I FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINEMA DE BARCELONA
Hace más de medio siglo se constituyó en Barcelona la primera Semana de Cine en color, por tal de dar a conocer al gran público y a la prensa especializada obras rodadas en aquella inhabitual emulsión. De esa Semana apenas quedó nada en el camino, tan solo versiones distintas que iban y venían con desigual fortuna. La última de esas versiones se celebró a principios de los noventa, con José Luis Guarner como director del evento.
En estreno
 
ESPECIAL BERNARD HERRMANN (PARTE I, 1941-1955)
Bernard Herrmann (1911-1975) posiblemente haya sido uno de los compositores más brillantes que han participado en el mundo del cine a lo largo de sus más de ciento veinte años de Historia. Coincidiendo con la publicación de la obra de Christian Aguilera Bernard Herrmann: cumbres borrascosas (2017, T&B Editoriales), la primera monografía editada en lengua castellana sobre el músico neoyorquino, en cinearchivo.net damos
ROGER MOORE FALLECE A LOS 89 AÑOS
Siete fueron las veces que Roger Moore (1927-2017) encarnó al más célebre de los agentes secretos de la Historia del Cine: James Bond. A unos cuantos meses de haber podido celebrar su noventa aniversario, Roger Moore murió el pasado día 23 de mayo en Suiza donde desde hacía tiempo se le estaba tratando para combatir el cáncer que padecía. Actor británico vinculado al personaje de James Bond y en un escalafón inferior
49 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '016
Puesta la mirada en el cumplimiento del cincuentenario en el próximo Festival de Cine Fantástico de Sitges –con sus distintas denominaciones a lo largo del tiempo-, el equipo que representa al certamen internacional ha querido homenajear en esta edición acabada la
THE BEATLES: EIGHT DAYS A WEEK. THE TOURING YEARS (2016)
Los Beatles arrasaron en Europa en 1963 y conquistó América en 1964. Sus novedosas giras por todo el planeta cambiaron la cultura juvenil mundial para siempre y podría decirse que inventaron el entretenimiento de masas tal y como lo conocemos en la actualidad. Al mismo tiempo, el grupo componía y grababa una serie de singles y álbumes que cosecharon un éxito estratosférico. Sin embargo, la constante presión de una fama que no tenía precedentes se volvió incontrolable en 1966, lo que provocó que tomaran la decisión de dejar de actuar en directo. Durante los siguientes años, The Beatles pudieron concentrar sus esfuerzos en diferentes discos que cambiarían la fisonomía de la música grabada
LA BANDA SONORA DEL MES: «THE BGF» (2016)
Si tomamos un intervalo temporal relativamente breve —de unos cuantos meses— podemos valorar la función de la música en el cine de Steven Spielberg contando con compositores distintos, un ejercicio que rara vez podríamos llevar a cabo al referirnos a la obra del cineasta
GUILLERMO DEL TORO: LAS FÁBULAS MECÁNICAS
Cuidada y necesaria aportación de la editorial Calamar ed., nuevamente, a la cinematografía mundial con esta obra de referencia a partir de ahora sobre la figura y personalidad de Guillermo Del Toro. Inevitablemente el libro comprende su carrera desde unos inicios ya de por sí
EL MUNDO DE LA CIENCIA: 50 PELÍCULAS ESENCIALES

Editorial: UOC (Universitat Oberta de Catalunya). 
Autor: Christian Aguilera.
Fecha de publicación: marzo de 2017.
202 pp. 15,0 x 23,5 cm. Rústica.
Incluye bibliografía consultada.

