VI FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE BARCELONA SANT JORDI '022
Celebrado entre el 21 de 29 de abril, en el transcurro de las celebraciones del día del libro, veintitrés de abril, el BCN FILM FEST acogió la nada desdeñable cifra de setenta títulos, entre largometrajes, documentales y sesiones especiales de cortometrajes, en el populoso barrio de gracia de la capital catalana: Barcelona. La consolidación de un certamen que tuvo como principal reclamo a nivel internacional, la figura del director, guionista, productor y periodista ocasional, Oliver Stone -suyas son algunas de las pocas entrevistas largas que se conservan con
En estreno
 
ESPECIAL PETER BOGDANOVICH (PARTE I, 1967-1979)
El pasado 6 de enero fallecía, a los ochenta y dos años, Peter Bogdanovich, uno de los realizadores norteamericanos poseedor de un conocimiento enciclopédico sobre la Historia del cine de su país. En cinearchivo.net rendimos nuestro particular tributo-homenaje a Bogdanovich con la publicación de un dossier dividido en dos partes que
ADIÓS AL CINEASTA PETER BOGDANOVICH, A LOS 82 AÑOS
Fallecido el pasado 6 de enero en su residencia angelina, según fuentes de la familia, por causas naturales, Peter Bogdanovich pasará a los anales por ser uno de los mayores divulgadores y conocedores de la Historia del Cine de los Estados Unidos. Crítico antes que cineasta (escribió en la prestigiosa revista Esquire), debutó como director de largometrajes a los veintiocho años con Un héroe anda suelto (1967), primera propuesta de un total de casi una veintena de películas que llegó a rodar a lo largo de cerca de cuarenta años. En cinearchivo.net rendimos nuestro particular
54 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '21
Entre el 7 y el 17 de octubre de este año, se celebró la quincuagésima cuarta edición del Sitges Film Festival, como gusta internacionalizar a este emblemático certamen ubicado desde sus inicios en la blanca subur. Eso sí, autoproclamarse uno mismo como número uno del sector no es algo que podamos llamar falsa modestia, más bien autocomplacencia. Seremos los informadores y periodistas los que tengamos que elevar a dicha categoría esta verdad tangible en cifras y en número de proyecciones. Lo de la calidad es harina de otro costal.
DRIVE MY CAR (2021)
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
JERRY GOLDSMITH: UN CAMALEÓN MUSICAL
Quizá sea un poco exagerado decir que desde el fallecimiento de Goldsmith el 21 de julio del 2004 se acabó la música de cine tal y como la habíamos conocido. Pero, vamos que si a eso unimos que Elmer Bernstein nos dejó un mes después hay que convenir que nadie pudo cubrir el hueco que ambos dejaron (a excepción de los corta y pega de Williams y el reciclaje de temas en Morricone). Y es que ahora mismo, visto con perspectiva, el peor Jerry es el mejor score de los últimos veinte años.
EL CINE DE TERROR 1930-1939

Editorial: Desfiladero Ediciones.
Subtítulo: Un mundo en sombras.
Colección: Diabolo nº 2.
Autor: Pedro Porcel.
Fecha de publicación: 2018.
400 pp. 17,0 x 22,0 cm. Tapa blanda con solapas.

Pedro Porcel, El Abuelito para tantos, para muchos, lleva décadas afanado en la arqueología de la cultura popular. Cómics, novelitas, películas…su obra, en papel y digital, lo explora todo desde la diversión, el entusiasmo del hallazgo y el rigor del archivista. En 2018 escribió para Desfiladero Ediciones este libro, Cine de terror 1930-1939: Un mundo en sombras. El libro fue el segundo dentro de una colección, Moviola, que había inaugurado Carlos Aguilar con una inmersión exhaustiva en la comedia española. En él se establecía un formato donde era esencial otro clásico, Javier G. Romero, el hombre tras Quatermass, asentaba el formato, maquetación y la rica imaginería que complementa los textos de Aguilar y Porcel. En ambos, además, la ide de colocar una pula sobre un momento concreto en el tiempo, el horror en los 30, el humor nacional entre 1950 y 1961, para acotar un bloque de producción, un pedazo de historia, de la historia.
    Porcel divide estos años en seis capítulos, el grueso centrado en el cine estadounidense, quienes en gran medida inventan y explotan el cine de terror a lo largo de esa década que significa también la de la primera ruptura mayor en la historia del cine: el paso del silente al sonoro. Pero también, y esto resulta extraordinariamente interesante y muy coherente con el discurso de El Abuelito, fuera de ese modelo mayoritario de representación, pero también de comercialización, e incluso de poesía. Los dos últimos capítulos se dedican, así, a recuperar el legado del anglohorror, constreñido siempre por una censura férrea y, tal y como explica Porcel, dividido entre una propia tradición gótico-grotesca, que representarían los truculentos melodramas del productor y director George King y el actor Tod Slaughter, Mr. Muerte, y la mímesis del modelo americano, incluida la importación de iconos —Boris Karloff, Béla Lugosi, Claude Rains, etc.— y también la influencia de técnico alemanes; es decir, de hijos del expresionismo.
Alemania, la gran potencia del horror silente diluida por las convulsiones políticas, México, que como Inglaterra se debate entre la imitación y la exuberancia vernácula, y una miscelánea de escandinavos, europeos del Este y orientales cierran el libro. Estos últimos muestran las dificultades y limitaciones del conocimiento mismo de la historia del cine como un todo marcado por la inaccesibilidad, la parcialidad y la propia querencia por un modelo cultural familiar.
Estados Unidos, decía, ocupa más de la mitad del libro. Es normal. No solo es la industria, sino que ello absorbe el talento foráneo y lo reconvierte en propio haciendo parecer que siempre estuvo allí. El expresionismo, sin ir más lejos, pertenece tanto al cine alemán tras la Primera Guerra Mundial como al norteamericano, que lo redefinió a lo largo de veinte años. Lo mismo se puede decir de las tradiciones británicas, ya que ellas se asienta el mito fundacional dual del horror para le cine Drácula y Frankenstein, Lugosi, un húngaro, y Karloff, un inglés.
   Pero Porcel también identifica lo esencialmente americano, lo rastrea más allá de sus fronteras autoimpuestas, para extraerlo de los años silentes atado a la figura genial, tortuosa, del cineasta Tod Browning y su alter ego, el actor Lon Chaney. Es otro melodrama donde el patetismo y el horror se dan la mano en cuerpos y mentes retorcidas. Porcel le da un nombre que fue el que siempre debió haber tenido: cine enfermo. Este se extiende, se arrastra hacia los 30, donde deposita sus restos aberrantes en Congo, un remake de Los pantanos de Zanzibar donde Lon Chaney era sustituido por Walter Huston y la crueldad incluso exacerbada o en la terminal y al tiempo culminante La parada de los monstruos. Pero incluso en la versión de H.G. Wells La isla de las almas perdidas, con Charles Laughton como el doctor Moreau o en Mad Love, el remake de Las manos de Orlac (1934) con Peter Lorre, puede verse ese cine enfermo, ese proto-body horror donde se expresa una de las características más fascinantes del género a lo largo de los 30: la hibridación, la creación sobre la marcha de lo que serán tópicos —dramáticos, visuales, de personajes…— y un sentido de la libertad que a mediados de la década entrará en conflicto con el código de censura impuesto por los estudios. Lo cual llevará a otro horror más oblicuo y a otros mixturas —con la ciencia ficción, con el noir— que modificarán el lenguaje del género para la década siguiente.•
 
Adrián Sánchez