumbraría como cineasta.
 
 
WOMAN IN FAN: La reivindicación de la mujer en el festival: ¿tendencia o moda?
A cualquier espectador con un mínimo de sentido de la justicia social y del natural equilibrio de fuerzas hombre/mujer, le resulta lógico que se dé   cobertura al cine hecho por mujeres. En el ámbito del Festival de Sitges, no hay que ser muy avispado para comprobar que la presencia del cine de género de autoría femenina se ha ido normalizando año tras año.
    Mary Harron inauguró la edición de 2000 con su inteligente versión de la infilmable novela de Bret Easton Ellis American Pshycho; en 2008 Jennifer Lynch logró por primera vez que una mujer fuera reconocida con el premio a mejor película por Surveillance; un logro que repetiría en 2015 la directora Karyn Kusama por The Invitation; sin olvidar, la unanimidad que provocaron en el animado público que abarrotaba el Auditori las hermanas Soska al presentar su remake del clásico de David Cronenberg Rabid en 2019.
    2021: anunciado por el festival como un “programa para la visibilización y la incorporación de la mujer creadora en la cinematografía fantástica”, este año se inauguró la sección “Woman in Fan” en la que se desarrollaron mesas redondas, exposiciones y presentaciones de futuros proyectos centrados en la autoría femenina como foco de atención. A pesar de seguir estando numéricamente por debajo del cine hecho por hombres, la presencia de la mujer, tanto a nivel de autoría (veintidós títulos de las distintas secciones oficiales venían firmadas por mujeres) como de temática de muchas de las películas presentadas este año en Sitges, tuvieron una presencia notable y, claramente, superior respecto a ediciones anteriores. El problema de las reivindicaciones, por muy justas y de urgencia social que sean, es cuando no pasan de ser instrumentos para defender postulados o puntos de vista tan necesarios como útiles, corriendo el riesgo de ser recordadas con el tiempo como una moda pasajera que no aportó prácticamente nada, no tan sólo a los deseados cambios que defienden, sino en cuanto al poso que puedan dejar en lo que se refiere al género fantástico al que se adscriben formalmente.
    En relación al fantástico y segundas lecturas que puedan leerse, en épocas más o menos pretéritas, el género ha cobijado películas que han perdurado en el tiempo, manteniendo tanto su interés cinematográfico como la potencia del discurso que puede leerse en el interior de sus imágenes.
    Clásicos como las coetáneas Ultimátum a la tierra (1951), La humanidad en peligro (1954) o la canónica La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) como posible lectura de la paranoia anticomunista en plena guerra fría y ejemplos más recientes del estilo de V de vendetta (2005) como alegato a la desobediencia ante el recorte de libertades civiles posteriores a los atentados de las torres gemelas, o el miedo al otro (terrorismo) que subyace en títulos como la versión de La guerra de los mundos (2005) de Spielberg o Monstruoso (2008) de Matt Reeves. Y ésa es precisamente la clave del asunto: que lo que se quiere denunciar o simbolizar a través de una doble lectura no fagocite la calidad y/o interés del producto final que se ofrece al espectador.
    Volviendo al territorio Sitges y lo que dio de sí el Festival en cuanto a la presencia de cine de mirada y/o autoría femenina, lo cierto es que hubo un poco de todo: desde la fallida inauguración con un título tan supuestamente rompedor en las formas como convencional en el fondo (Mona Lisa and the Blood Moon), la sensación que numerosas películas ofrecían lo mismo de siempre con una tramposa apariencia de modernidad y feminismo (Bloodthirsty de Amelia Moses , Here Before de Stacey Gregg, She Will de Charlotte Colbert ) o la sensación de haber descubierto futuras cineastas en seguir como Dasha Nekrasova con la ya comentada The scary of sixty-first, o la interesante recreación que la galesa Prano Bailey-Bond hace de la sociedad y la censura de la sociedad tatcheriana en Censor. Esperemos que, en futuras ediciones de Sitges, el género (sea fantástico o femenino) brille más por su interés conceptual que por la etiqueta que luce. Un claro ejemplo de ello, es la participación de Julie Ducournau y su polémica Titane. En apariencia, una cinta cuya fisicidad y condicionantes externos nos llevan a pensar quién hay detrás de las cámaras: una mujer o un hombre. ¿Qué importa? El producto me plantea una serie de incógnitas. Transgresora o no, la directora de la también desconcertante Crudo, merece ser tenida en cuenta por sus propias propuestas.