II FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINEMA DE BARCELONA 2018
Lejos de un glamour que identifica otro tipo de certámenes ubicados, generalmente en las zonas costeras (Cannes, Venecia, Sitges, …), la segunda edición del Festival de Cinema de Barcelona Sant Jordi basa su razón de ser en tres ejes que lo vertebran: el cine, la literatura y la historia. Cada una de ellas con su propio significado en este ecosistema audiovisual que empieza a decaer en su concepto inicial. Si bien, el cine fue inventado para socializar a masas ávidas de nuevas sensaciones, diversas plataformas buscan individualizar ese aspecto primigenio para dar paso a un consumo cada vez menos contenido. Ello pasa inclusive en certámenes cercanos en el tiempo, e incluso, solapándose con el que nos ocupa –caso del Festival de Cine de Autor de Barcelona-. En este sentido, el BCN FILM FEST recupera ese sentido por el compartir historia(s), libros en forma de películas
En estreno
 
ESPECIAL PETER HYAMS, PARTE I (1974-1986)
En el año que se conmemora el cincuentenario del estreno de 2001: una odisea del espacio (1968), además de publicar un dossier dedicado al film dirigido por Stanley Kubrick, hacemos lo propio en relación a la obra del realizador igualmente neoyorquino que se encargó de situarse tras las cámaras de 2010: odisea dos (1984). Su nombre, el de Peter Hyams, quizás no resulte demasiado familiar para buena parte de los
TERRY GILLIAM, A VUELTAS CON DON QUIJOTE
Cinco años sin estrenar una sola producción cinematográfica era demasiado tiempo para un cineasta de setenta y siete años como Terry Gilliam. El único miembro norteamericano de los ex Monty Python regresa a la gran pantalla con El hombre que mató a Don Quijote (2018), un proyecto maldito desde que Gilliam quiso convertirlo en película hace varios lustros y que se presentó de manera oficial en el pasado Festival de Cine de Canes. El recuento de anuncios de inicio de rodaje y el de desmentidos en torno a
50 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES '017
Si por algo se caracteriza un Festival como es el de Sitges en Octubre, alargando la temporada veraniega, es el de su localización, aislada de cualquier vestigio de urbanismo y actualidad fuera del estrictamente cinéfilo -término dicho sea de paso que no es del agrado de un servidor-.
EL BLURAY DEL MES: «ELLE» (2017)
Michèle Leblanc arrastra consigo un tormentoso pasado. Instalada en la cincuentena, Michèle ha tratado de rehacer su vida para que el peso del pasado no la resulte insoportable. Sin embargo, la madura mujer sufre el ataque de un encapuchado en su propio domicilio hasta el punto que la viola. En un momento dado, cuando sufre un segundo ataque Michèle, copropietaria de una empresa de tecnología digital relativa a los vídeojuegos, lo pone en conocimiento de su círculo de amistades, incluyendo a su ex pareja y padre de su único hijo varón, Richard, un escritor frustrado por la falta de éxito. Entre los sospechosos de haber cometido la agresión sexual se encuentra uno de los jóvenes empleados de la empresa que Michèle y Anna comparten propiedad. Entre tanto, Michèle mantiene una furtiva relación sexual con Robert, el marido de Anna.
LA BANDA SONORA DEL MES: «THE BGF» (2016)
Si tomamos un intervalo temporal relativamente breve —de unos cuantos meses— podemos valorar la función de la música en el cine de Steven Spielberg contando con compositores distintos, un ejercicio que rara vez podríamos llevar a cabo al referirnos a la obra del cineasta
EL LIBRO DEL MES: «THE MAKING OF STANLEY KUBRICK'S 2001: A SPACE ODYSSEY» (ESPECIAL 2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO)
Una nota informativa fechada el 23 de febrero de 1965 con membrete de la Metro-Goldwyn-Mayer llevaba el siguiente encabezamiento: «Stanley Kubrick to Film Journey Beyond the Stars in Cinerama for MGM». En su contenido de dos hojas de color amarillento mecanografiadas se daba varias pistas por dónde se dirigía una producción de la que aún despejar numerosas incógnitas. Era el punto de partida de un
TERRY GILLIAM, A VUELTAS CON DON QUIJOTE


Cinco años sin estrenar una sola producción cinematográfica era demasiado tiempo para un cineasta de setenta y siete años como Terry Gilliam. El único miembro norteamericano de los ex Monty Python regresa a la gran pantalla con El hombre que mató a Don Quijote (2018), un proyecto maldito desde que Gilliam quiso convertirlo en película hace varios lustros y que se presentó de manera oficial en el pasado Festival de Cine de Canes. El recuento de anuncios de inicio de rodaje y el de desmentidos en torno a «Don Quijote» ha sido prolijo, pero finalmente Gilliam pudo llevar a cabo una auténtico sueño que pudo acabar en pesadilla. Coincidiendo con la puesta de largo de The Man Who Killed Don Quijote en cinearchivo.net publicaremos en el mes de junio un artículo sobre Doce monos (1995) dentro del apartado Films de culto del siglo XX, en su entrega número 100.   