Tal vez lo mejor que pueda decirse de un libro, de una obra, que pretende “dar a conocer” sea que entren ganas de conocer. Su objetivo divulgador se dará así por cumplido; su naturaleza, justificada.
Christian Aguilera suele preferir que le llamen así, divulgador, en lugar de crítico o historiador. Esa voluntad, ese lugar hacia el cual ha ido de modo lógico su ya larga carrera, encaja como un guante dentro de la colección Filmografías Esenciales que la Universidad Oberta de Catalunya puso en marcha hace cosa de un año a través de la figura de Jordi Sánchez-Navarro. Libros breves y sencillos, libros de síntesis, dedicado a mirar la historia del cine desde perspectiva singulares. Fragmentada, compartimentada, esta historia no se revela aislada si no intercomunica pero al tiempo abierta a recorridos paralelos. Un puede hacer, así, su historia del cine vista a través de la ciencia, del rock, de la tecnología, de los fantasmas o de las ciudades por citar solo unos pocos de los caminos de una colección que ya llega a la docena. Una recorrido con guías personalizados, especialistas en la materia que ofrecen un conocimiento de primera mano donde el peso del motivo, la ciencia en este caso, no es menor que el del cine como contenedor. El propio Christian Aguilera es biólogo, científico él mismo, con lo que los procesos del conocimiento que articulan el discurso del libro no le son ajenos.
Su intención, declarada en el breve prólogo, es el de aproximarse(aproximarnos) a la ciencia en clave positiva, de progreso, de conocimiento (de nuevo). Es una postura moral, alejada en lo posible (en lo que las propias películas permiten) de la paranoia, el ludismo o la tecnofobia. Tal vez ahí se pueda intuir la práctica ausencia del cine de ciencia ficción de los 50, la edad del terror atómico. En palabras de Aguilera, en la primera página del libro, a modo de declaración de intenciones: «La presente monografía trata de conducirse por otros derroteros, los propios de un universo asociado a la idea de conocimiento y avance, que necesariamente debe pasar por un proceso de investigación a fin de aplicar unos resultados capaces de aportar un beneficio para con el ser humano y la naturaleza que nos envuelve. En definitiva, un universo observado en positivo (…)».
   La selección de películas, así, abunda en las conquistas personales, en las figuras que se empeñaron incluso a sí mismas en ese progreso. El biopic cubre desde los años 30 con Louis Pasteur hasta el presente con el matemático hindú Srinivāsa Aiyangār Rāmānujan, pasando por Thomas Edison, Marie Curie, Iván Michurin, Galilelo, Freud o Diane Fosey entre otros muchos pero no tantos como para convertir el libro en una recopilación de vidas de santos (y algún demonio como el Mengele de Los niños del Brasil) científicos. Pero ese afán de progreso, esa reivindicación positiva, está también en el esplendor futurista de La vida futura (1936) de William Cameron Menzies, la trascendencia psicodélica de 2001: Una odisea en el espacio (1968), película que es en sí mis aun logro científico-tecnológico de primera magnitud o la síntesis teológica de Contact (1997). La contrapartida tal vez la ofrezcan Naves Misteriosas (1971), Blade Runner (1982) o Gatacca (1997), película escogida como portada para el libro, y que suponen no tanto piezas pesimistas (o en negativo) como constataciones melancólicas de los límites no tanto del futuro como de la humanidad o exploraciones de la oscuridad tipo La isla de las almas perdidas (1932), La amenaza de Andrómeda (1971), Coma (1978) o The Stepford Wives (1975). Un tipo de película-advertencia más asociado de inmediato a la representación del avance científico en el cine.
   En coherencia con sus intereses, o con el espacio al cual estos le han conducido, Aguilera propone bajo la superficie de este repaso de personalidades (reales, de ficción y/o ficcionadas) otro que es una reivindicación de figuras que se podría decir secundarias dentro de la producción de una películas. Poco a poco, a Aguilera ha ido interesándole menos los directores como los técnicos y creativos que los rodean, aquellos que conforman el equipo, que están en la estructura, que aportan aspectos determinados e imprescindibles del propio proceso científico de creación de una película. Así, más que Stanley Kubrick o Steven Spielberg, más que Christopher Nolan o Robert Wise, que John Huston o Ridley Scott, son observadas de cerca, como elementos vertebrales indispensables figuras como los directores de fotografía Douglas Slocombe o Jordan Cronenweth, el técnico de efectos especiales ascendido a director Douglas Trumbull, el fundamental médico, novelista, guionista y director Michael Crichton o los novelistas Ira Levin o H.G. Wells. También, en un sentido semejante directores esporádico o únicos, tan singulares y personales que solo pudieron/necesitaron expresarse en singular, caso del creador de títulos de crédito Saul Bass en la obra maestra Sucesos en la IV fase (1974) o el guionista Walon Green en su extraño documental The Hellstrom Chronicles (1971).
No es un libro de autores, aunque en el conjunto algunos sobresalgan o se revelen como tales dentro de la especialidad, por ejemplo William Dieterle, Jean-Jaques Annaud o el ya sabido David Cronenberg. Es un libro de aportaciones, de construcción de un canon posible, donde la película es válida por sí misma, en relación a su contribución a la cronología de una historia de la ciencia (en este sentido Aguilera trata de hilar unas películas con otras para dar una sensación de coherencia interna) y en tanto en cuanto esfuerzo colectivo, de grupo de investigación. Así, se saluda la falta de prejuicios a la hora de incluir La isla, de ese nombre sacrílego que es Michael Bay, la catastrofista Meteoro, Viaje alucinante o el Altered States de Ken Russell, así como la sana reivindicación de un cine best-seller como el que representan Una mente maravillosa, Inherit the Wind o La teoría del todo. Algo que junto a la insoslayable presencia de clásico populares como Veinte mil leguas de viaje submarino (1954) o Parque Jurásico (1993) habla del sentido lúdico que la transmisión de las ideas científicas pueden revestir,incluso si sus conclusiones son pesimistas como en estos casos.
   La ciencia, y esta es una de las complejidades del libro (o del hacer el libro) no es una si no muchas y en la obligada selección se diluye un tanto el matiz. Es imposible representar todas las especialidades, igual que dilucidar donde se poner el límite de la ficción en “ciencia ficción” o en cuanto limitar la presencia del documental, que Aguilera expresa en el prólogo encuentra es el vehículo ideal para la transmisión correcta de lo científico en el cine. Extraña la omisión del silente, cuya justificación en ese mencionado prólogo no convence del todo (y no se trata de lamentar ausencias porque cada cual tiene sus listas, pero piezas como La mujer en la Luna de Fritz Lang tiene peso suficiente para ser canon y desdecir al ausencia de ciencia silente) o el exceso anglocéntrico aunque España tenga un par de representantes, Annaud haga lo propio con Francia (en ambos casos con coproducciónes mediante con USA como Ágora o El oso) e Italia y la URSS luzcan aportaciones de Liliana Cavani y el ucraniano Alexander Dovzhenko.•
 
Adrián Sánchez