Al serle concedido el premio especial del Jurado en el Festival de Cannes, pocos podían augurar que El sentido de la vida se convertiría en el epitafio de los Monty Python, un sexteto de humoristas iconoclastas que habían hecho de la irreverencia y la sátira historicoreligiosa sus señas de identidad. Pero las disputas internas entre sus miembros ya había decantado el fiel de la balanza hacia la disolución de los Monty Python. Michael Palin y John Cleese trataron de reavivar el espíritu del grupo con Un pez llamado Wanda (1988) y su continuación, Criaturas feroces (1996) pero con resultados desiguales; Terry Jones emprendió una carrera cinematográfica que puso en evidencia sus limitaciones como realizador, no así su innegable vis cómica; Eric Idle ha seguido vinculado al terreno de la actuación y a la escritura de guiones, y Graham Chapman falleció a finales de los ochenta. Únicamente Terry Gilliam, el miembro norteamericano de los Monty Python, ha logrado forjarse una estimulante trayectoria cinematográfica fuera de su relación con el popular grupo anglosajón. Aunque en un principio se podría interpretar que su vinculación a la dirección dentro del ámbito de los Monty Python fuese meramente circunstancial, Gilliam demostró un progresivo interés por la técnica cinematográfica que le condujo a la confección de su obra cumbre, Brazil. A excepción de los films rodados originariamente para el medio televisivo (Monty Python en Hollywood, Se armó la gorda), Terry Jones y Terry Gilliam se repartían las labores de realización. Era una decisión consensuada dentro de un régimen cooperativo, que asimismo encomendó la confección de las ilustraciones a Terry Gilliam. El talento como dibujante de Gilliam se podía contemplar en Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, film que supondría su debut tras la cámara, colegiado junto con Terry Jones. Ya en solitario, Gilliam empezaba a recrear sus propias fantasías cinematográficas con La bestia del reino —una singular mirada sobre la edad medieval— y Los héroes del tiempo, un onírico viaje recreado a través de los ojos de unos seres inocentes, que entroncaba con su experiencia en la confección del programa infantil de televisión Do Not Adjust Your Set. Parte de las tensiones que se iban registraron en el seno de los Monty Python se debía a que el peso creativo recaía cada vez con mayor fuerza en Gilliam. La última concesión a esta situación fue que el cineasta estadounidense filmara el prólogo de El sentido de la vida, titulado The Crimson Permanent Assurance ... Las referencias al poder devastador de la burocracia en este hilarante prólogo también se convertirían en uno de los argumentos críticos de Brazil. Evidentemente, la intención de los productores era estrenar Brazil en 1984, por los paralelismos orwellianos que se establecían con el guión urdido por Gilliam, Charles McKeown y el dramaturgo Tom Stoppard, amén de la competencia generada por 1984 (1984) de Michael Radford. Sin embargo, los distribuidores norteamericanos demoraron el estreno de Brazil apelando a su larga duración. Pero tal como desvelaría Jack Matthews en su libro The Battle of Brazil, el fondo del asunto era que los distribuidores querían extralimitarse en sus funciones y alterar algunos pasajes del film. Como respuesta, Gilliam diseñó una campaña en defensa de su film. La propaganda adicional que había supuesto este despliege informativo auspiciado por Terry Gilliam y secundado por Robert De Niro, uno de los actores del film, no se tradujo en taquilla en su tardío estreno. Pero el paso del tiempo acabaría convirtiendo Brazil en una cult movie, motivado fudamentalmente por su singular visión sobre un mundo de claras resonancias kafkianas, en el que cabían elementos propios del cine de Fellini y de Kubrick, entre otros cineastas. A partir de Brazil, Gilliam ha querido recuperar la capacidad del cine como medio de expresión para propuestas fantásticas, acaso oníricas, ya sea heredadas de una tradición literaria infantil (Las aventuras del barón de Münchausen) o de las leyendas artúricas referidas al Santo Grial (El rey pescador), que ya habían aparecido de forma intermitente en sus anteriores trabajos (en clave paródica en Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, y en Brazil). Pero a medida que su nombre se ha ido equiparando con mayor insistencia a la de un «mesías cinematográfico» por parte de sus seguidores, Gilliam ha entrado en un peligroso terreno abonado al exceso visual y al desequilibrio argumental. Doce monos —inspirado en el cortometraje La pista (1963) de Chris Marker— y sobre todo el fiasco económico de Miedo y asco en Las vegas situaron a Gilliam en una difícil posición que se vio refendada con el estreno de Tideland. Aún a pesar de ello, Gilliam sigue fiel a su condición de visionario a través de la puesta en marcha de proyectos como El imaginario doctor Parnassus, el último film en el que intervino el actor australiano Heath Ledger.